Patrimonio I

A excepción de unos escasos restos en la zona de Mas Rimbau-Mas Mallol, consistentes en un silo del Neolítico Postcardial, hasta la actualidad no se han documentado evidencias prehistóricas en el núcleo urbano de Tarragona. Sin embargo, son abundantes los yacimientos prehistóricos, tanto en el término municipal como en los municipios colindantes que nos permiten trazar la evolución de la vida humana desde el Paleolítico. En este apartado haremos referencia a los enclaves más importantes y más próximos al núcleo de la ciudad.

Por su antigüedad  (800.000 años), y por los interesantes resultados que se obtienen de su excavación, hemos de destacar el yacimiento del Paleolítico Inferior del Barranc de la Boella (La Canonja). Su emplazamiento está estrechamente relacionado con el trazado del valle fluvial del río Francolí durante el Pleistoceno. La localización de restos de fauna e industria lítica nos indican que se trataría de una zona de despiece de animales y de consumo inmediato de la carne. Destaca la localización de defensas y molares de Mammuthus meridionalis.

Excavaciones paleontológicas en la Boella, La Canonja - MHT-Museu d'Història de Tarragona

La presencia del Homo Neanderthalensis está representada en el Camp de Tarragona por asentamientos al aire libre de corta o mediana duración, siempre cercanos a puntos con agua, muestran una mayor relación entre los humanos y su entorno y el claro control del fuego.

Destaca el yacimiento de la Bòblia Sugranyes (Reus) que se corresponde al modelo de campamento al aire libre. Allí se han localizado interesantes materiales líticos: rascadores utilizadas en el curtudo de piel para vestido, útiles e incluso la construcción de cabañas. También se recuperaron restos óseos de Elephas antiquus, cérvidos, osos y moluscos terrestres.     

Es en el Paleolítico Superior y, por tanto, ya con el homo sapiens, se observa ya una voluntad de aprovisionarse de materias prima para confección de utillaje de piedra. Se atestigua con las vías de comunicación y paso, y la consecución de alimento mediante la pesca y recolección en cursos de agua. De este período destaca la Cativera (El Catllar). Es un abrigo de reducidas dimensiones en el margen izquierdo del río Gayá. Se data entre 11.230 y 7.979 BP. De entre todo el material lítico destacan los raspadores, las láminas y las puntas de dorso. Junto a él, una importante cantidad de conchas marinas, muchas de ellas perforadas para utilizarlas como elementos ornamentales de collares, pulseras…

En el Epipaleolítico el tiempo es más templado. Por su parte, se mejoran las técnicas de pesca, caza y recolección. Ambas cosas provocan un amplio crecimiento de la población y una mejora de sus relaciones sociales, del pensamiento abstracto y simbólico y del control del territorio y de la obtención de recursos.

La mayoría de los yacimientos del Camp de Tarragona de este período son la continuación de anteriores como en el caso la Cativera. Destaca eñ del Campig Salou (Salou) que corresponde al tipo conchero, es decir una importante acumulación de conchas, huesos, espinas, etc. que marcan su consumo por parte de una comunidad humana.

Llegados a este punto hay que hacer mención especial a las pinturas rupestres documentadas en el municipio de Tarragona. Son las del Abric de l'Apotecari, en la colona de Sant Simplici cerca de la cantera romana del Médol. Forman parte del conjunto de Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la península ibérica por tanto desde 1998, incluidad en  la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Las figuras identificadas corresponden a representaciones de animales: dos ciervos y cuadrúpedos indeterminados, junto a otras que se interpretan como símbolos.

Ya en el Neolítico se observa claramente: el desarrollo de la agricultura y la ganadería; el uso de la cerámica y la piedra pulida; presencian de silos como sistema de almacenamiento de cereales; desarrollo de la vida en pequeños poblados localizados en elevaciones del terreno y cercanos tanto a cursos fluviales como a tierras fértiles; y la presencia de enterramientos en puntos muy concretos que vinculan los individuos con un territorio. De los yacimientos conocidos de este período, hay que destacar, el de la Olivao Mas Rimbau-Mas Mallol. Las excavaciones de una necrópolis tardorromana permitieron estudiar un silo que quedó en desuso en esta época.

En el Camp de Tarragona destacan los yacimientos de Mas dels Quarts (Perafort)  y  del Coll Blanc-Aeropuerto (Reus). Ambos son al aire libre, cuentan con estructuras circulares de uso doméstico y funerario.

El Mas dels Quarts se sitúa entre el Neolítico antiguo post-cardial y el Bronce Medio. Tiempo después se la añade una fase romana y tardoantigua, que es la llamada villa de Mas dels Quarts. El Coll Blanc - Aeroportse data entre el Neolítico antiguo post-cardial (Molinot) y el Bronce Inicial. También a su lado se estableció una villa en época romana, la de Els Antigons.

Los yacimientos que corresponden a la transición del Neolítico al Calcolítico, con la introducción de la metalurgia del cobre y luego el bronce, son escasos. Algunos se encuentran en cuevas, como la Cova Fonda de Salomó (Salomó), y cuevas sepulcrales e inhumaciones individuales en fosas como la del Cau d'en Serra (Picamoixons).

Yacimiento de la Era del Castell (El Catllar), fase de los siglos VIII-V aC - VERGÈS, J.M.; ZARAGOZA, J.: “Quan el Catllar no hi era.” FUENTES, M.: El castell, vila i terme del Catllar. Segles XII-XVIII. El Catllar, 1999, p. 23-50

Ya en la Primera Edad del Hierro hemos de destacar el yacimiento de la Era del Castell (El Catllar). Ya hemos comentado que tiene una primera fase del Bronce Final, con cabañas de madera con hogares centrales. La fase de la Edad del Hierro se caracteriza ya por la presencia de casas de piedra y una muralla con lo que puede ser una torre. Se localiza sobre una elevación en la ribera derecha del ríoGayá.

Se excavaron varias habitaciones o casas de planta rectangular, con muros de piedra y arcilla, pavimentos de tierra. Las casas se organizan en dos calles perpendiculares adaptadas al terreno, lo que facilita la evacuación de las aguas de lluvia. La excavación arqueológica ha permitido ver como las habitaciones tienen usos específicos como hábitat, cuando hay hogares o fuegos, o almacén cuando hay silos abiertos en el terreno. También es importante destacar que el poblado se fue modificando hasta la época Ibérico Antiguo.

En época ibérica el territorio del Camp de Tarragona formaría parte de la Cossetania. En cierta manera se trataría de un espacio ámplio organizado como un pequeño estado arcaico. En éste habría una serie de poblados o aldeas de diferentes dimensiones e importancia que estaban organizados jerárquicamente en función a su extensión, sistema defensivo y función. Tendríamos así ciudades o poleis principales, secundarias, ciudadelas, aldeas, núcleos poblacionales especializados y pequeños asentamientos dispersos destinados por ejemplo a la agricultura. En la Cossetania, el escalón superior lo ocupaba, como capital del territorio, el oppidum o polis de Tarakon, con una extensión de entre 8 y 9 Ha.

La evolución de Tárraco y después de Tarragona, y especialmente la presión constructiva de los siglos XIX y XX, ha afectado la vieja ciudad de Tárakon. Así no nos han llegado muchos restos de la ciudad ibérica. Pese a ello, las excavaciones arqueológicas nos muestran un panorama parecido a los otros asentamientos ibéricos de la zona: adaptación al terreno, protección con murallas, ordenación urbana con viales de acceso y calles a las que se abrían las viviendas compartiendo muros medianeros, generación de espacios comunes o plazas…

Restos de la polis ibérica de Tárakon (en negrita) localizados en las excavaciones de la calle Pere Martell-Eivissa, 1991 (ADSERIAS, M.; BURÉS, L.; MIRÓ, M. T.; RAMÓN, E.: "L’assentament pre-romà de Tarragona" - Revista d’Arqueologia de Ponent núm. 3, 1993, pàg. 177-226)

En el caso de Tárakon, los restos arqueológicos muestran de dos zonas urbanizadas con una cronología inicial segura del siglo V a.C. Una se situaría en torno a las calles Caputxins, Gasòmetre, Eivissa, Sevilla, Dr. Zamenhoff y Soler, y  la otra en las calles Pere Martell, Mallorca, Eivissa y Jaume I. Esta última estaría relacionada con actividades portuarias o marítimas.

Se han podido estudiar construcciones -casas- de planta rectangular, de unos 5m de lado, adosadas las unas con las otras. Los muros tendrían una base de piedra y arcilla, elevación mediante muros de tapial, pavimentos de tierra y hogares en el suelo. También se han estudiado algunos tramos de calle, que si bien se fechan en época romana, la irregularidad de su trazado lleva apensar que su origen sería ibérico.

El siglo IV a.C. fue el de máximo apogeo de Tárakon, que continuaría funcinando a lo largo del siglo III a.C. Tras la llegada de los romanos se observa como la ciudad ibérica se va transformando, adaptando e integrando en la trama urbana romana.