Patrimonio: desde el siglo XVII al siglo XX

Durante los siglos  XVI y XVII se magnifica la dualidad existente entre los arrabales y el interior del recinto amurallado. En la zona alta de la ciudad siguen floreciendo los palacios de las familias más pudientes (Palacios de Valdeláguila, de Marqués del Arco, de los Solier, de los Laguna o de los Maldonado entre otros) y varias comunidades religiosas eligen el interior del recinto amurallado para erigir sus conventos (San Agustín, Carmelitas Descalzas, Mínimos de la Victoria, Capuchinos). El Palacio Episcopal o la iglesia del Seminario también pertenecen este momento.

Así mismo, son varias las noticias que nos han llegado sobre los antiguos hospitales de la ciudad levantados en este periodo, tanto en el interior como en el exterior del recinto amurallado (hospital de Convalecientes, hospital de San Lázaro, hospital de Sancti Espíritu, hospital de la Misericordia o el hospital de Viejos).

Uno de los espacios urbanos más importantes es la Plaza Mayor, situada en la zona alta del recinto amurallado. Esta es objeto de diferentes reformas desde el siglo XVI. Una vez quedó arruinada la iglesia de San Miguel en 1532, se decide su derribo y la construcción de un nuevo templo con el mismo nombre en la entrada de la calle Infanta Isabel. De este modo se creaba un espacio abierto frente al edificio del concejo. Será en el siglo XVII cuando este sea sustituido por el actual Ayuntamiento. Ya en el siglo XIX e inicios del XX se configura la plaza tal y como la conocemos hoy en día con la construcción del Teatro Juan Bravo, la reforma urbanística que afectó a la calle Cronista Lecea y la colocación del quiosco de música. 

Vista aérea de la plaza Mayor - Aurelio Martín

A extramuros destaca la construcción del Santuario de Nuestra Señora de la Fuencisla, patrona de la ciudad, junto a la confluencia de los ríos Eresma y Clamores. A escasos metros de este lugar, se levantará el convento de Carmelitas Descalzos.

Sin duda, uno de los legados más importantes que ha llegado hasta nuestros días es el patrimonio industrial de la ciudad. Sirva como botón de muestra la ribera del río Eresma que, al pie mismo de la ciudad, alberga diferentes molinos y fábricas, algunos de la envergadura del Real Ingenio de la Moneda o el Molino de los Señores.

Vista general de las ruedas de madera que, gracias a la fuerza del agua, permitían el funcionamiento de la maquinaria de la Casa de la Moneda - Ayto. de Segovia

La primera casa de moneda que se conoce en Segovia es la desaparecida “Casa Vieja” promovida por el monarca Enrique IV en el interior del recinto amurallado, junto a la plaza del Avendaño, donde el sistema de acuñación empleado era la tradicional técnica del martillo.

Ante los avances que se estaban desarrollando en este campo en el interior de Europa, Felipe II encarga construir una nueva Real Casa de Moneda de Segovia en 1583 cuya técnica de acuñación sea a rodillo, permitiéndose la fabricación en serie de monedas a través de un sistema hidráulico cuya fuerza motora era el caudal del río Eresma.

Ambas fábricas de moneda conviven hasta 1681, momento en el que se acuña por última vez en la Casa Vieja.

El lugar elegido para la construcción de la nueva fábrica fue la alameda del Parral, en el lugar en el que existía ya un molino de trigo y papel propiedad del Alcalde de la Casa Vieja. Próximas al molino se encontraban las iglesias románicas de Santiago y San Gil, ambas derribadas en el siglo  XIX.

El arquitecto encargado de diseñar el edificio fue Juan de Herrera, asistido por técnicos austriacos conocedores de este tipo de edificios. En la fábrica debía realizarse todo el proceso, desde la llegada del metal en bruto hasta la acuñación final.

En 1583 se levantó la nave del Edificio de Máquinas en donde ocho ruedas hidráulicas movían la maquinaria de la herrería, y los ingenios de los laminadores y acuñadores, todo ello traído de Hall (Austria).

A lo largo del siglo XVI y durante el siglo XVII se fueron realizando ampliaciones y modificaciones del Edificio de Máquinas y se construyeron otros bloques como el Cuerpo de Guardia, el Ingenio Chico (para la acuñación de monedas de plata y oro), el sistema de canales, los patios o el Recocho.

Interior de la Sala de Máquinas de la Casa de la Moneda - Ayto. de Segovia

Sin duda, la principal reforma corrió a cargo de Sabatini, quien en 1770 reformó el Edificio de Máquinas para sustituir el sistema de acuñación a rodillo por el las prensas de volante que permitía más detalle en la decoración de las monedas y la inclusión de retratos.

Durante la primera mitad del siglo XIX se realizaron nuevas reformas, como la construcción de la nueva portada a cargo de Juan José Alzaga. También se incorpora maquinaria automática que posteriormente será trasladada a Madrid, ya que en 1868, el Gobierno de la República, cierra todas las cecas del país centralizando la emisión de la moneda en la capital. A partir de este momento, la Real Fábrica de Moneda pierde su uso original, convirtiéndose en fábrica de harinas hasta mediados del siglo XX, momento en el que cierra definitivamente.

Restos constructivos de uno de los molinos ubicados en el cauce del río Eresma - Ayto. de Segovia

En la conocida “Senda de los Molinos” encontramos una muestra importante del patrimonio industrial de la ciudad. Los elementos más destacados son la Cacera de Regantes, obra de Enrique IV; la fábrica de Loza, que originariamente fue un batán; la fábrica de harinas de Carretero, antiguo molino del Moral; el molino de la Hoya, del que sólo se conserva el azud; el molino de la Cabila o del Puente; la fábrica de harinas “La Perla”, antiguo molino de la presa; el molino del Portalejo, que actualmente es una vivienda particular; el molino de la Peña del Pico; el molino de la Aceña; la fábrica de borra, originariamente fábrica de papel y posteriormente de hielo y, por último, el molino de Los Señores, situado aguas abajo del puente de San Lázaro, bien de interés cultural, que desgraciadamente hoy se encuentra en estado de ruina.

De forma paralela y asociado también al patrimonio industrial, estaría la actividad pañera, una de las principales fuentes de ingresos de la ciudad  entre los siglos XV y XVIII. Hoy en día la recuperación de las fábricas, tenerías y batanes es tarea ardua, cuando no imposible, ya que la gran mayoría de estos lugares han dejado paso a nuevas construcciones durante los siglos XIX y XX. Uno de los edificios más importantes de esta industria, que sí ha se ha conservado, es la Casa del Sello de Paños en la Calle San Francisco, lugar en el que se certificaba la calidad de los mismos.

Una última pincelada del patrimonio monumental de Segovia, debe versar sobre las reformas urbanísticas y edificios singulares que se erigieron entre los siglos XIX y XX.

Puerta de San Martín antes de su derribo en 1883 - Ayto. de Segovia

Uno de los movimientos ilustrados que mayor daño provocó al patrimonio fue aquél que defendía los derribos de murallas y edificios históricos arruinados con el fin de crear espacios urbanos más abiertos y saludables. En el caso segoviano, será el arquitecto municipal Joaquín Odriozola (1844-1913), quien se encargue de capitanear este movimiento regularizando el trazado de varias calles del recinto amurallado. Se derribaron las puertas de la muralla de San Martín (1883) y San Juan (1887) y los postigos del Sol (1864) y de la Luna (1885), además de varios edificios como las iglesias de San Facundo (1884), San Román (1866) y San Pablo (1881). Uno de los ejemplos destacados de estas reformas fue el trazado del eje formado por las calles Cronista Lecea – Plaza de la Rubia – Calle Serafín – Plaza de San Facundo – Calle San Agustín, que facilitaba el acceso a los vehículos desde la cuesta de San Juan.

Estas reformas se vieron acompañadas por la construcción de nuevos edificios a la moda de las corrientes europeas, como los teatros Juan Bravo y Cervantes, el instituto Mariano Quintanilla, la estación de ferrocarril, la plaza de toros, la cárcel del Partido de Segovia o la sede del Banco de España.