Historia: desde el siglo II a.C. al siglo XVI

Segovia romana

La historia de las poblaciones que habitaban la actual Segovia a partir de mediados del siglo II a. C. viene marcado por las relaciones, unas veces amistosas y otras bélicas, que mantendrán con las legiones romanas. Desde inicios del siglo II a.C. la zona será objeto de periódicas luchas derivadas del constante clima de revuelta contra la presencia romana que los diferentes pueblos de la zona, en especial celtíberos y vacceos, protagonizaban.

Dentro de este proceso de paulatina conquista de la región segoviana, en que los generales romanos buscan el apoyo de unas comunidades contra otras, el papel desempeñado por Segovia desde fecha temprana pudo haber sido el servir como aliada de Roma. Por ejemplo, en el caso de la campaña de Lúculo en el valle del Duero, en el 151 a.C., las tropas consulares atraviesan el territorio de la ciudad Segovia hasta llegar a Cauca. El hecho de que no haya llegado hasta nosotros mención alguna sobre un enfrentamiento entre el ejército romano y los segovianos indica la existencia de un acuerdo previo posiblemente basado en el pago de tributos a la administración romana. Esta buena predisposición de las comunidades indígenas, junto a la buena posición geográfica y estratégica de cara al control de los pasos de la sierra, parece que le reportó importantes beneficios de cara a su desarrollo como entidad urbana dentro del mundo prerromano.

Las mismas fuentes escritas reflejan este proceso. Nos hablan de una conquista paulatina de diferentes enclaves de población como los pasos preliminares para la final pacificación y conquista de la región segoviana. En el caso de la ciudad de Segovia, las referencias que los autores clásicos hacen de la ciudad y su territorio son escasas. La primera noticia histórica sobre Segovia, aunque algo confusa, la encontramos en la guerra contra Viriato en el año 146 a. C. Frontino recoge un enfrentamiento y posterior entrega de rehenes por parte de los Segovienses.

Pero aunque existan acuerdos previos en estos primeros contactos con Roma, no será hasta la toma de Numancia durante las campañas de Emiliano Escipión en el 134 a.C., cuando se produzca una estabilización de la autoridad romana y el cese de la resistencia indígena, que seguirá gozando de cierta autonomía política.  Este proceso continuará durante el siglo I a.C. con ciertos altibajos. Las campañas militares del cónsul Tito Didio desarrolladas en el 98 a.C. en  la guerra con Sertorio, supuso el sometimiento de la comunidad arévaca. Aunque las fuentes no lo indican, hay que asumir que hacia el 93 a.C. habrían caído bajo dominio romano de forma definitiva todas las ciudades arévacas de Segovia y Duratón así como las vacceas de Coca y Cuéllar. Será a partir de este momento cuando se asuma por completo el sistema de administración romano, anulándose la autonomía política de la comunidad indígena.

La llegada romana no modificó sustancialmente el panorama económico y productivo del conjunto del territorio. Su base económica residía en la explotación agrícola y ganadera, la cual ya estaba perfectamente organizada y cierto desarrollo desde periodos anteriores a la llegada del imperio romano. La mejor muestra de este hecho es la existencia de una red viaria indígena primitiva sobre la que posiblemente se asentará la romana. Será a inicios del siglo I a.C. cuando las formas de producción y las relaciones de propiedad evolucionen hasta un sistema plenamente romano, ya que se implanta el sistema esclavista y la mayor parte de la propiedad pasa de ser pública a manos privadas. Esta evolución implica un enriquecimiento de las clases aristocráticas indígenas que a su vez se asientan en los núcleos urbanos desde los que se controla el territorio.

Moneda acuñada en Segovia a finales del siglo I a.C. - José Manuel Cófreces, Museo de Segovia

La paulatina prosperidad de la ciudad romana de Segovia en este periodo tiene como principal muestra la acuñación de moneda en dos momentos a finales del siglo I a.C. Dichas monedas, de las que se conservan tres ejemplares, son el documento más antiguo en el que aparece el nombre de la ciudad tal y como hoy lo conocemos. Es la única ciudad de Hispania que no ha modificado su nombre en dos mil años. Estas acuñaciones son esporádicas y posiblemente están destinadas a solventar una falta de moneda en el territorio. 

Fragmento de placa de bronce con inscripción honorifica de un flamen de Tiberio 14-37 d.C. - José Manuel Cófreces, Museo de Segovia

Desde el s. I d.C., con el gobierno de los Julio Claudios (14-68 d.C.) y Flavios (69-96 d.C.), y a lo largo del s. II d.C., durante el gobierno de los Antoninos (96-193 d.C.), en el marco de desarrollo del municipium de derecho latino, el progreso socioeconómico de la ciudad tiene su proyección en el registro arqueológico, cuyo conocimiento está, no obstante, fuertemente mediatizado por la superposición de la actual ciudad monumental, que limita las posibilidades tanto de investigación, como de habilitación de espacios arqueológicos visitables. Los hallazgos nos hablan de una urbe con edificios públicos y privados destinados a solventar las necesidades de una población con gustos similares a los del resto del Imperio.

El esquema general de organización de la ciudad nos es desconocido, en tanto que no se han documentado claros ejes viarios que muestren la ordenación urbana. Dada la evolución histórica de la ciudad y su compleja orografía, hemos de pensar que el crecimiento inicial de la urbe romana se apoyó en algunos ejes viarios ya existentes, pertenecientes al oppidum prerromano. Esto unido a la topografía irregular del cerro, limitaría la posibilidad de crear espacios de nueva ordenación ortogonal. Aun así, en las zonas centrales de la meseta, no se descarta una planificación urbana más ordenada y regular.

A mediados del siglo III d.C. la crisis institucional y política se deja sentir en Hispania, implicando de forma directa a los sistemas económicos basados en el esclavismo. Como consecuencia de ello las relaciones sociales varían y las formas de vida cambian produciéndose una crisis en el modelo de vida urbano. Las ciudades verán que su población poco a poco se va reduciendo y dispersándose hacia zonas rurales comenzando así el periodo de esplendor de las villas agrícolas. La principal consecuencia de este proceso es el decaimiento de la política urbanística municipal, los fondos ya no son cuantiosos y las necesidades se van reduciendo con el descenso de la población. En este momento ciudades como Segovia se verán bastante influidas por la crisis ya que la mano de obra que explotaba los recursos rurales de forma gratuita (esclavos) se reducirá, dicha escasez obligará a rebajar alquileres o a aumentar salarios, alzándose los precios y el gasto de las ciudades. Segovia no se despoblará completamente  pero urbanísticamente es presumible que no se realizasen grandes proyectos, simplemente se limitarían a reformas y mejoras puntuales. Esta situación proseguirá durante el siglo IV y V agravándose progresivamente hasta la llegada del reino visigodo, momento en el que la ciudad seguirá siendo centro de asentamiento.

De la importancia que la ciudad de Segovia en época visigoda pudo haber desempeñado hasta la llegada musulmana, da fe que la capital de la provincia disponía de obispo propio desde antes del Concilio III de Toledo (589). Esta es la única referencia escrita que se tiene de la ciudad en este periodo.

Segovia medieval.

Tras la relativa paz y estabilidad que la época visigoda significó para la región de la Meseta, en el 711 la invasión musulmana provocará el colapso del reino visigodo de inmediato. A partir de ese momento Segovia se vio incluida en la llamada “Extremadura castellana”, territorio comprendido entre el alto y medio Duero y el Sistema Central. Esta área se acabó por convertir en una tierra de frontera sometida tanto a ataques musulmanes desde el sur como a cristianos  desde el norte. Tanto la parquedad de las informaciones escritas a la hora de hacer alguna referencia a Segovia, como la poca entidad de los restos arqueológicos, tanto musulmanes como cristianos, datables entre los siglos VIII y XI, inducen a pensar que la ciudad de Segovia vio reducida su población.

Tras los avances y retrocesos que los reinos cristianos y musulmanes experimentaron en estas tierras, llegamos al último cuarto del siglo XI, momento en el que, bajo el reinado del rey Alfonso VI, el territorio segoviano queda integrado de forma definitiva dentro del dominio cristiano. Con la conquista de Toledo en el 1085, Alfonso VI mandó “reparar” y poblar los lugares que se encontraban destruidos o desamparados al sur del Duero. El Conde Raimundo de Borgoña fue el encargado de la repoblación de Segovia en el año 1088.

Muralla, arco de San Cebrián - Ayto. de Segovia

El proceso repoblador fomentado por el monarca era una verdadera colonización planificada. En ese contexto Segovia fue concebida como polo para el desarrollo urbano y centro de colonización del territorio circundante. Fue dotado de un amplio Alfoz, cuyas aldeas quedaban bajo la jurisdicción y protección de la nueva ciudad, que se encargaba así de la restauración y el fomento demográfico del territorio. Ante el inicial déficit de efectivos demográficos la repoblación precisó del aporte de grupos de población del norte de la peninsular. Así mismo, en este contexto plenomedieval, y hasta los inicios de la Edad Moderna (s. XV), la convivencia entre las tres diferentes culturas: cristiana, mora y judía, es pacífica.

Los testimonios escritos relativos a Segovia siguen dibujándola en el siglo XII como un conjunto de aldeas cercanas entre sí que rodeaban al futuro núcleo de la peña, más que una verdadera localidad de carácter urbano, tal y como lo indica el geógrafo árabe Abu-Abd-Allah Muhamad Al Idris hacia el año 1150.  Será durante los siglos XII y XIII cuando Segovia protagonice un destacado desarrollo urbano, posiblemente uno de los más importantes de la ciudad, con la construcción edificios tales como la antigua catedral, las murallas, el barrio de las canonjías o las numerosas iglesias románicas que se levantaron también a extramuros, todo ello gracias a los beneficios económicos obtenidos con la guerra de conquista y a la explotación agrícola y ganadera de su territorio con la Mesta.

Iglesia de San Millán - Ayto. de Segovia

El siglo XIV se caracterizó por una recesión demográfica consecuencia de varios factores: malas cosechas, enfermedades, etc. No será hasta el siglo XV cuando veamos el encumbramiento de la nobleza y el desarrollo de la actividad fabril.

Segovia en la Edad Moderna.

En un largo proceso que no finalizará hasta bien avanzado el siglo XV, el reino de Castilla se debate en constantes luchas dinásticas dentro de las cuales el apoyo de las diferentes facciones nobiliarias se torna crucial en la mayor parte de los casos. Esta situación tiene como consecuencia que los diferentes monarcas tengan que agradecer el apoyo con contraprestaciones y concesión de privilegios y la aristocratización del gobierno municipal.

Dentro de toda la vorágine de luchas intestinas que los territorios de la corona castellana sufrieron durante los siglos XIV-XV, la subida al puesto regio de la casa de Trastámara favorecerá en de forma importante a Segovia. Nos referimos a Juan II (1405-1454) y, en especial, a Enrique IV (1425-1474), que potenciaran la ciudad tanto desde el punto de vista cultural como económico al ser la principal sede de la corona.

Alcázar y Catedral - Ayto. de Segovia

Sin duda será el reinado de los Reyes Católicos (1474-1504) el que suponga un punto de inflexión en la historia de la ciudad. Durante los siglos XV y XVI, la industria textil segoviana se benefició de la expansión económica general que experimentaron los territorios de la Corona de Castilla, convirtiéndose en uno de los principales centros manufactureros de Europa.

Los Reyes Católicos afirmaron indudablemente su poder y la autoridad del Estado en todos los terrenos. Sin embargo, no pudieron hacer frente a pervivencia de ciertos defectos en el sistema: una nobleza no resignada a su aislamiento político; antagonismos en el seno de la burguesía entre exportadores e industriales; las ciudades no contaban como en siglo anteriores con una administración municipal representativa; las Cortes, sin contenido representativo, estaban reducidas a un papel meramente figurativo, y, por, último, los campesinos formaban una amplia masa de población fuertemente presionada. Tal caldo de cultivo generó un periodo de inquietud y conflictos desde la muerte de Reina Isabel hasta el 1520 con la guerra de las Comunidades.

Este movimiento comunero fue un fenómeno de origen urbano que movilizó a una masa mejor o peor organizada contra el poder real imperante, en este caso encarnado por el rey Carlos I (1500-1558). La ciudad de Segovia fue una de las ciudades que lideraron esta revolución personificada en el hidalgo Juan Bravo (1483-1521).

Plaza de Medina del Campo en donde se encuentra la estatua conmemorativa al comunero Juan Bravo - Ayto. de Segovia

El siglo XVI, con el reinado de Felipe II (1527-1598) la prosperidad de Segovia continuó en ascenso paralelamente al crecimiento económico general del país. La importancia económica de la urbe segoviana atraería en el siglo XVI a efectivos demográficos procedentes de las localidades rurales de la provincia.