Itinerario I: Colaciones de Santa María y Santo Tomás

1. Eras del Alcázar

Espacios sometidos a investigación arqueológica en el yacimiento de las Eras del Alcázar - Rafael Lizcano Prestel

Las Eras del Alcázar constituyen uno de los principales yacimientos urbanos de Andalucía con una extensión aproximada de 62.000 m2 y una secuencia arqueológica ininterrumpida de más de 5.000 años. En la actualidad solo se ha trabajado sobre una superficie de 10.000 m2 en el extremo oriental del yacimiento. Se han localizado restos del cuarto milenio a. C. en adelante, con una ocupación continuada hasta el año 1700 a. C. aproximadamente en que se produce un corte en la estratigrafía consecuencia de una reurbanización posterior en época romana. En él podemos ver la evolución de las primeras comunidades que se asentaron en la zona y que hacen que Úbeda sea considerada una de las ciudades más antiguas de Europa.

A un nivel más superficial del yacimiento encontramos restos de los s. XIV, XV y XVI correspondientes a edificaciones destinadas a la producción artesanal, posiblemente patios traseros de una vivienda particular. En este sector vemos como la ciudad medieval cristiana se asienta directamente sobre las fases prehistóricas, sin que existan apenas vestigios de época romana, visigoda o musulmana en el área hasta el momento investigada.

2. Basílica de Santa María de los Reales Alcázares (s. XIII-XXI).

Basílica de Santa María de los Reales Alcázares. Elementos ornamentales de estilo gótico reubicados tras la construcción de los nuevos accesos al templo en el s. XVII - Eduardo Samblás Martínez

Situado en el extremo occidental de la plaza Vázquez de Molina, el templo de Santa María es uno de los edificios declarados Patrimonio Mundial, visitable en el horario establecido por la Diócesis de Jaén. Se asienta al interior del recinto amurallado del Alcázar, cuyos muros transitan enmascarados tras la fachada norte. En su subsuelo se han documentado restos prehistóricos del II Milenio a. C., de época romana e hispanomusulmana, siendo estos interpretados como los restos de la mezquita aljama. En su interior es recomendable ver como el templo ha sido modificado por distintas intervenciones, llegando incluso a perder parte de su historia arqueológica con la eliminación, en los últimos años, de elementos como son el coro o el enlosado pétreo. Especial atención merece el claustro, en el que podemos ver los restos de antiguos accesos al templo. De interés son sus fachadas, única intervención renacentista que responde a un planteamiento previo realizada en el templo durante el primer tercio del s. XVII.

3. Plaza Vázquez de Molina

La plaza Vázquez de Molina viene a constituir uno de los espacios urbanos más emblemáticos del país. Ello se debe al alto número de edificios monumentales que se ubican en este lugar. Formada gracias a la demolición de las puertas y murallas del Alcázar, el colmatado de los cursos de agua que por ella discurrían y la sustitución de las antiguas viviendas medievales por suntuosos edificios civiles y religiosos. Serán estas construcciones del Renacimiento las que impriman carácter y cohesión al conjunto, que si bien en un origen no tenía porqué responder a un proyecto prediseñado, con el tiempo terminaría adquiriendo esta dimensión tras la fusión de las lonjas de los edificios religiosos y civiles y el allanado del terreno, con mayor pendiente en la parte occidental de la plaza.

Denominada Llano de Santa María, Llano del Salvador, paseo de las Delicias o Paseo de la Cárcel, su denominación actual se debe a la figura de Juan Vázquez de Molina, secretario del Emperador Carlos V tras la muerte de su tío, Francisco de los Cobos. Promotor a mediados del s. XVI del palacio que lleva su nombre y en el que fue fundado un convento de monjas dominicas, el convento de Madre de Dios de las Cadenas, sobrenombre éste de “las cadenas” en referencia a las cadenas que cercaban la lonja del palacio. Señalar en su construcción la creación de la capilla del convento en la que sería la entrada principal del edificio y de la que quedan evidentes muestras. En sus patios traseros, tras la exclaustración se procedió a realizar un espacio público, la actual plaza del Ayuntamiento, que como la de la Coronada, vendría a desahogar la estrechez de las antiguas calles.

Otros tres palacios se incorporarían en sus laterales, el palacio del Deán Ortega, el palacio de Rodrigo de Orozco –recientemente hallado- y el palacio del Marqués de Mancera, siendo los dos primeros contemporáneos al de Vázquez de Molina, mientras el de Mancera es de finales de siglo. Vienen a completar el espacio el pósito de finales del s. XVI, y muy modificado en el s. XX, la Cárcel del Obispo del s. XVIII y el templo de Santa María de los Reales Alcázares. Y en su parte más oriental, y siendo el eje sobre el que se constituye el resto de la plaza, el panteón funerario de Francisco de los Cobos, la Sacra Capilla de El Salvador.

4. Antiguo Pósito (s. XVI-XX)

Construido en el último tercio del s. XVI, con el tiempo llegó a ser cárcel y oficina de reclutamiento, para finalmente ser hoy Comisaría de Policía. Del edificio original sólo conservamos los muros, destacando los sillares ciclópeos del extremo izquierdo de la fachada norte. La portada principal data de 1796. En el s. XX asistimos a una modificación total de sus fachadas que le da el aspecto que actualmente tiene.

Con toda probabilidad fue levantado sobre los restos de una de las principales puertas del Alcázar y, en su patio trasero se ha documentado el trazado de la muralla norte de este primer recinto amurallado.

5. Palacio de Rodrigo Orozco (s. XVI)

Los restos de este palacio se localizan en un solar situado en el lado meridional de la plaza de Vázquez de Molina. La intervención arqueológica realizada en 2006 ha constituido un revulsivo para la historia local al documentarse como se articulaba la primera y potente línea de fortificación que protegía el perímetro norte del Alcázar, su posterior proceso de demolición, y la aparición de un palacio inacabado del s. XVI.

La primitiva muralla musulmana del frente septentrional del Alcázar mantiene el trazado de estructuras defensivas del II Milenio a. C. y el Bajo Imperio Romano. Está formada por dos caras de mampostería concertada de mediano tamaño niveladas con restos de cerámica y tejas, alcanzando un espesor superior a los 2,50 m. Al interior de las dos caras de piedra, el relleno se realiza con tápiales calicastrados. Dispone también de un antemuro de 0.75 m. de ancho de mampostería irregular separado del muro principal una distancia media de 5,5 m. dando lugar a la liza.

Tras la conquista la muralla se refuerza por su interior con un muro de 1.3 m. de ancho realizado con mampostería irregular, más trabajada en su cara vista, y unido al muro musulmán con mortero de color amarillento. El antemuro también es reforzado con otro muro de las mismas características y un metro de espesor. Además se le incorpora al frente un muro ciclópeo unido en seco y un alzado en talud de más de cuatro metros que viene a reforzar las defensas de la barbacana. Este conjunto defensivo se sitúa a una cota superior a la actual de la plaza Vázquez de Molina.

Igualmente ha podido documentarse el proceso de demolición y amortización de estas fortificaciones, llevado a cabo para liberar de obstáculos la fachada del palacio renacentista ubicado detrás. La técnica utilizada para demoler los muros era horadar su base para luego simplemente tirar de ellos. Los restos de lienzos de muralla derribados colmataron el arroyo de la Azacaya que discurría en torno al Alcázar.

Respecto al palacio, propiedad atribuida a Rodrigo de Orozco y Aranda, tan solo podemos decir que es una construcción de mediados del s. XVI, de la que hasta el momento se ha descubierto parte de la fachada principal y la primera crujía –se entiende que la planta del palacio se extiende por los solares colindantes-, conservándose un alzado medio de tres metros, y elevado más de cuatro metros sobre el nivel de la plaza. Consta de ornamentación de traza renacentista similar a la empleada en el palacio del Deán Ortega. En el solar hay evidentes muestras de que el palacio se encontraba en construcción.

Palacio de Rodrigo de Orozco. Jambas de la puerta de acceso y muros del edificio palacial - Rafael Lizcano Prestel

6. El proyecto de Francisco de los Cobos: palacio, Sacra Capilla de El Salvador y hospital de los Honrados Viejos de El Salvador (s. XVI)

Francisco de los Cobos fue una de las personalidades más influyentes y con mayor poder de su época. Acaparó numerosos cargos públicos de los que destaca el de Secretario de Estado en 1529. Su poder en la Corte le facilitó el viajar por toda Europa nutriéndose del Humanismo; su riqueza le ayudaría a ser un mecenas de los grandes maestros del Renacimiento. Por ello, y mucho más que sería imposible resumir, Francisco de los Cobos fue un modelo para sus contemporáneos.

Siguiendo la costumbre de las grandes nobles de tener una casa y un enterramiento suntuoso, Cobos, procedente de una familia noble de escasa renta emparentada con los Molina, promueve en su ciudad natal la construcción de un palacio y un panteón en el que tomar sepultura. Previamente ya había procurado una capilla funeraria para sus padres en la iglesia de Santo Tomás. El proyecto, diseñado en torno a la casa familiar consistiría en la compra de las viviendas adyacentes a la misma, a la construcción del palacio integrando la casa solar y el panteón, al que se podría acceder desde el palacio. El proyecto también contemplaba un nuevo hospital para la Cofradía de los Honrados Viejos que cederían sus posesiones a Cobos y una universidad que nunca llegó a construirse. Por todo ello el urbanismo de la colación de Santo Tomás se vería fuertemente modificado, de lo que seguro quedan vestigios bajo rasante en los patios del palacio.

7. Iglesia de Santo Tomás (s. XIII-XVIII)

Iglesia de Santo Tomás. Vista interior del abside románico de la capilla mayor. - Rafael Lizcano Prestel

La iglesia de Santo Tomás Canturiense, ubicada junto al camino de ronda de la muralla, fue de las seis parroquias intramuros. Con un alto porcentaje de nobles en su vecindario, ello ocasionará que paulatinamente quedase sin vecinos y sus rentas menguadas, por lo que terminaría arruinándose. En su solar se conserva parte de la planta y alzado del templo, menguado por el trazado de la calle Navarros. Hasta el momento se han documentado la existencia del ábside, la torre, y varias capillas, entre ellas la de la Concepción, promovida por Francisco de los Cobos para enterramiento de sus progenitores. La intervención arqueológica desarrollada en la iglesia, considerada por la historiografía de tres naves, no permite consolidar esta tesis. En la actualidad se encuentra a la espera de poder ser intervenida en extensión. Parte de sus ornamentales elementos constructivos se encuentran depositados en el Museo Arqueológico de la ciudad.