Patrimonio: desde el año 4.000 a.C. al siglo XIII

El barrio del Alcázar es el más antiguo de la ciudad de Úbeda. La trama urbana actual se desarrolla dentro del primitivo recinto amurallado medieval: el Alcázar islámico. Desde su origen, este barrio ha constituido un área con total autonomía, casi una isla, debido al mantenimiento de su cota, elevada a modo de plataforma sobre el resto del terreno, y a sus limitados accesos, condicionados por la ubicación de las primitivas puertas de la muralla y por la propia topografía. Su borde norte y zona de conexión con el resto del casco histórico lo constituye la plaza Vázquez de Molina, localización de los edificios monumentales representativos de las grandes trasformaciones urbanísticas que se desarrollan en Úbeda a lo largo del s. XVI.

Vista de la zona denominada Eras del Alcázar previa a la intervención arqueológica
Vista de la zona denominada Eras del Alcázar previa a la intervención arqueológica - Ayto. de Úbeda

En el interior del barrio, encontramos un vacío urbano conocido como las Eras del Alcázar ya que hasta hace unos 50 años se utilizaba como eras para la trilla del grano. En él, han desaparecido las trazas de su estructura urbana original, debido al progresivo despoblamiento sufrido a partir del siglo XVI. La excepcionalidad y singularidad de este barrio reside en que bajo su superficie, unos 62.000 m², se localiza otro patrimonio, más desconocido y olvidado, pero igual de relevante: un extenso yacimiento arqueológico que en este momento es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Andalucía tanto por la entidad histórica de sus bienes como por su estado de conservación, y sobre todo, por el programa de Tutela (Investigación+Conservación+Difusión) que a finales del 2006 comenzó a implementar el Ayuntamiento de Úbeda y el Grupo de Investigación M.I.D.A.S. III Milenio de la Universidad de Huelva, dirigido a la investigación, conservación y uso social del patrimonio heredado. Sus registros, con una ocupación continuada de aproximadamente 6.000 años de antigüedad, no sólo identifican a Úbeda como la ciudad más antigua de Andalucía, sino que permiten tanto explicar como exponer, de forma ejemplar, la historia de su origen, ya que su excepcionalidad lo convierten en el único modelo capaz de mostrar este proceso por su desarrollo ininterrumpido.

Actualmente este barrio se configura como el límite meridional de la ciudad; un espolón sobre el valle del Guadalquivir delimitado por pendientes muy pronunciadas y, probablemente, por fortificaciones desde la prehistoria, que en época medieval acabaron definiendo el primer recinto amurallado islámico de Úbeda: El Alcázar. Desde las primeras comunidades, la elección de este lugar para establecer asentamientos estuvo determinado, además de por sus óptimas condiciones de defensa natural y de numerosos manantiales y reservas de agua, por la privilegiada situación que mantiene sobre el territorio circundante. Esta posición estratégica sobre las tierras más fértiles del valle del Guadalquivir, permitió y favoreció la implantación y el posterior desarrollo de estrategias económicas agropecuarias, además de un amplio, directo y efectivo control del territorio.

Uno de los objetivos esenciales de la investigación realizada ha sido el de conocer la secuencia temporal del yacimiento. El programa de dataciones ha permitido contar con un excelente armazón temporal para evaluar el análisis arqueológico e histórico. Las treinta y seis dataciones de carbono-14 realizadas permiten concluir que el registro arqueológico de las Eras del Alcázar muestra una ininterrumpida secuencia de restos de ocupaciones humanas superpuestas bajo la actual ciudad de Úbeda. Esta secuencia abarca los últimos 6.000 años, entre el segundo cuarto del Cuarto Milenio y el Primer cuarto del Segundo Milenio antes de nuestra era (entre 3553 ± 103 y 1813 ± 48 a. D. Cal. Dir.), cuya ruptura se debe a una profunda reordenación urbanística del Siglo IV de nuestra era (312 ± 130 Cal. Dir.) que, coincidiendo con el ascenso al poder del Emperador Constantino, inicia otro proceso de superposición de tramas urbanas ininterrumpidas de época andalusí que se suceden hasta el Renacimiento Ubetense.

La primera ocupación humana (3500 – 2500 a. C.), desarrolla un modelo económico agrario basado en el cultivo de cereales, leguminosas y un incipiente olivar y una ganadería diversificada de vacas, cerdos, ovejas, cabras y caballo. Este modelo se enmarca en un paisaje dominado en más del 70% por un bosque de pinos y abedules.

El modelo urbanístico está constituido por viviendas o unidades habitacionales de planta circular excavadas en el suelo, con alzados de tapial, adobes y materia vegetal. Eran de pequeñas dimensiones, y de usos diversos incluso como tumbas.

Las poblaciones de estos primeros momentos, a pesar de tener una esperanza de vida muy corta (hombres 20 y 35 años, mujeres 12 y 14 años), se caracterizan por gozar de buena salud y una talla elevada (hasta 1.70 m en los hombres), presentando un gran desarrollo muscular en miembros superiores e inferiores. No se aprecian diferencias sustanciales de género ni en el aspecto físico ni social.

Trama urbana de inicios del III Milenio a.n.e. Área 1 del yacimiento de las Eras del Alcázar
Trama urbana de inicios del III Milenio a.n.e. Área 1 del yacimiento de las Eras del Alcázar - Rafael Lizcano Prestel

La segunda ocupación (2200 – 2000 a. C.) muestra el desarrollo progresivo del modelo agrario precedente reduciéndose el bosque primigenio hasta un 30 %. El análisis del polen indica que este proceso está relacionado con el aumento de las superficies cultivadas destinadas a cereales, leguminosas y olivos-acebuches. Paralelamente emerge un bosque de encinar que, en relación con el aumento del cerdo, indica un cambio significativo en el perfil ganadero, consolidándose esta especie como fuente principal de abastecimiento cárnico.

Las viviendas, manteniendo los trazados circulares, aparecen ya exentas, construidas con zócalos de piedra sobre los que se alzan paredes de tapial y adobe. El tamaño de éstas aumentó, y en su interior comenzó a desarrollarse una división técnica y espacial del trabajo (áreas textiles, almacenaje de cereales, manufactura de instrumentos de piedra tallada, etc.).

La ausencia de espacios funerarios en las zonas de hábitat, indica la existencia de verdaderas necrópolis al exterior del asentamiento, aún no localizadas.

Hacia el cambio de milenio (2000 a. C.) la incorporación de Úbeda a redes políticas y territoriales más complejas, implicó profundos cambios económicos hacia sociedades con una marcada división y especialización del trabajo. La deforestación ha alcanzado su máximo desarrollo (la masa arbórea no supera el 20%) y junto a los espacios cultivados, el pastizal adquiere un gran protagonismo. Este cambio del paisaje fue consecuencia de un sistema de explotación más intensivo del territorio, en el que la ganadería de ovejas adquirió una gran importancia.

El patrón urbanístico también se transforma. Las viviendas son de forma rectangular con zócalos de mampostería y alzados de tapial y adobes. Éstas muestran un mayor nivel de división espacial del trabajo y presentan, como novedad, la inclusión de enterramientos bajo sus suelos.

Enterramiento fenemino del II Milenio a.n.e. en el que destaca un importante ajuar. Yacimiento de las Eras del Alcázar
Enterramiento fenemino del II Milenio a.n.e. en el que destaca un importante ajuar. Yacimiento de las Eras del Alcázar - Rafael Lizcano Prestel

A pesar de incrementarse la esperanza de vida, la población está peor nutrida y con graves patologías. Los hombres siguen manteniendo un elevado desarrollo muscular en ambos miembros, aunque el aumento de fracturas, hernias discales, etc., señalan un incremento de la intensidad de los trabajos que realizan. Por el contrario, las mujeres pierden desarrollo muscular en las piernas lo que indica un cambio en el trabajo realizado que pasa al ámbito doméstico.

En la zona investigada, alrededor del 1700 a. C., se interrumpe la sucesión de restos prehistóricos por una profunda reordenación urbanística del siglo IV d.C., tras la que se superpondrán las tramas urbanas históricas hasta alcanzar el urbanismo renacentista. Este rápido proceso de superposición implicó la desaparición de la mayor parte de los restos constructivos de época romana e islámica.

Al exterior del  Alcázar, se han documentado restos de origen tardorromano durante los trabajos arqueológicos desarrollados en el edificio de los Juzgados, conocido como Cárcel del Obispo en 1962 y 2003, y en la basílica de Santa María de los Reales Alcázares en 1983 con motivo de la restauración del templo. Los mencionados restos corresponden a estructuras de sillería que han sido interpretadas como restos de un edificio religioso por la entidad de los elementos constructivos así como por el lugar en el que se localiza. En ambos casos, a estas estructuras acompaña un importante conjunto de materiales cerámicos de los siglos I a VII d.C. En ambos casos, estos restos se superponen a otros anteriores del III y II Milenio a. C., de carácter residencial y funerario. En cuanto a la construcción de sistemas defensivos de origen romano en la ciudad, encontramos restos de los mismos, en el solar excavado en la plaza Vázquez de Molina nº 7, situado sobre los restos de una construcción del II Milenio a. C., alterado por los cimientos de las murallas medievales. En el extremo sur del recinto amurallado encontramos un muro tardorromano, de previsible carácter defensivo.

La constante supresión de los restos constructivos anteriores para edificar o reedificar sobre su solar, es también la causa de que apenas tengamos documentados restos de época visigoda e islámica, ya que tras la conquista castellana la ciudad se rehizo de nuevo llegando a alterar el viario urbano intramuros que se consolida, salvo excepciones, entre los siglos XIII y XV. Mientras que restos visigodos apenas quedan en la ciudad, recogidos en el Museo Arqueológico de Úbeda, de época musulmana sí se han podido documentar más vestigios.

Tras la refundación omeya de Úbeda en el siglo IX se inicia un proceso reurbanizador en el que se construyen nuevas defensas, lugares de culto y edificios administrativos. El principal edificio de la ciudad musulmana sería la Alcazaba, la cual integrada en el complejo recinto del Alcázar supondría el principal centro administrativo y militar de la ciudad. Sin embargo no podemos llegar a pensar que existiese una construcción de tamaño sin igual dada la demolición del Alcázar a principios del siglo XVI y la falta de información tanto documental como arqueológica.

La muralla medieval de la ciudad es otra de las muestras de la intervención musulmana en el urbanismo ubetense, pero como ya hemos señalado, tras la reconquista ésta fue fuertemente modificada y ampliada. El primer recinto defensivo de la ciudad, correspondiente al Alcázar, fue posteriormente ampliado hasta dar lugar al recinto amurallado que en la actualidad se conoce y que constituye el Casco Histórico de Úbeda. Fuentes documentales citan una tercera cerca, ya de origen cristiano, en torno a los arrabales, la cual todo parece indicar tuvo más carácter fiscal que defensivo. Con respecto a los restos conservados de la muralla musulmana hay que señalar que las continuas reformas emprendidas para reconstruir y reforzar su solidez ha llevado a enmascarar su origen, documentándose este proceso gracias a las intervenciones realizadas en el extremo sur del recinto amurallado y en el solar de la plaza Vázquez de Molina nº 7.

Murallas y torreones del recinto del Alcázar recuperados tras la demolición de las construcciones adosadas. Calle Saludeja
Murallas y torreones del recinto del Alcázar recuperados tras la demolición de las construcciones adosadas. Calle Saludeja - Eduardo Samblás Martínez

Respecto a la distribución de accesos, puertas y portillos volvemos a encontrar dificultades para delimitar tanto su ubicación exacta así como el diseño y composición de las mismas. Solo podemos señalar como del siglo XIV la puerta del Losal, ubicada en el acceso desde levante, desde el arrabal de San Millán. Del XV es la llamada puerta de Granada. De la tercera puerta histórica conservada, la del Santa Lucia, solo se conserva original el arranque del arco en piedra y su cimentación, muy camuflado todo por una reconstrucción del conjunto en los años 80 del siglo pasado.

Acerca de la existencia de mezquitas, solo se han encontrado restos de construcciones musulmanas bajo la superficie de la basílica de Santa María de los Reales Alcázares y la parroquial de San Pablo. Destacan los restos localizados en el primero de los templos en 1983, cuando se hallaron estructuras murarias y pilares de una construcción de origen musulmán.

En cuanto a enterramientos se ha localizado una necrópolis musulmana o maqbara, distanciada unos 60 m. del recinto amurallado, gracias a una intervención arqueológica puntual en los patios traseros de las primeras viviendas de los pares de la calle Ancha, antiguo camino hacia Jaén.