Itinerario III: Baja Edad Media

La ruta se inicia por uno de los accesos con los que contaba la ciudad al menos desde el siglo XIV: el puente de San Martín (1). Situado al noroeste del casco, hasta ese momento el paso de una orilla a otra en esta zona del río se realizaba mediante el puente de barcas del Baño de la Cava. Una inscripción situada en el torreón de salida del puente (por su cara interior) hace referencia a la inundación que en 1203 se llevó por delante el antiguo puente. El cronista local Sixto Ramón Parro identifica este puente arrasado con el Baño de la Cava, y afirma que tras la riada se construyó un nuevo puente en su actual emplazamiento a principios del siglo XIII. Este puente consta de cinco arcos ligeramente apuntados con dos torreones defensivos en sus extremos fruto de diversas reformas a lo largo de los siglos. En el siglo XIV existen referencias al puente relacionadas con la reconstrucción del arzobispo don Pedro Tenorio, motivada por los daños causados en la guerra entre Pedro I y Enrique de Trastámara. En esta reconstrucción (año 1368) se levantaron los elementos defensivos se mantienen en pie actualmente, un gran torreón en la parte exterior y una torre pentagonal en la interior. Hasta ese momento, el puente sólo contaba con un torreón exterior defensivo. Tras este episodio de enfrentamientos vino un largo período de paz que trajo consigo el estado ruinoso del puente hasta que, en 1690, reinando Carlos II, como quedó recogida en una inscripción que se puede leer en el torreón interior, se realizaron nuevas reformas y reparaciones. Anteriormente, en el reinado de Felipe II se colocó en la fachada del torreón exterior una escultura de San Julián y diversas inscripciones. El solado del puente data de 1760.

Puente de San Martín Autor
Puente de San Martín - Agustín Puig

Ya en la orilla de la ciudad, ascendemos por la Bajada de San Martín en la que existió una segunda puerta intermedia de acceso a la ciudad construida en el siglo XIX y con fin recaudatorio para el control de paso al interior del casco. Fue demolida en la década de los años 60 del siglo XX.

Continuamos por la calle del Cambrón, dejando la puerta del mismo nombre a la izquierda para llegar a la iglesia de San Juan de los Reyes (2), cuyo acceso al claustro se realiza por un lateral, en la calle Reyes Católicos. En la fachada principal de acceso a la iglesia existió una iglesia de pequeñas dimensiones, Iglesia de San Martín, adosada a la pared de la iglesia de San Juan de los Reyes y de la que no ha quedado rastro. Los datos disponibles nos informan que esta pequeña iglesia fue fundada tras la reconquista y dependía de Santa Leocadia de la Vega. Dejó de funcionar en 1840 y se derribó entre 1850-1852. La iglesia primitiva debió tener tres naves separadas por pilares y arcos apuntados o de herradura y tras la reforma del siglo XVI el edificio mudéjar pasó a ser clasicista aunque conservando los artesonados anteriores.

En cuanto a la iglesia y convento de San Juan de los Reyes, ambos elementos constituyen, después de la catedral, los edificios de estilo gótico más importantes de Toledo. Fueron construidos por iniciativa de Isabel la Católica para conmemorar el nacimiento del príncipe don Juan y la victoria de sus tropas en Toro en 1476 y que proporciono el ascenso al trono la corona de Castilla. Inicialmente la idea era construir una colegiata y un panteón real pero finalmente, ante la oposición del arzobispo y del cabildo, se construyó un monasterio franciscano. Una vez compradas las casas de la zona en la que se preveía instalar el convento, se encargó dicho trabajo a Juan Guas y al escultor Egas Cueman, hermano de Hanequin de Bruselas. Los trabajos avanzaron rápido y, la reina, en una visita consideró que el edificio no era suficientemente grande diciendo “esta nonada me aveys fecho aquí?”. En 1486 ya se había terminado parte del edificio y vivían allí algunos religiosos. Se puede observar como las zonas terminadas antes de 1492 como el crucero, no cuentan con la granada en la decoración heráldica, a diferencia de las finalizadas tras dicha fecha, cuando se toma la capital nazarí, como la parte exterior de la cabecera que sí la tienen. En el exterior, la reina Isabel manda colgar las cadenas de los cautivos cristianos liberados en Marbella y otras plazas andaluzas. La iglesia consta de una sola nave con capillas laterales entre los contrafuertes, una por tramo. La capilla mayor es poligonal y se comunica con el claustro por el lateral del evangelio a través de dos puertas, una en el crucero y otra por la nave. Aunque actualmente se accede al templo por un lateral, inicialmente se accedía por los pies y se cambió en el siglo XVI. El aspecto general del edificio está presidido la idea inicial de templo sepulcral por lo que no destaca por una especial suntuosidad. Visto desde lejos, y debido al interés por usar el edificio como panteón  real, se buscó la apariencia de monumento funerario en el que los dos pináculos se han interpretado como representación de los cirios que se sitúan junto al cuerpo del fallecido. Finalmente no sirvió como lugar de enterramiento ante la oposición de la jerarquía eclesiástica y por los propios monarcas castellanos.

El claustro se presenta como una de las obras maestras de estilo gótico tardío  que combina la riqueza de la decoración vegetal más clásica con la decoración a base de figuras inspiradas en el bestiario medieval. El convento contaba con dos claustros pero uno de ellos fue incendiado en 1808 por las tropas de invasión francesas, junto con otros conventos de la ciudad como el de la Merced y el de San Agustín.

Santiago el mayor
Claustro San Juan de los Reyes - Ayto. de Toledo

En 1809 se da por extinguida la comunidad franciscana, momento en el que se acomete una importante restauración del claustro. En 1846 se convirtió en sede del Museo Provincial, restaurándose la iglesia y, nuevamente, el claustro principal. El claustro que se encontraba en ruinas, se integró en la Escuela de Artes y Oficios. Por su parte, la comunidad de San Juan de los Reyes regresa definitivamente en 1954 tras varios intentos de restablecer la vida conventual con anterioridad.

La calle Reyes Católicos nos conduce por el reborde sur del barrio de la judería, y nos permite conocer algunos restos conservados de las sinagogas que existieron en este barrio. De las numerosas sinagogas que citan las fuentes documentales de la época, dos se han conservado con su estructura original (la del Tránsito y la de Santa María La Blanca). Una tercera ha sido identificada en las excavaciones arqueológicas realizadas en la plazuela situada frente a la entrada al convento de San Juan de los Reyes donde confluyen las calles del Ángel y Reyes Católicos. Bajo el entarimado de madera de la plaza se han recuperado parte de los restos de la Sinagoga del Sofer (3). Construida entre los siglos XII y XIII, quedó despoblada desde 1391 tras las revueltas y persecuciones contra los judíos de la ciudad. Según los datos que han publicado algunos investigadores, la sinagoga en realidad estaría formada por un conjunto de casas de la zona como las de la Figuera o Higuera y otras mencionadas en las fuentes como las de la Atahona. El edificio de la sinagoga se mantuvo intacto hasta finales del siglo XV, cuando se la vuelve mencionar en la orden de los Reyes Católicos que no permiten la venta u ocupación de los edificios judíos tras decretar la expulsión de éstos en 1492. En el plano que dibujó El Greco a comienzos del siglo XVII se intuye el contorno del edificio aún en pie. Finalmente desapareció en algún momento indeterminado del siglo XIX.

Sinagoga Sta Mª La Blanca
Sinagoga Sta Mª La Blanca - Ayto. de Toledo

La calle Reyes Católicos nos conduce en línea recta hasta la sinagoga de Santa María La Blanca (4). Emplazada en la denominada “judería menor”, el edificio actual es fruto de diversas modificaciones realizadas a raíz del paso de sinagoga a iglesia, momento del que datan las primeras referencias al edificio (1411), por lo que resulta difícil identificarla con alguna de las muchas existentes en Toledo. Las excavaciones realizadas a finales del siglo XX recuperaron indicios de la posible existencia de un edificio anterior a la sinagoga. La excavación se realizó en su interior a finales del siglo XX y dejó al descubierto muros con zócalos pintados datados en el siglo XIII. Esto ha servido para apoyar la teoría de que aquí se encontrase la Sinagoga Mayor, de la que se sabe sufrió un incendio en 1250 y fue reconstruida, de ahí que se hayan encontrado al menos dos fases constructivas a nivel de cimentación. Además, también explicaría las anomalías detectadas en la disposición de las naves interiores que no concuerdan con el trazado de los muros exteriores, siendo la cimentación de éstos las que se documentaron en la excavación.

Otro elemento que indica la existencia de dos fases constructivas es la decoración arquitectónica de los arcos, donde los temas que se pueden observar en las albanegas pertenecen a un repertorio más tardío que los motivos utilizados en los frisos. También puede observarse falta de unidad en los elementos decorativos que no utilizan los mismos ejes en su configuración. Los estudios históricos y artísticos del edificio señalan que a decoración más antigua se correspondería con el friso de lacería, con esquema muy simple de ochos, enmarcado entre dos bandas, sobre fondo de dobles palmillas que siguen formas propias del siglo XII. Otro elemento original corresponde a la disposición de los tallos formando círculos enlazados según los modelos estudiados de época almohade, con hojas alargadas resaltadas sobre un fondo liso y no sobre los motivos vegetales acostumbrados. Igualmente se ha señalado que estas hojas en las que se alternan digitaciones lisas con formas en espiral siguen el modelo repetido en el mudéjar y nazarí de finales del siglo XIII.

La sinagoga fue reconvertida a iglesia en 1411, bajo la advocación de la Virgen María, de la que recibirá su nombre definitivo. En el siglo XVI pasó a ser un beaterio a instancias del Cardenal Silíceo, aunque pasó todo el siglo XVII desocupada, para ser reutilizada de nuevo en el siglo XVIII como cuartel de las tropas acantonadas en la ciudad. Durante la ocupación francesa a inicios del siglo XIX fue utilizada como almacén y depósito. Volvió a manos de la Iglesia tras la Guerra Civil.

Junto a la sinagoga de Santa María La Blanca, junto a la plaza de Barrio Nuevo, encontramos un ejemplo de ámbito doméstico de una casa en plena judería. La Casa del Judío (5) ofrece nos permite conocer algunos aspectos de las viviendas de la época y de sus elementos ornamentales. Además de conservar numerosas yeserías en la zona del patio, conserva un sótano abovedado que se ha interpretado como un micvé o baño ritual de carácter litúrgico que servía, al modo de los baños árabes, para la purificación espiritual de los miembros de la comunidad judía. En esta casa también se han encontrado otras estancias, junto al sótano, que formaban parte del mismo inmueble y cuyas paredes se encontraban revestidas de un enlucido con almagra, empleada en el recubrimiento de los aljibes, consolidando la tesis de que se trata de una zona para el baño, o al menos para el almacenamiento y uso de agua. Por otro lado, y como confirmación del contexto judío de la casa, en la puerta de acceso al sótano se ha conservado una madera alojada en el cargadero con una inscripción cuyo texto aparece acompañado de motivos florales tallados con excelente calidad artesanal. Según los investigadores se trataría de parte del texto de un salmo de origen judío y relacionado con un mensaje de bienvenida para los invitados a la casa. Aunque el conjunto de la casa muestra una configuración surgida a partir de las profundas reformas que se realizaron en ella entre los siglo XVIII y XIX, el contexto constructivo de los elementos del sótano y el patio nos llevan a una casa cuyos orígenes se pueden remontar a los siglos XIV o XV. Según los datos disponibles y publicados, la casa pudo pertenecer al judío Ishaq que ejerció de prestamista a la reina Isabel la Católica para sufragar los viajes de Cristóbal Colón a las Indias.

Cerca de la Casa del Judío, de nuevo en la calle de los Reyes Católicos, junto al parque del Tránsito y la Casa Museo del Greco, se encuentra el otro magnífico ejemplo de las construcciones judías de Toledo: la sinagoga del Tránsito (6). Esta sinagoga fue mandada construir por Samuel ha-Levi, tesorero y consejero del rey Pedro I, en un contexto en el que no estaba permitido construir sinagogas de nueva planta sin licencia.  Pero en este caso, tras un saqueo de la judería por parte de los partidarios de Enrique de Trastámara, el rey Pedro I el Cruel da licencia para la construcción de una sinagoga. Se trata una construcción sencilla de planta rectangular con una sala de oración a la que se adosan por el lateral sur pequeñas estancias que debieron servir en origen como zaguán de entrada. Actualmente estas salas sirven de vestíbulo de acceso. Las demás salas servirían de yesibah o zonas dedicadas a la enseñanza religiosa.

Sinagoga del Tránsito
Sinagoga del Tránsito - Ayto. de Toledo

La decoración de las yeserías interiores permite fechar como plenamente mudéjar el estilo de sus motivos decorativos, y sirven como elemento de comparación para establecer cronologías, convirtiéndose en un ejemplo de mudéjar. Su decoración interior muestra elementos típicos del mudéjar como la madera labrada, yeserías o cerámicas vidriadas. Ha desaparecido el zócalo de azulejos que decoraban los muros pero se conserva un recuadro en el pavimento delante del nicho o heckhal, que invita a pensar que así era todo el suelo. La techumbre de madera se conforma como un artesonado de par y nudillo, reforzado con tirantes apoyados sobre canes decorados al estilo habitual del mudéjar de Toledo, puede que con las paredes recubiertas con telas. Las yeserías muestran una decoración a base de arcos entrecruzados, a veces sustituidos por motivos vegetales. En los frisos se repiten inscripciones bíblicas con los salmos rituales con cantos de alabanza a dios o exaltación de la oración.

A finales del siglo XV el edificio pasó a manos de la Orden de Calatrava y fue adaptado al culto cristiano y, entre otras modificaciones, se levantó el muro este y se colocó allí un retablo que permanecería en esa ubicación hasta 1877, cuando se inicia un dilatado periodo de reformas en el edificio, y que terminan en el año 1911 incorporándolo al nuevo museo de El Greco. Es posible que también se reformase la fachada añadiendo un segundo cuerpo con un vano enmarcado por escudos de Castilla y León, según se ha interpretado a partir de dibujos de grabados conservados de los siglos de época moderna.

Adentrándonos en el corazón de la judería, pasando por delante de la Casa Museo de El Greco, subiendo por la calle Paseo del Tránsito, alcanzamos la Plaza del Conde, donde se encuentran la iglesia de Santo Tomé y el Palacio de Fuensalida (7). Este palacio responde al modelo de palacio mudéjar toledano que se generalizó en la ciudad desde en la segunda mitad del siglo XIV y que también muestra profundas influencias góticas debido a que se reedificó de nuevo en el siglo XV por iniciativa de su propietario Pedro López de Ayala y su esposa, Elvira de Castañeda (hacia el año 1440). Para la reconstrucción y nueva configuración del conjunto se destruyó parte de la casa nobiliaria del Taller del Moro, aunque no hay una evidencia directa que relacione su construcción con la destrucción de la vivienda colindante. De lo que si hay constancia es de la existencia de un callejón que daba acceso al palacio desde la travesía de Santo Tomé y que hoy ha desaparecido.

La distribución interna del palacio reproduce el esquema habitual heredado del modelo andalusí de viviendas, en las que las estancias se presentan en crujías rectangulares articuladas en torno a un espacio central (patio abierto normalmente), y en este caso porticado, cuyas columnas están rematadas con capiteles profusamente decorados al estilo mudéjar y en los que se puede reconocer la heráldica nobiliaria de la familia. Igualmente los accesos a las estancias principales que servían como salones están recercados con paneles de yeserías a cuyos laterales se disponen ventanas rematadas con arcos ojivales. Al interior, los salones cuentan con artesonados pintados con policromías y representación heráldica en las tabicas según el estilo de la época. Algunos de los artesonados fueron armados ya en el siglo XVI y muestran las influencias renacentistas de la época con casetones policromados y ataujerados octogonales.

El elemento exterior que mejor recoge las características artísticas y constructivas de los palacios bajomedievales de Toledo es la portada labrada en piedra. Desplazada respecto al eje de simetría de la fachada principal (como sucede en las viviendas construidas según el modelo islámico), en ella se pueden observar los escudos enmarcados en rombos con la heráldica de la familia López de Ayala dispuestos a modo de friso en el dintel apoyado sobre ménsulas lobuladas que descansan en columnas cilíndricas de granito. Las reformas de época moderna han respetado la portada introduciendo la mampostería encintada con cajones de más de tres o cuatro hiladas en el resto del paramento con clara homogeneidad constructiva.

Desde su origen, el palacio ha sido modificado por sus sucesivos habitantes según las necesidades del propio edificio. Particularmente dañina fue la etapa en la que el palacio sirvió como cuartel durante los siglos modernos. A mediados del siglo XIX cumplió funciones de índole privada al usar sus dependencias como viviendas para alquiler o para su uso como almacenes. En la actualidad sirve como sede de la Presidencia de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y como centro cultural tras una profunda e íntegra rehabilitación y restauración del edificio.

Santo Tomé
Santo Tomé - J.R.Márquez

La iglesia de Santo Tomé (8), junto al Palacio de Fuensalida, es conocida por contar con uno de los cuadros más famosos de El Greco, El Entierro del Señor de Orgaz. Pero si nos fijamos en el lateral noroeste, encontramos el ejemplo más monumental y representativo de las torres mudéjares de la ciudad, únicos restos conservado de la iglesia original que fue profundamente reformada entre los siglos XV y XVI, y que impiden reconocer el trazado original que pudo tener en el siglo XII, momento en el que debió ser construida. Los muros exteriores de la iglesia mudéjar y el ábside fueron derribados en el siglo XVI, habiendo sido muy alterada anteriormente en una reconstrucción del siglo XIV por iniciativa de Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz. Lógicamente tampoco queda nada de la mezquita de la que formaría parte el alminar sobre el que se reconstruye la torre campanario al estilo mudéjar. Del alminar islámico no podemos tampoco reconocer resto constructivo alguno, pues todo el basamento y cuerpo inferior de la torre está levantado con la característica fábrica de mampostería encintada que se puede encuadrar en el siglo XII, pero que reproduce el modelo de torre mudéjar evolucionado a partir del alminar islámico. El cuerpo superior, íntegramente construido con ladrillos cuenta con un friso de arquillos ciegos entrelazados que conserva los maineles de cerámica vidriada en distintos colores y que sirve de separación del cuerpo del extremo superior donde se alojan las campanas y que formaría parte de una importante reforma del siglo XIV y que representa el estilo mudéjar más puro de la época. Las ventanas con arcos de herradura dentro de arcos lobulados y túmidos en la parte inferior se presentan también recercados con arcos lobulados representativos de este estilo mudéjar.

Por el callejón de Bodegones atravesamos la judería hasta la plaza de Valdecaleros, en cuyo extremo norte giramos por la calle Gordo hacia la calle del Cobertizo de San Pedro Mártir para ascender por la calle San Clemente. Siguiendo la fachada de este formidable convento donde se puede visitar una exposición permanente sobre los Templarios alcanzamos la plaza de San Román.

Museo de los concilios. San Román
Museo Concilios. San Roman - Ayto. de Toledo

En la plaza de San Román, punto más elevado del casco histórico, podemos visitar dentro de la iglesia de San Román (9) el Museo de los Concilios y de la Cultura Visigoda y disfrutar, además, del conjunto pictórico mudéjar de estilo románico mejor conservado de toda la ciudad en un edificio y torre que también representan el estilo mudéjar de la ciudad. La iglesia que hoy en día se puede contemplar se corresponde con el edificio reconstruido en la primera mitad del siglo XIII, consagrado por el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada. Aunque existen referencias en fuentes escritas que mencionan la existencia de esta iglesia en 1125, su localización, en uno de los montículos más elevados y céntricos de la ciudad, junto con elementos arquitectónicos de época visigoda e islámica, ha llevado a pensar a distintos arqueólogos e historiadores que en este mismo lugar se sucedieron una iglesia visigoda y posteriormente una mezquita. Es una iglesia de tres naves divididas por arcos de herradura sostenidos por columnas y capiteles de época visigoda. Sobre estos arcos se levanta una galería alta con ventanas de arco de medio punto. Destacan las pinturas murales del siglo XIII, en las que se pueden distinguir temas que recuerdan a la pintura románica combinados con elementos decorativos de inspiración islámica y mudéjar, en la que escenas y personajes bíblicos quedan enmarcadas por inscripciones en árabe. La capilla mayor fue remodelada a mediados del siglo XVI, siguiendo trazas de Alonso de Covarrubias.

La torre es una de las más sobresalientes del mudéjar toledano. Su ubicación en el extremo de la cabecera de la iglesia actual parece indicar que en origen debió estar exenta. El cuerpo principal de la torre está construido con mampostería encintada con ladrillos, mientras la parte superior presenta dos niveles de arcos de herradura, simples y polilobulados, construidos con ladrillos, separados por un friso de arquillos lobulados que apoyan en maineles vidriados (muy similares a los de la torre de la iglesia de Santo Tomé).

En el lado opuesto de la plaza encontramos un ejemplo bien conservado de vivienda bajomedieval de estilo mudéjar: la Casa de Mesa (10). El primer elemento netamente mudéjar lo encontramos en la puerta de acceso al inmueble (el acceso actual se realizar por la calle Esteban Illán), recercada por yeserías decoradas. Al interior se conserva de la casa original solo el salón principal, y destaca por su decoración propia del mudéjar toledano de la segunda mitad del siglo XIV, en el que encontramos palmas y representaciones florales de influencia gótica como hojas de roble o vid. El zócalo original ha desaparecido y el que ahora se conserva está realizado con azulejos del siglo XVI. El artesonado es original y presenta una armadura de tipo ataujerada con decoración de lacería con motivos decorativos de castillos y leones, y en la que se han representado hojas de vid en la solera que recuerdan a las decoraciones de las yeserías.

Aunque se desconoce quién lo mando construir, se sitúa en este solar la vivienda de Esteban Illán alguacil y alcalde de Toledo que ahora da nombre a la calle cercana y habitó aquí entre 1151 y 1208. Sus posesiones fueron pasando a sus descendientes hasta que se extinguió su linaje y pasaron a otra rama. Se sabe que en 1326 el último propietario era Garci Álvarez, alcalde de Toledo en aquellos años. Las siguientes referencias ya son del siglo XV cuando ya existe el palacio y pertenece a la familia Manrique. Desde entonces, el palacio va pasando por diversos propietarios y cumple diversas y variadas funciones, como Colegio de Doncellas Nuestra Señora de los Remedios a mediados del siglo XVI. Con cada nuevo inquilino va sufriendo reformas y modificaciones, especialmente a finales del siglo XVI (siendo propiedad de la familia de Arias Pardo) cuando además de añadir nuevas casas al conjunto, se reforma al gusto clasicista de la época. En el siglo XVII quedó en manos de otra familia y, ya en el siglo XIX, fue convento, después teatro, hasta que en 1922 fue alquilado por la Real Academia de Toledo.

La calle San Román rodea la casa de Mesa hacia la calle Estebán Illán y con la plaza Padilla por donde podemos visitar el Convento de San Clemente (11) y su Sala Capitular. Se trata de uno de los conventos más antiguos de la ciudad, fundado probablemente en época de Alfonso VII, del que existen algunas referencias documentales que se remontan al siglo XII. Al tratarse de un inmueble de gran tamaño, las reformas en él han sido constantes, y fue así desde su construcción en la plena Edad Media. Los restos más antiguos que corresponden al edificio conventual están localizados bajo el actual claustro donde se han hallado las cimentaciones del anterior, cuyos paramentos se han fechado en el siglo XIII. En la esquina sur de la Sala Capitular se localizó, tapiado por los actuales muros de la propia sala y de la iglesia, un panel de pinturas murales con bellísimas escenas bíblicas que también han sido fechadas en el siglo XIII. Cada uno de estos elementos constructivos habría formado parte del convento primigenio, cuya iglesia estaría orientada en perpendicular a la actual y su claustro contaría con unas dimensiones inferiores a las del patio que hoy podemos observar.

A finales del siglo XIII y a lo largo de todo el siglo XIV las donaciones a la orden y al convento son tan habituales y frecuentes que la comunidad va adquiriendo progresivamente la propiedad de todas las casas colindantes y, en consecuencia, el edificio se va ampliando hacia el suroeste. Las obras y reformas durante el periodo bajomedieval son de enorme relevancia tanto en cantidad como en calidad. A dicho periodo pertenecen el excepcional alfarje del refectorio y las yeserías e inscripciones que en él existen, todos ellos en los puntos de comunicación y tránsito del salón hacia otras dependencias del convento. En las dependencias al noreste del convento (actual lavandería, pero también en la Sala Capitular y el claustro) se han encontrado algunos restos de las cimentaciones de las casas que ocupaban el solar en el que hoy se levanta el cenobio. Todas ellas parecen corresponder al momento inmediatamente anterior a la construcción del convento, entre los siglos XI y XII, cuyos moradores musulmanes o cristianos fueron dejando paso gradualmente al espacio monástico. De las casas que fueron donadas entre los siglos XIII y XIV quedan algunos restos ocultos entre los entramados de las paredes de la lavandería y en los pasillos interiores de que dan acceso a las celdas, cocinas y almacenes. Algunos de estos restos, de bellísima factura islámica y mudéjar (viguería talladas con bajorrelieves o yeserías policromadas) indican que los propietarios de éstas pertenecieron a familias notables fueron los únicos que podrían permitirse realizar donaciones de esa envergadura. 

En el siglo XVI y a comienzos del XVII el convento alcanza su configuración definitiva tras el incendio de la iglesia y parte del edificio, hecho que obliga a una amplia y profunda remodelación del inmueble. Es el momento en el que se derriba el antiguo claustro y se construye el actual, llamado de las Procesiones, y cuando los arquitectos Alonso de Covarrubias y Nicolás de Vergara el Mozo proporcionan al convento las mejores expresiones del renacimiento toledano (especialmente en la portada de la iglesia, obra del primero).

Exconvento Madre de Dios
Exconvento Madre de Dios - Ayto. de Toledo

Regresamos a la calle de San Román y descendemos hasta la plaza Juan de Mariana y continuamos por la calle Alfonso XII a la izquierda, para encontrarnos de frente con la portada mudéjar del Convento de Madre de Dios (12). Esta fachada, que formaba parte de una vivienda particular, posiblemente de una acomodada y con recursos como fueron los Cervatos de Toledo, se integró en un edificio conventual tras ser adquirido el conjunto de casas por María Gómez de Silva en el siglo XV. Esta portada se encontraba oculta tras una construcción que se adosaba a ella y que sirvieron como dependencias del edificio durante todo el siglo XX. Desde el punto de vista arquitectónico y decorativo, la fachada es una muestra más de la excelente calidad estilística del mudéjar toledano y en la que podemos contemplar el cuerpo inferior con la puerta de acceso adintelada con cargadero de madera, decorada con un panel de azulejería en líneas verticales (a imitación de un sardinel de ladrillos) de distintos colores, recercados con una cenefa, también de azulejos y con heráldica nobiliaria representada en muchos de ellos. A media altura de la fachada encontramos la habitual sucesión de arquillos ciegos polilobulados, estilizados y entrecruzados entre sí, que sirven de transición al remate superior de la fachada compuesto por huecos de ventanas (actualmente cerradas con cristales) decoradas con tres arcos polilobulados que apoyan en columnas de mármol.

Acompañando a la fachada encontramos la fábrica de mampostería encintada habitual en las construcciones de la ciudad en los siglos XIV y XV. Sin embargo si nos fijamos en la pared que discurre por la calle Alfonso XII, hacia la plaza Marrón, podemos apreciar que la mampostería encintada difiere en el número de verdugadas de ladrillo que separan las líneas de mampuestos así como en el número de filas de las propias piedras. Este último tipo formaría parte de las casas y viviendas de los siglos XII y XIII que fueron integradas en la casa del siglo XIV, y finalmente pasaron a formar parte del convento del siglo XV.

La calle Alfonso XII nos conduce hasta la esquina donde tomamos la calle de Rojas para alcanzar la plaza de la iglesia del Salvador. Por lateral oeste de la iglesia encontramos la calle Taller del Moro donde se localiza otro ejemplo de una vivienda propiedad de una familia notable de Toledo en la Edad Media y que da nombre a la calle: el Taller del Moro (13). El nombre del edificio induce a la equivocación pues se trata de una vivienda palaciega que ha sido fechada entre los siglos XIV y XV de la que sólo ha llegado hasta nuestros días uno de sus salones, no pudiendo conocer el por qué de su denominación “moro”. La configuración interior del salón principal recuerda al estilo del salón de la casa de Mesa, pues se trata de una estancia de planta rectangular con armadura de par y nudillo, en esta ocasión de estilo apeinazado, y con decoración de lacería de madera. Los arcos de puertas y ventanas conservan yeserías ricamente decoradas con motivos vegetales, tanto en las paredes como en el intradós (algunas de ellas del estilo de las que se encuentran en el Salón de don Diego). Una cenefa perimetral recorre la parte superior de los muros bajo el artesonado y decorada con los escudos de la familia Palomeque y Meneses. Las entradas a las alcobas laterales también cuentan con decoración de yeserías en las que encontramos epigrafía árabe combinada con letras góticas. En todas las decoraciones se percibe la mayor influencia del estilo árabe y no del posterior gótico caracterizado por introducir hojas y flores entre sus motivos habituales, por lo que se ha fechado todo el conjunto como del siglo XIV.

Los paramentos exteriores de aparejo encintado muestran un estilo constructivo de los siglos XIV o XV, pero sólo se identifican en los paramentos del salón en sí y no en el resto del inmueble  por lo que no podemos conocer, por tanto, el aspecto  y configuración original del conjunto palaciego.

A finales del siglo XV el inmueble se convirtió en convento de monjas bajo la advocación de Santa Eufemia. Este convento fue suprimido y, ya en el siglo XVI, pertenecía a la catedral que lo utilizaba como almacén y el solar cercano para tallar piedra de aquí proviene su denominación como Taller, pero se desconoce a qué se debe la alusión “del moro”. Después pasó a propiedad privada y fue utilizado como salón de baile, cochera, fábrica de cerillas, almacén de harina, etc., hasta que en 1959 lo adquirió el estado restaurándolo y convirtiéndolo en Museo del Mudéjar toledano.  En 1968 se compró el terreno inmediato convirtiéndolo en jardín y conectando con el palacio de Fuensalida.

Volviendo a la calle Santa Úrsula, descendemos por ella hasta llegar la cabecera de la iglesia de San Bartolomé (14), otro ejemplo del estilo mudéjar más clásico y que conserva elementos de la mezquita sobre la que se edificó. Las primeras referencias que existen de la iglesia de San Bartolomé datan del siglo XII, aunque en algunos documentos aparece como San Bartolomé y en otros como San Zoilo. No obstante, a finales del siglo XV ya se cita como San Bartolomé de Sansoles o Sonsoles, corrupción del nombre de San Zoilo. Según algunos historiadores la torre podría corresponder al alminar de una mezquita islámica pues, aunque hoy en día se encuentre adosado a la nave del evangelio, en origen estuvo exento, y que cuenta con un acceso desde el exterior. Algunos elementos como el aparejo de sus muros (similares a los de la mezquita del Cristo de la Luz), la ventana con arcos de herradura geminados, el alfiz de otra ventana de arco de herradura y los elementos visigodos reutilizados, apoyarían esta creencia. Sin embargo, los trabajos arqueológicos que se han realizado en ella pusieron al descubierto una tumba cristiana sobre la que se habían apoyado las jambas de la puerta, lo que conllevaría que hubiese sido construida para ser campanario de una iglesia, pero, sin duda, perteneciente a un templo de los siglos XI o XII, por tanto, anterior al actual.

En lo que se refiere a la construcción de la iglesia, todo apunta a que consta de dos fases constructivas, una primera de finales del siglo XIII, en la cual se construirían el ábside y la nave central, y otra fase de principios del siglo XIV, en la cual se añadieron dos naves laterales. Desde finales de siglo XV se comenzaron una serie de reformas, consistentes principalmente en la anexión de capillas, que modificarían la primitiva estructura mudéjar del edificio. La ornamentación con pinturas murales de estilo gótico que presentan las capillas laterales nos da una idea de cómo serían los paramentos interiores del conjunto de la iglesia al final de la Edad Media. La más importante entre las reformas que se realizaron en la iglesia tuvo lugar en 1780, cuando se cayó la nave de la torre y ésta tuvo que ser rehecha por completo. Asociado a esta iglesia existió un recinto funerario situado en una plazuela frente al convento de Santa Isabel, y que se extiende bajo la calle San Úrsula y bajo el convento.

Entre 1842 y 1877 fue suprimida su función de parroquialidad y se incorporó como iglesia conventual al monasterio de jerónimas de la Reina. Después de la importante restauración que se llevó a cabo en 1957, pasó a ser iglesia de la casa sacerdotal y del seminario de vocaciones tardías.

Si retrocedemos para tomar la calle Travesía de Santa Isabel y llegar hasta la calle de Santa Isabel, nos situamos en la plaza donde podemos contemplar en un mismo espacio distintos edificios de los siglos XIV y XV, aunque la configuración actual difiere de la que tuvo en época medieval.

En primer lugar el convento de Santa Isabel (15), cuyo acceso para visitarlo se realiza por la calle de San Úrsula, es el resultado de la donación de antiguos palacios que diferentes familias de Toledo realizaron a lo largo del siglo XIV para construir el actual complejo conventual. Estos palacios fueron levantados sobre los terrenos del antiguo barrio de los Tintoreros, heredero de la ubicación que allí tuvieron estos artesanos en época islámica y que se mantuvo durante el siglo XII, llamado Tintoreros Viejos. Posteriormente, cuando éstos se trasladan junto al río, a lo largo del siglo XII, se levanta allí una iglesia que dará nombre al barrio como San Antolín, y que luego se integró en la actual iglesia de Santa Isabel, quedando de ella sólo el ábside estilo mudéjar.  En 1447 son los propios Reyes Católicos quienes ceden varias casas señoriales para la fundación del convento de monjas franciscanas a cargo de doña María Suárez de Toledo. La iglesia del convento se construyó a principios del siglo XVI dentro del estilo gótico final. Dentro de las dependencias cedidas o anexionadas por el convento de Santa Isabel se encuentran cuatro palacios mudéjares, todos ellos muy reformados:

  • El conocido como Patio de los Naranjos es el más antiguo y perteneció a Diego Gómez de Toledo. Consta de pórticos y salas en los lados menores, además de una decoración de yeserías en sus arcos que datan del siglo XIV.
  • El segundo palacio, conocido como Patio de la Enfermería, perteneció al hijo de Diego Gómez, Pedro Suárez de Toledo, construido en la segunda mitad del siglo XIV. Destaca de este palacio la portada de la plaza del Rey don Pedro con escudos de los Toledo y los López de Ayala, labrados en piedra caliza, hoy en día el principal acceso al convento.
  • El tercer palacio perteneció a doña Inés de Ayala y, aunque está fuera del recinto del convento, separado por la travesía de Santa Isabel, se comunicaba con él mediante un pasadizo subterráneo y uno aéreo (se ha planteado que pudieron existir tres pasos subterráneos). Por su decoración de yeserías y artesonados se construcción data de finales del siglo XIV.
  • El cuarto palacio se corresponde con el Claustro de los Laureles y, como los anteriores palacios, perteneció a la familia Toledo y López de Ayala. Fue construido en la primera mitad del siglo XV, aunque se encuentra muy reformado por una obra acometida a mediados del siglo XVII en época barroca.

Junto al conjunto palaciego que dio origen al actual el Convento de Santa Isabel, encontramos otro palacio del que se ha conservado sólo una parte y que sirve en la actualidad de sede a la Escuela de Traductores de Toledo. Se trata del palacio del Rey Pedro  I (16). En realidad, del palacio original sólo se conserva la portada. Fue derruido posiblemente a finales del siglo XIX debido a su estado ruinoso, entre otros motivos porque fue utilizado como picadero de caballos incluso para celebrar corridas de toros. El lateral norte fue derribado para ensanchar la calle San Andrés donde pudo haber un patio de grandes dimensiones en torno al cual se articularía el palacio con trazas parecidas a las del palacio de Fuensalida, y del que sólo nos han llegado descripciones parciales. Se hace mención a un arco de herradura decorado con yeserías aún in situ en el siglo XIX y que fue trasladado a la capilla de San Jerónimo (convento de las Concepcionistas) en el siglo XX. Respecto a la portada y su puerta (sobre la que se abre una ventana en el silgo XVI), podemos observar un escudo que ha revelado que se trata de una propiedad de Doña Teresa de Ayala y Fernán Álvarez de Toledo, y no del palacio original del rey Pedro I.

En el plano que dibuja Ibáñez de Ibero entre 1882 y 1900 podemos observar la planimetría que tuvo el palacio, al menos hasta finales del siglo XIX, y en el que podemos apreciar que las modificaciones en el entramado urbano de la zona son considerables (la misma configuración urbana refleja José Reinoso en su plano de 1882). De los edificios del palacio se derribaron, no sólo la tapia que cercaba el patio principal (puede incluso que porticado), sino también una sala cuadrangular que debía servir de zaguán, proyectada hacia el centro de la actual plaza de Santa Isabel, y que comunicaba con el patio y otra sala lateral. Se puede distinguir, además, un segundo patio cuya tapia llegaba hasta la calle Ave María.

La construcción del Seminario Metropolitano y el Menor supusieron una destrucción generalizada de todos estos palacios y una reconfiguración del callejero, cerrando adarves y abriendo nuevas zonas de tránsito hacia la iglesia de San Andrés y hacia la plaza de Santa Catalina, en dirección al río y la iglesia de San Sebastián. En una de las fachadas del seminario menor se ha conservado la portada de uno de estos palacios con los vítores pintados en rojo sobre el dintel de la puerta, y con los reconocibles aparejos encintados del siglo XV en ambos laterales de la puerta.

Tomando la calle Santa Isabel llegaremos directamente a la Catedral (17). Se trata del edificio más representativo del mundo religioso y artístico de la ciudad medieval. Fue construida en el emplazamiento del foro de la ciudad romana sobre el que se levantó la antigua mezquita mayor de la medina islámica, la cual a su vez se erigió en el supuesto emplazamiento de la basílica visigoda consagrada a la Virgen María y de la que no hay noticias arqueológicas, sólo un documento epigráfico en el claustro de la Catedral. El espacio donde se emplaza la Catedral hereda de época islámica la relevancia estratégica del sitio por encontrarse en el centro de la ciudad  y en pleno barrio comercial.

Catedral de Toledo
Catedral de Toledo - Agustín Puig

La construcción de la Catedral se inicia en el año 1226, comenzando por la cabecera al este, como sucede habitualmente en las iglesias medievales, dando prioridad a las zonas litúrgicas más importantes. En este caso, mientras se trabajaba en la cabecera, continuaba el culto en la antigua mezquita, todavía en pie.

Desde el año 1221 se realizaron trabajos para la futura Catedral, iniciados en tiempos de Fernando III, por iniciativa de D. Rodrigo Jiménez de Rada y con el maestro Martín. Parece que la primera piedra se colocó en 1226 según unos autores o en 1227 según otros. El elemento más destacado de la catedral es la girola ya que, el maestro Martín, conocedor de catedrales francesas como Notre-Dame, Bourges y Le Mans se basa en ellas. En la girola se sitúan quince capillas en cuyas advocaciones se advierte la sucesión del Credo Apostólico, de Patriarcas y Profetas, y la mayoría de las ellas son funerarias.

En una segunda campaña constructiva (1253-1263) bajo el reinado de Rey Alfonso X el sabio y con el arzobispo Infante Sancho I de Castilla, se desarrolla una intensa actividad constructiva, reforzada por la adquisición de la reliquia de la Santa Cruz. En este periodo se completa la cabecera, se realiza el abovedamiento del ambulatorio interno, se completa el presbiterio y se construyen los muros orientales de los transeptos para sujetar los muros del presbiterio.

La tercera campaña constructiva (1282-1317) se desarrollaría con el rey Sancho IV y el arzobispo Gonzalo Pétrez, el maestro encargado de las obras es Pedro Pérez. En este momento se centran en los transeptos y segmentos orientales de la nave central, en completar la fachada occidental y las torres, para así permitir que la catedral fuese abovedada. Se da un periodo de parón en las obras y se retoman en la tercera década s. XIV y aunque hay momento crisis con colapso de la torre sur en 1345, los trabajos continúan, probablemente centrándose en la construcción de las bóvedas, también se finaliza la fachada occidental.

En cuanto a los elementos arquitectónicos del edificio, han sido las torres con las que han suscitado mucho interés entre los investigadores por tratarse de elementos poco conocidos y de los que no se ha conservado información arqueológica. Inicialmente se proyectaron dos torres, pero en la del lado sur solo se levantó un cuerpo y quedo convertida en capilla. La Torre Mayor, situada en el lado norte, comenzó a construirse en 1425 aunque hay alusiones a una torre anterior, no más alta que las naves y que funcionaba como campanario. Al exterior está formada por seis cuerpos desiguales entre los que destaca la franja de piedra negra con los escudos del arzobispo Contreras y el tesorero. Al interior está dividida en cuatro bóvedas, una es la actual capilla del Tesorero, otra destinada a vivienda, otra que sirvió de prisión y la cuarta para las campanas. La torre fue terminada por Hanequin de Bruselas entre 1453-1454, quien introdujo el estilo definido como flamígero.

La famosa campana gorda no formó parte de las iniciativas de la época medieval y se subió a la torre el 30 de septiembre de 1755, después de ser transportada desde el taller de la cuesta de San Justo, donde había sido fundida. La Torre del Reloj se construyó para albergar las campanas del nuevo reloj que encargo el arzobispo Martínez Contreras en el primer tercio s. XV y se erigió sobre el contrafuerte izquierdo de la portada norte del crucero pero debido a su mal estado se derribó en 1889.

Respecto a las portadas de acceso al templo, la llamada Puerta del Reloj es la más antigua, situada al norte del crucero y conocida primero como de las Ollas y luego de los Reyes. Se construyó durante el pontificado de don Gonzalo Pétrez (1280-1299) y, originalmente estaba enmarcada por dos contrafuertes y un arco coronado en triángulo que sube hasta el rosetón que culminaba la fachada. Actualmente, un gran arco apuntado protege el tímpano y sus de relieves. La puerta se abre al interior de la iglesia con dos vanos adintelados separados por un parteluz. El arco se prolonga creando una bóveda de cañón apuntada que cubre el tramo recto. Delante de la portada se configuró un espacio propio, a modo de atrio, ampliado con construcciones posteriores: al este la Torre del Reloj y la Capilla del Sagrario y, al oeste, la Capilla de San Pedro. Este espacio se cerró en el siglo XVIII con una reja gótica. Está decorado con esculturas que narran diferentes escenas de la vida de Cristo, la temática es ensalzar la divinidad de Cristo.

La portada del Perdón está situada a los pies de las naves y debe su nombre, al igual que otras catedrales, a las indulgencias que en ella se concedían. Compuesta de tres puertas, la central es la del Perdón y está decorada con la imposición de la Casulla a San Ildefonso (símbolo de la catedral) y las puertas que la cierran realizadas en bronce están fechadas en 1337. La puerta de la derecha del Infierno o de los Escribanos con dos escenas del Juicio Final y la de la izquierda de la Torre (llamada del Sol en el s. XV) con decoración vegetal en forma de soles con caras humanas. Esta falta de uniformidad en los temas se debe a los cambios de planes y estilos que surgieron en el siglo XV y siguen en el XVI, XVII y XVIII y que ocultaron la fachada medieval.

La puerta del Mollete se sitúa en el ángulo suroeste del claustro y denominada así porque allí se repartía el pan a los pobres. Por su decoración, puede fecharse en el primer tercio del siglo XV.

La puerta de los Leones se localiza en el brazo meridional del crucero, esta puerta Nueva cuya construcción se inició en 1452, posiblemente sobre otra anterior, fue llamada también de la Oliva y de la Alegría hasta que en el siglo XVII cuando se construye la verja y se colocan los seis leones, pasa a ser conocida con el nombre actual. Su decoración, aunque con modificaciones del siglo XVIII, constituye un destacado ejemplo de gótico tardío. La temática del exterior está dedicada a la virgen y, se complementa con la interior dedicada a Cristo. En los trabajos de decoración de esta puerta trabajaron entre otros Hanequín de Bruselas, Egas Gueman o Juan Guas. En el siglo XVI Alonso de Covarrubias es el encargado de la remodelación de la parte interior de la portada.

La puerta Llana es la situada  en el muro sur de la catedral, al mismo nivel que el templo lo que hizo que se utilizara para entrada y salida de materiales y procesiones. Esto hizo que se la denominase puerta de los Carretones, y en la documentación medieval aparece como la puerta del Deán. En el siglo XVI Alonso de Covarrubias da las trazas para la desparecida puerta Llana Vieja. Algunos autores consideran que esta puerta estuvo tapiada hasta finales del siglo XVIII. En el año 1800 el arquitecto neoclásico Ignacio Haan construyó el pórtico exterior con dos grandes columnas y dos pilastras de capiteles jónicos que sujetan un entablamento de sencillo friso sobre el que se apoya un frontón con decoración denticulada como la cornisa.

El elemento constructivo más llamativo es el llamado Transparente. El lugar donde se encuentra era parte de la capilla real que en la que se construyó un gran retablo entre 1498 y 1509 y fue modificada en época del Cardenal Cisneros. Este retablo tiene en el centro una custodia o templete flamígero que condicionó el esquema final resultante. En el último tercio del siglo XVII ocupa la sede toledana don Pascual de Aragón quien tenía conocimiento del arte italiano pues fue embajador en la Santa Sede y Virrey de Nápoles. En su deseo de enriquecer esta zona de la catedral encarga una serie de obras al pintor Francisco Rizi y, probablemente al escultor Anselmo Quadro. Las esculturas llegaron tras la muerte de Pascual de Aragón por lo que permanecieron almacenadas hasta que se recuperaron para colocarlas en el remate definitivo del transparente. El proyecto se retoma en 1720 y se le encarga a Teodoro Ardemans pero ya es mayor y no prospera esta idea. Con el nuevo cardenal se le encarga la obra a la familia Tomé y en 1732 se inaugura el Transparente. Esta obra barroca está concebida para filtrar la luz a través del muro de la girola, de tal manera que se pueda contemplar el Santísimo Sacramento desde el plano del reverso del Altar Mayor.

Bordeando la Catedral por la calle Cardenal Cisneros hasta la Plaza Mayor y ascendiendo por la calle Tornerías hasta la Plaza de la Magdalena, en un lateral encontramos el Corral de Don Diego y el Salón Rico (18), donde podemos encontrar un buen ejemplo del modelo de casa y patio vecinal típicamente bajomedievales. Organizadas en torno a un patio, el conjunto de casas que hoy se conservan están edificadas sobre un antiguo palacio propiedad de Diego García de Toledo en el que estuvo alojado durante algún tiempo Enrique II de Trastámara. De aquella vivienda palaciega del siglo XIV, incendiada durante los graves altercados vecinales que tuvieron lugar a finales del siglo XV, sólo se conserva la puerta con dintel gótico que da acceso al interior del recinto junto a algunos restos constructivos y arcos con yeserías distribuidos por las distintas casas que hoy conforman el conjunto. El Corral de Don Diego ocupa un lugar central donde los historiadores han situado la alcaicería, espacio dedicado al comercio de productos de lujo (generalmente seda y productos derivados de ella). En este mismo punto de la ciudad debieron situarse también los funduk (establecimientos comerciarles) desde época islámica. Por esta razón, la plaza que se abre frente al Corral recibió el nombre “plaza de los Cambistas”, en referencia al lugar donde tendrían lugar los cambios y transacciones comerciales como parte de esa herencia islámica. A ella hacen referencia algunos documentos del siglo XIII y actualmente se la conoce como plaza de la Magdalena.

Dentro del propio Corral queda incluido el llamado Salón Rico o de Don Diego que debió pertenecer a la casa de los Trastámara, dentro del cual se puede observar un bello artesonado con una excelente muestra del arte medieval toledano y ricas yeserías decorando puertas y ventanas de estilo mudéjar clásico de Toledo. Las distintas intervenciones arqueológicas que se han llevado a cabo tanto en el interior del patio del Corral, así como en solares aledaños, han confirmado la existencia de diversos tipos de construcciones domésticas de época islámica y medieval (aljibes, bóvedas de almacenes, casas destinadas a viviendas o establecimientos comerciales, etc.) que probablemente corresponden a las casas y locales que conformarían el citado barrio comercial de la ciudad.

La plaza de la Magdalena, que da acceso al interior del patio del Corral de Don Diego, no siempre tuvo las dimensiones que presenta actualmente, ya que estuvo ocupada casi al completo por edificios que se vieron muy afectados por los enfrentamientos durante la Guerra Civil (1936-1939) y tuvieron que ser derribados cuando ésta finalizó.  El aspecto que la plaza presenta actualmente corresponde a la reordenación que en ella tuvo lugar en los años 40 del siglo XX.

Desde la plaza de la Magdalena, y a través del callón de Lucio llegamos a la calle Cuesta de Carlos V, que nos sitúa en los aledaños del Alcázar y su Museo del Ejército (19). Situado en el extremo nororiental del casco histórico, esta imponente edificación defensiva domina el paso del río por el puente de Alcántara y ocupa uno de los emplazamientos más elevados de la ciudad con el objetivo de ejercer, también, el control militar de núcleo urbano.

Los esfuerzos para establecer un firme control militar y defensivo en este sector de la ciudad se remontan a época islámica. En el lugar que hoy ocupa el Alcázar se construyó en época islámica, bajo el mandato de Abd al-Rahman III (891-961), una fortaleza militar que cumpliría una función complementaria a la fortificación principal de la alcazaba en caso de se produjeran dificultades serias para mantener la estabilidad política y social de la ciudad. Las constantes y enérgicas revueltas que tenían lugar en Toledo, prácticamente desde la llegada de los musulmanes a la península, obligaron ya a Amrus ben Yusuf (760-814) y posteriormente a Abd al-Rahman II (792-852) a contar con un espacio fortificado que les protegiera de un clima de permanente hostilidad dentro de la propia ciudad. Construido por el primero y reconstruido por el segundo, las crónicas cuentan que se levantó con muros de tapial (tierra apisonada) siguiendo el estilo constructivo habitual en los alarifes musulmanes. De los restos del alcázar islámico primitivo quedan algunas evidencias aisladas en distintos puntos de la actual fortaleza.

Alcázar
Alcázar - Agustín Puig

Tras la reconquista de la ciudad por las tropas cristianas, el alcázar experimenta algunas reformas, las más significativas durante el periodo Trastámara (en el siglo XIV) y se construyen varios torreones en el perímetro murario de la ciudad así como en el propio alcázar. Uno de ellos, con planta ligeramente girada respecto al eje, fue descubierto durante las excavaciones arqueológicas realizadas con motivo de la construcción del Museo del Ejército. Estas excavaciones dejaron al descubierto numerosos vestigios arqueológicos que remontan la ocupación del sitio a época romana. Se pudieron recuperar numerosas estancias relacionadas con la fortificación islámica del alficén, su muralla y su alcázar, la mayoría de las habitaciones que quedaron descubiertas estarían en relación con las zonas de descanso y acuartelamiento de las tropas. Se han encontrado, además, sistemas de evacuación de aguas de las zonas que quedaban al descubierto, atarjeas, colectores, etc.

Sin embargo, el periodo de reformas más notable que tiene lugar en el Alcázar de Toledo se desarrolla durante el siglo XVI, cuando el rey Carlos I se propone transformar la fortaleza en palacio y realiza numerosas reformas que diseña y ejecuta el arquitecto Alonso de Covarrubias. El nuevo trazado supone el derribo parcial de dos fachadas (norte y sur) la readaptación de otras dos (este y oeste) así como dotar de una nueva configuración al patio.

El edificio resultante se mantiene intacto, con puntuales reformas, algunos cambios de imagen (sobre todo en el remate de las torres con chapiteles) y un uso variado que se realizó de sus dependencias (hospital de beneficencia para mendigos en el siglo XVIII, cárcel real y academia de infantería militar en el siglo XIX, etc.), hasta que se destruye una parte considerable de la fortaleza como consecuencia de las ofensivas artilleras que se producen durante la Guerra Civil (1936-1939) y que afectaron considerablemente a varias de las fachadas. La reconstrucción del Alcázar que se realiza en la década de los 40 del siglo XX reproduce varios estilos arquitectónicos. Actualmente, además del Museo del Ejército, dentro del Alcázar está alojada la Biblioteca Regional y varios despachos militares.

Museo de Santa Cruz
Museo de Santa Cruz - J.R.Márquez

A pocos metros del Alcázar, frente a la escalinata del museo, cruzando un tramo peatonal hacia la Plaza de Santiago de los Caballeros nos situamos en la portada de acceso al Hospital de Santa Cruz (20) sede del Museo Regional, y en el que podemos encontrar expuestas las piezas y restos de la cultura material que se han recogido en Toledo a lo largo de la historia reciente, junto a todo el repertorio de fondo antiguo de todas las época. La colección de materiales medievales muestra la variedad tipológica de piezas recuperadas en la ciudad, tanto de cerámicas como arquitectónicas. Además están expuestas numerosas piezas epigráficas de los cementerios judíos y los sarcófagos que han aparecido en varios puntos de la ciudad, y toda una serie de lápidas sepulcrales cristianas procedentes de iglesias o conventos ya desaparecidos. El edificio que alberga el Museo es una muestra de la arquitectura civil del siglo XVI en Toledo, y cuenta con piezas escultóricas muy sobresalientes como la fachada plateresca que labró Alonso de Covarrubias o la escalera obra de este mismo autor.

Por el costado este del Hospital de San Cruz, descendemos hacia la plaza de la Concepción que nos da acceso al convento de la Concepción Francisca (21). En este convento de clausura se pueden visitar algunas de sus dependencias como la capilla de San Jerónimo y una cámara subterránea que sirve de pasillo de aireación de los cimientos del convento de los rellenos de escombros de la plaza y que permite visitar una cripta en el interior del convento (espacio abovedado con numerosas tumbas de tipo “lucillos” con cierre abovedado de ladrillos y que se han interpretado como un posible panteón). El complejo conventual se adapta a la topografía de esta zona de la ciudad, que desciende de forma abrupta hacia el río desde la plaza de Zocodover. El convento está situado en la zona de la ciudad que quedaba dentro del recinto del alficén islámico donde los gobernadores y reyes musulmanes levantaron sus residencias reales, por su posición defensiva y estratégica dentro de la ciudad. De esta antigua construcción se han localizado evidencias durante los trabajos arqueológicos desarrollados en los edificios del convento de Santa Fe, Museo Santa Cruz o el cercano paseo del Carmen, pero no dentro del convento de las Concepcionistas. Sin embargo, en el  Capítulo XII de la fundación del convento sí se hace alusión a que bajo el convento se situaban los palacios reales.

En la primera mitad del siglo XIV (entre 1332 y 1338), se construye el convento de San Francisco y sobre él se refunda el de las Concepcionistas a finales del siglo XV lo que supuso una profunda transformación del edificio conventual existente. Se cambió la iglesia de lugar, se construyó el claustro alto y el lugar adquirió un aspecto renacentista acorde a la época. La intervención en el refectorio, en los años 90 del pasado siglo, permitió determinar la integración de las nuevas construcciones de las concepcionistas, sobre las del convento. El actual inmueble consta de cinco patios: el de la demandera, el claustro, el de acceso a la iglesia, el del Colegio y el de los aljibes, además de dos zonas de huerto, una al norte y otra al sur, sin contar con la iglesia, su torre y el claustro. Respecto al patio de entrada a la iglesia, se trata del espacio donde quedaría la nave central de la primitiva iglesia. Si observamos el lateral izquierdo del patio (lado oeste) podemos identificar una sucesión de arcos apuntados que separarían esta nave central de la nave del evangelio, en el que situaría la capilla de San Jerónimo como único espacio sin alterar del convento original. El tapiado de estos arcos sirve de cierre a las casas de la demandadera en cuyo bajocubierta se han conservado algunas de las inscripciones perimetrales en caracteres góticos que decoraban, en cenefas de yeso, las capillas de esta nave lateral.

La capilla de San Jerónimo destaca por su cubierta abovedada exterior y octógono al interior, cuya decoración interior está realizada con lacería de ladrillos con estuco pintado con líneas policromadas que imita un despiece de vigas de madera agramiladas, y en el lugar de los casetones tiene cerámicas vidriadas y alfardones ricamente decorados. Es la decoración más antigua de este tipo documentada hasta el momento en Toledo y un caso único en la Península. La restauración de la bóveda permitió descubrir que el acabado exterior del casquete original era de enlucido de mortero de cal pintado en rojo sin ningún tipo de recubrimiento metálico o protección de cerámicas (tejas o baldosas). De la primitiva construcción del convento, también se conserva la torre mudéjar realizada en ladrillo y mampostería, de tres cuerpos, con arcos de herradura apuntados enmarcados por alfiz y arcos polilobulados entrecruzados típicos del mudéjar del siglo XIV.

Santiago el mayor
Puerta del Sol - Agustín Puig

Regresamos a la plaza de Zocodover para descender por la calle de Armas, calle Venancio González y calle carretas para llegar hasta la calle de Gerardo Lobo donde se sitúa la puerta del Sol (22). Esta puerta es la que mandó construir el arzobispo Don Pedro Tenorio, a finales del siglo XIV, para reforzar el sistema defensivo una vez terminada la guerra entre el rey Pedro I y Enrique de Trastámara. Sin embargo, existen indicios de que esta puerta bajomedieval se hubiera construido sobre otra de época islámica del periodo califal y ésta, a su vez, se habría asentado sobre un torreón de época romana, tal y como han puesto de manifiesto los trabajos arqueológicos. Algunos historiadores han barajado la posibilidad de que esa posible puerta califal se correspondiera con la denominada bab Mu´awiyya, de la que sólo se aprecia parte de un muro en la cara oriental. Este era uno de los principales accesos a la ciudad, después de haber sobrepasado la bab al-Saqra (puerta de Bisagra), en el recinto que cerraba el Arrabal, ya que era la pendiente menos pronunciada.

La puerta actual sigue un esquema típicamente mudéjar, que muestra ciertas similitudes con los torreones y puerta del castillo de San Servando (al otro lado del río) también edificado por el arzobispo Tenorio. La puerta en sí consiste en un gran arco de herradura apuntado de piedra apoyado sobre dos columnas, enmarcado por un alfiz de piedra, y que anteceden a otro gran arco de herradura construido en piedra de granito. Por encima de este arco de herradura se puede observar un gran medallón con un relieve sobre la imposición de la casulla de San Ildefonso bajo el sol y la luna, de donde toma su nombre y que data del 1575 según Francisco de Pisa. El cuerpo superior está construido en ladrillo y permite decorarlo con una arquería ciega de arcos de herradura entrecruzados del cuerpo intermedio, otra arquería ciega superior de arcos polilobulados entrecruzados. El conjunto está enmarcado por un alfiz coronado con dos ménsulas calizas en sus esquinas. En el centro de la arquería ciega de arcos de herradura se pueden apreciar fragmentos de un sarcófago paleocristiano reutilizado y que se puede fechar en el siglo IV. La parte superior de la puerta cuenta con elementos defensivos como los merlones y matacanes para la vertical y flancos.

Santiago el mayor
Santiago el mayor - Ayto. de Toledo

Si continuamos por la calle Gerardo Lobo hacia el tramo que se denomina calle Real del Arrabal nos aproximamos a la Puerta de Bisagra y no sitúa junto a una de las iglesias mudéjares de Toledo que menos transformaciones ha sufrido a lo largo de su historia: la iglesia de Santiago del Arrabal (23). Emplazada en el arrabal de la ciudad y junto a un acceso principal como es la puerta de Bisagra, conserva sus elementos constitutivos principales que la definen como iglesia de estilo mudéjar.

Se han barajado varias posibilidades sobre su fundación sobre templos anteriores. Se ha propuesto la existencia de una iglesia visigoda basándose en la existencia de un friso visigodo en la parte baja de la torre y otro en el ábside. Por otro lado, la hipótesis más plausible es la de que construyese sobre una mezquita. De hecho, la fábrica de la torre (aparejo encintado completamente distinto del resto del edificio con arcos de herradura encuadrados en alfices) y su emplazamiento (exenta y en la cabecera de la iglesia) demuestran que se trataría del alminar de la mezquita que sería reaprovechado como campanario en el momento de la edificación de la iglesia medieval. Sobre el momento de la construcción de la iglesia, la opción más aceptada es que se iniciase en 1245 o en 1247 por iniciativa de Sancho II de Portugal, siguiendo las trazas del estilo mudéjar de Toledo. Esto implica el cambio por arcos de herradura que separen las naves por unos arcos agudos, las columnas se sustituyen por pilares, y las capillas laterales de la cabecera ahora repiten la forma de la capilla mayor y no son  planta cuadrada o rectangular. El edificio también presenta influencia gótica y ésta se puede contemplar en las estilizadas crujías con bóvedas nervadas en el crucero, o los arcos apuntados bajo arcos lisos en los laterales. Pero son las portadas las que representan el estilo mudéjar más característico del edificio con arcos de herradura para los accesos cerrados por otros polilobulados, con un friso de arcos entrelazados por encima de ellos, encuadrados por dos pilastrillas laterales que rematan en ménsulas. Este modelo y esquema decorativo sentó las bases para otras iglesias posteriores de la ciudad, y que será empleado también en arquitectura civil, sirviendo de inspiración para las portadas en piedra que caracterizarán el estilo gótico de los palacios de la ciudad el Baja Edad Media.

Atravesamos el barrio del arrabal, paralelos al interior de la muralla que cierra el arrabal, por la calle Bajada de la Antequeruela que nos conduce directos a la puerta del Vado, acceso al barrio desde época islámica y que nos sitúa junto a las ruinas del convento de San Pablo (24). Se trata de los restos del único convento que se han conservado extramuros de la ciudad. Fue fundado por los dominicos (orden de Predicadores) en el año 1230 en una zona conocida como Huerta del Granadal por el cultivo de granados que abundaban en esta zona. Consagrado bajo la advocación de San Pablo, la orden experimentó un notable crecimiento a lo largo del siglo XIV, adquiriendo mayor relevancia y se traslada finalmente al interior del recinto amurallado en el año 1407, cambiando su advocación a San Pedro Mártir. Los restos que han quedado en pie pertenecen a la bóveda de una de las capillas laterales de su iglesia, cuyo paramento mejor conservado y oculto parcialmente en la ladera del rodadero muestra una fábrica de mampostería encintada habitual en las construcciones del siglo XIII en Toledo. Los hallazgos que se produjeron con motivo de la construcción de las escaleras mecánicas que remontan la ladera hacia el palacio de congresos de El Miradero aportaron alguna información adicional acerca de algunas dependencias anexas que formaban parte del convento, almacenes, corrales, habitaciones, etc., y una gran cerca que pudo servir como tapia del convento (puede que incluso reaprovechando un muro existente de época islámica) y para sostener las tierras de la ladera y abancalar posibles zonas de huertas. La zona trasera de las ruinas fueron destinadas para su uso como cementerio y allí se localizaron algunos enterramientos dispersos de los monjes, sin orden aparente. En esa misma zona, bajo los enterramientos, también se encontraron multitud de canalizaciones adaptadas el desniveles del terreno y que servían para regar las huertas no sólo del convento medieval sino también de otras posibles huertas que ya debieron existir en época islámica, y que aprovecharon, en todos los casos los manantiales naturales que nacen en ese punto concreto de la ladera.

Desde esta zona accedemos, por la calle Gerardo Lobo, a la que subimos por las escaleras mecánicas al puente de Alcántara (25). La construcción del puente data de época romana, siendo el punto de paso para comunicar Toledo con las calzadas en dirección a Córdoba, Mérida o Zaragoza. En época islámica este puente y estas infraestructuras continuarían utilizándose, siendo en este momento cuando recibe el nombre de Alcántara (puente en árabe). Debido a su valor estratégico y militar de control de acceso a la ciudad fue objeto de múltiples destrucciones parciales. Las fuentes islámicas recogen en el 858, durante el emirato de Muhammad I, una revuelta de los toledanos en la cual se demolió parte del puente, posiblemente el tercer arco desaparecido hoy en día. En el 930, ante otro levantamiento toledano, la ciudad fue sitiada por Abd al-Rahman III, quien, una vez tomada la ciudad mandó reconstruir partes de puente que él mismo había mandado derruir y reconstruir también el alficén que unía hasta el siglo pasado la Puerta con el Puente de Alcántara. En época de Almanzor, en la segunda mitad del siglo X, se realizó otra reconstrucción del puente como consta en una placa conmemorativa que mandó colocar allí Alfonso X en el año 1258.

Puente de Alcántara
Puente de Álcantara - J.R.Márquez

En la etapa castellana, las noticias sobre el puente de Alcántara vuelven a hacer referencia a múltiples reconstrucciones parciales motivadas por los ataques almorávides (1109) y por las crecidas del río, como las acontecidas en 1205, 1211 o 1258. De las obras de reparación producidas por esta última crecida parece ser que data la construcción del torreón situado entre el puente y la muralla. Durante la Baja Edad Media, la función defensiva deja paso a la civil, y pasa a servir de punto de control de mercancías para el cobro de los impuestos de portazgo y pontazgo. Esta labor la realizaba el corregidor y alcaide de la ciudad, quien se encargaba de todas las reparaciones y mantenimiento necesarios para el puente. En una de estas reparaciones, Gómez Manrique, en el 1483, reconstruyó el arco exterior del torreón, obras con las cuales se relaciona la colocación del escudo de los Reyes Católicos y del relieve de la imposición de la casulla de San Ildefonso. Esta situación control e impuesto de acceso a la ciudad continuó efectuándose hasta el año 1911, momento en el que la Dirección General de Obras Públicas asumió la titularidad del puente.