Patrimonio VI: el abastecimiento de aguas a Compostela (del siglo X al XX)

Hasta la instalación de la red pública completa del siglo XX, la red de abastecimiento de aguas a Compostela estuvo conformada por una red municipal encargada de abastecer a la mayor parte de fuentes históricas de la ciudad. A ella habría que añadir una serie de redes privadas ligadas a los conventos de la ciudad (como las de Belvís y Santa Clara cuyo origen podemos situar en el siglo XIII), a edificios públicos (como la del hospital Real), o a particulares (como las redes de Baladrón, Simeón, etc.). Cuando se pone en funcionamiento la red pública de aguas, algunas de estas redes cayeron en desuso, pero otras (como la red histórica municipal), continúa a día de hoy abasteciendo de agua a las fuentes de la ciudad.

A pesar de las dificultades que entraña para arqueólogos e historiadores el estudio de la evolución del abastecimiento de aguas a Compostela (por la ausencia de planos históricos de detalle, la inexistencia de estudios específicos que aborden la temática de manera global o por la indeterminación de las fuentes documentales), contamos con referencias a su existencia desde los inicios de la historia de Santiago.

De esta manera, las primeras noticias que se tienen sobre la existencia de una red de aguas se remontan a época altomedieval, concretamente a principios del siglo X, cuando el obispo Sisnando I favorece la construcción de una red de aguas para abastecer al locus sagrado.

El mantenimiento del primer sistema defensivo de Santiago en el siglo X por Sisnando II (en el que, según las fuentes existían sendos fosos de protección) debió de requerir la existencia de un complejo sistema de fuentes de alimentación que, según apunta el historiador Fernando López Alsina, podrían corresponder con algunas de las que actualmente se conservan en los límites de la ciudad amurallada (fuentes de San Antonio, San Fructuoso, puerta de Camiño, Hospitalillo, Fonseca, etc.).

Al primer arzobispo de Santiago y artífice de la transformación urbana del lugar sagrado, se le atribuye la construcción de un acueductodesde mil pasos fóra da cidade” para atender las necesidades de los peregrinos y de la ciudad.

La primera red histórica de abastecimiento de aguas la conocemos a partir de la documentación histórica de época bajomedieval. Aunque sufrió importantes remodelaciones en época moderna y contemporánea, actualmente sigue en uso en gran parte de su trazado. Tendría su origen en los montes de Vite (Chan de Curros y Fonte Branca), emplazados al norte de la ciudad histórica, discurriendo a través del ponte Mantible hacia la calle Espíritu Santo. Al alcanzar el convento de Santa Clara la red se dividiría en dos ramales. El primer ramal recorrería la calle dos Loureiros, entrando en la ciudad por la puerta de Pena para alcanzar después las rúas de San Miguel, Moeda Vella, Acibechería y el Obradoiro. El segundo ramal se orientaría hacia la Atalaia, entrando en la ciudad por la puerta de San Roque y discurriendo así por la calle de Algalia de Arriba hasta la plaza de Cervantes, donde nuevamente se bifurcaría. Uno de los ramales bajaría por la Acibechería hasta conectar con el ramal anterior, y el otro continuaría por las calles do Preguntoiro, Castro, Mazarelos llegando hasta el convento de las Mercedarias.

El hospital Real u hostal de los Reyes Católicos tuvo su propia red de abastecimiento. Fue construida en la segunda mitad del siglo XV y captaría las aguas de un manantial situado en el margen oriental del polígono del Tambre, al norte de la ciudad.

La red histórica sufrió constantes sabotajes y robos además de diversas remodelaciones y ampliaciones a lo largo del tiempo, que ocasionaron no pocos conflictos entre el Ayuntamiento, el Cabildo y demás instituciones eclesiásticas y particulares usufructuarias de la red. En el siglo XVIII, por ejemplo, tuvo lugar una importante labor de ampliación y mantenimiento que incluyó la continuación de la red hasta la Alameda y el colegio de San Clemente, y la construcción del actual acueducto de puente Mantible (en la zona de Vite al norte de la ciudad) y las arquetas de Espíritu Santo.

Estado actual de una de las arquetas de la red histórica de aguas - Concello de Santiago

En la segunda mitad del siglo XX, la construcción del polígono de Fontiñas 2 exhumó una de las redes privadas que abastecían a familias pudientes de Compostela: la red de la familia Baladrón. Esta red, datada entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, estaba conformada por un complejo sistema de galerías abovedadas que captaban las aguas de diversos manantiales de la zona.

Fuente de Inferniño

En el año 2010 las obras de remodelación de la rúa de San Clemente sacaron a la luz una fuente de la que los compostelanos no tenían referencia por haber permanecido sepultada más de dos siglos en el subsuelo de la ciudad.

La fuente de Inferniño se localiza en el espacio público en el que confluyen las calles avenida de Rajoy y San Clemente, al oeste del muro de cierre del colegio de Fonseca. Antaño esta zona se conocía como Campo do Inferniño, siendo a partir del siglo XVII cuando adopta la designación de San Clemente en alusión al colegio del mismo nombre. Aunque la fachada del colegio de San Clemente está orientada hacia la Alameda, el muro de cierre de sus instalaciones alcanzaba antiguamente hasta el punto donde está emplazada la fuente.

La fuente de Inferniño durante el proceso de excavación - Parga Castro 2010

La localización de la fuente en este punto concreto de la ciudad tendría su explicación en la existencia de un manantial que nacería en la vaguada natural que conformaría el espacio de San Clemente. Aunque muy alterado por el urbanismo contemporáneo, en este espacio sigue siendo evidente esa importante diferencia de cota respecto al área inmediata de Rodrigo de Padrón y el sector de Fonseca. La evacuación natural de ese curso de agua, según evidencia la cartografía histórica, sería a través del sector de As Hortas hasta desembocar en el río Sarela.

En un determinado momento, cuya cronología no podemos precisar aunque se situaría en la etapa medieval, se construye sobre ese manantial una fuente que estaría compuesta por un arca rectangular coronada por un arco de medio punto y que, muy probablemente, tuvo una cubierta abovedada. La construcción estaba embutida en un muro que se cimentaba en la roca. Este muro flanqueaba el acceso a la fuente, que se realizaría por la zona este a través de una escalera de factura tosca, aprovechando el desnivel natural del terreno. El agua acumulada en el arca de la fuente salía al exterior a través de un caño que vertía sobre una pileta de planta rectangular. Frente a esta pileta se abriría un espacio que, en origen, debió de ser de reducidas dimensiones, para facilitar el uso de la fuente. Durante esta primera etapa medieval la fuente fue de uso público.

En época moderna la historia de la fuente irá unida a la del colegio de San Clemente. La construcción del colegio comenzó en el año 1605, aunque los terrenos donde se emplaza la fuente no fueron cedidos a la institución por parte del Ayuntamiento hasta 1748. Es probable, por tanto, que sea en esa fecha cuando la fuente es absorbida por la institución y adquiere titularidad privada. Para mejorar su aprovechamiento se acomete una remodelación que consistirá en la creación de una amplia estancia en el espacio anejo a la fuente que incluirá la introducción de una amplia bancada perimetral y de un doble sistema de acceso. La estructura adquiere así la apariencia y función de una sala de baños al servicio de los estudiantes y del personal del colegio que no sólo tomarían agua de la fuente, sino que utilizarían la bancada para realizar su aseo personal.

La azarosa vida que el colegio de San Clemente tendrá en el siglo XIX y XX (en esta etapa el colegio de San Clemente funcionará, entre otros, como escuadrón de caballería, cárcel pública, colegio de cadetes, seminario conciliar, cuartel, sede de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, Escuela de Veterinaria,…), unido a la profunda remodelación urbanística del espacio público del entorno en los siglos XIX y XX, provocará el abandono y desaparición de la fuente hasta que en el presente siglo una nueva intervención urbanística la recupere para el espacio público de la ciudad.