Itinerario III: El Patrimonio Judío

Las primeras menciones conocidas de la comunidad judía en la ciudad de Segovia son de las primeras décadas del siglo XIII. Durante la Baja Edad Media, se mantuvo una convivencia cordial con los distintos órdenes sociales. Las familias judías se distribuyeron por los distintos barrios de la ciudad, tanto intramuros como extramuros. Es a partir del siglo XV, con las Leyes de Ayllón (1412), cuando se les obliga a vivir en un barrio separados del resto de la población. Es a partir de este momento cuando surge la judería en los terrenos situados en torno al convento mercedario de Santa María de la Merced, contiguo a la iglesia de San Andrés y muy próximo a las canonjías. Será en 1481 cuando se determinen con exactitud los límites de la judería. A ella se podía acceder a través de ocho puertas, la primera en la confluencia de la calle Judería Vieja con la plaza del Corpus Christi, donde se encontraba la Sinagoga Mayor. Se desconoce la ubicación de las puertas segunda, tercera y cuarta, pues estaban en el terreno que hoy ocupa la Catedral. La Quinta puerta se ubicaba en la calle Judería Nueva, en las proximidades de la calle Daoiz. La Sexta, en la calle Almuzara. La séptima en la ronda de Juan II, en el límite con el barrio de los Canónigos y la octava, a extramuros, en la zona media de la actual calle Leopoldo Moreno. La muralla envolvía la muralla por el sur, siendo la puerta de San Andrés la única salida existente hacia el exterior de la ciudad.

Este barrio se caracterizaba por la estrechez de sus calles y su sinuosa red viaria. El espacio debía aprovecharse al máximo para poder acoger a todas las familias judías de la ciudad. Dos eran los ejes principales, uno que partía desde los actuales jardines de la Merced, pasando por la calle Refitolería y San Geroteo hasta la calle Judería Vieja. El otro, paralelo a la muralla, unía la Casa del Sol, antiguo matadero, con la plaza del Socorro y la calle Martínez Campos. De estos dos ejes partían una serie de callejuelas en las que apenas se abrían plazas o plazoletas.

Con la expulsión de los judíos en 1492 se derribaron las ocho puertas y pasó a denominarse como Barrionuevo. Aunque se han llevado a cabo importantes reformas en la trama urbana, aún se conserva gran parte del trazado de la Baja Edad Media.

Los elementos patrimoniales de la judería que se han conservado hasta nuestros días, además de la propia trama urbana, son parte de los edificios de mayor importancia, como las sinagogas o casas de familias nobles. A extramuros se encuentra la necrópolis, al otro lado del valle del río Clamores,  que es uno de los mejores ejemplos conservados de la Península.

Acceso a la iglesia del Corpus Christi, antigua Sinagoga Mayor - Ayto. de Segovia

El itinerario que se propone en esta ocasión parte de la plaza del Corpus Christi, donde se puede visitar la sinagoga Mayor, hoy convento de clarisas. Años antes de la expulsión, fue expropiada a la comunidad judía y convertida en iglesia. Se adaptó el edificio a su nuevo uso, modificando gran parte de su fisonomía. En 1899 un incendio la destruyó casi por completo. En 1902 concluyeron los trabajos de restauración, pero no será hasta 2004 cuando se recupere el aspecto actual, con la recreación de los capiteles de piñas y las dos arquerías ciegas que unían la cubierta con los grandes arcos que pautaban las naves.

Saliendo de la antigua sinagoga, se debe tomar la calle Judería Vieja hasta alcanzar la calle de la puerta del Sol, uno de los postigos de la muralla reconstruido en el siglo XX. El siguiente elemento destacado se encuentra en el centro de información de la empresa municipal de turismo de la judería. Este edificio era la casa de Abraham Seneor, asesor y encargado de las finanzas de los Reyes Católicos. Continuando por esta calle, y en las calles aledañas, se pueden ver varias casas típicas de la judería, de dos o tres plantas, con estructura de madera y paredes de ladrillo. En la parte trasera, muchas conservan los patios o corrales comunitarios. Uno de ellos se conserva en la actual plazuela del Rastrillo, al final de la calle Santa Ana, que parte de la confluencia de la calle Judería Vieja y la calle San Frutos.

Tras pasar por la antigua plazuela del Caño, así denominada por la fuente pública que fuente que aquí se encontraba, se continúa la visita por la calle San Geroteo, en donde toma protagonismo la catedral, levantada en 1525 ocupando gran parte de la antigua judería. Uno de los edificios que pasan más desapercibidos a la visita es el antigua colegio religioso de las Jesuitinas. En su interior se encuentran los restos de la antigua sinagoga de los Ibáñez, la cual se puede visitar únicamente en ocasiones puntuales con visitas organizadas.

Restos de la antigua Sinagoga de los Ibáñez - Ayto. de Segovia

Continuando por la calle Refitolería, en el espacio libre que se encuentra a los pies de la catedral, conocido como el “enlosado” por el pavimento que lo cubre a base de lápidas funerarias en granito que fueron aquí trasladadas desde el interior del templo, se pueden ver los restos de algunas estructuras que bien pudieron pertenecer a los edificios que ocupaban este espacio antes de la construcción de la iglesia.

Viviendas de la antigua judería de Segovia - Clara Martín

El recorrido continúa hacia el oeste, por las calles Doctor Castello y Judería Nueva, donde se pueden ver una muestra importante de las construcciones típicas del barrio judío. Los jardines que presiden la confluencia de ambas calles, cubren los restos del antiguo convento de los monjes mercedarios de Santa María de la Merced. En los aledaños de este se encontraban  la sinagoga Vieja y la escuela religiosa, hoy todos ellos desaparecidos.

Se ha de descender por la calle Judería Nueva para alcanzar la plaza del Socorro, donde toma protagonismo la puerta de San Andrés. En las calles que parten de la plaza se encuentran varios edificios de especial relevancia dentro de la judería, como la Casa del Sol, antiguo matadero, o el corralillo  de los huesos, junto a la calle de Martínez Campos, donde estaban la sinagoga Mayor o del Campo, un hospital, una carnicería y un horno. Actualmente no se conservan ninguna de estas dependencias ya que en este solar se levantaron nuevos edificios en el siglo XX.

Al otro lado de la puerta de San Andrés también continuaba la judería en lo que hoy son las calles Leopoldo Moreno y San Valentín. La visita continua en el mirador del río Clamores que se encuentra al exterior de la puerta de la muralla, al sur de la misma. Desde aquí se tiene una vista excepcional del valle del río, hoy totalmente encauzado bajo tierra. Al frente, al otro lado del valle, se encuentra la necrópolis judía, lugar en donde finaliza este recorrido.

Los cortejos fúnebres que partían desde la judería bajaban el valle por un camino muy similar al actual. En la zona baja del valle se debe tomar la senda en cuyo inicio hay una fuente y un hito de granito con una “menorah” tallada, continuando por el puente de la Estrella, reconstruido en época contemporánea, hasta alcanzar unas escaleras que nos dirigen a un pasadizo que cruza la carretera construida a inicios del siglo XX. Una vez se pasa este último punto, ascendiendo de nuevo unos cuantos peldaños, ya se ha alcanzado el paraje conocido como el “Pinarillo”, lugar en el que se ubica el cementerio.

Los primeros estudios datan de finales del siglo XIX, aunque no será hasta los años 80 y 90 del pasado siglo cuando se llevan a cabo las excavaciones arqueológicas más importantes.

Según las recientes investigaciones, la necrópolis ocupa una superficie aproximada de 5 Ha., aunque la zona nuclear no llega más allá de 1 Ha.  Esta necrópolis ha sido objeto de constantes expolios, prácticamente desde el momento en el que cesa su uso, por lo que encontramos un terreno completamente plagado de alomamientos que nos indicarían la presencia de la tierra removida en las excavaciones clandestinas, y también como consecuencia de los trabajos de plantación de los pinos actuales.

Se trata de una necrópolis en la que encontramos diferentes tipos de sepulturas:

  • Detalle del acceso a una de las sepulturas hipogeas de la necrópolis judía - Ayto. de Segovia
    Hipogeas o “en cueva”: se realizan en los bancos de caliza de la ladera y tienen una planta de tendencia circular. A ellas se accede por una pequeña abertura cuadrangular, que en un principio estaría sellada con una gran losa. En el interior, la altura del techo es la justa para que quepa un hombre de pie, y en las paredes se disponen los nichos en los que se encontrarían los cuerpos. Estos huecos se excavan manualmente con pico, por lo que aún se conservan las huellas dejadas por estos, tanto en las paredes como en el techo o el suelo. A este tipo de sepulturas se les ha supuesto una cronología más antigua que las fosas individuales antropomorfas.
  • Detalle de las tumbas individuales localizadas en la necrópolis judía - Ayto. de Segovia
    Fosas individuales: muchas de ellas antropomorfas otras trapezoidales o con forma de bañera. Algunas de ellas cuentan con el hueco para la colocación de la cabeza y presentan una orientación oeste(cabeza)-este(pies). En algunos casos pueden ir cubiertas con losas escuadradas de caliza.

También es posible que los cuerpos fueran colocados en una caja de madera para la que se excavaba una fosa en la tierra, y en otros casos, el cuerpo se disponía simplemente en el suelo y se cubría de tierra y piedras. La posición de los cuerpos, en todos los casos, sería decúbito supino con la espalda apoyada en el suelo.

En cuanto a la cronología de esta necrópolis, la tipología de las fosas indica que se corresponde con los tipos de necrópolis hebreas que se encuentran en Hispania entre los siglos XI y XV. La usencia de restos materiales o de inhumaciones intactas, han impedido poder determinar diferentes fases y las fuentes escritas tampoco aportan mucho más a este respecto. El único dato concluyente que nos indica la fecha en la que debió de abandonarse es en el año 1492, ya que será el 31 de marzo de ese año, cuando los Reyes Católicos emitan el edicto de expulsión de esta población. Estos terrenos pasan a manos del concejo y las lápidas y losas son donadas al monasterio jerónimo de Santa María del Parral. A partir de esta fecha, es de suponer que se finalizó su uso como cementerio, pero es posible que estas mimas cuevas fueran reutilizadas posteriormente. De hecho D. Diego de Colmenares nos dice “…Estaban los campos del Osario (La Cuesta de los Hoyos)… llenos de aquellas miserables gentes (los judíos), albergándose en las sepulturas de sus mismos difuntos.” Si realmente esto fuera así, el deterioro del cementerio debió producirse en un momento bastante temprano a su abandono.

Hoy en día el espacio de la necrópolis se puede visitar libremente a través de varias sendas que recorren toda la ladera del pinar.

EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO NO VISIBLE

Las numerosas actuaciones arqueológicas que se han desarrollado en el interior del recinto amurallado a partir de los años 80 de la pasada centuria, han permitido documentar numerosos restos arqueológicos que han quedado ocultos en criptas arqueológicas o camuflados por las nuevas construcciones.

Detalle de la fuente de vidrio localizada en la intervención arqueológica de la plaza de Guevara - José Manuel Cófreces, Museo de Segovia

Uno de los ejemplos más destacados se encuentra en la plaza de Guevara, muy próximo a la iglesia de la Santísima Trinidad. En el espacio que hoy aparece delimitado por unas cadenas y en el cruce de calles que es transitado por los vehículos, en los años 90 pusieron al descubierto una serie de apoyos de cimentación de pilares que estaban asociados a una construcción de época romana de, al menos 30 m de largo y 15 m de ancho. Estos cimientos, son bloques cuadrangulares de caliza asentados directamente sobre la roca. Así mimo se localizaron varias estructuras más, parcialmente talladas en el sustrato calizo, con varios paramentos asociados que conservaban un alzado cercano a los dos metros. Dichos muros conservaban los revestimientos murales que fueron protegidos in situ a la espera de su posterior estudio. Todas estas estructuras y depósitos de época romana altoimperial de finales del silo I d.C., quedaron sellados por construcciones posteriores.

Bajo el cruce de vías, años más tarde, se descubrieron dos arcos de medio punto, realizados en sillería de caliza de buena fábrica, que posiblemente están asociados a este edificio altoimperial.

Las diversas investigaciones que se han realizado sobre este conjunto apuntan a que se trata de un edificio público dada la riqueza ornamental y el desarrollo monumental de las estructuras. Tales cimentaciones estaban destinadas a soportar importantes empujes de una posible cubierta monumental o de los propios elementos sustentantes. Todo ello unido a su localización en la zona central del punto más elevado de la ciudad, han hecho pensar que se trata de los restos de foro de la ciudad romana. Otros hallazgos realizados próximos a este punto como los de la plaza de la Rubia o en la plaza del Doctor Laguna, en donde se han identificado otros muros de singular envergadura o un espacio llano, libre de estructuras, sobre la roca caliza, apuntan a una orientación noreste-suroeste para este espacio público, que actualmente quedaría bajo las manzanas de viviendas enmarcadas por las calle Serafín, plaza y travesía de la Rubia, calle Miguel Canto Borreguero, plaza de Guevara y calle San Agustín.

Todos los restos descritos han quedado protegidos bajo una losa de hormigón oculta por el pavimento. Actualmente se puede acceder al interior a través de un pequeño portillo que se encuentra en un garaje particular de la vivienda contigua, esto facilita a los técnicos las labores supervisión del estado de conservación de los hallazgos, en ningún caso está permitido el libre acceso.

Detalle de una columna, que conserva restos de pintura mural, recuperada en la intervención arqueológica del actual Hotel Mudéjar - José Manuel Cófreces, Museo de Segovia

En la zona sur del recinto amurallado, entre las calles Judería Vieja e Isabel la Católica, en la manzana de viviendas que hoy está ocupada por el hotel la Casa Mudéjar, fruto de varias excavaciones arqueológicas se localizaron otra serie de estructuras de época romana y prerromana. La más antigua se corresponde con el posible foso celtibérico, de finales del siglo I e inicios del siglo II a.C. que aparece excavado en la roca, paralelo a la calle Judería Vieja. Estaría asociado al segundo momento de fortificación del castro prerromano junto con la muralla hallada en la ladera norte. En el interior de esta gran fosa aparecieron los restos constructivos de varios edificios del siglo III d.C. (fustes de columnas, basas, mosaicos, pintura mural, etc.) que están custodiados en el Museo de Segovia.  Parte de los paramentos de época romana y medieval que aquí se hallaron hoy pueden verse en las instalaciones del spa del hotel.

Hay otra serie de hallazgos que están ocultos a los ojos del visitante, al haber quedado otra vez cubiertos in situ. Tal es el caso de las posibles termas localizadas a finales del siglo XIX en las escaleras de acceso del atrio de la iglesia de San Martín. En el momento en el que desmontaron esta estructura se localizaron los pequeños pilares de ladrillos circulares que formaban parte de un hipocausto. El descubrimiento no debió suponer mucho interés, los restos se volvieron a cubrir, aunque desconocemos si se conservaron, ya que varios de los ladrillos se encuentran en el Museo de Segovia.

Ladrillos que pertenecieron al hipocausto localizado en las escaleras de la iglesia de San Martín - José Manuel Cófreces, Museo de Segovia

En la plaza mayor, con motivo de las obras de urbanización de la misma, se documentó parte de la antigua iglesia románica de San Miguel. Este templo en el que fue coronado Isabel la Católica en 1474 fue una de las principales parroquias durante la Edad Media hasta su derribo y traslado a su ubicación actual en el siglo XVI. La excavación arqueológica llevada a cabo en el lado sureste de la plaza sacó a la luz varios de los pilares de la nave lateral de la iglesia románica original así como parte de una estructura de mampostería que bien pudo haber pertenecido a la cabecera. Las dimensiones de las cimentaciones, así como la luz de los arcos que estos basamentos sustentaban, indican que se trataba de un templo de gran envergadura, con una planta de similar escala a la de la iglesia de San Millán.

Como consecuencia de las desamortizaciones acontecidas a lo largo del siglo XIX y del desarrollo urbanístico iniciado en los últimos años de aquella misma centuria, la ciudad de Segovia vio cómo varios de sus monumentos fueron derribados.

La documentación histórica nos indica que a lo largo de la Edad Media eran un total de  treinta y cuatro las iglesias existentes en la ciudad quedando agrupadas las localizadas en el interior del recinto amurallado como las de los arrabales. Intramuros: San Andrés, San Cebrián, San Gudumián, San Briz, San Esteban, San Facundo, San Juan, San Martín, San Miguel, San Nicolás, San Pablo, San Pedro, San Quirce, San Román, San Sebastián y la Santísima Trinidad. En los arrabales se encontraban las de Santa Columba, San Clemente, San Millán, San Justo, San Salvador, Santo Tomás, Santa Eulalia, San Lorenzo, San Gil, San Blas, Santiago, San Marcos y el Santo Sepulcro. Además hay noticia de otra serie de ellas dedicadas a San Polo, San Antolín, San Bartolomé, San Mamés y San Segundo. De todas ellas, las señaladas en negrita son las que se conservan actualmente, el resto fueron objeto de diferentes vicisitudes a lo largo de la Edad Moderna y la Edad Contemporánea, si bien la documentación conservada nos ha permitido conocer su ubicación original.

Muchas de ellas desaparecieron por falta de aportaciones de sus parroquianos, que ante tal número de iglesias terminaron agrupándose en torno a las más importantes. Otras tantas pasaron de la iglesia a manos públicas con la desamortización, quedando totalmente abandonadas y en estado de ruina. En 1803 se derribó la iglesia de San Gil, seguida de la vecina de Santiago en 1836. La de San Román, situada en la plaza de Conde Cheste, se vino abajo en 1866 junto con la de  san Pablo en 1881 y la de San Facundo en 1884. El último templo en ser derribado fue la iglesia de Santa Columba, situada en un lateral de la plaza del Azoguejo, en el lugar en el que hoy se encuentra el centro de recepción de visitantes.

Son escasos los estudios arqueológicos que se han centrado en localizar los restos de las todas estas antiguas iglesias románicas de la ciudad. Tampoco se tienen suficientes datos de lo que fuera la antigua catedral de Santa María, construida en el siglo XII y derribada en el siglo XVI, así como del resto de edificios que se hallaban junto al Alcázar, en la plaza de la Reina Victoria Eugenia.  En el dibujo de Wyngaerde (1562), realizado escasos años antes del derribo del antiguo templo, y algunas otras referencias documentales, permiten acercarnos a la primitiva catedral. Se encontraba junto al foso del Alcázar, siendo su planta de tres naves rematadas con sus correspondientes ábsides y crucero. El central estaba dedicado a Santa María, el del lado de la epístola a Santiago y el del evangelio a San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Al sur se encontraba el claustro, de doble altura, cuyo estado de ruina llevó al obispo don Juan Arias Dávila a derribarlo y levantar uno nuevo, de estilo gótico, encargado al maestro Juan Guas. Frente al Alcázar se levantaba la torre. La proximidad del templo a la fortaleza fue determinante en la Guerra de las Comunidades. Los Comuneros se refugiaron en la iglesia, quedando esta tremendamente dañada tras varios enfrentamientos entre las tropas reales y los rebeldes castellanos. Misma suerte corrieron otros edificios que se encontraban próximos a la catedral y al Alcázar. Aquí estaban un antiguo hospital, entendido como albergue, un refectorio, símbolo de la vida conventual desarrollada por los canónigos en este conjunto y el palacio episcopal. Todo este conjunto constituía el centro religioso de la ciudad en el periodo comprendido entre los siglos XII y XVI. Tras las Guerras de las Comunidades este espacio será reformado, Carlos V manda construir la catedral más allá de las canonjías, alejada del Alcázar y Felipe II nivela los terrenos creando el espacio libre que vemos actualmente.  

Vista de Segovia desde la cuesta de los Hoyos - Dibujo de Wyngarde
Vista de Segovia desde el Terminillo - Dibujo de Wyngarde

La muralla también ha sido uno de los bienes patrimoniales más afectados por distintos derribos surgidos en los siglos XIX y XX. De las cinco puertas que originariamente permitían el acceso al interior de la ciudad, sólo se conservan tres. La de San Martín y la de San Juan, fueron demolidas por el arquitecto municipal Juan Guas en 1883 y 1887 respectivamente. Misma suerte corrieron los postigos del  Sol (1864) y de la Luna (1885). Otros de los postigos conocidos de la muralla se fueron cerrando conforme perdieron su uso. Actualmente sólo se conservan los siguientes: postigo de San Juan de los Caballeros, el del Consuelo o Santa Columba, el de la Luna y el del sol, estos dos últimos reconstruidos en la década de los noventa del siglo XX.