Patrimonio I: del año 4.500 a.C al siglo I d.C.

La reconstrucción de la Compostela prerromana con base en los elementos conservados en la ciudad histórica es muy complicada, tal y como se ha podido comprobar tras la lectura del apartado anterior. Sin embargo, parece claro que es muy probable que el sector ocupado ahora por la ciudad histórica estuviese deshabitado, no tanto por las referencias toponímicas que han pervivido (el topónimo de porta da Mámoa y la rúa do Castro) como por la constatación de ocupación de paisajes similares en otros puntos del municipio. ¿Qué es entonces lo que aquí pudo haber? Para contestar a esta pregunta es necesario trazar una breve reseña del patrimonio arqueológico catalogado en el Ayuntamiento de Santiago.

Dentro del Ayuntamiento de Santiago de Compostela hay catalogados (esto es que son conocidos y están inventariados en el catálogo del Plan General de Ordenación Urbana del Municipio) 127 yacimientos arqueológicos. De ellos, cerca del 90% corresponden a la etapa prerromana y, dentro de ella, existe una notable presencia de los yacimientos de carácter funerario asociados a la etapa neolítica, que en Galicia se conocen con el nombre de mámoas (constituyen algo más del 58% del total de yacimientos). En torno a un 22% son yacimientos fortificados de la Edad del Hierro y un 8,66% son petroglifos. El 10% del total que resta se reparte entre yacimientos medievales y yacimientos al aire libre en general adscritos a la prehistoria reciente, aunque en algunos casos es difícil determinar su cronología.

La desigual distribución de yacimientos por etapas tiene una relación importante con el tipo de relieve predominante en la comarca de Santiago, caracterizado por la presencia de dos importantes formas de relieve: zonas de valle abiertas y zonas de penillanura. A las primeras aparecen asociados los asentamientos de la Edad del Hierro y época histórica, a las segundas se vinculan los yacimientos adscritos a la prehistoria reciente, en especial, las mámoas.

Pero otro aspecto influye en esa desigual proporción de yacimientos: la práctica inexistencia de proyectos arqueológicos de carácter intensivo desarrollados en la comarca. Por tanto, debe tenerse presente que el catálogo de yacimientos conocidos es sólo meramente orientativo del patrimonio arqueológico real del municipio.

A continuación se selecciona dentro de esa muestra un grupo de yacimientos que, si bien ejemplifican las características del patrimonio arqueológico de la comarca santiaguesa, no son más que una mínima muestra, ni siquiera la más representativa.

La necrópolis de As Chans das Figueiras

El megalitismo es un fenómeno cultural que aparece en Galicia en torno al año 4500 a.C. y que se extenderá hasta el 1700 a.C. Sus constructores son las sociedades neolíticas, las primeras sociedades de agricultores y ganaderos. En los inicios de la Edad del Bronce se sigue produciendo esta práctica de enterramiento aunque en mucha menor medida. El megalitismo se caracteriza por la aparición generalizada en el paisaje de unos monumentos que contienen enterramientos individuales o, más comúnmente, colectivos. Las tumbas podían ser grandes sepulcros de piedra o cámaras (antas o dólmenes) cubiertos por un túmulo o mámoa (como así son denominadas en Galicia) hecho con tierra y piedra, pero otras veces los enterramientos se hacían directamente en la tierra sin cámara de piedra asociada o ésta era de menor tamaño (cista).

 Las mámoas que más abundan en Galicia son, precisamente, las que no presentan cámara megalítica. De hecho en el Concello de Santiago ninguna de las mámoas catalogadas conserva cámara, bien porque nunca la tuvo, bien porque haya sido destruida.

Mámoas 4 y 5 de la necrópolis de Chans de Figueiras - Ayto. De Santiago de Compostela

La necrópolis de As Chans de Figueiras se localiza en el lugar de Brins, en la parroquia de Santa María de Figueiras y está conformada por un conjunto de, al menos, siete mámoas. Las mámoas se disponen en la zona prominente de una dorsal que constituye la más adecuada vía de tránsito y comunicación de la zona. Las dimensiones de cada una de ellas son variables desde los 14 m de la más pequeña a los 28 de la más grande. Se trata en todos los casos de túmulos de tierra y piedra sin restos de cámara megalítica. Algunas de las mámoas conservan restos de piedras a nivel superficial en la masa tumular que sugieren la existencia de una coraza. La coraza era un recubrimiento pétreo que se disponía en la masa tumular y que aparece de forma generalizada en casi todas las mámoas del territorio gallego.

Los enterramientos se acompañaban de ajuares variados: industrias líticas, cuentas de collar y cacharros cerámicos. En el caso de la necrópolis de As Chans de Figueiras, el único elemento documentado hasta el momento ha sido una bola pétrea realizada en granito.

Petroglifos do Castriño de Conxo

Petroglifo del Monte Correxíns con representación de laberintos - Acuña dir. 1987: 81

Los petroglifos son grabados rupestres realizados por las primeras sociedades que conocieron y utilizaron los metales. Es el período conocido como Edad del Bronce que abarcaría desde los siglos XX al VIII a.C. Su modo de vida se basaba en la agricultura y ganadería esencialmente aunque, a diferencia del Neolítico, parece que estas sociedades se caracterizan por una mayor sedentarización, fórmula de existencia que favorecerá la gestación de un proceso de jerarquización de la sociedad que culminará en la etapa posterior: la Edad del Hierro. Si bien en el registro arqueológico gallego se conservan diversos ejemplos de poblados de la Edad del Bronce, la manifestación más característica de este período son los petroglifos. En las rocas se representan motivos figurativos o abstractos. En general, en el repertorio gallego predominan las combinaciones circulares tales como cazoletas, círculos, espirales, laberintos, etc., aunque en el interior de la provincia de Pontevedra existe un variado elenco de representaciones figurativas (como por ejemplo en Campo Lameiro).

La particularidad del petroglifo de Castriño de Conxo reside en los motivos mayoritariamente representados: armas. En Galicia existen diversos ejemplos de petroglifos que contienen grabados de armas en los que se representan puñales, alabardas y escutiformes (especie de escudo), aunque no son los que más abundan.

Petroglifo del Monte Pedroso con representación de motivos circulares: cazoletas, círculos, laberintos - Acuña dir. 1987: 77

Los grabados de Conxo se disponen sobre una “laxe” (término que en Galicia sirve para referenciar afloramientos que presentan una superficie plana y que apenas resaltan en el paisaje) que presenta un buzamiento natural hacia el oeste. Los motivos se disponen por toda la extensión del afloramiento que mide 6,90 m en el eje noroeste-sureste y 2,70 m en el eje noreste-sureste. En la parte inferior de la “laxe” se observa un motivo de gran tamaño de silueta triangular que ha sido interpretado como un escutiforme. Junto a él hay un grupo de cuatro espadas o puñales, uno de ellos unido a un motivo escaleriforme. En la parte central del panel se observa la existencia de dos puñales enfrentados por el pomo y un tercero peor conservado. La zona superior de la “laxe” tiene representadas, entre otros muchos motivos muy mal definidos por el elevado grado de erosión, tres pequeñas alabardas, un escaleriforme y un nuevo motivo triangular.

Petroglifo de Castriño de Conxo - Acuña dir. 1987: 89-90

Por qué se hicieron este tipo de representaciones en las rocas sigue siendo un misterio. Hay quien interpreta este tipo de representaciones como evidencia de lugar iniciático o como forma de refrendar el estatus de determinadas élites. Hay para quien las representaciones de reticulados y de laberintos evidencian una forma de representación y apropiación del territorio. La realidad es que a pesar de que el estudio de los restos materiales que estas gentes abandonaron pueden acercarnos a su modo de vida, vagamente nos llevan a comprender su pensamiento, cuestión clave para poder interpretar estas representaciones simbólicas de la realidad.

Se puede acceder al yacimiento de Castriño de Conxo, aunque no está habilitado para visitas. Debido a ello es posible que el yacimiento esté oculto por vegetación, dependiendo del momento del año en que se visite.

Los asentamientos de la Prehistoria reciente

Durante décadas en Galicia existió un profundo desconocimiento de las áreas de habitación o asentamiento de las sociedades que construyeron los túmulos y las que grabaron los petroglifos. La organización espacial de los asentamientos se establecía en torno a campamentos más o menos estables emplazados en entornos abiertos. Los materiales utilizados para la construcción de las viviendas y elementos relacionados con la subsistencia eran de carácter perecedero (madera, hueso, pieles), materiales que dejan una impronta muy leve en el terreno. Si a ello se suman los problemas derivados de la densa y abundante vegetación que cubre el medio gallego, la consecuencia es que el registro arqueológico que ha quedado de estas sociedades es prácticamente invisible. Sólo cuando se produce una remoción de tierras de entidad se puede acceder a este frágil patrimonio testimonial de las sociedades prehistóricas.

Ejemplo de estructura de delimitación localizado en el yacimiento de Agra dos Campos - Parcero y Cobas 2005: 31

Durante la década de 1990 y primeros años de la década del 2000 en Galicia se produce un proceso de modernización de infraestructuras que llevó parejo la realización de intervenciones arqueológicas de diversa naturaleza. Éstas han dejado constancia de la existencia de diversos yacimientos arqueológicos que han contribuido a conocer mejor los modos de organización espacial de las áreas habitadas por las sociedades agrícolas y ganaderas del Neolítico y la Edad del Bronce.

Los yacimientos de O Cargadoiro, Ramil, A Pedra y Portabríns (entre otros), intervenidos a raíz de los trabajos de instalación de la red de distribución del gas de Santiago, son un buen ejemplo. Las áreas de asentamiento aparecen en todos los casos delimitadas por zanjas que posiblemente tuvieron asociada una especie de empalizada o muro de cierre realizado con materiales perecederos como madera. Se conservan también círculos excavados en el sustrato rocoso que sugieren el emplazamiento de las unidades familiares o cabañas, así como las improntas de las estructuras de combustión u hogares en torno a los cuales se organizaba la vida doméstica. Un elemento muy característico de los yacimientos de esta cronología es el registro de fosas excavadas en el subsuelo de morfología globular que podrían haber estado relacionadas con el almacenamiento del excedente agrícola.

Fosa globular del yacimiento de O Cargadoiro - Parcero y Cobas 2005: 16

A Roda dos Mouros

El castro de Vilasuso o Roda dos Mouros (en referencia a la configuración circular de su recinto principal y a la antigüedad de sus moradores), se localiza en el lugar de Vilasuso, parroquia de san Cristovo de Enfesta. Se trata de un buen ejemplo de poblado típico de la Edad del Hierro en Santiago y, por extensión, en Galicia. Los castros no son exclusivos del noroeste peninsular, aunque es cierto que cuando se habla de cultura castrexa o castreña se está haciendo referencia a un modo de vida muy concreto, el que eligieron las gentes de la Edad del Hierro que vivieron en el noroeste de la Península Ibérica entre los siglos VIII a.C. y I d.C.

Durante la Edad del Hierro, pese a seguir perviviendo los modos de organización del territorio de la Edad del Bronce en torno a aldeas de carácter abierto, se produce el cambio a una sociedad cada vez más jerarquizada que supondrá un nuevo sistema de organización y apropiación territorial cuyo elemento más característico es, precisamente, el castro. En él vivían las sociedades castrexas caracterizadas por ser jefaturas lideradas por un “príncipe” y otra serie de estratos jerarquizados. La unidad básica de organización social era, al igual que hoy, la familia. Cada familia disponía de su propia unidad doméstica conformada por una o varias cabañas en las que se habilitaba espacio para el ganado y para el almacenamiento del excedente.

El ordenamiento urbanístico del interior del castro estaba muy determinado por la configuración del terreno, de ahí que tanto en la planta general de los recintos como de las unidades domésticas lo que predomina es la curva. La ortogonalidad de trama urbana es algo que aparecerá, o mejor, se generalizará durante la etapa romana.

Las dimensiones de los castros varían de unas comarcas a otras, precisamente por esa determinación de la orografía de partida. De hecho, la comarca de Santiago se caracteriza por unos castros de reducidas dimensiones, en especial si lo comparamos con la vecina comarca del Deza, por ejemplo, y la razón hay que buscarla en las menores dimensiones de los cerros de partida.

El castro de Vilasuso o Roda dos Mouros ejemplifica muy bien lo que son las características generales de este tipo de asentamientos. Se emplaza sobre un “outeiro” o colina sobre el valle del río Sionlla. Este emplazamiento garantiza, por un lado, unas magníficas condiciones de defensa natural y, por otro, el acceso inmediato a los recursos de tipo natural garantes de la supervivencia. El acceso a tierras de cultivo y prados eran claves en el emplazamiento de los castros por la dependencia de la población de la agricultura y la ganadería. En el caso de Vilasuso su proximidad al río Sionlla hacia el oeste y el sur le garantiza disponer de terrenos húmedos con prados y árboles. Hacia el este se sitúan los terrenos más aptos para cultivo.

Las defensas naturales del emplazamiento se reforzaban con la construcción de sistemas defensivos complejos. El castro de Vilasuso está conformado por un recinto principal o croa de forma oval (120 x 125 m) que aparece definida por un parapeto sólo abierto por el este, donde se localiza la única entrada existente al poblado defendida por sendos bastiones. El parapeto aparece reforzado por un foso que recorre todo el recinto menos en su zona oriental. En este sector oriental del castro existe un recinto secundario o antecastro (75 x 90 m) definido y defendido por un terraplén sencillo y de menor proyección que los que conforman el parapeto del castro.

El castro no ha sido excavado y no se visualizan restos en superficie que nos permitan ver cómo era su estructuración interior. Las únicas referencias a hallazgos arqueológicos en el castro son un molino circular, un horno lleno de ceniza, diversas tégulas y ladrillos, y un fragmento de cerámica.

Dejando de lado las referencias al castro que supuestamente existió en el entorno de la rúa Preguntoiro, la referencia más cercana al casco histórico la constituye el castro del Cruceiro da Coruña. Este enclave podría ayudarnos a comprender cómo y por qué desapareció el castro de la ciudad (en caso de que realmente hubiese existido). El castro del Cruceiro da Coruña se localiza en una colina prominente emplazada al norte del casco histórico, al pie del camino real de A Coruña (antaño vía de comunicación con el norte de la provincia y posterior camino inglés de peregrinación). La integración del sector de Meixón Frío dentro del paisaje urbano de Santiago y la ampliación del camino real o carretera de A Coruña fueron mermando la extensión de la colina y desdibujando su configuración fisiográfica original (con la consiguiente destrucción de las defensas artificiales y de los restos de construcciones asociadas a las unidades domésticas). La ruina llegó a alcanzar tales proporciones que se llegó a dudar de la existencia del yacimiento, a pesar de las referencias que se tenían sobre la localización de torques y brazaletes de oro en este punto a través de los trabajos de Murguía y Villaamil. Hace poco más de un lustro se realizó una intervención arqueológica en este emplazamiento para aclarar su naturaleza arqueológica. Si bien la intervención constató la mala o nula conservación de estructuras asociadas, los resultados avalaron la existencia de asentamiento en este sector.

Impronta de antiguas estructuras del castro localizada en uno de los sectores de excavación y materiales arqueológicos - Parga Castro 2007