Patrimonio V: la ciudad amurallada (del siglo XI al XIX)

Las devastadoras consecuencias de la incursión de Almanzor en el año 997 pusieron de manifiesto la vulnerabilidad de la entonces Vila Sancti Iacobi. Hay que tener presente que el sistema defensivo entonces existente podía resultar eficaz para la protección del núcleo de población generado en las inmediaciones del edículo apostólico, pero no lo era tanto para proteger los vici o aglomeraciones rurales que se fueron conformando junto a los principales caminos de entrada y salida a la villa.

Era necesaria, pues, una respuesta rápida por parte de las autoridades que regían el núcleo eclesiástico para proteger a la totalidad de la población. Esta respuesta llegó de la mano del obispo Cresconio, quien en la segunda mitad del siglo XI decidió promover la construcción de un nuevo sistema defensivo para la ciudad. La efectividad de la nueva cerca supuso que en un momento muy localizado en el tiempo y de una manera bastante rápida, se procediese al desmantelamiento de la primera cerca altomedieval. Ese momento coincidirá, según hemos venido avanzando, con la que será la definitiva planificación urbanística de la ciudad en el siglo XII, de la que será principal promotor el arzobispo Gelmírez.

La cerca construida en el siglo XI por Cresconio tenía una longitud aproximada de 2 km y una superficie interior de unas 30 hectáreas. Tenía una forma de riñón que todavía es reconocible en el plano actual de la ciudad con su eje mayor orientado en dirección N-S, siguiendo aproximadamente la curva de nivel de los 250 m. El trazado de la muralla siguiendo su línea exterior coincidiría con las calles de Rodas, Hospitaliño, Costa Vella, Costa de San Francisco, Carretas, Trinidad, Rajoy, Rodrigo de Padrón, Avenida de Figueroa, Senra, Fonte de Santo Antonio, Ensinanza, Virxe da Cerca y Aller Ulloa, es decir, respetando el mismo trazado que antaño ocupó la empalizada y foso de Sisnando II y, en algún caso, parece que antes que inutilizar esas estructuras previas, las reutilizó con fines constructivos.

El sistema defensivo de Cresconio estaba conformado por muralla, torres y foso. El recinto tuvo originariamente siete puertas en las que desembocaban algunos de los principales caminos de acceso y salida de la ciudad.

Desde su levantamiento en la segunda mitad del siglo XI la muralla tuvo una vida muy azarosa. La presión urbanística, la estabilidad en las relaciones internacionales, y el elevado coste de mantenimiento de la cerca, fueron algunos de los factores que desencadenaron su progresiva desaparición durante la edad moderna, hasta precipitar su total desaparición en el siglo XIX.

Sin embargo, su huella en el urbanismo de la ciudad es imborrable a través de los vestigios que de ella nos han llegado. Algunos de ellos yacen escondidos en el subsuelo de la ciudad y sólo se ha podido acceder a ellos a través de excavaciones arqueológicas, pero otros permanecen fosilizados a través de su integración en edificaciones posteriores, en el diseño del parcelario actual o en la toponimia. A continuación se seleccionan los puntos más ilustrativos desde el punto de vista arqueológico para tratar cada uno de estos aspectos de la cerca.

Avenida de Rajoy

El sistema defensivo promovido por el obispo Cresconio comprendía los siguientes elementos (enumerados desde el interior al exterior de la cerca): pomerio o camino de ronda interior, muralla (con torreones) y foso. El único yacimiento en el que hasta el momento han sido identificados todos ellos de manera conjunta es en el subsuelo de la avenida de Rajoy. Esta calle, cuyo nombre evoca a un ilustre personaje de la Compostela del siglo XVIII responsable, entre otros, de la promoción del edificio que cierra por el oeste la plaza do Obradoiro (seminario de confesores o pazo de Raxoi), antaño recibió otras denominaciones como Inferniño de Arriba o calle de las Madres, en alusión a la existencia de una casa de las Madres Mercedarias o Mercenarias (como así las referencia la documentación histórica).

Los restos asociados al sistema defensivo medieval una vez excavados y registrados, ante la imposibilidad de recuperarlos para el espacio público de la ciudad, fueron protegidos y tapados de nuevo para favorecer su conservación. Por tanto el yacimiento no está visible ni se puede visitar.

Restos de la muralla medieval descubiertos en la avenida de Rajoy - Parga Castro 2013

Muchos son los testimonios que conservamos de la edad moderna que denuncian el lamentable estado de las murallas de Santiago. Sirvan como ejemplo estas palabras de Jácome de Montaos de mediados del siglo XVI que denuncian que la murallaestá derribada por muchas partes especialmente al postigo de San Fis e cabe la puerta de Maçarelas e por otras muchas partes e estan los dichos muros sin almenas e petriles e sin puertas en la dicha çiudad”; o las contenidas en el informe de Antonio Ozores de Sotomayor a finales del mismo siglo “esta toda la muralla, como no tiene otra argamasa sino tierra, con tantas matas de árboles y hedras…que no son menester otras hescalas que las que agora tienen y son arto bastantes para subier por ellas” las entradas “tienen neçesidad de reparo…porque, aunque se les an puesto puertas, hes como si no las tuviesen por ser algunas tan cortas que no llegan a çerrar poco mas de la mitad, quedando abierto todo lo que es arco, y esto se bera en la puerta que caye a San Francisco que muy olgadamente caben tres o quatro ombres por lo que queda abierto, y en otras entran y salen por debaxo”.

El expediente de Antonio Ozores de Sotomayor, acompañado de tres levantamientos de la muralla con representación de los elementos y calles más representativos de la ciudad histórica, se conserva en el Archivo General de Simancas. Constituye el documento que más y mejor información ha aportado, hasta el momento, de la muralla medieval.

El objetivo de este documento era presentar el estado actual de la muralla y sus diferentes elementos y proponer las medidas necesarias para su correcta reconstrucción, ineludible en este momento para garantizar la defensa de la ciudad ante la constante presión de la armada inglesa sobre nuestras costas. Así, se propone como única solución viable “sacar toda la muralla desde los çimientos para que baya con alguna fortificaçion de argamasa, pues la que agora tiene es solo tierra en questan asentadas las piedras, que, en cayendo, todo lo demás, como hes tierra y de tantos años, se ba desmoronando, y ansi, la bemos caer con cualquier biento y agua, que no falta en esta çibdad”.

Uno de los tres levantamientos de la muralla de 1595 contenidos en el expediente que se conserva en el Archivo General de Simancas - A.G.S. MPD,06,107

Sin embargo, es más que probable que la labor reconstructiva llevada a cabo entre finales del siglo XVI y principios del XVII fuese una amplia intervención de parcheo (como así la denomina uno de los grandes estudiosos de la ciudad, el profesor Andrés Rosende) pero, en todo caso, eficaz.

En consecuencia, los restos arqueológicos que a nosotros han llegado de la muralla medieval, si bien son fruto de una historia reconstructiva importante, parece probable que conservarían, en esencia, sus modos constructivos medievales. Pasamos seguidamente a describirlos comenzando con este yacimiento de la avenida de Rajoy.

Los restos de muralla conservados en la avenida de Rajoy nos permiten saber que la muralla tuvo, al menos en este sector, una anchura de 2,6 m y una altura que probablemente alcanzaría los 5-6 m de altitud, alcanzando así la cota de la plaza do Obradoiro. Para acomodar un sistema de cimentación capaz de sostener tan prominente estructura a la orografía natural del terreno (una ladera con pendiente pronunciada hacia el oste), fue necesario excavar los terrenos, en ese momento dedicados a huertas de abastecimiento de la villa compostelana, y regularizar el sustrato rocoso. El sistema está conformado por un muro construido con mampostería de piedra de origen local, muy regular en la cara externa. La razón por la que se ha conservado hasta la actualidad reside en que ya, en origen, el alzado de ese muro estuvo enterrado para garantizar la estabilidad de la estructura.

La cuidada factura de las cuatro hiladas más superficiales de ese muro debieron estar visibles en la antigüedad, puesto que están construidas con aparejo más regular dispuesto de hiladas horizontales bien alineadas.

Los torreones que se dibujan en el levantamiento de la cerca de 1595 sabemos, gracias a la intervención de Rajoy, que al menos en este punto estaban trabados y no adosados a la estructura. El alzado exterior de la torre sobresalía aquí del de la muralla 1,60 m. Se combina en la construcción de los torreones mampostería y sillería de calidad, reservando esta última para las zonas estructuralmente más vulnerables, como los esquinales de la torre. Es además en los esquinales donde se utiliza la sillería de mayor tamaño y mejor labra. Estos aspectos constructivos coinciden con los de los torreones que aún se mantienen en pie: fuente de Santo Antonio, plaza da Oliveira y puerta de Mazarelos.

Aunque la torre no fue excavada en su totalidad, parece que su anchura alcanzó, al menos, los 4,20 m y su altura 5,70 m.

Al igual que el sistema defensivo anterior, muralla y torreones fueron reforzados con la excavación de un foso que tuvo en origen unos 6 -7 m de anchura. A diferencia del sistema defensivo del siglo X, la escarpa del foso (el punto más próximo a la cerca) se dispone inmediatamente después del alzado exterior de la torre. La zona de la contraescarpa se dispone bajo las cimentaciones de los edificios de la alineación oeste de la calle de Rajoy, por lo que nada podemos precisar sobre sus características.

El foso tuvo una vida tan azarosa como la propia muralla. Fue intencionalmente rellenado, re-excavado, colmatado de nuevo… acciones que supusieron una progresiva disminución de sus dimensiones hasta que definitivamente queda inutilizado a finales de la Edad Media.

La primera colmatación o relleno del foso coincide en el siglo XII, momento en el que se están abordando la construcción de la catedral románica y la plena urbanización urbana de Gelmírez. A juzgar por el tipo de materiales registrados y la rapidez y concreción cronológica con la que se produce el relleno, parece que el foso fue habilitado en este momento como vertedero de obra por los constructores de la ciudad. Esta colmatación llegó a cubrir, incluso, la base de la torre exhumada en los trabajos arqueológicos, por lo que no resultará difícil comprender la urgente necesidad que en el siglo XIII surgió de recuperar el sistema defensivo, completamente ineficaz en caso de asedio.

Recipientes de cerámica y puntas de aguaja recuperadas durante las excavaciones de la Avenida de Rajoy - Parga Castro 2013

De esta manera en el siglo XIII se re-excava la estructura aunque un mal mantenimiento y limpieza del foso produce una nueva fase de colmatación entre los siglos XIII y XIV.

En el siglo XV se procede a recuperarlo aunque en lugar de reexcavar toda la superficie del foso se procede a acondicionar un sector de 2-3 m y una profundidad de 1 m. A partir de ese momento, el foso se irá colmatando de nuevo de forma natural y su espacio se va ocupando poco a poco con construcciones de particulares gracias a los foros que el ayuntamiento va concediendo a los vecinos de la ciudad.

Sin embargo, no sabemos si por labor reconstructiva de época moderna o por una clara voluntad de mantenimiento de las estructuras murarias del sistema defensivo, la muralla era perfectamente visible cuando se accedía a la ciudad por el sur y el oeste, tal y como se refleja en el grabado que de la ciudad compostelana hizo Pier María Baldi en el año 1669.

Entremuros 18

Tramo de muralla conservado en Entremuros 18 - López Cordeiro 2009

La rúa de Entremuros, cuyo nombre evoca a su antigua función de camino de ronda interior de la muralla medieval, alberga el único tramo de muralla de la ciudad que se conserva en pie. La “fosilización” de este tramo de muralla es realmente anecdótica dentro del conjunto compostelano, aunque probablemente no sea la única. Tanto en Entremuros como en otros puntos de la ciudad no se puede descartar que hayan quedado fosilizados tramos de la cerca, habida cuenta que la muralla no fue derruida sino reutilizada como muro de carga de nuevas construcciones.

La datación de las tierras y morteros utilizados como relleno de la muralla medieval han confirmado que el tramo de cerca que se conserva en Entremuros 18 formó parte de la primitiva estructura del siglo XI. Fue ésta un muro construido con mampuestos de esquisto y granito muy heterogéneos en forma y tamaño pero que se disponen siempre horizontalmente, a modo de soga (sobre todo los que tienen forma rectangular) creando tongadas regulares. Dos de las piezas presentan un agujero circular de pequeño tamaño cuyo origen podría estar relacionado con la extracción de la piedra en origen, su manipulación o traslado, o simplemente para adaptarlas a algún servicio. En algunas piezas da la impresión de que se talla la cara exterior in situ, es decir, cuando estaba ya dispuesta en el muro, pero la mayoría presentan el corte de extracción directa, sin tratamiento posterior. Las juntas están rellenas de tierra orgánica, oscura y suelta, aunque en algunas zonas es más rojiza y parece arcilla. Las juntas están calzadas con ripios, algunos de los cuales podrían ser fruto de reparaciones de mantenimiento posteriores, como es el caso de los fragmentos de teja documentados en el mortero que rellenan algún hueco del muro.

El ancho de la cerca fue en este punto de 2,5 m, de los que 90 cm corresponderían al adarve o camino de ronda, y 80 cm a cada una de las caras del muro (paradós y parapeto). Su altura fue de unos 6,70 m, de los que 1,70 m corresponderían a los muros que conformaban paradós y parapeto. El adarve o camino de ronda estuvo pavimentado con un enlosado de esquisto de bastante regularidad y calidad constructiva.

Fachada del convento de San Agustín en 1915 - Cabo y Costa 1996: 143

¿Por qué se conservó este tramo de muralla en Entremuros 18? El mantenimiento de la muralla era una labor muy costosa que siempre preocupaba a las arcas municipales. Una de las soluciones predilectas del Ayuntamiento y el Cabildo consistía en el aforamiento del espacio ocupado por sus instalaciones, permitiendo que se construyesen viviendas adosadas a la cerca, pero siempre con la garantía de que quien recibía tal privilegio debía encargarse de que la cerca permaneciese en buen estado y demoler las edificaciones en caso de que fuese necesario por motivos de seguridad ante asedio o enfermedad. La cerca fue poco a poco desapareciendo al perder su función, pero no en todos los casos se destruía, hay que pensar que la construcción en aquellos momentos era muy cara y la labor de reutilización de estructuras preexistentes era muy común. La buena conservación del lienzo en este punto pudo ser determinante para que sus sucesivos propietarios decidiesen no derribarlo, pero sin duda, debió de tener peso el hecho de que derribarla resultaría mucho más costoso que mantenerla.

Un ejemplo muy claro de ello lo tenemos en el vecino sector de Virxe da Cerca. En una fotografía histórica de principios del siglo XX se visualiza claramente cómo los muros de fachada del entonces convento de San Agustín se habían construido reutilizando los de la propia cerca (véase figura 49).

Senra 18

En los sótanos de la cafetería Muralla, en el nº 18 de la calle da Senra, se pueden visitar los restos del sistema defensivo compostelano del siglo XI. Pese a lo que anuncia el nombre de la cafetería, lo que aquí se conserva no es el lienzo murario de la cerca, sino los restos de uno de sus torreones defensivos y parte del foso perimetral.

Las fuentes históricas sugieren que la muralla de Cresconio se emplazó sobre el segundo circuito de los dos que contaba el sistema defensivo anterior del siglo X, es decir, el sistema de foso y empalizada que protegía las aglomeraciones de población que existían en el área inmediata al locus. Cabe pues preguntarnos ¿de qué manera afectó la construcción de la nueva muralla al sistema defensivo anterior? ¿supuso su total destrucción o fue de alguna manera reutilizado?

Alzado de las estructuras documentadas en Senra 18 - Bonilla 1994 tomado de Parga Castro 2013

De acuerdo con los datos arqueológicos de los que se dispone, al menos en este punto de la ciudad, parece que el foso del siglo X fue reutilizado como zanja de cimentación para albergar las torres que reforzaban la muralla medieval. Asimismo, en etapas posteriores, cuando el espacio inmediato a la cerca fue urbanizado, la cavidad del foso fue de nuevo utilizada para albergar las cimentaciones de nuevas construcciones (como aquella de la que conservamos el muro que se puede visualizar desde la cafetería).

Parece que originariamente el foso del siglo X tenía una sección en “U”, que apenas puede apreciarse porque en el siglo XI la estructura fue cortada para albergar la cimentación del torreón. El torreón coincidiría con el edificio del solar nº 16 de la rúa da Senra, de hecho su alzado este está alineado a nivel de subsuelo con el de la torre.

Alzado del torreón y sección del foso de Senra 18 - López Cordeiro 2009

El torreón presenta las mismas características constructivas del resto de torreones que han llegado a nosotros. Se trata de un muro realizado con mampostería de esquisto muy regular y sillería de granito dispuestas a soga y tizón. Esta última es reservada para las esquinas de la estructura. El muro se asienta sobre un zócalo de cimentación que presenta la misma técnica de edificación, es decir, reserva la sillería de granito para los esquinales y la dispone con el sistema de soga y tizón. Las juntas están dispuestas a hueso, es decir, sin ningún tipo de argamasa o mortero, aunque en donde la piedra empleada como aparejo es más irregular las juntas se rellenan con ripios y tierra para rellenar.

La escarpa del foso correspondiente al sistema defensivo del siglo XI comienza inmediatamente después del torreón, al igual que ocurría en el sector de cerca de la avenida de Rajoy, por lo que yace sepultado bajo la calzada de la calle da Senra.

Otra de las aportaciones de este sector de Compostela para el conocimiento de la muralla medieval es, sin duda, la conservación del camino o servidumbre de paso que existía entre la muralla y las edificaciones de la ciudad. De acuerdo con los restos conservados en el subsuelo del nº 18 de la calle da Senra, la cara interna de la muralla vendría a coincidir con la línea de fachada de los inmuebles emplazados en la alineación sureste de la calle de Entremurallas, es decir, la línea de caserío que adosa inmediatamente por el noroeste con la de A Senra. La pervivencia en el callejero del topónimo Entremurallas es indicativa de que esa servidumbre de paso, en efecto, circulaba por aquí. Este tramo de pomerio se conserva por todo el sector sur de la ciudad, abarcando de noroeste a sureste las calles de Entrecercas, Entremurallas y do Peso. El topónimo de esta última también alude a la existencia de la muralla, por cuanto en las puertas de la ciudad era el lugar donde se emplazaba el peso de la harina. La toponimia es también la herramienta que nos permite constatar la conservación del pomerio en el tramo comprendido entre la puerta de Camiño y puerta de Pena: calles de Entremuros y Atalaia.

Pomerio o camino de ronda interior en Entrmuros y En Entremurallas - López Cordeiro 2009

Puerta de Mazarelos

Esta ciudad está muy bien cercada con buena muralla, la cual está edificada por todas partes sobre peña; tiene muchos torreones y muy espesos, cada uno con su plaça de armas y todo ello con sus almenas”. Estas palabras, escritas en la primera década del siglo XVII por el cronista Jerónimo del Hoyo, dan la imagen de Santiago como una fortaleza inexpugnable a la que sólo era posible acceder a través de sus puertas, estratégicamente situadas en los puntos donde desembocaban los principales caminos de acceso a la ciudad.

El recinto defensivo contó originariamente con siete puertas que son las que nos describe el Libro V del Códice Calixtino. La más importante de todas ellas, por concentrar el mayor peso del tráfico de personas y mercancías, fue la puerta Francigena o puerta del Camino, en la que desembocaba el camino de Castilla y de Francia. Si seguimos el trazado de la muralla hacia el oeste nos encontraríamos, en primer lugar, la puerta Penne o de la Peña, ubicada en la actual puerta de San Roque, que canalizaba el tráfico de los caminos del norte. También la puerta Subfratribus o de San Francisco, recibía a los vecinos del norte. La puerta del Sancto Peregrino o de la Trinidad, emplazada al oeste de la ciudad, era la salida utilizada por los peregrinos que prolongaban su peregrinación hasta Finisterre. Los peregrinos procedentes de Portugal y de los puertos de Noia, Muros y Padrón entraban a la ciudad por la puerta de Faiariis o Fajera y también por la puerta da Mamoa o de Sussanis. Peregrinos y mercancías procedentes de Ourense también utilizaban esa puerta, aunque más comúnmente la de Macerellis o Mazarelos, emplazada en la zona este de la ciudad.

El crecimiento urbanístico de Compostela y las nuevas necesidades de la población favorecieron la apertura de nuevos accesos. En relación con el primero hay que mencionar la apertura en el siglo XIII de la puerta Nova da Vila o puerta da Rúa da Pena, emplazada en la actual calle da Pena. Con posterioridad (a lo largo de los siglos XIV y XV) se abrirán otras puertas menores o postigos como los de las Algalias, San Fiz y do Souto. El postigo de San Fiz, por ejemplo, estuvo prácticamente destinado al servicio del pazo del Conde de Altamira, antaño situado en el área que ocupa el mercado de abastos.

Las puertas de la antigua muralla son fácilmente reconocibles en el plano de Compostela, por cuanto continúan siendo los principales puntos de acceso a la ciudad histórica. Sin embargo, sólo una de ellas conserva la estructura con arco que facilita su identificación como antigua puerta de la ciudad: la puerta de Mazarelos. ¿Hasta cuándo estuvieron en pie las otras puertas de la ciudad? y ¿Por qué no se destruyó el arco de Mazarelos?

Los arcos que delataban las puertas de la ciudad de Santiago existieron hasta el siglo XIX. Aunque las razones defensivas hacía tiempo que no justificaban su mantenimiento, su efectividad para controlar epidemias y, sobre todo, para recaudar impuestos, justificaron su conservación hasta época contemporánea. De hecho, los últimos proyectos reconstructivos de las puertas datan del siglo XVIII, como los de la puerta de San Francisco y de la misma puerta de Mazarelos, objeto de reconstrucción en el año 1751.

Proyecto reconstructivo del año 1741 para la puerta de San Francisco - AHUS. AM Consistorios. Libro 157, 135r y 136r, extraído de Vigo 2012
Proyecto reconstructivo del año 1741 para la puerta de San Francisco - AHUS. AM Consistorios. Libro 157, 135r y 136r, extraído de Vigo 2012

El coste de mantenimiento, la presión urbanística y las necesidades del nuevo tráfico rodado son las principales causas que provocarán la desaparición de las puertas en el siglo XIX. Ésta se produce algunas veces de manera progresiva, como la de la puerta del Camino. Su sistema de doble arco fue objeto de demolición en dos fases. La primera tuvo lugar en el año 1800 cuando se procedió a demoler el arco interior para ensanchar el vano y facilitar así el tránsito de carruajes y procesiones. La segunda y definitiva tuvo lugar en 1835.

La puerta Faxeira en el grabado de Pier María Baldi de 1669 - extraído de Taín Guzmán 2012

La documentación histórica y la puerta de Mazarelos son las fuentes principales para poder reconstruir el aspecto originario de las puertas de la muralla. Todas ellas contaban con una estructura de arco que podía ser doble como en el caso de la puerta do Camiño. Aparecían flanqueadas por sendos torreones que fueron, con excepción de la puerta Faxeira, de planta cuadrangular o rectangular. El dibujo realizado por Pier María Baldi en el siglo XVII muestra la puerta Faxeira flanqueada por sendos torreones de planta semicircular.

La larga pervivencia en el tiempo de la muralla y su incierta vida provocó una constante labor de reconstrucción y parcheado que, en muchos casos, supuso la reutilización de aquellos elementos que presentaban un buen estado de conservación. Este es un aspecto que se puede comprobar en la actual puerta de Mazarelos. Si bien el arco es una reconstrucción del XVIII, la estructura conserva en la jamba oeste uno de los torreones que la defendían.

La lectura estratigráfica de alzados es un método de análisis utilizado en la arqueología para diferenciar, ordenar y datar las fases por las que han pasado los edificios desde su origen hasta la actualidad. A través de él se identifican los diferentes elementos que componen un edificio histórico, cuáles son producto de la construcción original, cuáles son añadidos, de manera que se pueda reconstruir una secuencia lógica de las fases constructivas, destructivas y reconstructivas de la edificación. Esta reconstrucción se realiza a través de la descripción detallada de cada uno de los elementos y de la relación entre ellos (una estructura trabada a otra generalmente denota contemporaneidad, un adosamiento posterioridad, etc.).

La lectura estratigráfica realizada de la puerta Mazarelos ha constatado que la estructura del arco se ha conservado en su totalidad prácticamente sin modificaciones desde su último momento reconstructivo: 1751. La decoración de placas y, sobre todo, el hecho de que las líneas de mechinales del intradós del arco estén perfectamente alineadas y a la misma altura, avalan esa hipótesis. Esta estructura se adosó a uno de los torreones que en ese momento se conservaban en la jamba oeste de la puerta, por su parte exterior. Las características constructivas del torreón sugieren que estemos ante una estructura de origen muy posiblemente medieval, si bien, la existencia de diferencias constructivas en la cimentación del mismo constatan que en dicha época se produjese, al menos, una reconstrucción.

Lectura de alzados de la puerta de Mazarelos - López Cordeiro 2009
Lectura de alzados de la puerta de Mazarelos - López Cordeiro 2009

Torreón de Fonte de Santo Antonio

La representación más antigua que se conserva de la muralla de Santiago (el plano de 1595 que se conserva en el Archivo General de Simancas) representa un muro reforzado con sesenta torreones, de los que 12 están flanqueando algunas de las puertas de la ciudad. Con excepción de los que flanquean la puerta Faxeira (que son de planta semicircular), todos ellos son de planta cuadrangular o tendente a rectangular. La distancia entre los torreones no es equidistante sino que, dependiendo del sector concreto de la ciudad en que nos ubiquemos, se aprecia una mayor o menor presencia de los mismos. Las razones estarían relacionadas muy probablemente con la mayor necesidad de protección de unos sectores sobre otros, atendiendo a sus características de emplazamiento geográfico, a la existencia de construcciones con sus particulares sistemas de defensa, etc.

La muralla de Santiago - A.G.S. 1595
La muralla de Santiago IEGPS-CSIC 1750

Casi 200 años después, en el año 1750, la representación de la muralla de la ciudad es bien distinta. La muralla ya no define y delimita la ciudad histórica sino que es un muro casi testimonial, con escasa e incluso nula presencia de torreones más allá de los que defienden las puertas de entrada a la ciudad. Este plano de la ciudad, que se conserva en el Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento, llama la atención por trazar la planta de la ciudad de forma ovalada, obviamente muy alejada de la forma arriñonada real.

El sector de Fonte de Santo Antonio - IEGPS-CSIC. Cartografía de 1750
El sector de Fonte de Santo Antonio - Concello de Santiago. Cartografía de 1783

Los torreones que han llegado a nosotros son tres. El primero es el que flanquea la jamba oeste de la puerta de Mazarelos. Los otros dos son estructuras descontextualizadas, es decir, son elementos aislados que no conservan restos de muro anexos que permitan identificarlos como parte integrante de la muralla, ya que ésta ha desaparecido. Sabemos que, efectivamente, han sido parte de ella por el lugar donde se emplazan, por sus dimensiones y características constructivas, así como por la información contenida en la documentación histórica.

Torreones que han quedado en pie de la muralla medieval en Porta de Mazarelos, Praza da Oliveira y Fonte de Santo Antonio - López Cordeiro 2009
Torreones que han quedado en pie de la muralla medieval en Porta de Mazarelos, Praza da Oliveira y Fonte de Santo Antonio - López Cordeiro 2009
Torreones que han quedado en pie de la muralla medieval en Porta de Mazarelos, Praza da Oliveira y Fonte de Santo Antonio - López Cordeiro 2009

Ambos torreones han sido absorbidos por edificios construidos posteriormente. En el caso del que se conserva en la plaza da Oliva (emplazada en el sector este de la ciudad, entre las puertas de Mazarelos y del Camino), la construcción de un inmueble en el siglo XX ocultó los laterales norte, este y sur de la torre. Una fotografía del año 1919 permite comprobar cómo hasta esa fecha la disposición de las casas seguía conservando (con excepción de la emplazada al sur del torreón) la alineación exterior de los torreones de la muralla. Durante el siglo XX se traza un nuevo alineamiento que, siguiendo aproximadamente la de la fachada del vecino convento de San Agustín, oculta el torreón pero respetándolo.

Torreón de la plaza da Oliva en fotografía de 1919 - Cabo y Costa 1996:144

El segundo torreón se emplaza también en la zona este de la ciudad, en el tramo comprendido entre las puertas de Mámoa y Mazarelos. Aunque también presenta dos de sus caras ocultas, su presencia es mucho más clara e imponente que el de la plaza de la Oliva al sobresalir del muro de cierre de las instalaciones del convento de las Huérfanas-Colegio de Nuestra Señora de los Remedios.

¿Por qué han llegado a nosotros estos dos elementos? Al igual que ocurrió con el tramo de muralla de Entremuros 18, las ventajas de mantener la edificación tuvieron que pesar más que las que supondría su demolición. El hecho de que hayan llegado a nosotros sin resto alguno de muralla asociado podría ser indicativo de que estuviesen adosados y no trabados al muro, ya que, de ser este último caso, la demolición de la muralla habría supuesto la del torreón.

¿Cómo llegó a ser propiedad privada la muralla? El mantenimiento de la cerca era muy costoso y una de las fórmulas más comúnmente usadas por el Ayuntamiento para mantenerla era el aforamiento de la misma y terrenos anexos. En el caso de instituciones como el convento de las Huérfanas (u otros como San Martiño Pinario, el colegio de los Jesuítas, San Agustín, colegio de Fonseca) que contaban con su propio muro de cierre que distaba escasos metros de la muralla de la ciudad, era muy común que las instituciones se fuesen apropiando poco a poco de ese espacio sin construir existente entre ambos elementos hasta convertir la cerca de la ciudad en el muro de cierre de la institución. La apropiación se hacía tomando como línea exterior del muro la cara externa de los torreones, solución que ha sido constatada por la documentación histórica no sólo en este caso de las Huérfanas sino también en San Martín Pinario y en el cercano convento de San Agustín.

En el caso de las Huérfanas parece que ese proceso de apropiación se inició en 1722 cuando la rectora del colegio pide permiso para incorporar a la huerta un pedazo de terreno que media entre ésta y la muralla. El Ayuntamiento concede entonces licencia para hacer una muralla por la parte de la fuente de Santo Antonio, desde la almena donde se halla la fuente (el torreón) hacia el SW. Será en 1876 cuando se aborde la construcción del muro de cierre que oculte el alzado NE, quedando desde entonces el torreón como crujía de las dos alas del colegio.

Lectura estratigráfica de alzados del Torreón de Fonte de Santo Antonio - López Cordeiro 2009

El torreón de la Fonte de Santo Antonio nos da pistas acerca del sistema constructivo empleado en estas estructuras que reforzaban la muralla medieval. Se trata de una construcción de planta cuadrangular, aunque con uno de los ejes ligeramente mayor que el otro (en torno a 5,50 m de diámetro). Sus alzados tienen una forma ataludada suave, disminuyendo así la planta superior proporcionalmente con respecto a la inferior. Los muros se levantan sobre un zócalo, en este caso de bastante altura, que es unitario al resto de la construcción y que, a diferencia de los alzados del torreón, tiene un perfil recto. Los alzados presentan un aparejo de mampostería irregular de tamaño medio-grande, que aunque mantiene hiladas no son regulares. Las juntas están a hueso y enripiadas. Se emplea piedra local. Sin embargo, para las esquinas se reserva el granito y son de sillería más o menos regular (en algunos casos se emplean bloques y no sillares) dispuesta a soga y tizón. Se documenta la reutilización de materiales.

Estas características se repiten en el torreón de Aller Ulloa, en el que se conserva en la puerta de Mazarelos y en los conservados a nivel de subsuelo en Senra 18 y Rajoy. Con base en la lectura de paramentos realizada del torreón podemos decir que se diferencia netamente una fase originaria que fue objeto de remodelaciones y ampliaciones posteriores que bien podría ser la de época medieval o bien fruto de una reconstrucción posterior. Por el momento no contamos con datos que nos ayuden a precisar su cronología.