En el municipio

Segovia, como centro de referencia, ha ejercido su influencia en su entorno inmediato a lo largo de los diferentes periodos de la historia. Así lo atestiguan los cincuenta y ocho yacimientos arqueológicos catalogados en el término municipal que abarcan un amplio marco cronológico, desde el Paleolítico Medio hasta el siglo XX.

Los primeros pobladores de Segovia ocuparon muchos de covachos situados en los valles del Eresma y de Tejadilla. La presencia humana más antigua, atestiguada hasta la fecha, se corresponde con un grupo de neandertales cuya huella se conoce gracias a los restos de cultura material (industria lítica) y fauna hallada en el yacimiento del abrigo del Molino, en el valle del Eresma, a escasa distancia del recinto amurallado de la ciudad y que data del Paleolítico Medio (60.000 – 30.000 a.C.). El en valle de Tejadilla, en la cueva de la Zarzamora, se han identificado varias trazas de arte rupestre pertenecientes al Paleolítico Superior, que aún se encuentran en fase de estudio.

En el entorno de la ciudad también son numerosos los yacimientos calcolíticos y de la Edad del Bronce, con asentamientos como el de La Mesa  (Zamarramala), Tejadilla II (Perogordo) y Las Zumaqueras (La Lastrilla – Segovia). El mundo funerario campaniforme también está presente  en la cueva de La Tarascona (Segovia)  objeto de estudio a comienzos del siglo XX.

Andando en el tiempo, ya adentrados en el mundo antiguo, la ocupación romana de Segovia, trajo consigo la organización administrativa de su territorio y la explotación de los recursos existentes en el mismo según los parámetros marcados por el Imperio. Como toda ciudad, debía estar integrada dentro de la red viaria romana y tener un conjunto de  explotaciones agrícolas y ganaderas en su entorno destinadas al aprovechamiento de las materias primas.

Dentro del conjunto de calzadas que llegan a la ciudad, la vía más conocida es la reflejada en el Itinerario Antonino con el número XXIV y que comunicaba Emerita Augusta y Caesaraugusta. A Segovia llega por el norte, procedente de la antigua ciudad de Cauca y parte al sur en dirección a Miacum, en la Comunidad de Madrid al otro lado de la Sierra de Guadarrama la cual atraviesa a través del puerto de la Fuenfría. De la antigua calzada apenas se conservan restos de época romana al haber sido un camino muy frecuentado desde la antigüedad hasta el siglo XIX. Gracias a las labores de investigación y puesta en valor que se han llevado a cabo estos últimos años, actualmente se puede visitar su trazado desde las afueras de la ciudad (barrio de Nueva Segovia) hasta el puerto de la Fuenfría.

Además de esta calzada, es posible visitar otros trazados que se encuentran al oeste de la ciudad, en el valle de Tejadilla. La vía principal se corresponde con el conocido como Camino Hondo que parte desde la N-110 en las proximidades de la Residencia Asistida en dirección a las localidades de Perogordo y Madrona. Se trataría de la vía que comunicaría Segovia con otros puntos al oeste como Ávila. En su entorno, al norte y sur del mismo, en el margen derecho del valle, hay otras calzadas talladas en la roca, que bien pudieron ser los caminos vinculados a las canteras situadas en distintos puntos del valle.

De similares características son el Camino Tallado y la Calzada Tallada de Segovia, situados en el valle del Eresma. El primero estaría asociado con la salida de la ciudad en dirección norte y de él sólo se conoce el tramo que parte desde el molino de los Señores hasta Zamarramala. El segundo, también próximo al mencionado molino, se dirige al sur hacia el Camino Hondo, siendo una vía secundaria que uniría los dos valles, el del Eresma y el de Tejadilla.

Calzada tallada, en el valle de Tejadilla - Clara Martín

Son dos los puntos en los que se han encontrado restos materiales que indican la presencia de dos posibles mansio junto a la vía XXIV, uno al norte y otro al sur del núcleo urbano. El yacimiento de Los lavaderos, al noroeste de Segovia, está junto al puente homónimo en cuyas inmediaciones se han hallado restos de la antigua calzada. La Fuente del Quintanar, al sur, junto al polígono industrial de Hontoria, aporta materiales desde época altoimperial (s.I d.C.) hasta el bajo imperio (s. IV d.C.).  Ninguno de ellos ha sido objeto de estudios arqueológicos detallados, pero su ubicación, extensión y materiales arqueológicos indican su posible función como puntos de parada a la entrada de la ciudad. 

Las explotaciones agrícolas situadas en el medio rural también están presentes en el municipio. Entre todas ellas destacan el Camino de la Alamilla en Madrona, también ocupada en época visigoda, la Casa del Moro en Torredondo, del que quedan visibles algunas estructuras murarias y Colina, en Fuentemilanos, más alejada de la ciudad en el extremo sureste del municipio.

El Camino de la Alamilla ha sido el único yacimiento, de todos ellos, en el que se han realizado excavaciones arqueológicas a mediados del siglo XX. Estas se centraron en la necrópolis visigoda (s. VI-VII d.C.) situada junto a la villa romana que aportó importantes ajuares funerarios hoy custodiados en el Museo de Segovia. Este enclave, junto al asentamiento de La Peladera en Hontoria, son los dos únicos testimonios de este periodo presentes en el municipio.

Al igual que ocurre en el núcleo urbano, en el resto del municipio no se conocen vestigios del periodo comprendido entre los siglo VIII y XI. Es a partir de la repoblación cuando surgen varias de las localidades que aún hoy están presentes como Hontoria, Madrona, Torredondo, etc. así como otras de las que sólo se conservan restos de sus templos románicos: Ermita de San Miguel y La Magdalena (Fuentemilanos), Caserío Escobar (Madrona) y ermita de San Andrés (Revenga).

Otros caseríos proliferan durante la Edad Moderna asociados a la importante industria pañera y desaparecen en los inicios del periodo contemporáneo como consecuencia de la crisis del sector. Algunos de los ejemplos son la Casa del Vivero en Zamarramala, Los Paredones y La Rumbona en Madrona o El Campillo y Matamanzano en Fuentemilanos.

Por último, no se deben dejar de lado las huellas constructivas que dejó la Guerra Civil en el término municipal. Tras la batalla de La Granja, desarrollada entre el 30 de mayo y el 7 de junio de 1937, el frente nacional levantó varias líneas defensivas en el entorno de la sierra de Guadarrama con el objetivo de contener un nuevo ataque republicano. A la entrada de la ciudad, en la carretera CL-601, se conservan los restos de varias líneas de trinchera y dos búnker. Algo más compleja es la línea situada entre Hontoria y Madrona, en donde hoy todavía pueden verse varios bunker, nidos de ametralladora y trincheras fortificadas. Restos similares pueden encontrarse en las inmediaciones del pantano de Puente Alta en Revenga.