Patrimonio: desde el siglo XIV al siglo XVII

Tras la conquista castellana en 1233, Úbeda se ve sometida a una reestructuración y reconstrucción, adaptando el urbanismo de la misma a las necesidades de la nueva sociedad. La primera sería la consolidación de la ciudad y refuerzo de sus murallas. La segunda necesidad sería el establecimiento del culto cristiano en la ciudad.

La ciudad, realenga desde su conquista, necesitaría de la autorización o promoción real para desarrollar labores de construcción en sus espacios urbanos. De especial interés para la Corona serían las defensas de la urbe, las cuales necesitarían de grandes reparos tras un siglo de constantes asedios por partes de cristianos y musulmanes. Se repararían puertas, murallas y el Alcázar, que sería especialmente reforzado. Para ello fueron otorgados numerosos privilegios con el fin de satisfacer el erario necesario para llevar a cabo el mantenimiento de la cerca militar, empresa en la que la nobleza local y las órdenes militares también contribuyeron. Destaca el imponente fortalecimiento de la línea septentrional del Alcázar, donde se articuló una barbacana precedida de un muro ciclópeo en talud, y que ha sido documentado en la plaza Vázquez de Molina, en la intervención realizada en el solar nº 7.

Conjunto defensivo recuperado en la zona septentrional del Alcázar en el que destaca el imponente muro ciclopeo en talud. Plaza Vázquez de Molina, 7
Conjunto defensivo recuperado en la zona septentrional del Alcázar en el que destaca el imponente muro ciclopeo en talud. Plaza Vázquez de Molina, 7 - Rafael Lizcano Prestel
Arcada de tradición mudejar donde destacan los arcos apuntados y los capiteles ornamentados con atauriques. Museo Arqueológico Casa Mudéjar
Arcada de tradición mudejar donde destacan los arcos apuntados y los capiteles ornamentados con atauriques. Museo Arqueológico Casa Mudéjar - Eduardo Samblás Martínez

Respecto a su viario señalar que la información arqueológica progresivamente está refutando la hipótesis de la pervivencia islámica. De forma muy sintética, los datos inciden, de manera recurrente, en que tras la conquista de la ciudad se genera un profundo e intenso proceso de sustitución y transformación de la trama urbana que afecta no sólo a las construcciones de época musulmana, que prácticamente desaparecen, sino incluso, a la red viaria. La trama urbana que hoy conocemos es producto de un proceso de sustitución radical que se inicia a partir de mediados del siglo XIII. Los edificios y construcciones de los primeros momentos medievales cristianos, son muy similares a los que se encuentran en la llamada “Casa Mudéjar”, actual Museo Arqueológico que formaba parte de la Casa de las Culebras, edificio del siglo XVI, con elementos embutidos en muros de tapial descubiertos en 1964 (arcos apuntados que arrancan de toscas columnas de piedra, con grandes capiteles y basas de forma troncocónica y fustes circulares; forjados en los que destaca una policromía en negro y rojo que reproducen esquemáticos motivos florales y geométricos). En todos los casos, la disposición de los arcos y de los espacios que delimitarían, se sitúan de forma perpendicular a los actuales trazados de las calles, lo que nos indica que las edificaciones de época medieval y, por tanto, la trama urbana anterior a la conquista, mantenían una ordenación diametralmente opuesta a la actual.

En este sentido, se abre otra vía de investigación dirigida a conocer y evaluar el efecto y el alcance que tuvieron, en la reordenación y configuración urbana de la trama medieval, las intervenciones de carácter tanto público como privado, que se inician a partir del siglo XV. Digamos que se trataría de un segundo proceso de sustitución y reestructuración, de la ciudad “gótica”, mucho más rico y conocido por la pervivencia monumental de las construcciones renacentistas, (sirva de ejemplo las modificaciones que promueve Francisco de los Cobos en la colación de Santo Tomás) respetándose tan solo las principales vías de la ciudad que serían las que comunican los supuestos recintos administrativos y religiosos de la ciudad entre sí y de éstos con las puertas, extendiéndose los arrabales en torno a ellas. Especial relevancia adquieren con el tiempo los de San Nicolás y, especialmente, de San Isidoro, zonas de expansión de la ciudad en las que se producirán las principales fundaciones eclesiásticas y hospitalarias del siglo XVI.

Los dos principales recintos comerciales de la ciudad en el siglo XV serán la plaza del Mercado, (actualmente plaza Primero de Mayo), y la plaza de Toledo, (hoy plaza de Andalucía). Estas plazas serían dotadas de soportales corridos en los que desarrollar y favorecer los tratos de comercio. En ambos espacios aún se mantienen vestigios de aquellas construcciones comerciales. El Real, calle también porticada y habitada por artesanos y comerciantes, venía a unir ambos recintos y se constituía igualmente como eje principal de la ciudad, desembocando en el Alcázar y la colegiata de Santa María.

Antigua zona comercial porticada, muestra de la arquitectura existente en el mercado con anterioridad al s. XIX. Plaza Primero de Mayo
Antigua zona comercial porticada, muestra de la arquitectura existente en el mercado con anterioridad al s. XIX. Plaza Primero de Mayo - Eduardo Samblás Martínez
Edificio construído en el s. XVI para ser sede del Cabildo municipal y de la Audiencia. Plaza Primero de Mayo
Edificio construído en el s. XVI para ser sede del Cabildo municipal y de la Audiencia. Plaza Primero de Mayo - Eduardo Samblás Martínez

Respecto a la actividad edificatoria del Concejo, éste construye alhóndiga, pósito, casa del Concejo y Audiencia entre otros. Interesante es la construcción de canalizaciones y fuentes, de las que en la actualidad se conserva la realizada en la plaza del Mercado junto al ábside de San Pablo y fechada en 1591. Las Antiguas Casas Consistoriales es una iniciativa del Concejo que solicita al Consejo de Castilla la compra de casas a inicios del siglo XVI en la plaza del Mercado. Igualmente les será concedida por la corona la venta de tierras, solares y calles para reunir el dinero necesario con el que sufragar la obra que terminará desarrollándose a lo largo de ese siglo y principios del siguiente con numerosas reformas en su construcción. En cuanto al pósito, el otro edificio conservado, es una construcción planteada a mediados del siglo XVI, y llevada definitivamente a cabo a partir de 1578, viniendo a sustituir al antiguo situado próximo a la puerta de Toledo. Se decide que su ubicación sea el Llano de Santa María, sobre los solares que quedaron de lo derribado del Alcázar tras 1507, otorgados a la ciudad junto a la piedra por la reina Juana I de Castilla para su reaprovechamiento. Ocupando la zona central de la actual plaza Vázquez de Molina, terminará ocasionando la queja del personero que inicia pleito ante la Chancillería de Granada por no ser adecuado su lugar de construcción entre grandes edificios palaciegos. Señalar que hasta ese momento se había venido constituyendo la plaza no como un diseño unitario y premeditado, sino que la plaza, en la actualidad es el núcleo renacentista de la ciudad, vino ocasionada por la unión de las lonjas de los edificios que la componen y el espacio recuperado tras el cegado del arroyo de la Azacaya, que discurría paralelo a la línea septentrional de la muralla del Alcázar.

Capitel románico con decoración esquemática de formas vegetales procedente de la iglesia de Santo Tomás. Museo Arqueológico Casa Mudéjar
Capitel románico con decoración esquemática de formas vegetales procedente de la iglesia de Santo Tomás. Museo Arqueológico Casa Mudéjar - Eduardo Samblás Martínez

En cuanto a la implantación del culto cristiano, la zona urbana fue dividida en once colaciones administrativas: Santa María de los Reales Alcázares en el barrio del Alcázar; a intramuros San Pablo y Santo Tomás Canturiense en el sector oriental de la ciudad, y San Pedro, Santo Domingo de Silos y San Llorente o San Lorenzo, en el occidental; y circundando la ciudad, los arrabales de San Isidro o San Isidoro al oeste, San Nicolás al norte, San Millán al este, San Juan Bautista y San Juan Evangelista en la parte más meridional de la ciudad, al este y el oeste del Alcázar respectivamente.

Para dar servicio a cada una de estas colaciones y ser su centro de culto y reunión, se construirían los templos, consagrados en espacios reaprovechados de época musulmana de los que no nos han llegado restos. En 1243 San Pedro quedaría bajo jurisdicción del Arzobispado de Toledo, y en 1259 Santa María sería consagrada colegiata constituyéndose en el tercer templo en importancia del Reino de Jaén. Tiempo después, en 1368 durante las luchas entre Pedro I y Enrique II, el caballero Pero Gil, partidario del primero, al frente de un ejército asaltó Úbeda, declarada a favor del segundo. En aquel asalto fueron destruidos los templos y saqueadas cuantas cosas habría de valor en ellos. Ello motivó que tras la victoria de Enrique II Trastámara, la ciudad sea recompensada con privilegios, mercedes y rentas levantándose de nuevo los templos en estilo gótico. La fundación de capillas y la adaptación de los templos a las necesidades de la fábrica, (ya fuese por voluntad de sus responsables o por estados de ruina), harán que lleguen a nuestros días muy modificadas.  

Estos templos (salvo San Juan Evangelista y San Juan Bautista que no han podido ser documentados) serán mayoritariamente de planta basilical de una nave, tres en el caso de San Pablo y San Nicolás, mientras que Santa María tiene 5 naves y claustro. En todos los casos el presbiterio se encuentra orientado al este y sus accesos están condicionados por el solar que ocupan. Especial mención merece Santa María, para cuya construcción se aprovechan los lienzos de la muralla del Alcázar en su extremo noroccidental donde existe un gran desnivel al igual que ocurre en San Lorenzo. Las bóvedas de crucería es el sistema utilizado para cubrir las naves en San Nicolás, mientras que el artesonado mudéjar cubre Santo Domingo. El resto, a lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX, salvo en los cruceros de los templos, vienen a incorporar bóvedas de yeso de cañón rebajado con lunetos acomodándose a los muros y pilares del templo, utilizándose también bóvedas vaídas en las naves laterales de San Pablo. Por último, en el siglo XXI, tras una reconstrucción del templo, se dota a Santa María de un alfarje mudéjar de reciente ejecución.

Surgen numerosas fundaciones y capellanías en los templos promovidas por la nobleza local y religiosa que ansía un enterramiento distinguido y necesitará de nuevos espacios, las capillas funerarias, promoviendo grandes muestras de arquitectura, escultura, rejería, pintura e imaginería. De este repertorio artístico las obras realizadas en madera han desaparecido en un porcentaje altísimo durante la guerra de la Independencia y la Guerra Civil, mermándose igualmente la calidad de las labores en piedra y hierro por su deterioro o saqueo. Gracias a la ejecución de estas capillas funerarias encontramos las primeras intervenciones de carácter renacentista en los templos, destacando como ejemplo la capilla en la iglesia de San Pablo de D. Francisco Vago, camarero del obispo de Jaén Alonso Suárez de la Fuente del Sauce. Su construcción en un primer renacimiento data del primer tercio del siglo XVI. Otro ejemplo de calidad sería la capilla de la Concepción, promovido por Francisco de los Cobos en 1525 para enterramiento de sus padres en la iglesia de Santo Tomás. Continuadora de las anteriores sería la capilla funeraria de Fernando Ortega Salido, capellán del panteón funerario de los Cobos y deán de la de Málaga, construida en la cabecera de la nave del evangelio de la iglesia de San Nicolás. Esta capilla, con el nombre de la Purísima Concepción de Nuestra Señora, comenzaría a construirse hacia 1530 con un cuidado planteamiento arquitectónico e iconográfico, siendo la mejor conservada de las de su estilo.

Intervenciones arquitectónicas de importancia se llevarían a cabo en San Lorenzo donde las capillas funerarias a partir de la segunda mitad del siglo XVI, comienzan a imitarse unas a otras resultando un conjunto equilibrado sin previo planteamiento. Más importante en cambio sería la intervención en la iglesia de San Isidoro. Dicha reforma consistiría en reconstruir la iglesia de tres naves en estilo renacimiento iniciándose las obras hacia mediados del siglo XVI, interviniendo en la misma los principales tracistas y canteros de la ciudad. El proyecto asemeja a las trazas empleadas en la Catedral de Jaén, ejecutándose el crucero, la sacristía y la torre, no sin problemas. Finalmente el templo sería reducido a una sola nave y sencillo presbiterio por falta de recursos a finales del siglo XVII. Igual intención habría en la iglesia de San Millán aunque esta reforma no llegaría a ser tan avanzada, reconociéndose restos de esta interrumpida ampliación renacentista en el exterior de los muros del templo.

Muros del crucero del templo de San Isidoro donde se aprecia la interupción de la ampliación programada en el s. XVI
Muros del crucero del templo de San Isidoro donde se aprecia la interupción de la ampliación programada en el s. XVI - Eduardo Samblás Martínez

Con respecto a los accesos a los templos hemos de señalar la importancia por ser única en su estilo en Úbeda la portada occidental de la iglesia de San Pablo, románica tendente al gótico. En gótico tardío fue la promoción de portadas realizadas en torno a 1510 por Alonso Suárez de la Fuente del Sauce para Santa María, hoy desaparecida y cuyos restos se aprecian en el claustro del templo; para San Pablo, de mayor espectacularidad con tímpano y parteluz; y para San Nicolás y San Isidoro, dos en ésta última, utilizando la misma traza para el diseño de las mismas. Más evolucionada a nuevas formas, encontramos la ejecución de la portada meridional de Santo Domingo, elaborada en estilo plateresco en el primer cuarto del siglo XVI.

Con posterioridad las portadas de las parroquias que se realicen en la ciudad serán de traza renacentista. Destacan la portada occidental de San Nicolás, a la que acompaña la escalera de acceso al templo y la sacristía, todo contratado en 1564 con el arquitecto Andrés de Vandelvira; las portadas septentrionales de San Lorenzo y Santo Domingo, finalizadas en 1586 y 1592 respectivamente y muy similares en su diseño; la meridional de San Pedro imitando las trazas de la portada del hospital de los Honrados Viejos del Salvador; y por último la intervención en las fachadas de Santa María. Ésta última sería realizada a partir de 1604 con trazas de López de Alcaraz, que vuelve a tomar como modelo la portada del mencionado Hospital para la puerta de la Consolada en la fachada oriental, y el modelo de arco triunfal desarrollado en la fachada de la Capilla Funeraria de Cobos para la puerta de la Adoración. Para salvar el desnivel del acceso norte, se dotaría a esta portada de una escalinata de acceso, hoy desaparecida tras ser aterrazado el terreno a una cota superior. Ambos lados de la fachada quedan cohesionados gracias a su diseño, constituido por el uso de pilastras de gran tamaño, un basamento corrido a todo el conjunto, y el establecimiento de un antepecho sobre el que se pretendían colocar esculturas de bulto redondo y en el que hoy hay pináculos ornamentales. Con esta intervención se crean los espacios de la Casa Rectoral y se ocultan la portada construida en 1510, la torre campanario, y la línea de muralla del Alcázar que daba a la plaza Vázquez de Molina, ya constituido como enclave renacentista de primer nivel.

Basílica de Santa María de los Reales Alcázares. Su imagen externa es consecuencia de un plan ornamental del templo en estilo renacentista para asimilarse a los grandes edificios palaciales y religiosos de su entorno
Basílica de Santa María de los Reales Alcázares. Su imagen externa es consecuencia de un plan ornamental del templo en estilo renacentista para asimilarse a los grandes edificios palaciales y religiosos de su entorno - Eduardo Samblás Martínez

Por último sólo falta hacer una referencia a los campanarios de los templos, los cuales se constituyen en esbeltas torres reconstruidas en su mayoría a partir del siglo XV, destacando la construida en San Pablo con forma ochavada y finalizada en 1531. Del resto, muchas ocasionarían ruina, sustituyéndose las de Santa María, San Isidoro, y probablemente San Lorenzo, a lo largo del siglo XIX por espadañas.

Importante fue la labor constructiva desarrollada por las órdenes regulares. Los primeros en llegar fueron Trinitarios, Mercedarios, Franciscanos y Hospitalarios del Espíritu Santo tras la reconquista de la ciudad, mientras que la primera congregación femenina serían Clarisas. Con el fortalecimiento de la nobleza serían promovidos nuevos conventos en la ciudad al igual que el enriquecimiento de los ya existentes con la creación de capellanías y beneficios. A partir del siglo XVI nuevas comunidades llegan a Úbeda: Dominicos, Mínimos, Jesuitas, Carmelitas, Hospitalarios de San Juan de Dios y Franciscanos Recoletos de órdenes masculinas; Dominicas, dos comunidades, Clarisas de la Orden Tercera y Carmelitas Descalzas fueron las congregaciones femeninas. Muchos fueron suprimidos tras el racionamiento liberal doceañista del clero y las desamortizaciones de 1836 y 1869, salvo el colegio jesuita que había sido suprimido tras la Pragmática Sanción de expulsión de 1767. Continuarán en funcionamiento por tener mayor número de integrantes harán llegar hasta nuestros días el monasterio de Santa Clara y el convento de la Concepción, de clarisas y carmelitas descalzas respectivamente.

Los edificios que en su momento ocuparon, en la actualidad se encuentran reconvertidos o son simples solares. Importantes son los dos conventos que han permanecido en activo hasta la actualidad. Así, el monasterio de Santa Clara conserva su capilla de traza gótica a la que se accede por un arco mudéjar, único de su estilo en la ciudad. El convento de la Concepción es una construcción de mediados del siglo XVII de traza severa, adosado sobre la muralla medieval. De los desaparecidos, sería importante someter a estudio arqueológico los solares de los conventos de La Merced y San Francisco, en los que se realizaron importantes obras durante el Renacimiento. Por suerte de ese momento nos han llegado los claustros de La Trinidad, de la segunda mitad del siglo XVI, y el de La Victoria, del primer tercio del siglo XVII. Destacar la importancia del edificio ocupado por el convento de Madre de Dios de las Cadenas, fundado por Juan Vázquez de Molina en el que sería su palacio, y que hoy es Ayuntamiento.

Claustro del Convento de la Victoria, s. XVI - XVII
Claustro del Convento de la Victoria, s. XVI - XVII - Eduardo Samblás Martínez

Instituciones pías protegidas por nobleza y clero fueron los hospitales y hospicios. En Úbeda numerosos fueron éstos de los que en la actualidad se conservan dos: el hospital de Santiago y el hospital de los Honrados Viejos de El Salvador siendo los dos de vital importancia para entender el Renacimiento en la ciudad de Úbeda.

El primero de ellos, el de Santiago, fue mandado construir por Diego de los Cobos, obispo de Jaén, en 1562 en lo que es un encargo realizado a Andrés de Vandelvira resultando una de las principales muestras de construcción renacentista en el país. Acabado en 1575, el edificio viene a servir de institución hospitalaria, manteniéndose en esa función hasta 1975 que se convierte en Palacio de Exposiciones y Congresos. Su fachada sin apenas ornamentación se compone de dos cuerpos de altura flanqueados en sus extremos por dos torres que dan carácter al conjunto. Su interior se distribuye en torno a un patio principal que articula el conjunto, con la capilla al frente y dos patios menores en sus laterales, y una escalera claustral de dos tramos y caja abierta bajo bóveda esquifada. La capilla, a la que se accede a través de una triple arcada cerrada por rejería diseñada por Vandelvira, tiene planta en forma de H debido a la construcción de las torres a mitad de la nave y presbiterio orientado al norte necesitando de un sistema de abovedamiento preciso formado por vaídas y cañones.

El segundo, el de los Honrados Viejos de El Salvador, corresponde a una cofradía de origen medieval dedicada a la asistencia de mayores. Esta cofradía cedería sus antiguas instalaciones a Francisco de los Cobos para realizar el complejo de edificios que tenía proyectado, y entre los que se encontraban las nuevas instalaciones para este hospital. En 1548 empieza a construirse el templo, en 1552 comienzan a levantarse las arquerías del claustro, mientras que la portada de acceso al recinto data de 1567. Todo el conjunto quedaría totalmente terminado en 1583, fecha en la que se contrata la ejecución de la espadaña. De lo que se conserva de todo aquello, es de reseñar tanto la portada de acceso, cuyo diseño sería reproducido con posterioridad en los templos de Santa María y San Pedro, y la arquería sur, destacable por el uso de arcadas en serliana, único ejemplo en la ciudad.

A colación del edificio anterior, pasaremos a analizar la reconversión que sufrió esta zona de la ciudad gracias a la labor promotora de Francisco de los Cobos en Úbeda. El secretario del Emperador pretendía construir un complejo urbanístico constituido por palacio señorial, un panteón funerario, las instalaciones del hospital de los Honrados Viejos del Salvador, y una universidad que finalmente quedó reducida a una cátedra de latinidad y otra de retórica. De entre todos ellos destaca el panteón funerario por su suntuosidad y perfección arquitectónica, edificio que en su fábrica nos ha llegado a nuestros días de manera inmutable.

Arcada en serliana de la galería meridional del patio del Hospital de los Honrados Viejos de El Salvador, s. XVI
Arcada en serliana de la galería meridional del patio del Hospital de los Honrados Viejos de El Salvador, s. XVI - Eduardo Samblás Martínez

La Sacra Capilla de El Salvador del Mundo constituye el modelo de capilla funeraria propia de los grandes exponentes de la nobleza de inicios de la Edad Moderna, deseosa de realizar obras encaminadas a la glorificación personal y hacer resaltar sus valores religiosos, heredados de sus antepasados medievales y reforzados en la lucha contra el infiel. Así, Francisco de los Cobos, poseedor de prestigio y rentas, decide ubicar su panteón funerario en terrenos próximos a la antigua casa solar de sus padres en la colación de Santo Tomás, dando pie a la creación de uno de los recintos urbanos más impresionantes del momento, la actual plaza Vázquez de Molina. Aprovechará sus influencias en la corte para conseguir los permisos del Papado, no sólo para la construcción del templo, sino también para trasladar los privilegios concedidos para dotar la capilla de la Concepción en Santo Tomás al nuevo templo. Su estancia en la corte y los viajes por Europa junto al Emperador hará que se rodee de los mejores artistas y conozca las grandes creaciones artísticas del momento, contratando sus servicios. Diego de Siloé, maestro de la catedral de Granada, será el encargado de realizar la traza del panteón funerario que con un estudiado planteamiento basado en los modelos clásicos ejecutados en Italia viene a crear una de las grandes joyas del Renacimiento.

Escudo nobiliario de Francisco de los Cobos, mecenas y promotor del arte renacentista en Úbeda. Sacra Capilla de El Salvador
Escudo nobiliario de Francisco de los Cobos, mecenas y promotor del arte renacentista en Úbeda. Sacra Capilla de El Salvador - Eduardo Samblás Martínez

Iniciada en 1536, en 1540 la obra será asumida por Andrés de Vandelvira y Alonso Ruiz que realizan modificaciones al proyecto de Siloé con una nueva sacristía y una tercera puerta entre otras variables. De su exterior destaca la fachada principal, la cual responde a un planteamiento arquitectónico que imita la portada del Perdón de la catedral de Granada con estructura de arco triunfal, enriquecido por Andrés de Vandelvira y Esteban Jamete con el uso de elementos como los balcones y torretas laterales con el fin de ocultar los elementos góticos del templo. Sobresalen también sus otras dos portadas, con un esquema de arco triunfal pero de menor tamaño que la principal, siendo la del norte imitada en el templo de San Nicolás, mientras que la del sur constituye un ejemplo de humanismo aplicado al arte. Su interior consta de una nave central con capillas y articulada en tres tramos cubiertos por bóvedas de crucería, unida mediante un gran arco alabeado a su cabecera, de planta circular con cúpula con linterna, precedida por rejería de gran calidad y bajo la que se coloca la cámara sepulcral. La sacristía constituye una genialidad de Vandelvira a la que se accede a través de una portada en esviaje y que se cubre con bóvedas vaídas y en la que se utilizan figuras humanas en sustitución de elementos arquitectónicos. Todo ello, tanto interior como exterior, se ornamenta con elementos paganos y cristianos alegóricos a la muerte y la eternidad, el titular del templo, los santos, o la Orden Militar de Santiago entre otros. El templo sería finalmente consagrado en 1559, doce años tras la muerte de su promotor.

El tercer edificio que completa este entramado urbanístico creado por Cobos fue su propio palacio encargando su construcción a partir del año 1531 al arquitecto real Luis de Vega que ya había trabajado en su otro palacio de Valladolid. Previamente el noble ya había comprado numerosas casas colindantes a las de sus padres y estaba en tratos con la cofradía de los Honrados Viejos para conseguir el espacio necesario en el que desarrollar su proyecto. El palacio se encuentra en la actualidad en proceso de restauración pues durante el siglo XIX sufrió un incendio que ocasionaría su ruina. De él se conserva una austera fachada sin mérito alguno, lo que lleva a pensar a muchos que ésta no fuese destinada a ser la fachada principal. Igualmente se extrajo del palacio una fuente ornamental de origen italiano que hoy se ubica en el centro de la plaza Vázquez de Molina.

Fuente monumental reubicada en la Plaza Vázquez de Molina procedente del palacio de Francisco de los Cobos
Fuente monumental reubicada en la Plaza Vázquez de Molina procedente del palacio de Francisco de los Cobos - Eduardo Samblás Martínez

Esta es sin duda la primera intervención civil palaciega de importancia en la ciudad tras los saqueos de las casas nobles durante la Guerra de las Comunidades de Castilla. A continuación, y siguiendo el modelo llevado a cabo por Cobos, los miembros más pudientes de su familia y allegados, favorecidos por el secretario imperial, comenzaron a promover nuevos palacios en la ciudad tomando a sus servicios al ya consagrado arquitecto Andrés de Vandelvira y sus discípulos.

En Úbeda ya venían construyéndose palacios y casonas en estilo castellano propio de finales del siglo XV y principios del siglo XVI en los que comenzamos a ver muestras de un primer renacimiento, sobre todo por la utilización de elementos arquitectónicos de orden clásico, tales como el palacio del Caballerizo Ortega, el palacio de Torrente o el palacio de los Dávalos. Los primeros edificios civiles del pleno Renacimiento serán el palacio de Vázquez de Molina, el palacio del Deán Ortega, y el pretendido palacio de Rodrigo Orozco, los dos primeros localizados en el lado septentrional de la plaza Vázquez de Molina, mientras que el tercero sin finalizar su construcción se asienta sobre los restos de la muralla en el lado meridional. Por último, en el último cuarto del siglo XVI comienzan a construirse en Úbeda numerosos edificios residenciales de carácter palaciego los cuales intentan aportar nuevas formas y diseños en su construcción en un intento por diferenciarse unos de otros: palacio de Vela de los Cobos, palacio de la Rambla, palacio de Anguís Medinilla, palacio del Marqués de Mancera, palacio de Busianos y palacio del Conde de Guadiana entre otros. De ellos, los tres últimos citados vuelven a recuperar la torre como elemento constructivo previsiblemente imitando los diseños empleados en el hospital de Santiago.

En adelante en Úbeda se seguirá construyendo imitando las formas y diseños de la edad de oro de la arquitectura ubetense, marcando tendencia en las construcciones de los siglos XVII y XVIII. A ello se suma además la decadencia de la ciudad que se encierra en sí misma y vuelve a reutilizar materiales en las nuevas construcciones, cuando no al abandono de las existentes.