Patrimonio: desde el siglo XVIII al siglo XX

Tras el ocaso del Renacimiento en la ciudad, Úbeda entra en un periodo de oscuridad y decadencia. La hambruna y las epidemias, así como la presión fiscal, harán mermar la riqueza de la ciudad que inicia un ciclo decadente dominado por el clero poseedor de gran parte de las tierras en manos muertas y por una nobleza terrateniente que se sustentan con las rentas y propiedades heredadas de sus antepasados. La ciudad paraliza su expansión, y se despuebla en el barrio del Alcázar y los arrabales de San Juan Evangelista, San Juan Bautista y San Millán. La actividad artesanal y comercial se ralentiza por la falta de demanda de sus tradicionales clientes. La ciudad vuelve a hacerse más rural, en un momento en que la sociedad no terminaba de adaptarse a las nuevas ideas ilustradas.

Es en este momento cuando por fatiga de los materiales o por una mala cimentación o construcción de los edificios asistimos a la constante reparación y reconstrucción de templos, palacios y edificios públicos. A ello ayudan los desastres naturales como el terremoto de Lisboa de 1755. Las murallas han comenzado a ser revestidas de viviendas que ocupan el espacio entre torreones, apropiándose de ellos a la menor posibilidad. En otros lugares éstas empiezan a sucumbir por la falta de erario con el que mantenerlas. Se apremia la finalización de la reforma del templo de San Isidoro, se reconstruye el de la Trinidad, o se reparan las bóvedas de Santa María y San Lorenzo, introduciendo en la ciudad diseños barrocos. Las casas palacio, sin alcanzar el tamaño y suntuosidad de antaño, imitan los diseños renacentistas y reaprovechan los materiales de edificaciones en ruina tal como sucedería en el palacio del Conde de Gavia del siglo XVIII, utilizando materiales desechados de la casa solar de los Chirino Narváez.

La llegada del siglo XIX traerá para la ciudad nuevas oportunidades a consta de su patrimonio eclesiástico. A comienzos de siglo se habían producido grandes daños por la tropa militar francesa durante la Guerra de la Independencia en los recintos sacros de la ciudad, provocando expolios en su patrimonio artístico y deterioros en su patrimonio arquitectónico, siendo uno de los más perjudicados el convento de San Francisco. A ello se suma el racionamiento del clero dictado por las Cortes de Cádiz y llevado a cabo en la década de 1820, y finalmente las desamortización eclesiástica de 1836. Por ello desaparecerían casi todos los conventos de la ciudad, que serían reconvertidos en espacios e instituciones públicas o militares, vendidos a particulares y reconvertidos a viviendas u hospederías, o simplemente cayendo en la ruina y convirtiéndose en solares que la ciudad dejará olvidados.

Surge por tanto en estos momentos un racionamiento del urbanismo orquestado desde el ayuntamiento que sanea las calles de la ciudad y rediseña sus espacios en una constante adaptación a las necesidades de la población, práctica que ha llegado a la actualidad. Así muchos de los edificios clericales, tras ser solicitados al Gobierno, son cedidos a la ciudad: el convento de la Coronada pasaría a constituir un espacio público ajardinado; el convento de Madre de Dios de las Cadenas pasaría a ser Casa Ayuntamiento; el convento de San Andrés pasaría a ser pósito de granos y, posteriormente, acuartelamiento; en el espacio del convento de San Nicasio se construiría la actual plaza de toros; el de la Trinidad sería entregado a los Escolapios con el fin de instalar un colegio.

Lateral este de la plaza Primero de Mayo. La reurbanización de la plaza en el s. XIX afectó tanto a elementos constructivos como ornamentales
Lateral este de la plaza Primero de Mayo. La reurbanización de la plaza en el s. XIX afectó tanto a elementos constructivos como ornamentales - Eduardo Samblás Martínez

Además la ciudad empieza a modificar el viario, siendo perjudicadas la muralla y sus puertas que se demuelen para facilitar los accesos al recinto intramuros en el que terminarán instalándose rudimentarias industrias de productos agroalimentarios. A ello se suma el total abandono de las antiguas colaciones de San Evangelista y San Juan Bautista que pasan a constituirse en huertas o donde se instalan industrias artesanales aprovechando los recursos hídricos que manan desde las zonas amuralladas próximas. El antiguo barrio del Alcázar, muy despoblado, se convierte en eras de trillar, adquiriendo el nombre por el que actualmente se conoce a la zona.

Es en este momento cuando se promueven desde el Ayuntamiento la ordenación de espacios urbanos y fachadas. La antigua plaza del Mercado sufre una remodelación que altera su fisonomía y sus espacios. Igual interés existe en la calle Real, que pierde sus soportales a cambio de mayor amplitud. El Llano de Santa María, actual plaza Vázquez de Molina se remodela y se consolida como espacio de paseo y asueto.

Con la consolidación de la Restauración y el inicio del s. XX la ciudad vuelve a despuntar gracias a las modificaciones realizadas en el campo. Ello genera una elite terrateniente, en parte de origen noble, que crea sus casonas en las principales calles. Acompaña a esta sociedad familias pudientes que desarrollan oficios cualificados y un importante comercio provinciano que ocupan las nuevas viviendas de pisos que tendrán diseños modernistas, historicistas y mudéjares. Úbeda vuelve a crecer con ensanches urbanos al oeste y al norte a costa de los antiguos ejidos para el ganado. Además, nuevas construcciones son necesarias tales como edificios comerciales, de enseñanza y asistencia, establecimientos hosteleros para atraer el turismo, o espacios lúdicos entre otros. Igualmente las instituciones militares terminan ocupando antiguos edificios reconvertidos, caso del antiguo pósito y prisión o del palacio del Conde de Gavia, o son levantados de nueva planta en estilo historicista en las afueras de la ciudad, tal como el cuartel de la Remonta en el ejido de San Marcos. Surge además una nueva élite cultural que fomenta el cuidado y promoción del patrimonio y a la que debemos la primera historiografía y las primeras intervenciones arqueológicas en la ciudad. Úbeda goza de un florecimiento cultural y un mecenazgo que quedará censurado con el estallido de la Guerra Civil.

Los conflictos sociales de la Guerra Civil darán lugar de nuevo a la pérdida de patrimonio, especialmente en los templos motivado por un fuerte anticlericalismo. En este momento se adaptaron y promovieron nuevos espacios resultantes de la guerra o necesarios para acuartelamientos, almacenes o cocheras de artillería, y entre los que destacan, ocultos en el subsuelo, los refugios antiaéreos, uno de los aspectos poco trabajados desde el punto de vista arqueológico.

Teatro Ideal Cinema. Uno de los pocos edificios dedicado al ocio desde primer tercio del s. XX que se conserva en la ciudad
Teatro Ideal Cinema. Uno de los pocos edificios dedicado al ocio desde primer tercio del s. XX que se conserva en la ciudad - Eduardo Samblás Martínez

Años después no se construirá en Úbeda nada reseñable, que aprovecha la restauración y adaptación de antiguos edificios para nuevos usos. Destaca por negativo la promoción de viviendas sociales en los palacios, templos y solares abandonados, ocasionando con estas intervenciones la perdida de restos arqueológicos en superficie que fueron expoliados o simplemente demolidos y desaparecidos entre escombros.