Itinerario II: Mundo Islámico

La ruta se inicia en uno de los accesos al barrio periférico de La Antequeruela que surge ante la presión demográfica y urbana de la ciudad islámica de Toledo (Tulaytula) en torno al siglo X. La existencia de este arrabal motiva la construcción de una cerca amurallada que lo rodee e incluya al barrio, en la medida de lo posible, dentro de los dispositivos de defensa de la ciudad. La presión militar de las tropas castellanas así lo aconsejaba.

En ese contexto se construye un acceso fortificado en la llamada Puerta del Vado (1). Las características constructivas de la puerta encuadran la puerta en un momento indeterminado a finales del siglo XI, en la que ya son evidentes algunas influencias mudéjares. Tipológicamente la forma de los arcos de herradura, las dovelas de granito y el tipo de aparejos constructivos que la acompañan son similares a los que encontramos en la Puerta Vieja de Bisagra o de Alfonso VI. La entrada en codo recoge la tradición andalusí de accesos sinuosos para desenfilar posibles líneas de tiro y dificultar el acceso al interior del recinto de las tropas atacantes. Los restos de la puerta se encuentran 12 m. por debajo del actual nivel de calle a causa de los copiosos aportes y vertidos realizados en la zona cuando el barrio centró de la actividad alfarera de Toledo durante los siglos XVIII y XIX. La puerta del Vado dejó de funcionar como acceso útil a mediados del siglo XVII propiciando el abandono de la zona y su uso como vertedero para los desechos de los alfares de la zona con autorización expresa del cabildo municipal. Tanto es así que la topografía actual de la zona exterior de la puerta se vio profundamente modificada elevando el nivel varios metros dejando enterrada la puerta medieval y todo su entorno.

Atravesamos el barrio por la calle Bajada de la Antequeruela en sentido ascendente hasta llegar a la iglesia de Santiago del Arrabal (2) y su particular torre-campanario. Esta iglesia es un buen ejemplo de una práctica arquitectónica muy extendida en la ciudad entre los siglos XI y XII en relación con la adaptación de las mezquitas para su conversión a edificios de culto cristiano. Las torres alminares que servían para llamar a la oración mediante el canto del muecín fueron aprovechadas con mínimas modificaciones y para mantener su misma funcionalidad. En el caso de la torre de la iglesia de Santiago del Arrabal, se levantaron en el extremo superior los arcos necesarios para alojar las campanas y el sistema para accionarlas. Se mantuvo como construcción exenta del templo, tal y como debió ser para la mezquita (de la que no han sobrevivido restos constructivos), conservando las pequeñas ventanas decoradas con arcos de herradura geminados y separados por pequeñas columnas decoradas, y a distintas alturas de la torre para iluminar el acceso. El aparejo con el que está levantada la torre corresponde a un tipo constructivo habitual en las construcciones andalusíes de Tulaytula en el siglo XI (similar, en concreto, a la de la torre de la iglesia de San Bartolomé), y que constituye un ejemplo de las mezquitas de barrio que se podían encontrar en la ciudad.

Santiago el mayor
Santiago el mayor - Ayto. de Toledo

Otra pequeña mezquita de barrio y que ha conservado un porcentaje muy elevado de la arquitectura original islámica es la mezquita del Cristo de la Luz (3), o Bab-al-Mardum. Esta mezquita está situada en una de las entradas a la ciudad que ya existía en época romana. Fue construida en el año 999, al final del califato de Córdoba, según la inscripción en cúfico que decora el friso existente bajo la cornisa de la fachada suroeste. La planta es cuadrada, dividida en nueve pequeños espacios cubiertos por bóvedas nervadas. Todo el conjunto es sostenido por cuatro columnas centrales, con capiteles de época visigoda, que se unen, mediante arcos de herradura, a los pilares de ladrillos trabados a los muros perimetrales. El mihrab está situado en el muro orientado al sureste, que es el correspondiente a la quibla. El esquema constructivo de esta pequeña mezquita es similar al de las mezquitas de San Ginés y Solarejo/Tornerías. En el siglo XII se convirtió en ermita, para lo que se añadió, al noreste, el ábside de estilo mudéjar, que supuso la modificación del muro de ese lado y la elevación del suelo, y de cuya etapa se han conservado algunos restos de pinturas murales del siglo XIII, con la figura de un Pantocrator como elemento central, acompañado por imágenes de santos y personajes bíblicos, junto con las inscripciones de caracteres cúficos. Su conversión en ermita también conllevó la creación de un cementerio en las inmediaciones. Tras la ocupación islámica Alfonso VI recuperó parte de la memoria cristiana del lugar y de su importancia al conceder a esta iglesia la primera misa cristiana en Toledo en 1086.

Mezquita del Cristo de la Luz
Mezquita del Cristo de la Luz - Ayto. de Toledo

Arqueológicamente, la importancia de esta pequeña mezquita reside en que ha permitido contextualizar un estilo constructivo concreto (aparejos encintados de hiladas simples de mampostería separadas por verdugadas simples de ladrillos) y asociarlo a una fecha específica, en este caso, el año 999. Es el punto de partida para establecer una seriación tipológica del llamado aparejo toledano, pudiendo asociar estos tipos de aparejos a cronologías concretas sin necesidad de contar con un contexto material en particular o fósil guía, y también si necesidad de acudir a un archivo para rastrear documentalmente la historia del edificio en estudio.

Continuando por la calle del Cristo de la Luz en dirección a la Calle Alfileritos, siguiendo por la calle Sillería alcanzamos la plaza de Zocodover y nos situamos en un espacio importante para la ciudad islámica de Tulaytula. En un lateral de la plaza pero ocupando un lugar central, el Arco de la Sangre corresponde a la única entrada que daba acceso a la zona palaciega y militar de la ciudad conocida como alficén (ceñidor). Este espacio abierto junto a la puerta de la muralla constituye un escenario en el que se establecería un punto de intercambio comercial entre la guarnición y los comerciantes de la ciudad, conocido con el tiempo como Suk- al-dawab o mercado de las bestias, y que daría origen al nombre actual de la plaza: Zocodover.

Protegidos por un recinto amurallado propio, los palacios estarían situados junto al Alcázar, cada uno de estos emplazamientos se dispondrían a un lado y otro de la puerta de entrada al recinto. Parte de la zona palaciega se ha conservado bajo los cimientos del convento de Santa Fé (4), que actualmente se usan como espacio para eventos. Allí se han encontrado los cimientos de numerosas estancias en los que se han conservado revocos pintados en rojo con motivos decorativos vegetales. El conjunto de restos se ha interpretado como parte de las salas del palacio del rey taifa Al-Mamún y el posible oratorio privado que allí debió erigirse (según los datos históricos que se conservan) y que debería encontrarse en la capilla de Belén, aunque no se ha podido confirmar esta asimilación con los hallazgos realizados hasta la fecha.

En el callejón de Santa Fe, y frente a la fachada decorada con trampantojo del convento, el bar El Trébol (5) integró en la reforma del local un importante paramento de la muralla del alficén. Oculto por las construcciones de las viviendas particulares que se adosaron a la cara interior de esta muralla, se ha podido recuperar no sólo la cimentación de sillería de granito trabada con mortero de cal sino también una porción importante del tapial que la coronaba. En el propio Convento de Santa Fe, y junto a las estancias del palacio taifa también se encontraron tramos de esta misma muralla que se prolongaba hacia el norte y la zona del Palacio de Congresos del Miradero, cuya construcción comprometió la estabilidad constructiva de la muralla y se produjeron varios derrumbamientos.

portada del museo de Santa Cruz
Portada museo de Santa Cruz - Ayto. de Toledo

En el edificio del Hospital de Santa Cruz (6) se localiza el Museo regional, y en él podemos encontrar expuestas las piezas y restos de la cultura material que se han recogido en Toledo a lo largo de la historia reciente. La colección de materiales islámicos muestra la gran calidad técnica de los artesanos que vivieron en la ciudad durante aquellos siglos que llegaron a alcanzar unos niveles de sensibilidad artística muy notables. Además, también hay una muestra muy representativa de la epigrafía procedente de los cipos funerarios que acompañaban a las sepulturas de las diversas zonas de cementerios o maqbaras que había en la ciudad. El edificio que alberga el Museo es una muestra de la arquitectura civil del siglo XVI en Toledo, y cuenta con piezas escultóricas muy sobresalientes como la fachada plateresca que labró Alonso de Covarrubias o la escalera obra de este mismo autor.

Frente al Museo de Santa Cruz, y ocupando un lugar destacado se encuentra el Alcázar (7), sede del Museo del Ejército. El Alcázar forma parte del conjunto militar y defensivo del alficén, siendo sede de las tropas acantonadas para la defensa del recinto y de los mandos militares de la ciudad. Construido por iniciativa del emir Al-Hakam I a finales del siglo VIII o comienzos del IX, debió ser reformado a mediados del IX por su hijo Abd al-Rahman II y vuelto a reconstruir por Abd al-Rahman III ya en época del califato, cuando se acomete una reforma integral del recinto del alficén tras el conocido asedio de la ciudad entre los años 929 y 932. Las crónicas cuentan que se levantó con muros de tapial (tierra apisonada) siguiendo el estilo constructivo habitual en los alarifes musulmanes, y que se ha podido confirmar en los tramos descubiertos en el Miradero y el bar El Trébol. De los restos del alcázar islámico primitivo quedan algunas evidencias aisladas en distintos puntos de la actual fortaleza. Pero sin duda, los más sobresalientes son los muros que se pueden contemplar junto a la escalinata de acceso al Museo del Ejército y en el interior del mismo. Se trata de dos grandes lienzos de muralla o pared fortificada, que, apoyados sobre la roca, nacen perpendiculares a la base de la fachada norte del Alcázar. Algunos historiadores sugieren que estos muros, de considerable grosor y doble hoja (una de sillares de granito y otra mampostería encintada), podrían haber formado parte de una ampliación tardía de la fortaleza (siglo XI o XII) con el objetivo de aumentar la capacidad de acantonamiento del Alcázar. Sin embargo, otros autores sostienen que estos muros, paralelos entre sí, formarían parte de una coracha que comunicaría las dependencias palaciegas de la alcazaba con el alcázar mediante un pasillo fuertemente protegido, que, además, separaría el barrio nororiental respecto al resto de la ciudad.

Alcázar
Alcázar - Ayto. de Toledo

Si salimos de la zona del alficén, y cruzamos la Plaza de Zocodover para adentrarnos en los barrios de la ciudad a través de la calle del Comercio, nos introducimos la zona más comercial de la ciudad en época islámica (y también actualmente). Siguiendo al calle Toledo Ohio y a través de la plaza de la Ropería, la calle Santa Justa nos sitúa ante de una de las muestras epigráficas más representativa de la cultura islámica de la ciudad. En la fachada de la iglesia de Santa Justa y Rufina (8) podemos contemplar in situ una inscripción labrada en piedra caliza que recoge de forma conmemorativa la construcción de una de las naves de la mezquita. Aunque la remodelación para el culto cristiano desfiguró el edificio árabe, la fachada conserva no sólo parte de los aparejos originales, sino también un espléndido arco de estilo califal que a su vez ha reutilizado una pilastra visigoda para la columna en la que apoya el arco de herradura. La mezquita, de pequeñas dimensiones, formaría parte del conjunto de mezquitas de barrio que encontramos en varios puntos de la ciudad.

Paralelas a la calle de Santa Justa y Rufina, las calles Cordonerías y de nuevo la calle Comercio, nos acercan a la calle Tornerías a través de la plaza del Solarejo, por donde se accede a una de las mezquitas de barrio mejor conservadas junto con la del Cristo de la Luz. En este caso la mezquita de Tornerías (9) ha llegado hasta nuestros días con gran parte de sus elementos originales sin alterar gracias a que se mantuvo en uso por la comunidad musulmana de Toledo hasta el final de la Edad Media. Se construyó posiblemente en la segunda mitad del siglo XI, aunque a primera referencia conocida de esta mezquita data de 1190 y hace referencia a su ubicación en un barrio con gran actividad comercial situado entre la alcazaba y la mezquita mayor, ocupado por los francos que acompañaron a Alfonso VI en la toma de la ciudad, en 1085. Presenta una planta cuadrada, formada por nueve espacios cubiertos con bóvedas baídas (excepto la central) que, a su vez, están sostenidas por arcos de herradura y por cuatro columnas en la zona central y pilares de ladrillo en los muros. El mihrab se sitúa en el lado suroeste, con una orientación diferente al resto de mezquitas hispano-musulmanas, lo cual puede deberse a que su adaptación al trazado de la calle de Tornerías. El edificio es similar a la mezquita del Cristo de la Luz y posiblemente a la que pudo existir en el solar de la antigua iglesia de San Ginés. Además, respecto a esta última la mezquita de Tornerías también reutiliza la cimentación de un edificio de época romana.

La misma calle Tornerías conecta, tras atravesar la plaza Mayor, con la calle Bajada del Barco, donde encontramos a la altura de la plaza Colegio de Infantes el conjunto formado por los Baños del Caballel y del Cenizal (10). Estos baños debemos ponerlos en relación con la posible mezquita que debió existir en el actual emplazamiento del mencionado colegio de Infantes y de la que no se ha encontrado vestigio alguno. Tanto en Toledo como en otras ciudades plenamente arabizadas se reproduce el esquema en el que junto a las mezquitas es habitual encontrar edificios destinados al baño para poder realizar una purificación completa del cuerpo antes de entrar a la mezquita y realizar la oración. Así, este patrón se reproduce también en las mezquitas de Al-Dabaggin junto a los baños de Tenerías, y las supuestas de la calle Pozo Amargo, o de Bab-al-Mardun (Cristo de la Luz). Todos estos lugares formarían parte de los espacios de uso público y colectivo de la comunidad islámica de Toledo.

Los baños del Caballel están situados en los números 3, 4 y 5 de la plaza de las Fuentes. El nombre de plaza de las fuentes hace referencia a la presencia de un manantial en esta zona, necesario para el abastecimiento de agua de unos baños. Existen multitud de referencias a los baños del Caballel, la primera de ellas data de 1163 (lo cual apunta a un origen islámico). De la configuración original queda poco debido a las destrucciones que han supuesto las construcciones posteriores de edificios de viviendas. Pero del conjunto se puede reconocer una nave transversal de acceso con otras tres estancias abovedadas perpendiculares a esta que corresponden con las salas fría, templada y caliente. Parte de las puertas que comunican las estancias entre sí están tabicadas por las cimentaciones actuales, y se han podido reconocer también la posible sala de calderas y los pasillos de distribución internas del baño y vestuarios.

Los baños del Cenizal, muy cercanos a los del Caballel, también muy alterados por las viviendas y edificaciones posteriores, se han podido reconstruir a partir de algunas intervenciones arqueológicas en los últimos años. Se ha podido recuperar la sala de acceso al baño (recepción) y la sala fría, las salas calientes y templadas quedan bajo los edificios anexos.

Los baños árabes del Cenizal están situados en la calle Colegio de Infantes de la que parte el callejón del Vicario que asciende hacia la calle Cardenal Cisneros (11), junto a la Catedral, y donde podemos acceder al nº 12 de esa misma calle, donde podemos encontrar un ejemplo de vivienda islámica de época califal. En los sótanos del edificio se localizaron excavados en la roca restos de un salón y un patio que han conservado in situ arcos de herradura (uno de ellos geminado). En estos elementos arquitectónicos se han conservado decoraciones pictóricas que representan dos manos de Fátima o hamsa, en el intradós de uno de los arcos geminados, una de ellas rodeada por tres pájaros (puede que colibríes). Ambos símbolos se consideran propiciatorios en la cultura popular islámica, de protección en el caso de la mano de Fátima y puede que funerario en el caso de los pájaros, habituales en ámbitos domésticos pero que no estaban permitidos en edificios de culto islámico como las mezquitas por considerar que tienen origen en las supersticiones y no en la doctrina coránica.

La misma calle Cardenal Cisneros nos conduce hasta la plaza del Ayuntamiento, y nos sitúa frente a la Catedral donde estaría el foro de la ciudad romana, lugar donde se levantaría la basílica visigoda de Santa María, y que sería reformada y ampliada para su uso como mezquita la llegada de los musulmanes, convertida en aljama (12), y finalmente derribada para construir la Catedral en el siglo XIII y recuperar la advocación de Santa María. De la mezquita original se han identificado restos de cimentaciones bajo el suelo de la Catedral, pero también la cimentación del alminar que sería reaprovechada para la actual torre y campanario, así como el muro de cierre norte de la sala de oraciones que la separaría del patio de abluciones y acceso (san). Esta distribución de estructuras y cimientos dibuja una mezquita de grandes dimensiones con el alminar en el lateral izquierdo donde se unen el shan (bajo el claustro actual de la Catedral) y la sala de oraciones, cuyo muro de qibla quedaría en el lateral sur (siguiendo el trazado de la calle Cardenal Cisneros) donde estaría ubicado el mihrab. En las excavaciones realizadas en el claustro se documentaron aljibes con grafitis bien datados a finales del siglo XI y que podrían indicar que se trataba de un periodo de reformas o remodelaciones en la mezquita a finales del periodo taifa. La existencia de este tipo de depósitos de agua confirma el uso de la zona del claustro como espacio abierto para el uso de agua en el ritual de purificación que se realizaba en el shan antes de acceder al interior del templo. Con la llegada de las tropas castellanas, y a pesar del inicial respeto al culto islámico en la mezquita poco tardaron los dirigentes castellanos en arrebatar para sí el edificio y convertirlo a su ritual apenas un años después de la conquista de Toledo en el año 1085. Pero la demolición del edificio islámico no se inició hasta el año 1226 cuando se decidió construir una Catedral al estilo gótico de influencia europea comenzando, lógicamente por su cabecera, desmontando poco a poco las paredes de la mezquita, sus naves y elementos decorativos, siendo sustituidas por la nueva estructura sin que ello supusiera la interrupción del culto.

Catedral
Catedral - Agustín Puig
Torre de El Salvador
Torre de El Salvador - Ayto. de Toledo

A medida que nos alejamos de la Catedral, lugar de la antigua mezquita aljama y del barrio comercial o alcaná, continuamos encontrando en las numerosas iglesias que salpican la ciudad, los restos de pequeñas mezquitas de barrio que ocupaban sus mismos emplazamientos. La calle Ciudad asciende a través del camino del Salvador para situarnos en la plaza que recibe el nombre de la Iglesia del Salvador (13). Casi todo el actual edifico es fruto de una reconstrucción realizada tras un incendio en el 1822. Pero el origen como mezquita de esta iglesia se ha confirmado en investigaciones arqueológicas y documentales. Entre los hallazgos que lo confirman apareció una lápida en la capilla de Santa Catalina, en la que se conmemoraba la construcción de una nave en el año 1041 d. C., aunque no se especifique si trata de una ampliación o reconstrucción de la nave. Existe un supuesto generalizado que relaciona la pérdida de la mezquita mayor en tiempos de Alfonso VI con el uso de la mezquita del Salvador como nueva aljama, en sustitución de la mayor. Recientes excavaciones arqueológicas han determinado dos fases de construcción de la mezquita, una primera adscrita al período Omeya, con restos de época emiral y califal (desde finales del siglo VIII hasta el siglo X) y otra fase del período taifa (siglo XI hasta su conversión al cristianismo en 1159). La mezquita, convertida ya en edificio de culto cristiano en los siglos siguientes, fue reformada al estilo mudéjar tardío en el siglo XV. La mezquita, a diferencia de otras más modestas, presentaría una planta rectangular cuyo espacio interior estaría dividido en tres naves separadas mediante dos arquerías. Este modelo constructivo también se ha documentado en la Iglesia de San Sebastián donde se localizan los restos de la mezquita de Al-Dabaggin. Su acceso principal se situaría en el muro noroeste, situando el muro de la quibla y el mihrab al sureste. Aunque el elemento más sobresaliente es el alminar que ha conservado gran parte de su cuerpo principal, construido en sillería de granito reutilizando elementos decorativos romanos y visigodos, cuya construcción corresponden a la fase emiral. La parte superior de la torre se corresponde con un remate de época barroca. El patio de acceso o shan, quedaría en la calle actual que sirve de entrada a la iglesia, y donde confluyen las calles Santo Tomé, Santa Úrsula, Camino del Salvador y calle de Rojas.

Siguiendo la calle Santo Tomé, continuamos por la calle del Ángel (14), donde encontramos un nuevo ejemplo de baños de uso público conocidos por el mismo nombre de la calle en pleno corazón de la judería. Aunque el acceso a las estancias del baño que se conocen se realiza en la actualidad desde la calle de El Ángel, originalmente se debió hacer por la calle Santa María la Blanca. Los restos de este baño son, sin duda, de los mejor conservados entre los que todavía mantienen estructuras reconocibles dentro del casco histórico de Toledo, pues aún mantiene en buenas condiciones las salas correspondientes al distribuidor, la salita de reposo, la templada y la caliente. Esta tres zonas bien definidas, con un espacio rectangular que ocupa la mayor parte de la estancia, que se halla cubierta por una bóveda de medio cañón, en la que se abren seis tragaluces, mientras que en el centro del muro meridional se halla la puerta que comunicaba la sala templada. Los espacios de los extremos de la sala están ocupados por alcobas a las que se accede a través de arcos de herradura geminados y, dentro de ellas, hay sendas pilas de planta cuadrangular, construidas por debajo del nivel del suelo. A diferencia de otros baños medievales de Toledo, mantiene el hipocausto con gran parte de los pilares que sustentaban el suelo de la sala caliente. El conjunto de las paredes estaba enlucido con una capa de mortero de cal de gran dureza, cuyo acabado superficial se asemejaba al de un estucado pintado de rojo. Los suelos estuvieron construidos con baldosas o losetas de piedra caliza, a juzgar por restos que se han conservado en los poyetes de las pilas y en el umbral de la puerta que comunicaba con la sala templada. Por la ubicación del baño, en pleno barrio judío, y sin mezquitas conocidas en sus proximidades, puede que el baño del Ángel formara parte de uno de los baños privados de la ciudad, sin acceso libre para el resto de los ciudadanos, como solía ser habitual en los baños junto a las mezquitas.

Al final de la Edad Media, cuando el baño había dejado de cumplir su función original, se convirtió en establo y en la Edad Moderna se construyó un aljibe junto al rincón suroeste, mientras el resto de la sala siguió utilizándose de cuadra.

Para continuar el recorrido debemos retroceder por la misma calle del Ángel y de Santo Tomé hasta la Plaza del Salvador, descender en dirección al río por la Calle Santa Úrsula, atravesar la Plaza de Santa Catalina y llegar hasta la calle Carreras de San Sebastián (conocida en Toledo como Cornisa) donde encontramos la iglesia de San Sebastián (15). Al igual que ocurre en los citados ejemplos de los baños del Caballel y Cenizal junto a la mezquita del Colegio de Infantes, o los de la calle Pozo Amargo o de la de Bab-al-Mardun (Cristo de la Luz), la iglesia de San Sebastián reúne las características del prototipo de mezquita islámica junto a baños públicos (Yaix o de Yuso, y Saix o de Suso), y además, junto a una de las puertas de ingreso en la ciudad. Estamos en pleno barrio de curtidores, en el que se han encontrado en varios puntos tenerías y zonas dedicadas a actividades propias de un barrio periférico junto al río.

Sobre los orígenes de este edificio se ha especulado mucho, algunos autores mencionan la existencia de un templo romano sobre el que se erigiría una iglesia en época visigoda (601-602 en tiempo de Liuva) que, posteriormente se transformaría en mezquita y de nuevo pasaría a ser iglesia. Del posible templo romano no ha llegado ningún elemento a nuestra época excepto. De la iglesia visigoda, se han conservado varios fustes y su emplazamiento. La primera referencia a la iglesia actual data de 1168 y es una de las descritas en el siglo XVI como parroquia mozárabe y que mantuvo culto cristiano durante la ocupación islámica. Sin embargo las investigaciones arqueológicas han demostrado que, en realidad, allí existió una mezquita desde un momento temprano de la ocupación islámica, puede que en siglo IX, reformada y ampliada en el siglo XI, cuya configuración arquitectónica está en consonancia con el modelo documentado en la mezquita del Salvador: tres naves longitudinales separadas por arquerías de herradura, con el mihrab situado en el lateral sur-sureste de la iglesia (bajo el actual acceso al templo a través del atrio) y del que se encontró la cimentación original, con un patio shan abierto al norte, comunicado con la sala de oraciones por una puerta de la que se han conservado el vano de acceso y cargadero original, y un segundo patio lateral (al este), denominado ziyada (reservado en ocasiones para la oración de las mujeres) y comunicado con la sala de oraciones a través de puertas con arcos de herradura geminados de las que se han conservado quicialeras y suelo de baldosas original. Queda por resolver la ubicación del alminar, aunque se presupone en el emplazamiento de la actual torre del siglo XV y cuya cimentación no conserva restos de la torre islámica.

La complejidad constructiva de esta iglesia se manifiesta en las numerosas “rareza” arquitectónicas que se pueden observar a simple vista, como la ubicación de la torre junto a la cabecera, la cual a su vez no está orientada según el modelo de los templos cristianos, y los paramentos en los que se pueden distinguir arcos y vanos que no concuerdan con el arquetipo de iglesia mudéjar generalizado en Toledo.

Junto a la iglesia de San Sebastián, en la ladera que se inclina en dirección al río Tajo, encontramos los anteriormente citados baños de Saix o Suso y Yaíx o Yuso. Los baños de Suso están situados dentro de una propiedad privada y no son visitables, pero los de Yuso o Yaix, conocidos como los Baños de Tenerías (16) por el nombre del barrio donde se encontraba el barrio de los curtidores y sus correspondientes tenerías. La estructura interna del baño se ha podido recomponer casi en su totalidad gracias a que quedó sepultado por los aportes de escombros y desechos constructivos que originaron la formación  del “rodadero”, manteniendo alejada esta zona de las trasformaciones urbanas del núcleo de la ciudad. Las excavaciones arqueológicas pusieron al descubierto las salas frías, calientes y templadas, así como la recepción, las alcobas o vestuarios, las letrinas y los pasillos que servían de distribuidores. Se trata de uno de los baños más completos de la ciudad y del que se han podido extraer valiosos datos relativos a las características constructivas de sus muros, bóvedas y la distribución interna de sus estancias. Gracias toda esta información, la fecha aproximada de su construcción y periodo de actividad se sitúa en torno a los siglos X y XI.

Baños de Tenerias
Baños de Tenerias - Agustín Puig

Descendiendo por el camino que parte de un lateral del baño, llegamos hasta el barrio donde se situaban las viviendas de los molineros que trabajaban en batanes y molinos por toda la ribera del río. Continuando por la senda del río y pasando junto los restos de los molinos del Hierro, llegamos hasta un torreón, llamado Torre del Hierro (18). Se trata de una torre albarrana, con un pequeño arco en la base que permite el tránsito bajo la estructura de la torre y que se proyecta fuera del paño de muralla en el que está situada (del que apenas se conserva un pequeño lienzo) con el objetivo de proteger un punto concreto, en este caso la Puerta del Hierro. De esta puerta no contamos con información arqueológica y sólo hay referencias documentales a ella. Se trataría de una puerta que controlaría el paso del río por este sector de la ciudad y quedaría protegida únicamente por la torre albarrana. La fábrica de la torre muestra dos momentos constructivos distintos: la parte inferior y el arco, construidos con sillería en las esquinas y sillajero en hiladas regulares, cuya configuración guarda similitud constructiva con los tramos de muralla de época emiral de otras zonas de Toledo, mientras que el tercio superior habría sido reconstruido en un momento indeterminado de la baja Edad Media.

Si continuamos el camino de la senda del río por el tramo que asciende por la ladera y que discurre sobre una pasarela junto al río nos lleva hasta el puente de Juanelo, situado junto a las ruinas del Artificio de Juanelo, y donde podemos encontrar retales de numerosas construcciones dedicadas al aprovechamiento de la fuerza cinética del río: molinos medievales, ingenios para subir aguas a la ciudad de época moderna, estaciones de bombeo del siglo XIX o centrales hidroeléctricas ya de comienzos del siglo XX, se han construido y reconstruido en un mismo emplazamiento, dejando sólo visibles retales de las construcciones anteriores. Si prestamos atención a los grandes muros de sillería que se pueden distinguir en el centro de toda la maraña de muros y escombros, por entre la vegetación que recubre parte de ellos, se puede distinguir la abertura de una galería de al más de 1 m. de anchura y donde quedaría alojada una gran noria (18) de madera que se ha fechado en el siglo XI, cuya altura se ha estimado en 24 m. de diámetro y que permitiría elevar agua hasta la altura del puente de Alcántara, conduciéndola a través de un canal construido en una monumental estructura de ladrillos sustentada en arcos de medio punto de la que no ha quedado vestigio alguno. Tan sólo un reciente estudio arqueológico permitió calcular el diámetro de la rueda gracias a las marcas de rodadura que dejó esta enorme rueda en las paredes interiores del canal, sobre las gruesas capas de sales que quedaron adheridas a la superficie de las paredes tras años de agua derramada sobre ellas de forma continua. Las fotos realizadas por Laurent a mediados del siglo XIX aportan información gráfica sobre la arquería de ladrillos en las que debió existir el canal que conduciría el agua hasta un depósito situado a media ladera, junto al puente. El cronista y geógrafo Al-Idrisi describe esta noria a mediados del siglo XII, desconocemos si funcionando o no, pero sobredimensionando su tamaño con el fin de engrandecer la capacidad de la ingeniera islámica, llevando su diámetro hasta los 90 codos (algo más de 50 cm.)

Desde el emplazamiento de la noria podemos observar el puente de Alcántara (19), y algunos de sus rasgos distintivos como construcción islámica. Su nombre significa literalmente el puente y aunque posiblemente se construye sobre un puente de época romana, ha sido reconstruido en numerosas ocasiones y conserva sólo como plenamente islámico un arco de herradura en la base del estribo este, en la orilla opuesta a la de Toledo. Las fuentes islámicas recogen en el 858, durante el emirato de Muhammad I, una revuelta de los toledanos en la cual se demolió parte del puente, posiblemente el tercer arco desaparecido hoy en día. En el 930, ante otro levantamiento toledano, la ciudad fue sitiada por Abd al-Rahman III, quien, una vez tomada la ciudad mandó reconstruir partes de puente y construir el Hizam que unía hasta el siglo pasado la puerta con el puente de Alcántara.

Torre defensiva Puente Alcántara
Torre defensiva Puente Alcántara - Ayto. de Toledo

En el puente se conserva una placa conmemorativa en la que se recoge, por iniciativa de Alfonso X, la reconstrucción del puente que se realizó en el año 1258 con motivo los daños que ocasionaron las crecidas de mediado del siglo XIII. En la cara de acceso al puente desde la ciudad, en el centro del arco hay otra lápida conmemorativa en la que se recogen los nombres de los que habían mandado reconstruir el puente en época islámica, el último de ellos Almanzor a finales del siglo X y tras la destrucción del puente por parte de Abd-al-Rahman III en el año 932 tras unos años de asedio a la ciudad y que sus propias tropas destruyeron. La relación completa de dirigentes y gobernadores de la ciudad aparecía en sendas lápidas situadas a ambos lados de ésta y que fueron mandadas borrar por Felipe II a finales del siglo XVI. Esta orden la ejecutó el corregidor de la ciudad Gutiérrez Tello en un acto de damnatio memoriae, de todas aquellas inscripciones de la ciudad que tuvieran grafía árabe y que se consideraban blasfemias.

En relación con el asedio de Abd-al-Rahman III  se han puestos los restos de una fortificación que se han conservado en el Cerro del Bu (20). Situados sobre un cerro en la orilla opuesta de la ciudad, próxima a ella, y ejerciendo un control directo sobre el paso de barcas situados a sus pies y en relación directa con la puerta de Hierro, en la parte superior del cerro se han descubierto los restos de un recinto amurallado (murallas de 1,40 m. de espesor) rodeado de torres-contrafuerte, cuyo espacio interior correspondería a un patio de armas y dos pequeñas habitaciones para el puesto de mando. La parte inferior del cerro cuenta con un segundo anillo exterior, cuya muralla también está dotada con torres contrafuerte para sujetar la construcción. El espacio intermedio entre un recinto y otro estaría destinado para el acopio de enseres y posible función de establos, cuadras y almacenes. Al tratarse de una construcción de carácter militar y vinculado a un momento concreto en el que surge la necesidad puntual de levantar una construcción fortificada, en el  contexto de un asedio a la ciudad, la fábrica de los muros conservados demuestra que se trata de una construcción efímera y que fueron levantados con cierta urgencia. Se puede apreciar que la disposición de las piedras no es muy cuidada, no emplean apenas morteros de cal y sujetan las piedras con barro del terreno reaprovechando también las propias piedras del terreno (que proceden a su vez de los cimientos de las cabañas prehistóricas del poblado que allí existe desde la Edad del Bronce). El alzado de la muralla es de tapial, del que se han conservado restos en algunos puntos. El tipo de construcción es puramente funcional, adaptando la cimentación de piedra a la inclinación del terreno, recurriendo al retranqueo de las hiladas con el fin de ganar estabilidad y capacidad de carga en los muros. El material cerámico recuperado en las excavaciones confirma que la ocupación islámica en el cerro no se prolongó más allá del siglo XI, y que corrobora, a su vez, que tras el momento del asedio la presencia de un destacamento de menor tamaño se mantuvo en el fortín algunas décadas más.