Patrimonio VII: el Camino de Santiago

La peregrinación es un camino ritual emprendido de forma individual o colectiva que tiene como fin la purificación, la perfección o la salvación. Para que exista peregrinación tienen que existir tres elementos imprescindibles: un lugar santo, un recorrido y objetos sagrados. La forma que adquiere el lugar santo puede ser diversa (un árbol, una montaña, una fuente, una ciudad, un templo). Con respecto al recorrido, si bien pueden existir tantos caminos como rutas se puedan trazar entre un origen y un destino, la tradición suele ir marcando una serie de rutas a través de la apropiación del entorno instalando hitos relacionados con el camino, hospitales, ermitas-refugio, albergues, fuentes, etc., en suma todo aquello que dé sentido y facilite el viaje de iniciación del peregrino a una nueva vida.

Por lo que se refiere al Camino de Santiago a día de hoy se reconocen como principales rutas marcadas por la tradición las siguientes: el Camino Francés, los Caminos del Norte (Camino del Norte y Camino de Fonsagrada), el Camino Inglés, el Camino Portugués, la Vía de la Plata, el Camino de Fisterra-Muxía y la Ruta del Mar de Arousa y río Ulla.

Caminos de Santiago en Galicia - Turgalicia 2005

El más importante de todos ellos ha sido y es, sin duda, el Camino Francés, por cuanto ha canalizado desde época altomedieval el mayor tráfico de peregrinos procedentes de Europa. No obstante, las rutas que utilizaban las gentes que accedían a Galicia por mar (de las que el Camino Inglés es, sin duda, la más popular) o desde el sur de la península (como la Vía de la Plata y el Camino Portugués) están también documentadas desde momentos tempranos de la Edad Media.

La rápida aceptación de la ruta jacobea como lugar de peregrinación de la cristiandad hay que ponerla en relación con el fuerte apoyo institucional de la monarquía astur leonesa a la revelatio desde el mismo momento en que se produce. El descubrimiento de los restos del apóstol en la diócesis de Iria, única del reino astur que no fue conquistada por el Islam, fortalecía a esa iglesia apostólica hispana recién instaurada. La monarquía vio este descubrimiento como una gran oportunidad de promocionar su iglesia y afianzar así la cristiandad frente al avance del Islam. De esta manera acomete no sólo la construcción de las primeras basílicas dedicadas a Santiago en el entorno del sepulcro, sino también la promoción de la ruta de peregrinación, primero asociada al llamado camino primitivo (por Oviedo) y luego al Camino Francés.

Para facilitar el viaje del peregrino antaño, como ahora, se elaboraban guías en las que se precisaban los puntos más importantes de la ruta, donde el peregrino tenía a su disposición servicios fundamentales como albergues, hospitales, fuentes y lugares santos en los que realizar una serie de ritos purificadores que culminarían con el de la llegada.

La primera guía conocida sobre el Camino de Santiago está contenida en el Códice Calixtino. Este viejo manuscrito del siglo XII, tristemente famoso no tanto por su valor histórico (como así debería ser) como por haber protagonizado en los últimos años un episodio más propio de una escena de vaudeville, es el primer ejemplar del Liber Sancti Iacobi, una gran compilación anónima que reúne en cinco libros numerosos textos relativos al culto del apóstol. El libro V del códice contiene la llamada Guía del Peregrino, atribuida al monje benedictino Aymeric Picaud, que vivió en la región del Poitou en el siglo XII. La guía contiene valiosa información para que el peregrino pueda abordar su viaje iniciático con éxito. El texto se centra especialmente en el trazado del Camino Francés, ruta plenamente consolidada a finales del siglo XI, e incluye una completa descriptiva de la ciudad de Santiago.

El trazado de las rutas jacobeas respetó, en líneas generales, el de los caminos preexistentes en época altomedieval, romana e incluso prerromana. Es éste un aspecto que se visualiza claramente al analizar la disposición de las principales rutas a Santiago en el tramo urbano (véase figura 64). Hemos visto como esa misma red viaria es la que justifica y determina no sólo el emplazamiento de los principales núcleos de población previos al descubrimiento de los restos del apóstol, sino también el trazado de las principales calles de la ciudad medieval.

Evolución de la red viaria en Compostela - Ayto. de Santiago de Compostela

Es ciertamente complicado reconstruir el aspecto y configuración que los caminos y su entorno tenían en época medieval, debido a la desfiguración provocada por las sucesivas modernizaciones de la red viaria. Hay que pensar que las principales rutas medievales a Compostela respetaron el trazado de las vías anteriores de comunicación, que se localizaban en las zonas de tránsito natural por excelencia. Ese emplazamiento privilegiado determinó que durante la época moderna, cuando se procede a una renovación sustancial de la red viaria, lo que se plantea no es un cambio de trazado, sino acondicionar las principales vías existentes a las nuevas necesidades de transporte. Incluso puede decirse que hasta la introducción de maquinaria pesada (que permite trazar vías por sectores complicados a nivel constructivo), es decir hasta bien avanzado el siglo XX, las antiguas vías han seguido siendo utilizadas, por lo que difícilmente se puede acceder a la experiencia de la peregrinación como un ciudadano de la edad media.

A continuación se intentará recuperar la visión del peregrino medieval en Santiago a través de la presentación de varios elementos relacionados con el Camino que han sido objeto de intervenciones arqueológicas.

La calzada de Sar (S. IX-XVIII)

La calzada de Sar coincide con el último tramo del camino de peregrinación conocido con el nombre de Ruta de la Plata, vía natural de comunicación entre el sur y el noroeste de la península. La denominación de “calzada” se utilizaba antaño para referirse a caminos empedrados ubicados generalmente en zona urbana y que eran empedrados para mayor comodidad de los usuarios. El apelativo de “de la Plata” alude a los dineros (la “plata” procedente de América) de los obispados andaluces y extremeños que circulaban por ella con destino a la sede compostelana. Es también conocida como camino de Ourense o como Camino Real de Castilla.

La ruta está bien documentada desde el siglo X a través de un documento del año 914 referente a la delimitación del coto del monasterio de Montesacro. Sin embargo, diversos investigadores, como el medievalista López Alsina, sostienen que la vía existiría anteriormente por cuanto la red altomedieval de caminos a Santiago se construyó sobre la preexistente de época romana y prerromana. La calzada de Sar es, por tanto, un buen ejemplo de cómo una antigua vía natural de tránsito se reconvierte en calzada medieval, camino real en época moderna y calle integrada en el tejido de la ciudad en época actual, historia que se repite en todos los principales caminos de acceso a Santiago.

La importancia de la calzada de Sar residía, más que en el tráfico de gentes que soportaba, en el tipo de mercancías que por ella circulaban, concretamente dos que eran claves para la ciudad: el vino y el pescado. Las relaciones vinícolas de Santiago con el sector del Ribeiro están documentadas desde 1188, cuando el rey Alfonso IX concedió una exención de peajes a todos los vinos que desde Ourense venían a Santiago. Asimismo la documentación histórica recoge, desde época medieval, la dedicación del entorno de la calzada a la producción agrícola, no hay que olvidar que estamos en el fértil valle del Sar, cuyos márgenes han estado orientados tradicionalmente al abastecimiento de la ciudad compostelana.

La calzada de Sar durante la intervención arqueológica - Pérez Mato 2005
La calzada de Sar durante la intervención arqueológica - Pérez Mato 2005

El tramo de calzada que se ha conservado con su pavimentación pétrea tiene una longitud de 417 m y un ancho variable de entre 5,76 y 6,94 m, aunque se puede establecer un ancho medio de calzada de 6 - 6,50 m. El pavimento presenta una espina central resuelta a base de combinar la colocación de piedras de manera horizontal y vertical y, esporádicamente, introduciendo dos horizontales y una vertical. Para la construcción de la superficie de rodadura se utilizó argamasa térrea muy compactada a la que se hincaban piedras de diverso tamaño de manera que se obtenía una mayor sujeción del aparejo al terreno. Este sistema constructivo, que se conoce con el nombre de chapacuña, fue introducido por operarios portugueses en Galicia a partir de los siglos XVII y XVIII, y es común encontrar soluciones similares en otras vías de acceso tradicionales a la ciudad de Santiago.

El examen de la documentación histórica, así como el análisis de la toponimia local, han permitido precisar que los materiales empleados para la construcción de la calzada fueron extraídos del área inmediata, concretamente de las cercanas canteras de Santa Mariña, en la actual rúa Canteiras de Sar (que recibe de ahí su denominación).

Tanto las características constructivas, las dimensiones de la calzada como la documentación histórica confirman que el tramo empedrado de la calzada de Sar data del siglo XVIII.

Puede decirse que entre la época romana y el siglo XVIII apenas hubo transformaciones importantes en la red viaria del territorio gallego. La red caminera medieval siguió en gran medida la red general de vías construidas en época romana, cuya finalidad generalista perseguía comunicar las capitales de los conventos jurídicos con la capital del Imperio, para facilitar así el tránsito de mercancías y personas. En la época medieval el mantenimiento de los caminos recaerá esencialmente en concejos y señores locales, por lo que cae en desuso ese interés general previo por mantener el buen estado de las vías. Habrá que esperar al siglo XVIII para encontrar de nuevo una voluntad generalista en el diseño y construcción de la red viaria, en el que la recaudación fiscal fue uno de sus principales alicientes.

La política viaria dieciochesca impulsada, entre otros, por el marqués de la Ensenada y, sobre todo, por el rey Carlos III, supuso para Galicia tanto el mantenimiento de algunas vías medievales de importancia (el caso más claro es el Camino Francés), y como el establecimiento de los llamados caminos reales. Eran así llamados los caminos que unían las principales ciudades de la provincia con Madrid. De ellos, tres pasaban por Santiago: Santiago-Coruña, Santiago-Ourense y Santiago-Tuy. La calzada de Sar forma parte del trazado de ese camino real Santiago Ourense que luego continuaba a Castilla.

Los caminos reales supusieron una auténtica revolución para el tráfico de mercancías. Al ser más anchos y estar mejor acondicionados facilitaron el paso de carruajes. Con anterioridad los caminos eran frecuentados, en especial, por personas o animales que eran los que soportaban el tráfico de mercancías. Para su construcción se imponían una serie de arbitrios o impuestos, y cuando eran requeridos peones era obligatorio acudir salvo multa o castigo.

La calzada de Sar es producto de ese afán caminero dieciochesco. En el Archivo Histórico Universitario se conserva abundante y valiosa documentación desde mediados del siglo XVIII que evidencia la importancia del camino y el interés por mantenerlo en buen estado para facilitar el tránsito de las tropas y del mucho comercio que se mantenía en especial con los vinos del Ulla y el Ribeiro. Entre la documentación destaca un expediente del año 1759 que alberga un informe redactado por el conocido arquitecto Lucas Ferro Caaveiro con base en una inspección realizada en ese mismo año a la calzada. La tarea de inspeccionar éste y otros caminos de los alrededores de Santiago le fue encomendada a la ciudad por el gobernador y Capitán General de Galicia en ese año de 1759 y la orden fue repetida en 1771.

Gracias al informe de Caaveiro se ha obtenido valiosa información sobre el trazado y características de la vía que permiten afirmar que la calzada intervenida en 2005 conservaba las características constructivas que Caaveiro consignó. La restauración abordada en ese año continuó con esa labor respetuosa con la estructura y tipología tradicionales de la calzada.

La ermita y el lazareto de San Lázaro (S. XII-XIX)

La hospitalidad hasta la Edad Moderna fue patrimonio casi exclusivo de los monjes, de ahí que la mayor parte de las dependencias hospitalarias coincidan con los establecimientos monásticos. Con independencia de quien desempeñase tal función, el emplazamiento de este tipo de instituciones se localizaba en las afueras de la ciudad, es decir, fuera de las murallas, en las proximidades de los caminos y principales puertas de entrada a la ciudad. En el caso de Santiago la posición extramuros de hospitales y monasterios se justifica tanto para facilitar el aislamiento de la ciudad en caso de brotes epidémicos como por la inexistencia de espacio dentro del recinto amurallado.

Existieron en Compostela diversos hospitales. La gran afluencia de peregrinos desde época temprana obligó a disponer de infraestructuras que, además de cubrir la demanda de la población santiaguesa, respondiesen a las necesidades de esa población itinerante que tantas penurias atravesaba para llegar a su destino. Sin duda, el Gran Hospital (actual hostal de los Reyes Católicos), emplazado dentro del recinto murado, fue el más importante.

Fuera del recinto amurallado existieron otros tantos hospitales. De entre ellos el que alcanzó mayor popularidad durante época moderna fue el hospital de San Roque, emplazado junto a la puerta del mismo nombre. Sin embargo es obligado mencionar otros cuyo origen es anterior. Tal es el caso del de San Lorenzo, sito en las inmediaciones del camino a Fisterra, el de Santa Marta, situado en las inmediaciones del camino que canalizaba la entrada de mercancías y peregrinos que venían del sur, y el que aquí vamos a tratar: el de San Lázaro.

El lazareto u hospital de San Lázaro es de origen medieval. Su fundación se remonta al año 1149, si bien el solar que ocupaban capilla y hospital en la edad media ya era utilizado de manera espontánea con anterioridad por leprosos que se refugiaban allí en cabañas construidas por ellos mismos. De esta manera el hospital nace con la vocación de alojar y cuidar a leprosos varones.

Las instalaciones se ubicaban en las inmediaciones del Camino Francés (actual calle de San Lázaro). El conjunto hospitalario contaba con una capilla, un edificio destinado a hospital y un área cementerial cuyo funcionamiento se extendió desde época románica hasta 1886, momento en el que se construye un nuevo hospital dependiente de la Diputación Provincial en el palacete del solar contiguo. La capilla, aunque sufrió remodelaciones importantes, continuó siendo utilizada hasta que en el año 1925 fue demolida debido a su estado ruinoso. En su lugar se levantó la actual iglesia de San Lázaro, situada al otro lado del Camino Francés.

La ubicación del antiguo lazareto era conocida a través de la cartografía histórica, pero se desconocía de qué manera el urbanismo posterior podría haber afectado a las estructuras medievales. Por eso, cuando en el año 2002 se procede al diseño y construcción de un nuevo edificio administrativo para la Xunta de Galicia en este sector de San Lázaro, se aborda una actuación arqueológica con el objeto de determinar de qué manera la construcción del nuevo edificio podría afectar a los restos de la antigua capilla y lazareto de San Lázaro. Resultado de esa intervención fue la excavación en área del sector en una superficie de 1.400 m2.

Vista de las estructuras relacionadas con la iglesia de San Lázaro - Bonilla y César 2002
Detalle del sector de la cabecera de la iglesia de San Lázaro - Bonilla y César 2002

Las excavaciones exhumaron parte de la planta de la primitiva capilla románica, su cabecera y el primer tramo de la nave. Para la construcción de su cimentación se aprovechó la existencia de una prominencia en el sustrato. La planta del edificio era rectangular y existía, en origen, una diferencia de tamaño en anchura entre la cabecera y la nave, diferencia que desapareció cuando a principios de la época moderna se aborda una profunda remodelación del templo que incluyó, además del refuerzo de la cabecera mediante por cuatro contrafuertes, la adición de una estancia en el lado norte para dotar al edificio de sacristía. Esta remodelación debió de afectar a las estructuras arquitectónicas que existieron asociadas a esa primera fase en la vida del edificio, tal y como sugiere el registro de algunas cimentaciones en el entorno inmediato a la sacristía.

El levantamiento del enlosado anexo al muro de cierre de la cabecera facilitó la exhumación de los restos de una necrópolis (al este de la iglesia), formada por diversas tumbas de fosas excavadas en el sustrato. Estos enterramientos estarían asociados a la fase más primitiva de la historia del edificio.

Vista de los enterramientos localizados a los pies de la cabecera de la iglesia - Bonilla y César 2002
Detalle de estanque - Bonilla y César 2002

Se excavaron, asimismo, los restos de un edificio de planta cuadrangular existente en el entorno de la capilla en época moderna. Estos restos de cimentaciones aparecían cortados e invadidas por un estanque y un complejo sistema de canaletas para traída y evacuación de aguas que estarían relacionados con las obras destinadas a mantener el complejo hospitalario levantado en el siglo XIX.

Finalmente hay que destacar un último aspecto de interés que es el registro de una zanja o foso de unos 3 m de ancho que delimitaba capilla y entorno que tenía un trazado SW-NE. La localización de unas roderas en su parte más honda sugieren que se tratase de la caja de un antiguo camino que fue utilizado hasta el siglo XIX, momento en que el camino fue inutilizado para albergar las estructuras del nuevo hospital. A ambos lados de dicha zanja se registró la existencia de diversos enterramientos, en su mayor parte en un precario estado de conservación.

Vinculados a este foso se registraron dos pozos de piedra colmatados por tierras que contenían abundante material de época medieval. Entre los restos localizados destaca el registro de dos jarras trilobuladas casi completas. Su tipología es característica del occidente medieval, ya que aparece de forma generalizada en el noroeste de la península entre los siglos XI-XIII. Una de ellas contaba con una perforación junto al asa en la parte posterior del cuello que podría sugerir su uso como tope para regular medidas de líquidos.

Foso documentado de la excavación - Bonilla y César 2002
Detalle de jarra trilobulada recuperada en la excavación - Bonilla y César 2002

El yacimiento se localiza en los sótanos del edificio central de la Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestructuras de la Xunta de Galicia, en la calle San Lázaro, por lo que si se quiere visitar hay que hacerlo respetando el horario de oficinas (mañanas de los días laborables en horario de atención al público, de 9 a 14 h).

La abadía benedictina de San Pedro de Fora (S IX-XIX)

Junto al Camino Francés, en el tramo más inmediato a las puertas de la ciudad, se fundó en la segunda mitad del siglo XI la abadía benedictina de San Pedro de Fóra. El locativo de Fóra hace referencia a su posición extramuros (a diferencia de San Pedro de Ante-Altares que estaba dentro de ella). Se trata de una de las fundaciones monasteriales más antiguas de la ciudad fuera del espacio amurallado. Su historia está ligada a las comunidades religiosas encargadas originariamente de la custodia de las reliquias del apóstol. De hecho la abadía fue, junto con los monasterios ubicados en las proximidades del edículo apostólico de San Paio y San Martín, una decanía perteneciente a la Catedral de Compostela.

La abadía se emplazaba en el solar que ocupan atrio y edificio de la actual iglesia de San Pedro. De hecho, el proyecto de reurbanización de la plaza realizado en 2004 reproduce con exactitud la planta de la iglesia, al haber recuperado las dimensiones de la antigua iglesia a través de las dimensiones de la plaza y emplazando las bancadas de piedra de planta cuadrangular en el lugar que ocupaban los pilares de la vieja iglesia medieval. La zona de enterramientos está señalizada con unas losas de piedra rojiza.

La plaza de San Pedro durante el transcurso de las excavaciones - Ramil 2004
La plaza de San Pedro en la actualidad - Ayto. de Santiago de Compostela

La documentación histórica que se conserva de la abadía hasta el siglo XV es escasa y algo ambigua, por lo que poco o nada aclara sobre la cuestión de sus orígenes. Algunos autores sostienen que la fundación del monasterio tuvo lugar en el siglo IX. Sin embargo, si bien es cierto que las exploraciones arqueológicas realizadas han constatado que el espacio fue usado como cementerio en los siglos IX y X, por el momento no se han documentado estructuras relacionadas con ese primitivo cenobio.

Según Jerónimo del Hoyo el monasterio fue fundado en época del obispo Sisnando I con el objeto de convertirse en espacio de retiro de ministros y criados de la Catedral en su ancianidad.

En los primeros años del presente siglo, con motivo de las obras de remodelación de la plaza de San Pedro, fue llevada a cabo una excavación en área del sector que contribuyó a completar la caracterización arqueológica iniciada en el año 1962 por José Guerra Campos.

Detalle de uno de los enterramientos - Ramil 2004
Vista general de la necrópolis - Ramil 2004

De acuerdo con los resultados de la excavación, la ocupación más antigua de este espacio dataría de época altomedieval (siglos IX-X). Durante esa etapa sabemos que, al menos, el sector ocupado por nave central y laterales de la iglesia habría sido utilizado como espacio de enterramiento. Las sepulturas correspondientes a época altomedieval son tumbas antropomorfas excavadas en la roca que presentan una orientación E-W. Probablemente los cuerpos se enterraban simplemente envueltos en un sudario y sin ningún tipo de ajuar funerario. Los enterramientos podían ser individuales o colectivos. Por ejemplo, una de las tumbas documentadas (de 2,10 m de largo y 1,10 m de ancho) fue destinada a albergar tres cuerpos (tumba 3). Éstos se dispusieron sobre un lecho de tierra que sellaba el fondo de la fosa.

La construcción de la cimentación del edificio de la abadía de San Pedro de Fora en la segunda mitad del siglo XI supuso el desmantelamiento de algunos de los enterramientos realizados en época altomedieval. Además, los terrenos continuaron desempeñando esa función cementerial durante el resto de la Edad Media y hasta el siglo XIX. Este hecho dificulta la correcta caracterización de los enterramientos de las distintas etapas aunque parece claro que la forma de enterrar varía a partir de época moderna. En este momento se procedía a la excavación de una simple fosa acondicionando el fondo con un lecho realizado con granito descompuesto, acompañado de restos de conchas y piedras menudas. Sobre él se depositaba el cuerpo decúbito supino, con los brazos o bien dispuestos a lo largo del cuerpo o sobre el vientre.

Planta de la iglesia de San pedro de Fora en la cartografía de 1783 - Concello de Santiago

La iglesia románica era un edificio mayor que la iglesia actual y contaba con una planta basilical de tres cuerpos. La nave central y laterales estaban separadas por pilares compuestos asentados sobre basamentos de planta cuadrangular de entre 1,80 y 1,85 m de lado realizados en sillería de granito que dividían la iglesia en cinco tramos con una distancia de 3,20 m. La longitud total de las naves sería de 25 m, a los que habría que añadir la cabecera (6 m) conformada por tres ábsides semicirculares. Se sabe que los muros exteriores laterales (norte y sur) tenían cinco contrafuertes prismáticos colocados en los puntos donde las estructuras interiores del edificio ejercían más presión (arquerías).

Nada sabemos acerca de la configuración del espacio monasterial que se comunicaría con la iglesia a través de su puerta sur, aunque diversos autores sostienen que sería muy similar a la colegiata de Sar, fundación de la primera mitad del siglo XII emplazada en el Camino de Castilla o Ruta de la Plata.

En la colección Cruañas de Barcelona se conservan los restos del tímpano de la puerta norte de la iglesia románica que, gracias a los motivos florales que contiene, podemos afirmar que pertenece o está influida por la Escuela del Maestro Mateo, el artífice del Pórtico de la Gloria de la Catedral compostelana. El tímpano está realizado sobre un bloque de granito y representa el Agnus Dei o cordero de Dios con una cruz y ante él una flor con botón central. El Agnus Dei es un símbolo de Cristo muy utilizado durante la edad media. Al llevar una cruz en sus patas simboliza el Cristo crucificado.

En el siglo XV comienza el progresivo abandono de la abadía. El contexto es la reforma de los monasterios gallegos promovida por los Reyes Católicos y el papa Inocencio VIII para paliar el estado de ruina material y relajación de reglas monásticas. Dicha reforma supuso una reducción del número de monasterios y la concentración de las comunidades existentes. Para San Pedro supuso el abandono de la abadía en favor de San Martín Pinario.

La ruina lenta y progresiva de las instalaciones derivó en el siglo XVIII en el rebaje de paredes y techo para evitar el desplome de la construcción. En el siglo XIX se procede a su total demolición no sólo debido a su ruinoso estado sino también a la necesidad de disponer de sus materiales constructivos para reutilizarlos en el proceso de “petrificación” de la ciudad compostelana. La plaza da Quintana fue uno de los puntos de la ciudad donde las piedras de San Pedro fueron reubicadas.

Pavimentación de la plaza da Quintana en 1926 donde fueron reutilizados materiales de San pedro de Fóra - Fotografía de Chicharro extraída de Cabo y Costa 1996:72

A Ponte Vella da Rocha (S XII-XXI)

Quienes tras alcanzar la meta compostelana decidían prolongar su periplo hasta Fisterra salían por la ciudad histórica a través de la puerta da Trinidade (en la plaza do Obradoiro junto al hospital de los RR.CC.). Desde allí alcanzaban el lugar de A Choupana, donde el topónimo menor de Omilladero recuerda la existencia de un antiguo miliario. Luego descendían hasta el río Sar, que cruzaban por el puente da Rocha, en el enclave conocido hoy como puente Vella de Arriba. La historia del puente de la Rocha es la historia de la red viaria compostelana. Su evolución marca las necesidades de tránsito requeridas por cada etapa de la historia.

Ponte da Rocha antes de la intervención de 2007 que le aportó su fisonomía actual - Ayto. de Santiago de Compostela

El aspecto actual del puente de la Rocha es fruto de una profunda remodelación realizada en la década del 2000 que le aportó su fisonomía actual de tres luces con arco de medio punto rebajado central y sendos arcos adintelados en los extremos. Pero ésta ha sido sólo una de las múltiples reformas que este puente ha sufrido desde época medieval. La densidad de tráfico de peregrinos y mercancías y las constantes embestidas del río provocaron el colapso de la estructura en varias ocasiones. Es éste un aspecto que comparte con la gran mayoría de puentes de la comarca que difícilmente podemos retrotraer más allá de época moderna, tal y como se desprende no sólo de su fisonomía, sino también de la documentación que se conserva en el Archivo Histórico de la Universidad de Santiago.

Si bien los primeros documentos que hablan del puente se remontan a 1596 (fuentes en las que consta que el puente estaba construido) es muy probable que su origen coincida con el momento en el que empiezan a adquirir importancia las peregrinaciones a Fisterra, es decir, a partir del siglo XII. En esa primera etapa de su historia el puente tuvo un menor tamaño que el actual, al menos en lo que se refiere a su anchura, adaptada al ancho típico de las calzadas medievales (unos 2,5 m. frente a los 4,50 m. actuales). Constaba de un solo arco de medio punto construido con sillería de granito asentada en seco que se sostendría sobre dos pilas de planta cuadrangular de unos 240 cm. de diámetro.

Las pilas habrían estado emplazadas dentro del lecho del río. El espacio que quedaba entre las pilas y el borde del camino (entre 1,50 y 2 m. aproximadamente) se salvaba con la colocación de diversas losas de granito, formando una rasante plana o casi plana. Sabemos que en la pila del margen izquierdo las losas eran cuatro (puesto que han sido reutilizadas en la estructura actual), sus longitudes rondaban los 210-220 cm y juntas tenían una anchura de 250 cm. El asiento de las losas se podría haber facilitado con la construcción en los márgenes del camino de un muro de contención (similar al que ahora se conserva).

Detalle de los restos de la primitiva pila - López Cordeiro 2007
La diferente orientación del puente original - López Cordeiro 2007

La orientación del puente era sensiblemente diferente a la actual (NE-SW), ya que seguía una trayectoria más cercana al eje N-S. De esta manera, el puente estaría mejor preparado para canalizar las aguas del río durante las crecidas estacionales. Es posible que las pilas tuviesen sendos tajamares de planta triangular aguas arriba, aunque no contamos con restos que así lo avalen.

La calzada estuvo constituida por un pavimento conformado por losas o bloques de granito u ortogneis, excepto en la zona de la clave y su entorno inmediato, donde el propio trasdós de la bóveda funcionó como pavimento de la calzada, como así lo avalan los restos de rodera localizados. Por su parte, en los márgenes las losas antes citadas debieron integrase en el pavimento, a juzgar por el grado de rodamiento de su cara externa. La rasante posiblemente fue algo alomada para poder salvar el desnivel existente entre los márgenes del río y la bóveda, (de acuerdo con las cotas actuales del trasdós y la losa que se conservaba in situ, un poco por debajo de la zona de la clave).

Detalle de la sección de la calzada del puente (con los sucesivos rellenos que sepultaron la calzada original) y de las piezas que salvaban antiguamente el espacio existente entre pilas - Ayto. de Santiago de Compostela

En un determinado momento, que podemos situar en el siglo XVIII, la estructura medieval quedó obsoleta. Probablemente la necesidad de soportar mayor tráfico rodado y en ambos sentidos de circulación requirió la ampliación del puente, aunque para ello se conservó gran parte de la estructura previa. Se utiliza mismo material y mismo sistema constructivo, es decir, sillería de granito asentada en seco y puntualmente calzada con ripio. El dovelaje externo del arco primitivo fue desmontado y recolocado en la misma posición en la medida de lo posible. El remontaje de la bóveda empleó un sistema de andamiaje en el que sólo fue necesario encajar la cimbra en la zona a ampliar. Eso es lo que sugiere, al menos, la conservación de mechinales únicamente en la zona ampliada, aunque no se puede descartar que se utilizase un sistema mixto de anclaje y apoyo de la cimbra.

La ampliación no se realizó de forma paralela al eje de la estructura primitiva sino que se extendió aguas arriba en el margen derecho hacia el NE, y aguas abajo en el margen izquierdo hacia el SW, por lo que su orientación sigue ahora un eje NE-SW. Esta solución evitó la destrucción de las pilas antiguas, antes bien éstas sirvieron como base para realizar la ampliación.

Fases constructivas visibles aguas arriba en el puente - Ayto. de Santiago de Compostela

La reforma supuso un cambio importante en la fisonomía del puente. En el margen derecho desaparece el aliviadero y en su lugar se construye un muro de mampostería a modo de manguardia que servirá para reforzar el estribo derecho del arco principal. En el margen izquierdo la solución es más sofisticada, debido a la necesidad de conciliar la evacuación del canal del molino existente en las inmediaciones con una solución estética armónica con la estructura existente.

En el margen derecho se respeta el aliviadero y aguas arriba apenas se modifica, se deja la pila antigua con la cubierta adintelada por las losas de granito. Sin embargo, en la zona que se amplía se construye un arco de medio punto con sillería de granito calzada con ripio.

La calzada en esta fase también estaría conformada por un pavimento construido con losas de granito u ortogneis. Para su construcción se aprovecharían las procedentes de la fase anterior y se añadirían otras. La cota de esta calzada estaría por encima de la anterior, mediante un recrecido de piedra y tierra que en muy pocos puntos se mantiene intacto debido a que el pavimento fue levantado en época contemporánea para reparar la bóveda. Parece claro que conservaría en esta etapa la rasante alomada.

Las fisonomía adquirida en el siglo XVIII se mantendrá hasta el año 2002, momento en el que se abordarán labores de parcheado para solucionar los desperfectos producidos por crecidas del río y para su adaptación al tráfico moderno. Actualmente el puente está pendiente de rematar la última fase de su rehabilitación.

El Castillo de la Rocha (S. XIII-XV)

Entre los siglos XIII y XV una imponente fortaleza medieval advertía a peregrinos y comerciantes de que estaban alcanzando la meta compostelana. El Castillo de la Rocha, emplazado muy cerca de la encrucijada en la que desembocaban el Camino Portugués y el de Fisterra, Muros y Noia, no era una fortaleza aislada, sino que formaba parte de una compleja red que defendía el territorio feudal del arzobispado de Compostela. Todas ellas se asentaban sobre puntos estratégicos del territorio desde los que se podía tener un control eficaz de las vías de comunicación, por lo que estas fortalezas eran centros de control administrativo desde el cual se canalizaba el pago de los portazgos y demás impuestos relacionados con el transporte de mercancías.

Su posición dominante contribuía, además, a exhibir el poder señorial con el objeto de contener las constantes revueltas protagonizadas por campesinos y burgueses contra los abusos del poder señorial. Estas revueltas, englobadas bajo la etiqueta de movimiento irmandiño, tuvieron su episodio más dramático en la segunda mitad del siglo XV. La Gran Guerra Irmandiña, desarrollada entre los años 1466 y 1469, supuso la destrucción de la práctica totalidad de las fortalezas vinculadas a la nobleza gallega, entre ellas la de la fortaleza de la Rocha que, frente a otras, nunca volvió a recuperar su esplendor.

El documento clave para el conocimiento de la Gran Guerra Irmandiña y sus dramáticas consecuencias en las fortalezas de la nobleza gallega es el pleito de Tabera-Fonseca. El documento nace a raíz de un litigio mantenido a comienzos del siglo XVI por la propiedad de los castillos pertenecientes a la mitra compostelana. En él el arzobispo Juan Tavera hace una reclamación a su predecesor, Alfonso de Fonseca III, por el lamentable estado de los castillos pertenecientes a la mitra compostelana. El pleito supuso la toma de declaración de 183 testigos a los que, entre otros asuntos, se les interrogaba sobre el estado de las fortalezas con anterioridad al conflicto irmandiño.

Los testimonios recogidos en el pleito Tabera-Fonseca describen el castillo de la Rocha como la más grande y más fuerte fortaleza de todo el reino de Galicia.

Emplazamiento del Castillo de la Rocha en el contexto de la red viaria medieval - Portela, Pallares y Sánchez 2004: 55

Se desconoce la fecha exacta de construcción del castillo. La primera referencia en la documentación histórica data de 1253, por lo que sabemos que, al menos, en esa fecha ya está construido. El castillo fue mandado construir por el arzobispo Xoán Arias con el objeto de que se convirtiese en residencia episcopal. Sin embargo, tanto la configuración del castillo como su emplazamiento estratégico junto a tres de las más importantes vías de acceso a la ciudad (el Camino Portugués, el Camino a Fisterra y el de los puertos de la costa, que concentran gran cantidad de tráfico de mercancías claves para el abastecimiento de la ciudad, y de peregrinos) nos hablan de una estructura concebida para hacer ostentación del control del poder señorial.

El castillo sufrió una profunda remodelación en el siglo XIV promovida por el  arzobispo Berenguel, que es la que le da la configuración que ahora conocemos y la que la convierte en una fortaleza inexpugnable. El castillo se manifiesta en el paisaje como un monumental recinto con nueve torres y varias cercas exteriores. Entre ellas existirían casas y casales como si se tratase de una pequeña villa. Esta simple descripción da idea de la magnitud que en el pasado tuvo la fortaleza cuyas dimensiones exceden, con mucho, los límites marcados actualmente por la valla metálica que protege los restos hasta ahora excavados.

Vista aérea del castillo - INCIPIT-CSIC - Concello de Santiago

El castillo propiamente dicho ocupaba una superficie de planta cuadrangular de 3.500 m2 con cuatro torres circulares (de las que ahora sólo vemos las dos emplazadas en la zona oeste). En su espacio interior, ocupando casi una posición central, se localizaba la torre del homenaje, de planta cuadrangular de la que actualmente no queda más que la cimentación. El pleito Tabera-Fonseca recoge que la torre, construida con sillería de granito ligada con argamasa de cal y arena, era de grandes dimensiones y contaba con cuatro plantas o niveles todos ellos con cubierta abovedada.

Torre del homenaje - Concello de Santiago

Lo más sobresaliente del castillo es su sistema defensivo, fruto de varias etapas constructivas. Está conformado por un recinto amurallado de planta cuadrada y torres circulares en los ángulos. A él se sumaban otras tantas torres de planta rectangular en el centro de tres de sus lados. En el cuarto, al noroeste, se emplazaba la entrada principal al castillo. Algunos testimonios del pleito Tabera-Fonseca hablan de la existencia de otras dos cercas que rodearían a la primera, de la que la arqueología sólo ha constatado una: la barbacana levantada en el siglo XIV. No obstante, hay que aclarar que recientes trabajos de prospección arqueológica reconocen la existencia de estructuras en el área inmediata a los caminos actuales de acceso al castillo que bien podrían estar relacionadas con la existencia de una cerca o empalizada exterior.

Detalle de la barbacana - Concello de Santiago
Detalle de uno de los aljibes - Concello de Santiago
Bolaños recuperados en la excavación - Concello de Santiago
Punta de lanza recuperada en la excavación - Concello de Santiago

Otras construcciones de interés están relacionadas con el complejo sistema de abastecimiento y distribución de aguas del castillo, entre las que destacan un pozo y un aljibe de compleja arquitectura emplazado contra la muralla en su ángulo suroeste.

Las diferentes campañas de excavación han exhumado una importante colección de cultura material mueble. En ella encontramos todo objeto necesario para el correcto funcionamiento del castillo, desde restos de herramientas destinadas a la construcción y mantenimiento de la estructura (cuñas y cinceles), materiales constructivos (capiteles, llaves y cerraduras) material bélico (setas de besta, proyectiles de piedra, etc.), hasta utensilios relacionados con la vida doméstica (abundantes fragmentos de loza, restos de ostras y pescado, molino, hoz) incluso otros destinados a matar el tiempo, (como un conjunto de dados elaborados en hueso y marfil).

Dados de hueso y marfil recuperados en la excavación del castillo - Concello de Santiago