Itinerario I: Mundo romano y visigodo

La ruta se inicia en la explanada del circo romano y el entorno de la Vega Baja, escenario protagonista durante los primeros siglos del imperio romano como zona de ocio y espacios lúdicos, y como centro neurálgico de la vida política y religiosa durante el reinado de los visigodos.

Hacia el oeste de la Vega Baja, bajo los cimientos del edificio de la clínica FREMAP, encontramos los restos de lo que se ha identificado como la Basílica Pretoriense de San Pedro y San Pablo, donde tenía lugar la celebración de los famosos concilios convocados por los reyes visigodos y en los que se reunían las máximas autoridades políticas (nobles y reyes) y religiosas (obispos y arzobispos) para abordar asuntos que afectaban al conjunto del reino. Las características constructivas de los muros que se encontraron corresponden a un edificio singular de más de 1000 m2, cuyos cimientos fabricados con sillería y mampuestos trabados con argamasa de cal tenían 1,40 m. de anchura, y cuya composición planimétrica dejaba intuir una forma de cruz que no deja lugar a dudas de que se trata de una construcción muy destacada en la zona. En su entorno sólo encontramos pequeños cimientos que no sobrepasan los 60 cm. de anchura y cuyo contexto material corresponde a viviendas, calles y espacios de menor entidad, lo que despejaba la interpretación para identificar los restos encontrados con la famosa Basílica que se cita en las fuentes históricas, y que la sitúan en el suburbium toletanum

El otro gran edificio de época visigoda, la basílica de Santa Leocadia (el otro probable escenario de los famosos concilios) se ha situado junto a la ermita del Cristo de la Vega, también en la Vega Baja. En un área cercana a los muros que cierran el recinto de la ermita se localizaron en el transcurso de una excavaciones en los años 70 del siglo XX, grandes cimentaciones de sillería trabada con mortero de cal con unas dimensiones excepcionales que llevaron a su descubridor, Pedro de Palol, a interpretarlas como parte de un edificio áulico de posible origen romano, y cuya existencia fue aprovechada por el rey Sisebuto para levantar allí en el año 618 la basílica martirial de Santa Leocadia.

En cuanto al circo romano (1), sus ruinas son las más monumentales que se conservan de esa época en la ciudad. Construido en el siglo I, en él se celebraron principalmente carreras de cuadrigas (carros tirados por cuatro caballos) o bigas (tirados por dos caballos). Los restos visibles corresponden a los arcos que sustentaban el graderío, quedando un gran arco dentro de los terrenos pertenecientes a la Venta del Aire que podría corresponder a un acceso lateral al interior del circo. En el extremo suroeste se han documentado en una intervención reciente restos de las cárceres (habitáculos donde se situaban los carros al inicio de las carreras) y de una ampliación que se realizó del circo a finales de ese mismo siglo I o inicios del II. Casi todos los restos constructivos que se conservan es debido a que, en otros siglos posteriores se edificaron edificios religiosos, como el convento de San Bartolomé de Afuera (en el siglo XVI), la capilla de Montero (en el siglo XVI o XVII) o civiles como el Brasero de la Vega (en el siglo XVI), o se utilizó para otro tipo de finalidades como cantera, cementerio (son visibles las cubiertas de ladrillo abovedado de algunas tumbas medievales, pero también lo fue en época romana) o alfar.

Circo romano
Circo romano - Ayto. de Toledo

Ascendiendo por la Avenida de la Reconquista, hacia la Puerta de Bisagra comenzamos la subida hacia el casco histórico y antes de alcanzar la conocida como Puerta del Sol, ascendemos unas escaleras para entrar a la centro histórico de Toledo por la puerta islámica de Bab-al-mardum donde debió existir también una entrada en época romana, y junto a la cual encontramos los restos de una calzada (dentro del recinto de la Mezquita del Cristo de la Luz) y una cloaca (2) (extramuros, junto a la puerta) que discurre bajo el pavimento de la calzada. La superposición constructiva que se detecta en esta zona demuestra que a medida que se fueron acometiendo obras de nueva construcción o reaprovechamiento de edificios se fue perdiendo la referencia visual de lo anterior aunque se ha mantenido su funcionalidad en el entorno. Así, sabemos que esta entrada ha existido como calle desde época romana, a pesar de que en la actualidad nos encontremos con el hecho de que la construcción de la mezquita se asiente directamente sobre la calzada, y la calle actual discurre no sólo unos metros al margen sino también a una cota muy superior como consecuencia de los aportes constantes.

Torre de San Román
Torre de San Román - Ayto. de Toledo

Continuando por la calle Alfileritos hacia la plaza de San Vicente, siguiendo por la calle Esteban Illán y hasta la plaza de Padilla y el convento de San Clemente, girando por la calle San Román, llegamos a la plaza homónima donde queda la casa de Mesa con sus espléndidos salones mudéjares y el Museo de los Concilios y de la Cultura Visigoda dentro de la iglesia de San Román (3). Dentro de esta espectacular joya del mudéjar toledano encontramos expuestas numerosas piezas y objetos del mundo visigodo. La mayoría corresponden a elementos arquitectónicos de la Vega Baja de Toledo, junto a los ajuares de la necrópolis de la localidad de Carpio de Tajo y reproducciones de las coronas encontradas en Guarrazar a mediados del siglo XIX.

Finalizada la visita al museo e iglesia de San Román, descendemos por la calle San Román hasta la Plaza Juan de Mariana, a la izquierda la calle Alfonso X nos conducirá hasta la calle Nuncio Viejo donde encontramos hacia la derecha la Plaza de Amador de los Ríos, en cuyo callejón se encuentra con un conjunto de construcciones de época romana que han sobrevivido a las remociones de tierra para nuevos edificios, construcciones (aljibes) y reconstrucciones en época medieval y moderna. Situadas dentro del Centro de Gestión de Recursos Culturales del Consorcio de Toledo, se han conservado restos de unas termas (4) construida entre los siglos I y II, concretamente un conjunto de construcciones hidráulicas fabricadas con opus caementicium (parecido al hormigón actual) que consistían en canalizaciones para suministro de aguas a edificios públicos. En cuanto a los restos en sí, se encontraron dos salas que pertenecen a un mismo inmueble, y en las que hay que destacar la existencia en el subsuelo de una de ellas elementos constitutivos de una sala caliente (caldarium) dotada con hipocaustum. En relación con las termas están los canales soterrados localizados bajo el edificio de Hacienda en la calle Alfonso X El Sabio, y que consisten en pasillos abovedados construidos con opus caementicium y que han sido interpretados como canales de suministro de agua, aunque en realidad forman parte de un enorme complejo termal en el que la extensa red de galerías soterradas estarían destinadas a ser empleadas como zonas de tránsito ocultas bajo las salas de baño, que permitirían realizar labores de mantenimiento, limpieza, suministro de leña a las calderas, etc.

Termas Amador de los ríos
Termas Amador de los ríos - Ayto. de Toledo

Si atravesamos la plaza de Amador de los Ríos hacia la calle San Ginés y seguimos hasta encontrar el callejón de San Ginés, sin salida, y en la bifurcación con la calle de la Sal, nos podremos situar al final de la calle frente a una fachada en la que destacan numerosas piedras decoradas con relieves de época visigoda. Estamos frente a las Cuevas de Hércules (5).

Cuevas Hércules
Cuevas Hércules - Ayto. de Toledo

Aunque se las denomina cuevas, en realidad se trata de un enorme depósito estanco cuya construcción original data de época romana y se cimentó con grandes bloques de sillería y grandes arcos con dovelas también de granito, que permitirían acumular una cantidad considerable de agua que sirvieron como depósito para redistribución de aguas a la ciudad (en las paredes se han encontrado restos de revistimiento de opus signinum hidrófugo de excelente calidad). Algunas noticias hablan de la construcción sobre el depósito de aguas de un templo visigodo y al que debieron pertenecer muchos de los relieves vistos en la fachada. El edificio religioso de los visigodos fue aprovechado por los musulmanes para acomodar una pequeña mezquita de barrio de la que se han identificado algunos muros conservados a nivel de cimentación. Durante el periodo bajomedieval, el templo pasó a tener culto cristiano dedicado a San Ginés, hasta finalmente desaparecer absorbido por la construcción de viviendas particulares.

La fama de las Cuevas de Hércules procede de diversas leyendas que han surgido en torno a las “cavidades” del depósito romano. Una de las más conocidas es la que sitúa allí un espacio empleado por el propio Hércules para edificar un suntuoso palacio, y donde ocultó un maravilloso tesoro. Según cuenta la tradición, dio orden para que el lugar fuera guardado y custodiado por los dirigentes y reyes de la ciudad, alojando en él un cofre en el que se guardaba una profecía que presagiaba la llegada de conquistadores extranjeros a la ciudad. El rey visigodo Don Rodrigo, sugestionado por la posible existencia de tesoros tras la puerta cerrada de la cueva, entró en ella, encontró el cofre puesto allí por el propio Hércules y desenrolló una tela donde se podía ver un dibujo que representaba a los invasores, lo que desencadenó el comienzo de la profecía.

Fuera ya de las Cuevas de Hércules, bajando por la calle de la Granada y descendiendo por la calle Arco de Palacio llegamos al espacio abierto de la plaza del Ayuntamiento y nos sitúa frente a la Catedral. Estamos en el espacio del foro romano (6) de la ciudad. Al ocupar un lugar central dentro del casco urbano, y por encontrarse en este lugar edificada la Catedral, es probable que se trate de un espacio representativo donde se debió situar el centro neurálgico de Toletum. Arqueológicamente no se han encontrado evidencias directas de que estuviera situado aquí el foro, pero los indicios documentales e históricos así parecen sugerirlo. El único testimonio, aunque ya de época visigoda, lo encontramos en una pilastra con epigrafía latina, situada en el claustro de la Catedral, y en la que se puede leer un texto conmemorativo acerca de la consagración de una basílica a Santa María. Al tratarse de un edificio muy significativo para la monarquía visigoda es lógico interpretar que ese simbolismo debió ejercerse sobre alguna edificación existente o cercana como pudieran ser alguno de los templos del foro romano, ya de época tardorromana.

Rodeando la Catedral por el costado sur, avanzando por la calle Cardenal Cisneros encontramos algunas calles como la bajada del Pozo Amargo, el callejón de Don Pedro o la Bajada del Barco, todas ellas rectilíneas, perpendiculares y que conducen directamente a la Catedral, posiblemente debido a que mantienen el trazado heredado de época romana y que se han adaptado con el paso del tiempo en algunos tramos al urbanismo medieval.

Descendiendo por la bajada del Barco, encontramos en un edificio del siglo XVI el Colegio de Infantes (7) (actual sede del Museo de Tapices), cuya fachada es conocida por las cariátides que flanquean el acceso al interior del edificio. Durante los trabajos de rehabilitación del inmueble se localizaron los restos de una gran cisterna de época romana, similar a la que también se ha encontrado dentro del Convento de San Clemente, en cuya base aún mana el agua. El revestimiento interior de opus signinum se ha conservado en buenas condiciones y las paredes construidas con opus caementicium nos dan una buena prueba del aprovechamiento de los manantiales de agua en el cerro ya desde época romana.

Si volvemos a ascender por la calle Bajada del Barco, y cruzamos la Plaza Mayor hacia la calle Tornerías (o de las Pescaderías como se la conoce en Toledo) encontramos una antigua mezquita, bien conservada, que recibe el mismo nombre de la calle Tornerías (8). En la planta baja de este edificio, al que podemos acceder a través de la plaza del Solarejo (entre las calles del Comercio y de Tornerías), encontramos bóvedas y paredes de sillería de granito que se han interpretado como parte de un depósito de aguas de época romana, cuya construcción se asemeja a la que encontramos en las Cuevas de Hércules. A diferencia de éstas, en los bajos de la mezquita de Tornerías no se han hallado restos de revestimientos hidrófugos de opus signinum, así como tampoco opus caementicium en paredes laterales ni de contención. Se ha establecido una cronología romana por comparación en el tipo de fábricas de granito almohadillado y en las dovelas de los arcos de ambos depósitos.

Al final de la calle Tornerías, la calle del Solarejo nos lleva hasta la plaza de la Magdalena y en cuyo extremo opuesto se sitúa la calle del Lucio, que conecta con la Cuesta de Carlos V donde está el Alcázar (9) y el museo del Ejército. El lugar que ocupa el Alcázar pudo haber sido, en época romana, el emplazamiento del pretorio y puede que también de la prefectura de la ciudad. Pero ninguna de estas instituciones ha dejado resto material alguno, por lo que se trata de hipótesis basadas en la interpretación de datos históricos y menciones secundarias, y no de hechos constatados. En las excavaciones realizadas en la explanada norte del Alcázar, durante los trabajos de construcción del Museo del Ejército, se localizaron algunos restos excavados en la roca que fueron encuadrados en época romana: una cisterna de varios metros de profundidad que conservaba opus signinum recubriendo la cara interna excavada en la roca, y algunos silos de almacenaje rellenos con restos de escombro para su amortización. Aunque los restos romanos del Alcázar son poco significativos, la visita al museo y el edificio en sí ofrecen una visión del carácter estratégico y militar del lugar durante época medieval (islámica y cristiana) y todo el periodo de los siglos modernos y hasta el siglo XX.

Alcázar
Alcázar - Agustín Puig

Frente a la escalinata de entrada al Museo del Ejército, un callejón peatonal nos conduce hasta el Museo situado dentro del Hospital de Santa Cruz (10), a través de cuya bella fachada de estilo plateresco, labrada por Alonso de Covarrubias, accedemos a su interior. Dentro del museo encontramos expuestas algunas de las piezas más representativas del registro material de época romana que se han recuperado en Toledo y su provincia. Cabe destacar, entre todas ellas, los mosaicos de la villa romana de la Fábrica de Armas que demuestran la riqueza que se traslada al ámbito rural de la ciudad y el creciente protagonismo que adquieren entro los siglos II y IV este tipo de establecimientos, en detrimento de una ciudad cuyo urbanismo heterogéneo y algo más desordenado, va adquiriendo poco a poco un aspecto abigarrado y decadente que motiva la aparición de estas villas y complejos rurales, desplazando fuera de la ciudad la vida más lujosa de la sociedad romana.

Museo de Santa Cruz
Museo de Santa Cruz - J.R. Márquez

Por la calle Cervantes descendemos, en dirección al río Tajo, para encontrar los restos del acueducto romano (11). Los vestigios conservados de mayor entidad y visibles son los estribos y pilas que servían de apoyo de las arcadas (arcuationes) que sustentaban el acueducto por encima de las aguas del río Tajo. Estos restos pertenecen al tramo final del acueducto y existe una distancia considerable desde el punto donde captaban el agua. La distancia entre ambas orillas en el punto donde se encuentran los restos del canal documentado es muy grande y habría requerido de una estructura de monumentales dimensiones que no concuerdan con la capacidad de carga estructural que podrían soportar los estribos que se conservan junto al río. Por esta razón, la interpretación más aceptada es la de que existiera un sifón cuyo canal vertiera aguas a un tramo de cerrado, con tuberías de plomo envueltas en una carcasa de hormigón, que descendiera hacia el tramo horizontal del canal sobre un acueducto para, a continuación, volver a ascender por la ladera este de la ciudad, al pie del Alcázar, gracias al empuje de la propia fuerza del agua y según el principio de los vasos comunicantes. Debemos alejarnos, por tanto, de la imagen de un acueducto rectilíneo sobre arcos que atraviesan el valle del río, e imaginar una tubería que desciende por la ladera de la Academia de Infantería para cruzar el río a través de un puente y volver a ascender por la ladera al pie del Alcázar.

Junto al acueducto se sitúa el puente de Alcántara (12), lugar en el que supuestamente se encontraría uno de los principales accesos a la ciudad romana para tomar la subida por la calle Gerardo Lobo o bien por la cornisa para bordear el casco de la ciudad por el sureste. El punto estratégico de su ubicación pone en relación este paso con las calzadas que parte de Toletum en dirección a la Bética y Levante. Por tratarse de un paso estratégico del río respecto a la ciudad y las mencionadas calzadas, se ha ejercido sobre él un estricto control militar y ha sido objeto de destrucciones parciales y sus consiguientes reconstrucciones, lo que inevitablemente ha supuesto que la conservación de posibles restos romanos se haya visto muy comprometida. A simple vista podemos apreciar que la parte del tablero y la torre fortificada, así como algunos arcos laterales no corresponden a una tipología constructiva romana. Sin embargo, la forma de los arcos, las dovelas ligeramente almohadilladas, o algunos de los paramentos conservados en los estribos, así como parte de algunos de los tajamares sí se han interpretado como partes del puente romano original.

Puente Alcántara
Puente Alcántara - Ayto. de Toledo