Patrimonio IV: fuera del lugar sagrado (siglos IX y X)

Fuera del pequeño núcleo eclesiástico configurado en torno al sepulcro del apóstol (Locus Sancti Iacobi) existieron pequeñas aglomeraciones de población de carácter rural, que se conocen con el término latino de vicus (vici en plural). En el siglo IX existían tres vici en Compostela: uno en las inmediaciones de la porta Faxeira (Vilar), otro al noreste del recinto sagrado (coincidiendo con la actual plaza de Cervantes) y un tercero en torno a la iglesia de San Fiz de Lovio.

Estos sectores estuvieron organizados de forma similar a los pequeños núcleos rurales actuales, es decir, se disponían en torno a viviendas unifamiliares que contaban con una zona anexa dedicada a tierras de labor. Para garantizar el correcto abastecimiento durante todo el año de la producción agrícola, una parte de ese espacio anexo se habilitaba para acumular el excedente. La solución más comúnmente utilizada en esa época para garantizar la correcta conservación del producto durante un período de tiempo más o menos prolongado era sencilla y económica, y consistía en construir silos subterráneos. Estos campos de silos son el único testimonio arqueológico que hasta el momento ha llegado a nosotros de la primitiva organización espacial de la Compostela suburbial altomedieval.

Los silos se realizaban excavando fosas de forma generalmente globular en el sustrato rocoso. Una vez excavada la fosa se acondicionaban sus paredes y el fondo de la misma con una camada de arena mezclada con conchas machacadas que protegía de la humedad el producto a almacenar. Una vez depositado el producto a conservar (generalmente grano), la fosa era sellada por la parte superior generando una atmósfera carente de oxígeno que facilitaba no sólo que los granos no germinasen, sino también que proliferasen insectos y hongos. Estos silos o bien se abrían periódicamente para consumir el producto, o permanecían sellados durante meses, para preservar el cereal para la simiente.

En Santiago han sido identificadas estructuras de esta tipología en varios puntos (Pexigo de Arriba, Raíña, Acibechería, San Paio, Preguntoiro, Franco), aunque sólo en dos de ellos los trabajos arqueológicos han confirmado que se trataba de estructuras de almacenamiento de cereal de época altomedieval: el nº 23 de la calle do Preguntoiro y el nº 31 de la calle do Franco.

El uso de este tipo de estructuras parece que desapareció en Compostela a partir del siglo XI, al menos en el espacio urbano que posteriormente conformará el recinto intramuros. Dos circunstancias han podido influir en ese abandono. Por un lado, el hecho de que la iglesia compostelana comenzase a canalizar este excedente a través de la Tenencia do Hórreo. Por otro, la fuerte presión demográfica y urbanística de los siglos XI, y sobre todo XII y XIII, que llevó a una profunda reestructuración de la morfología de las villas medievales. El espacio, hasta entonces organizado en torno a casas familiares separadas con su correspondiente área anexa destinada a labor, será sustituida por un trazado urbano bien ordenado y alineado.

Preguntoiro 23

La calle do Preguntoiro constituye uno de los sectores más tempranamente poblados de Santiago. Diversos autores sostienen que su trazado coincidiría con el eje central del primitivo asentamiento castreño que existió en Compostela en época prerromana. El nombre de la calle hace alusión a los pregones que se hacían desde una torre que antaño existió en el sector de la calle más próximo a la zona del Campo (actual plaza de Cervantes).

Durante las obras de rehabilitación del edificio ahora destinado a Auditorio de Abanca fue localizado en el nº 23 de la calle el campo de silos mejor conservado y de mayor extensión excavado hasta el momento en Santiago. Este yacimiento está conformado por un conjunto de unas veinte fosas excavadas en el sustrato natural. Su número, uniformidad y características morfológicas llevan a pensar que se trataba de un complejo de uso comunitario, sobre todo porque sabemos que la extensión del campo era mayor, ya que varias de las fosas continúan bajo los muros delimitadores del inmueble actual.

Con excepción de tres de ellas de sección cuadrangular, las fosas son todas circulares y aparecen repartidas por toda la extensión del solar. Sus dimensiones son variables. Por ejemplo, en cuanto a las profundidades varían entre los 0,30 m de la más superficial y los 3,30 m de la más profunda. Existe una que alcanza los 5 m de profundidad y que ha sido interpretada como un pozo. El resto son estructuras de almacenamiento de cereal (trigo en especial), tal y como han avalado las analíticas realizadas.

Se desconoce la antigüedad exacta de las fosas pero se sabe que son anteriores al siglo X, momento en el que, por falta de uso, comienza la colmatación o relleno de algunas de ellas.  

Detalle de la excavación del campo de silos - Pérez Mato 2012
Detalle de la excavación del campo de silos - Pérez Mato 2012

Pero lo llamativo de este interesante campo de almacenamiento de cereal es que cuando las fosas dejaron de ser utilizadas para esa función, fueron reutilizadas para curtir y tratar pieles. Para poder reconvertir este sector en una tenería o curtiduría tuvo que ser construido un complejo sistema de canalizaciones que garantizase las necesidades de agua requeridas por una instalación industrial de este tipo. Si bien no existían manantiales y/o ríos en el entorno inmediato, el agua necesaria se obtenía fácilmente debido a la superficialidad del nivel freático y a la existencia de pozos y albercas como los registrados en la excavación.

La tenería dejó de funcionar en el siglo XI, aspecto que conocemos a través de los materiales localizados entre los rellenos que colmataron las fosas. Es entonces cuando comienza la urbanización del solar nº 23 de la calle Preguntoiro.

En época barroca se construyó aquí uno de los palacios más emblemáticos de la ciudad: el pazo de Ximonde. La construcción de su cimentación tuvo un importante efecto en el subsuelo, sin embargo, no impidió que parte de ese pasado medieval se siguiese conservando. La profundidad alcanzada por algunas de las fosas de almacenamiento garantizó su conservación hasta la actualidad. Algunas de las estructuras murarias registradas durante la excavación arqueológica evidenciaron que el edificio barroco reutilizó muros de edificaciones anteriores. Por la forma en que éstos estaban construidos y los materiales arqueológicos registrados, se sabe que hubo un edificio anterior construido o habitado hasta los años finales de la Edad Media.

El pazo fue durante los siglos XVIII y XIX la residencia urbana de los Condes de Ximonde. Constituye un magnífico ejemplo de la arquitectura palacial del Barroco.

Franco 31

La calle do Franco fue testigo de los primeros años de la historia de Santiago. Recibe su nombre del origen de quienes fueron sus principales y primeros moradores: los franceses. En el Tumbo de Sobrado se conservan documentos de finales del siglo X en los que se hace alusión al arraigo de franceses en esta zona. La vocación gastronómica y hostelera del Franco es casi tan antigua como la propia calle.

En el nº 31 de la calle (taberna O Boteco) se localiza el único campo de silos de la villa altomedieval que puede ser visitado a día de hoy. Está conformado por diversas estructuras de tipo fosa excavadas en el sustrato. Entre ellas se registraron tres fosas de sección circular de pequeño tamaño y dos grandes estructuras de almacenamiento, una en torno de 1,10 m de diámetro y 2,50 m de profundidad, y otra en forma de botella de 2 m de diámetro y 4,40 m de profundidad. Los silos formarían parte de un establecimiento de mayor extensión, tal y como avala que se extiendan por debajo de la cimentación de los muros del edificio actual.

En estas fosas fueron almacenadas hortalizas, frutos secos, tubérculos, setas o fruta. Para la mejor conservación y limpieza de los silos, la excavación de Franco 31 ha constatado que se practicaban hogueras en su interior.

Al igual que en el caso de Preguntoiro los materiales localizados en asociación a las tierras que colmataban las fosas indican que los silos dejaron de ser utilizados en el siglo XI, momento en el que se procede a la ordenación urbana de la ciudad.

De acuerdo con el estudio de los paramentos murarios y de la documentación histórica que se conserva del edificio que ocupa actualmente el nº 31 de la rúa do Franco, parece que la etapa edilicia más antigua conservada se remontaría a los años finales de la Edad Media. Durante esa etapa la línea de fachada del edificio que da a la rúa do Franco no se correspondería con la actual, sino con el magnífico arco dovelado de sillería de granito que se contempla una vez se accede al edificio actual. Ese arco fue recuperado durante las obras de restauración del edificio que acompañaron a la actuación arqueológica. Con anterioridad, el arco estaba cegado y toda la pared en la que se ubica cubierta por un revoco que ocultaba su presencia. La ampliación del inmueble hasta sus dimensiones actuales se produjo en el siglo XVII.