Geografía

Segovia está ubicada en el piedemonte de la Sierra de Guadarrama, en su vertiente septentrional, lugar donde predominan las suaves laderas surcadas por diferentes cauces que nacen en lo alto de la montaña. Estos condicionantes geográficos han dado lugar a un entorno de valioso interés desde el punto de vista geomorfológico y geológico.

Por un lado, la riqueza geológica de Segovia reside en la variedad de rocas existentes, nos encontramos con más de media docena de clases diferentes, y, por el otro, en los diferentes procesos que han afectado a estas estructuras tectónicas. Es la configuración del relieve y su impronta en el paisaje uno de sus mayores valores y un condicionante fundamental en los procesos históricos acontecidos en la ciudad.  

La ciudad de Segovia, concretamente su recinto amurallado, se encuentra enclavada en un cerro a modo de mesa, con orientación este-oeste, fruto de la excavación de los valles por parte del río Eresma y de su afluente el Clamores. Ambos cauces, que discurren al norte y sur de la ciudad, confluyen en el extremo occidental de la misma, justo bajo la peña en la que se ubica hoy el Alcázar. Esta erosión ha dado lugar a pronunciadas laderas y cortados que han sido parte fundamental en la defensa de la ciudad en los diferentes periodos de la historia. Es en el punto sobre la confluencia de los dos ríos donde se encuentran los mayores desniveles, por lo que es la zona en donde se han documentado los niveles de ocupación más antiguos de la ciudad (castro de la primera Edad del Hierro).

Vista general de Segovia - Clara Martín

Los condicionantes geográficos también han marcado el acceso al agua en la parte alta de la ciudad. Si bien se encuentra en un interfluvio, el desnivel existente hace muy difícil el suministro permanente. Las aguas subterráneas se encuentran a un nivel freático muy bajo dada la naturaleza kárstica de la peña, lo que impedía efectuar pozos para el abastecimiento. Por estos motivos estas deficiencias se contrarrestaron en época romana con la construcción del Acueducto, que partiendo desde la Sierra y tomando el agua del arroyo de la Acebeda, desviaba el agua hasta la ciudad con un canal cercano a los 14 Km. Será este cauce artificial la principal fuente de agua de la ciudad, hecho que ha permitido su conservación hasta nuestros días.

La importancia de los recursos naturales ha quedado plasmada en los arrabales (San Marcos, San Lorenzo, San Millán, El Salvador o Santa Eulalia) pequeños núcleos que surgieron en la Edad Media fuera del recinto amurallado, próximos a los cauces del Eresma y Clamores, con una base económica fundamentalmente agraria.

El arrabal de San Marcos en la ribera del río Eresma - Clara Martín