Historia: desde el siglo XVIII al siglo XX

Con la llegada del siglo XVIII y el nuevo cambio dinástico en la Corona, ahora ocupada por los Borbones a los que Úbeda apoyó desde el inicio del conflicto, la ciudad vuelve a tener un periodo de bonanza. Las ideas ilustradas hacen despertar la mermada nobleza local que con nuevas iniciativas económicas y sociales atraen nuevas fuentes de riqueza. Surge un incipiente interés por la industria, junto con una mejora de la agricultura y de las rutas comerciales que aportan recursos a la sociedad ubetense. La ciudad por tanto se transforma, modifica su trazado, reconstruyendo nuevos edificios sobre restos renacentistas o imitándolos, restaurando los degradados espacios de culto y mejorando el abastecimiento de aguas y el acondicionamiento de puentes y caminos, facilitando la comunicación, entre otras, con las nuevas poblaciones de Sierra Morena.

El siglo XIX y principios del XX estarán marcados en lo político por la lucha entre liberales progresistas y moderados que han de enfrentarse a los numerosos contratiempos militares, políticos y económicos que padece la ciudad. La guerra de la Independencia o las guerras carlistas harán que Úbeda acreciente su ruina económica impidiendo el alcance de sus expectativas.

Sin embargo, la llegada del Liberalismo, pese al sistema caciquil impuesto, trajo nuevos aires al desarrollo local, destacando entre ellos las desamortizaciones que permitirán al municipio disfrutar de nuevos espacios para uso público. Una nueva clase social empieza a dominar la urbe, la burguesía terrateniente e ilustrada. Es en este momento cuando se desarrolla un urbanismo más racional, la ordenación de calles y fachadas, la introducción del saneamiento y la extensión del casco urbano con nuevos ensanches.

Aún así, los conflictos sociales, alimentados por el descontento y la pobreza, harán que la población sufra momentos convulsos que terminarán dando lugar en el siglo XX, en sintonía al resto del país, a la proclamación de la II República en la ciudad, y posteriormente, al inicio de la Guerra Civil. Pese a no ser escenario bélico, Úbeda padecería el asalto anticlerical y el expolio, lo que mermaría su riqueza patrimonial, quedando económica y socialmente estigmatizada. Como consecuencia de este nuevo empobrecimiento y la vuelta a un sistema agrícola rudimentario, sufrirá la emigración de sus vecinos a las regiones más industrializadas del país.

Con la llegada de la Democracia y las nuevas administraciones constitucionales, Úbeda se consolida como centro de servicios y ciudad comercial, fomentando a su vez el desarrollo del turismo. Por ello comienza a restaurar su patrimonio inmueble y sus espacios urbanos son modificados para el disfrute de la ciudadanía, una constante que en la actualidad continúa.