Patrimonio III: el lugar sagrado (siglos IX y X)

A lo largo del siglo X se produce un lento aunque constante crecimiento de la población de Santiago. El abastecimiento de la población que vivía en el núcleo eclesiástico, generado en torno al sepulcro, y la creciente necesidad de atender a los peregrinos que se acercaban al nuevo lugar santo, van transformando el lugar sagrado en una villa medieval. Con excepción del sector más próximo al antiguo locus, en la villa seguirán sin visualizarse rasgos de urbanización claros, es decir, una planificación y ordenación urbana propiamente dicha.

La necesidad de defender de los ataques normandos esa villa es la que condujo a la construcción del gran hito urbanizador de la Compostela del siglo X: el sistema defensivo auspiciado por el obispo Sisnando II. Según asegura el profesor Fernando López Alsina, constituye el mayor esfuerzo de fortificación de toda la Alta Edad Media de Galicia.

El sistema defensivo lo componían dos circuitos diferentes. El primero estaba conformado por muro y torres reforzados con profundos fosos rellenos de agua. Su trazado discurría por el límite del antiguo locus, es decir, por las calles Acibechería, Preguntoiro, Xelmírez y cerraría aproximadamente por el lateral oeste de la Catedral. El segundo estaba compuesto por foso y empalizada, a modo de segundo anillo de protección, y su trazado discurría por las rúas de Rodas, Hospitaliño, Costa Vella, Costa de San Francisco, Carretas, Trinidad, Rajoy, Rodrigo de Padrón, avenida de Figueroa, Senra, Fonte de Santo Antonio, Ensinanza, Virxe da Cerca y Aller Ulloa.

Varios han sido los puntos de la ciudad donde han sido identificados restos asociados al primer circuito del sistema defensivo de Sisnando II (San Paio 19, Banco de España, Acibechería 29, subsuelo de la Catedral). Las estructuras relacionadas con el segundo (posiblemente identificadas en Senra 18, avenida de Rodrigo de Padrón y avenida de Rajoy) presentan problemas interpretativos importantes debido al impacto que la construcción de la segunda muralla tuvo sobre ese sistema de foso y empalizada.

Aunque todos los elementos asociados al sistema defensivo del siglo X aparecen vinculados al nivel del subsuelo (por lo que no pueden ser visitados), la configuración urbana actual permite reconstruir perfectamente el trazado de la antigua cerca a través del perfil curvo del encuentro del caserío de Preguntoiro con Acibechería y Xelmírez.

Acibechería 29

La calle Acibechería es el recorrido final urbano del camino francés de peregrinación a Compostela. Constituye, por esta razón, una de las calles más transitadas y de mayor animación de la ciudad compostelana. Su nombre hace referencia al gremio artesanal de los azabacheros, uno de los más poderosos de la ciudad durante la Edad Media.

El yacimiento localizado en el nº 29 de la calle permite reconstruir la historia del solar desde los siglos VIII-IX (etapa en la que este espacio fue usado como cementerio) hasta la actualidad (funcionalidad doméstica, uso que podemos retrotraer a los siglos centrales de la Edad Media).

La proximidad de este sector al edículo apostólico justifica que, en contraste con otros puntos coincidentes con el trazado de la cerca, el abandono y destrucción definitivos del sistema defensivo del siglo X se produjese entre los siglos XII y XIII (tal y como atestiguan los materiales asociados a los depósitos que colmataron el foso) y no cuando se levanta el sistema defensivo del siglo XI. La huida de Gelmírez en 1116, perseguido por los burgueses, por los tejados de las casas contiguas a la iglesia de la Corticela hasta alcanzar San Miguel de Agros, avalaría la conservación de la muralla altomedieval en esa fecha. Según nos cuenta el enclave arqueológico localizado en el solar nº 29 de Acibechería, el sistema defensivo del siglo X estaba conformado por muro, torres y foso. La muralla es un muro de mampostería de doble hoja de 1,85 m de ancho con relleno de piedra en su interior ligado con una arcilla de color amarillento. Aparece reforzada en este punto por una torre de planta rectangular. A unos 5 m al norte de la torre /muralla se abría un foso cuya anchura fue de, al menos 5 m. La profundidad del mismo fue de 3 m medidos a partir de la base de la torre.

El hecho de que el límite sur de la muralla estuviese un poco retranqueado hacia el sur con respecto al muro de la torre, es interpretado por los responsables de la actuación arqueológica por la existencia de una puerta en este punto.

Petroglifo del Monte Correxíns con representación de laberintos - Acuña dir. 1987: 81
Petroglifo del Monte Correxíns con representación de laberintos - Acuña dir. 1987: 81

Entre el espacio que mediaba entre el foso y la muralla fueron registrados unos pozos o silos de características muy afines a los que veremos en los yacimientos de Franco 31 y Preguntoiro 23. En general, son de forma circular aunque algunos presentan forma de botella, haciéndose más estrechos hacia la zona subsuperficial. Si bien en el caso de Franco 31 y Preguntoiro 23 es claro que se trata de estructuras de almacenaje, el hecho de que parezcan coetáneos a las estructuras defensivas y que también hayan sido registrados elementos de iguales características en San Paio 19, no permiten descartar que estén relacionados con el sistema defensivo.

Las estructuras defensivas levantadas en el siglo X destruyeron parcialmente la ocupación anterior del solar que, de acuerdo con los restos analizados, habría formado parte del espacio cementerial existente en el entorno de la tumba del Apóstol Santiago desde época romana.

Torre del sistema defensivo del siglo X documentada en Acibechería 29 - Rodríguez y Rey 1987

Los tipología y disposición de las tumbas parece corresponder a una cronología altomedieval (siglos VIII-IX). Se trata de tumbas excavadas en el sustrato rocoso que pueden o no tener forma antropomorfa. Todas presentan una orientación E-W con la cabeza orientada hacia el oeste. Los largos varían entre los 1,85 y 2,10 m, los anchos son variables aunque hay una tendencia clara a ser más estrechas en los extremos. Algunas de las tumbas conservaban una cubrición realizada con lajas de esquisto local y presentaban una laja hincada en cada uno de los extremos marcando así el límite de los enterramientos. En algunos de los enterramientos se sustituye la mampostería de esquisto por ladrillo ligado con argamasa.

San Paio 19

El solar nº 19 de la rúa de San Paio es el único punto de la ciudad donde se conserva el foso del siglo X. La presencia del foso altomedieval en San Paio se evidenció durante las obras de rehabilitación del edificio actual, obra del conocido arquitecto Manuel Pereiro Caeiro de los años 1882-1885.

Las casas que se conocen en Santiago obra de Manuel Pereiro Caeiro son edificios de cimentación sólida para cuya construcción fue requerida la excavación de los terrenos hasta la roca. Cuando se procede a la excavación arqueológica de este solar en los primeros años del siglo XXI, llamó la atención de sus responsables que Pereiro hubiese renunciado a su proceder habitual, ya que parte de la cimentación del edificio se sostenía sobre un relleno de tierra. Ésa fue la primera pista que llevó a sospechar que el pasado medieval del solar aún permanecía sepultado.

El foso del siglo X se evidencia en el solar 19 de San Paio a través de la existencia de un potente rebaje en el sustrato rocoso de orientación N-S que ocupaba la integridad de la anchura del solar y que claramente continuaba bajo los muros medianeros de la edificación actual. La profundidad del foso conservada es de 4,5 m pero en su momento fue mayor. Las sucesivas urbanizaciones posteriores del solar uniformizaron la diferencia de cota existente entre los dos extremos del solar (rúas Preguntoiro y San Paio), de manera que en el sector del Preguntoiro la profundidad del foso debió de ser de, al menos, 7 m y en Santiago de 5,5 m.

Foso del sistema defensivo del siglo X descubierto en San Paio 19 - Rodríguez Fernández 2000
Foso del sistema defensivo del siglo X descubierto en San Paio 19 - Rodríguez Fernández 2000

La línea exterior del foso (la más alejada de la muralla que reconocemos con el nombre de contraescarpa) habría coincidido con la fachada del actual inmueble de Preguntoiro 26. Desde ahí se abría un profundo corte con sección en “U” abierta de 8,5 m de ancho que alcanza su punto más hondo en unos 6,5 m por debajo de la cota de la calle actual. Este sector más profundo, según apunta la documentación histórica, estuvo relleno de agua.

Desde la línea interior del foso o escarpa hasta la muralla, se dejó un espacio libre de, al menos 7 m, espacio en el que, al igual que en Acibechería 29, fue registrada la existencia de agujeros profundos excavados en el sustrato, tipo fosas o pozos, con planta tendente a óvalo o círculo que se consideran coetáneas a la construcción del sistema defensivo.

De acuerdo con la secuencia estratigráfica excavada en el interior del foso, parece que mientras éste estuvo en funcionamiento fue objeto de limpieza y mantenimiento constante. Sin embargo, hay un momento en que el que se produce un aporte masivo de escombro con la clara intencionalidad de inhabilitar la estructura. El foso se rellena de una sola vez con un depósito de piedra de construcción y tierra con abundantes restos de roca fragmentada del propio entorno. Esta acción se produce en el siglo XI coincidiendo con la construcción de la nueva cerca de la ciudad.

Una vez que el sistema defensivo pierde su función, la ocupación del espacio ocupado por muralla y foso es muy rápida y localizada en el tiempo. Es éste un aspecto que se comprueba en todos aquellos sectores de la ciudad donde ha sido registrada la cerca del siglo X, pero también en todos aquellos yacimientos relacionados con la Compostela de los siglos IX y X (Franco 31, Raíña 11, Preguntoiro 23, Acibechería,  Banco de España). Esta fulminante ocupación de los terrenos tiene mucho que ver con la planificación urbanística de la ciudad iniciada tras el levantamiento de la nueva cerca en el siglo XI, promovida por el obispo Peláez y consolidada por Diego Gelmírez. El diseño y ordenación de la ciudad tuvo especial importancia en este sector intramuros, al ser el más solicitado por la población por su proximidad al lugar santo.

Praterías

Antiguamente conocida como plaza dos Ourives, la plaza das Praterías constituye el único punto de la ciudad en el que, desde 1418, se permitía trabajar y vender sus productos a orfebres y plateros. La plaza está cerrada al este por una edificación que alberga la actual sede del Museo de las Peregrinaciones y de Santiago. El edificio es una obra del siglo XX concebida originariamente para albergar la sede del Banco de España. La excavación arqueológica, necesaria para proceder a la rehabilitación del edificio del banco como museo, descubrió que en el sector más meridional del sótano de la edificación se conservaba el foso del sistema defensivo del siglo X, cuyo trazado se prolongaba por debajo de la cimentación, invadiendo así parte de la calle Xelmírez.

A pesar de que la intención inicial era que el foso formase parte de la oferta divulgativa del Museo, por problemas de seguridad estructural tuvo que ser rellenado y sellado en el año 2014, por lo que no puede ser visitado.

La actuación arqueológica ha permitido saber que el foso de cierre de la Villa Sancti Iacobi discurría antaño por la actual rúa Xelmírez dibujando un leve arco en el sentido SE-NW. El fondo de la estructura acusaba un buzamiento claro hacia el oeste en el sector del solar situado más hacia el este, después adquiría una forma plana, respetando así la forma natural del relieve entre la Fonte Sequelo y la plaza das Praterías. Es probable que el foso se alimentase, en parte, de las aguas procedentes del manantial del que se nutre la Fonte Sequelo y que nace escasos metros por encima de su emplazamiento actual.

Foso del sistema defensivo del siglo X descubierto en los sótanos del edificio del Banco de España - Gil Agra 2013

La profundidad que se ha registrado es de unos 2,5 - 3 m, si bien, al igual que en el caso de San Paio, el nivel del sustrato fue rebajado en el siglo XX, cuando se acometió la construcción del Banco de España, por lo que el foso alcanzaba originariamente una mayor profundidad.

Las diferencias constructivas que se observan respecto al foso registrado en San Paio y Acibechería bien pueden responder a la adaptación del terreno preexistente. La construcción siempre ha sido una actividad costosa, por lo que aprovechar las ventajas y desventajas que ofrece la orografía natural, para construir de manera eficaz con la menor cantidad de recursos disponible, ha sido una constante en la historia de la construcción hasta muy entrado el siglo XX.

En ese sentido, la construcción del foso en este punto estuvo marcada por dos factores: la excesiva pendiente del terreno y la abundancia de agua. De esta manera se optó por ejecutar un foso con sección en “V” abierta. La contraescarpa del foso (o sector más exterior a la muralla) aparecía compartimentada en cuatro espacios diferentes mediante la existencia de tres muretes, tres resaltes realizados en la propia roca en sentido N-S, es decir, de manera transversal al sentido del foso. La existencia de esta compartimentación facilitó las labores de achique de las aguas del interior del foso, produciendo pequeñas zonas de acumulación que se concentraban en la orilla inferior de la escarpa.

Sistema de compartimentación del foso para facilitar su mantenimiento y limpieza - Gil Agra 2013

Aunque la ocupación del foso, una vez el sistema defensivo perdió su función, se produjo de una manera muy rápida y localizada en el tiempo, parte de la estructura (su sector más meridional) se mantuvo abierta para facilitar la evacuación de las aguas procedentes de los manantiales de la zona.   

Potencia de las terras que colmataron el foso y algunos de los materiales documentados - Gil Agra 2013

Los depósitos de tierra utilizados para rellenar el foso en Platerías contenían abundante cultura material de época medieval plena (siglos XI y XII), entre la que destaca una importante colección de material orgánico. La abundancia de agua facilitó la atmósfera ideal de conservación para estos elementos de carácter perecedero que nos acercan a los modos de vida de la Edad Media. Destaca dentro de la colección el registro de diversas piezas de menaje de cocina de madera (plato, jarra, …), y un fragmento de un yugo de un arado, además de algunos elementos de cuero.

Fragmento de yugo de madera de pino procedente o bien de un yugo de hombro o de un yugo cornal recuperado del relleno del foso - Porto Tenreiro 2013

Precisamente la superficialidad del nivel freático debido a la abundancia de agua y el tipo de terreno que aquí existe, de textura muy blanda, generalizó durante la Edad Moderna un sistema de cimentación económico pero eficaz. Este método, que se conocía a través de la documentación histórica por su uso en las vecinas casa do Deán y casa do Cabildo, ha sido constatado por la arqueología tanto en los sótanos del Banco de España como en el solar nº 11 de la Raíña.

Restos del sistema de cimentación para terrenos blandos del siglo XVIII descubierto en los sótanos del edificio del Banco de España - Gil Agra 2013

Esta técnica consiste en asentar la estructura muraria sobre puntones de madera que se hincan en los terrenos blandos de naturaleza arcillosa, de forma que se facilita el drenaje de los terrenos. La construcción y asiento de los muros de la manera convencional habría actuado como dique de contención de aguas y afectaría a la estabilidad del edificio, por lo que no podía ser utilizada. Este sistema se utilizó de manera generalizada en el sig