Historia: Compostela después de Santiago (S. IX-XXI)

Parecen existir indicios sólidos, tanto en las fuentes históricas como en el registro arqueológico, para sostener que tanto el espacio cementerial del entorno de la Catedral, como el asentamiento de época romana, estaban abandonados cuando se produce el descubrimiento de los restos del apóstol a inicios del siglo IX. Las fuentes históricas se refieren a este espacio como un lugar vacío y deshabitado. La población se agrupaba en ese momento en el entorno de la actual iglesia de San Fiz.

El descubrimiento del sepulcro del apóstol, su rápida aceptación y el apoyo incondicional de la monarquía astur y de la sede episcopal de Iria, facilitaron la génesis de un pequeño núcleo de población en las primeras décadas del siglo IX, donde antaño se había emplazado la ocupación romana. Este núcleo no se puede considerar aún urbano sino que se trataría de un establecimiento eclesiástico de carácter rural. Su nombre hacía referencia a la existencia de un lugar consagrado con el que se dota a unos clérigos que celebran el culto en una iglesia recién fundada: Locus Sancti Iacobi.

La ciudad de Santiago se irá configurando a partir de ese núcleo fundacional y de la red viaria en aquel momento existente, de una manera que casi se puede calificar de espontánea, hasta que la llegada del genio urbanizador de Gelmírez (arzobispo del siglo XII) dote definitivamente a Santiago de un carácter urbano y cosmopolita.

Los orígenes de la ciudad: El Locus Sancti Iacobi (S. IX)

El relato de la inventio lo conocemos a través de dos fuentes fundamentales que datan de la segunda mitad del siglo XI: el Cronicón Iriense y la Concordia de Antealtares. En ellos se narra cómo el ermitaño Pelayo observó unas extrañas luminarias en el bosque en el que se hallaba (Libredón). El fenómeno, observado también por los moradores del vecino núcleo de San Fiz, fue comunicado al entonces obispo de Iria, Teodomiro, quien tras ayunar tres días, inspeccionó el lugar descubriendo un pequeño edículo que atribuyó al apóstol Santiago.

Comunicado el hallazgo al rey Alfonso II de Oviedo, éste lo reconoce como verdadero y ordena la construcción de tres lugares de culto: una iglesia en honor a Santiago, un baptisterio en honor a San Juan Bautista y un espacio destinado a la comunidad de Antealtares, depositaria de la custodia del sepulcro del apóstol. Además, el monarca dota de un espacio de tres millas (giro de Santiago) a este núcleo fundacional, de manera que queda así constituido el Locus Sancti Iacobi. A mediados del siglo IX Ordoño I ampliará de 3 a 6 millas el señorío de Santiago (giro de la Rocha).

El locus sancti iacobi en el contexto de la ciudad - CA. 830-880
El locus sancti iacobi. Detalle de la organización - López Alsina 2013: 147-148

El proceso de gestación de este primitivo núcleo sagrado abarcará varias décadas, quedando plenamente configurado, aproximadamente, en el año 880. Este locus se va a emplazar en el corazón del antiguo enclave romano, es decir, inmediatamente al suroeste del punto en el que confluyen las principales vías de tránsito de la zona que, como se ha avanzado, se habrían mantenido de manera casi inalterable desde la etapa anterior.

La red viaria unía una serie de pequeños núcleos de población que existían en el entorno inmediato del locus. Son los llamados vici suburbiales que eran tres. En primer lugar, estaría el de Lovio, el sector en el que se concentraba la población en el momento en el que es descubierto el sepulcro del apóstol. El segundo se emplazaría, precisamente, en el punto donde confluyen las principales vías de tránsito del momento: la plaza de Cervantes (antes do Campo). Finalmente, estaría el vicus de Vilar, emplazado en el tramo final de las rúas do Vilar y do Franco, en el entorno de la actual porta Faxeira.

Desarrollo de la villa medieval: la Vila Sancti Iacobi (S. X-XI)

La popularidad del nuevo centro religioso del noroeste peninsular se acentuó cuando el obispo Sisnando I decide trasladar su residencia a Santiago desde Iria (capital de la diócesis). Esta decisión conllevará una serie de cambios en la ordenación del locus, pero también reformas estructurales en el área suburbial inmediata, más poblada a medida que Compostela comienza a convertirse en un referente de la cristiandad occidental.

La creciente importancia de Santiago se manifiesta en el siglo X a través de diversos hechos que afianzan su desarrollo y consolidación urbanística. En primer lugar se produce una expansión del señorío eclesiástico de Santiago a través de una nueva donación, la de Ordoño II, según la cual el territorio compostelano adquiriría una extensión de 12 millas (989 km2). Por otro lado, se procede a la creación de nuevas comunidades religiosas que tendrán dos efectos inmediatos: la reorganización del locus y el movimiento de la población rural hacia las áreas suburbiales, atraídas por las posibilidades de negocio.

También el aumento de la peregrinación influye en el crecimiento del área suburbana de la ciudad, ante la necesidad de dar acomodo y ofertar servicios a esa población efímera que, por cierto, en no pocos casos acabará incorporándose a la población local (el caso más conocido es el asentamiento de comerciantes franceses en la rúa do Franco). El desarrollo de esta burguesía mercantil es un factor clave para comprender la transformación de Santiago de lugar santo (Locus Sancti Iacobi) a villa burguensis (Vila Sancti Iacobi).

El rápido y floreciente crecimiento de la villa compostelana convirtió a Santiago no sólo en un objetivo atractivo como referente de la cristiandad, sino también como una fuente segura de recursos. Las frecuentes incursiones normandas en las costas gallegas pusieron de manifiesto no sólo la necesidad de proteger el sepulcro, sino también el núcleo poblacional en torno a él originado. Estas razones conducirían a la construcción del gran hito urbanizador de la Compostela del siglo X: su primer sistema defensivo.

El sistema defensivo favorecido por el obispo Sisnando II evidencia la clara jerarquía social que a nivel urbanístico existía en la Vila Sancti Iacobi: la primacía del sector que antaño ocupaba el antiguo locus (protegido por un sistema defensivo a base de torreones, muralla y foso) frente al área suburbial desarrollada en torno a los antiguos vici de Campo, Lovio y Vilar (protegida únicamente por una empalizada y foso).

La villa sancti iacobi (900-1040) en el contexto de la ciudad - López Alsina 2013: 255-256
La villa sancti iacobi (900-1040). Detalle de su organización - López Alsina 2013: 255-256

Dentro del espacio en otro tiempo ocupado por el Locus Sancti Iacobi, tras las transformaciones realizadas en el siglo X, la ordenación queda de la siguiente manera. Se construye una nueva iglesia de Santiago que consagrará Alfonso III en el año 899, en la que el edículo del apóstol actuaba como ábside central. Esta iglesia será reconstruida en el año 1000. El obispo Sisnando, para potenciar el esplendor de la liturgia apostólica, establece tres nuevas comunidades eclesiásticas, además de conservar la originaria de Antealtares. Esta última mantendrá aproximadamente sus límites, si bien ve incrementadas las instalaciones relacionadas con el culto y con el mantenimiento de su comunidad. En un reducido espacio, emplazado al norte del locus, se dispone la iglesia de Santa María de la Corticella que contará con diversas dependencias a su alrededor. Al sur del locus se disponen las dependencias destinadas a un grupo de clérigos directamente vinculados al obispo y al palacio Episcopal, primitivo embrión de la canónica que nacerá en el siglo XI.

Fuera del recinto sagrado se observa la progresiva expansión urbanística a partir de los núcleos suburbiales y la red de caminos existente, con especial concentración de población en aquellos sectores que se emplazan en la zona más inmediata al lugar santo. De este modo, el sector articulado en torno a las actuales calles de Acibechería, Casas Reais, Preguntoiro, Xelmírez (las que definen la cerca del locus), presentan ya una cierta apariencia urbana.

El siglo X se rematará con un incidente dramático para la historia de Compostela: la aceifa de Almanzor del año 997. De sus devastadoras consecuencias sólo se libró el sepulcro del apóstol Santiago.

Consolidación urbana: la Civitas Sancti Iacobi (S. XI-XV)

La principal consecuencia que la aceifa de Almanzor tuvo a nivel urbanístico fue el levantamiento de un nuevo sistema defensivo que reforzó el existente y protegió por igual ambos sectores de población (locus y área suburbial), al trazar la nueva cerca por el lugar por donde antaño discurría la antigua empalizada que protegía el área suburbial. El espacio que quedará comprendido dentro de esta nueva muralla será objeto de una profunda remodelación urbanística durante los siglos centrales de la Edad Media. Nace así la Civitas Sancti Iacobi, la ciudad de Santiago Apóstol, la urbe medieval.

La civitas sancti iacobi en el contexto de la ciudad - CA. 1150
La civitas sancti iacobi. Detalle de la organización del espacio del primitivo locus - López Alsina 2013: 258-260

El arzobispo Gelmírez es, sin lugar a dudas, el gran artífice de la nueva ciudad, de manera que se puede decir que a su muerte, en el año 1140, la ciudad de Santiago estaba plenamente configurada y definida dentro de los muros de la cerca levantada en el siglo XI. La muralla no sólo facilita la defensa y protección de la ciudad, sino que se convierte en imagen y símbolo de la propia ciudad. Su impronta en el urbanismo compostelano no desaparecerá ni cuando en el siglo XIX desaparezca definitivamente, ya que en la actualidad la configuración del caserío y de la red viaria siguen definiendo claramente los límites de la antigua ciudad amurallada.

La urbanización del recinto intramuros fue, frente a la espontaneidad urbanística anterior, un fenómeno bien planificado y ordenado, y ejecutado de forma bastante rápida. Sin embargo, se respetó el trazado de las viejas vías de comunicación y paso entre los diferentes núcleos preexistentes que pasaron a convertirse en las calles más representativas de la ciudad, las que denominamos rúas. De este modo, las primeras calles del tejido residencial compostelano fueron las rúas do Vilar, Franco y Preguntoiro-Calderería, a las que se sumará en el siglo XII la rúa Nova, que se trazará en el amplio espacio de huertas que existía hasta el momento entre las calles Preguntoiro y Vilar. La orientación preferente N-S de cada uno de las rúas parece responder al lema de la ciudad en la que todo conduce al lugar sagrado.

Vista parcial desde el sur de la rúa do Vilar - Ayto. De Santiago de Compostela
Ejemplo de travesa que comunica dos de las más importantes rúas de la ciudad: Vilar y Nova - Ayto. De Santiago de Compostela

La unión de estos ejes centrales del urbanismo compostelano se realiza a través de calles más angostas de carácter transversal, las conocidas como travesas.

El diseño de rúas y travesas permitirá convertir aquel espacio poblado por casas rurales individuales construidas de forma espontánea junto a los caminos, en calles perfectamente trazadas.

En esta etapa se consolida además la ocupación del espacio suburbial (que ahora adquiere su condición de extramuros) principalmente en torno a las puertas y caminos de entrada y salida a la ciudad. En la consolidación de estos rueiros exteriores a la ciudad amurallada, tendrá mucho que ver la instalación de las órdenes mendicantes en Compostela que se inicia en el año 1214 con la implantación de la orden de San Francisco junto a la Porta Faxeira, continuará en 1220 con la de Bonaval junto a la puerta del camino, Santa Clara en 1272, Belvís en 1310 y San Lourenzo en 1392.

Rúa das Hortas, ejemplo de rueiro, calle consolidada sobre el trazado del camino a Fisterra - Ayto. De Santiago de Compostela
Plano de la ciudad de Santiago de 1595 - A.G.S. MPD_34_021

De esta manera, Santiago llega a los últimos siglos de la Edad Media plenamente configurada. Teniendo en cuenta la escasa actividad constructiva de la Baja Edad Media (debido, fundamentalmente, a la decadencia del poder eclesiástico frente al auge de la incipiente burguesía artesana y mercantil), el aspecto de la ciudad medieval debió ser muy similar al que se representa en los planos de 1595 que, conservados en el Archivo General de Simancas, constituyen la primera representación gráfica de la ciudad.

La gran transformación de la ciudad (siglos XVI-XVIII)

Santiago alcanza la Edad Moderna plenamente configurada. Durante la primera centuria de esta etapa no se producen cambios urbanísticos que alteren en profundidad su estructura medieval, aunque bien es cierto que se introducirá un nuevo concepto de ciudad en el que serán claves dos aspectos: los espacios claustrales como organizadores de la arquitectura y los espacios públicos. La construcción del hospital Real es, sin duda, el monumento que mejor ejemplifica ambos aspectos que comienzan a gestarse en el Renacimiento compostelano y que adquirirán en la etapa barroca (en especial con respecto al segundo) su máximo esplendor. La arquitectura es el lenguaje elegido por los principales estamentos de la ciudad (Cabildo Catedralicio, Ayuntamiento, Monarquía y Universidad) para mostrar su poder.

La ciudad de Santiago en el plano de 1783 - Concello de Santiago

Tradicionalmente se reconoce como fecha de introducción del Barroco en Compostela el año 1657, fecha del informe del canónigo José de Vega y Verdugo sobre las obras que era necesario realizar en la catedral. En dicho informe Vega y Verdugo introduce los conceptos que presidirán la gran transformación barroca de la ciudad: la necesidad de vistosidad y decoro de las fachadas que configuran los espacios públicos, y la búsqueda de efectos visuales en los recorridos y en su percepción general. El Barroco introduce así la noción de teatralidad convirtiendo la ciudad en un escenario mediante el énfasis en el claroscuro y las perspectivas.

Este auge urbanizador será promovido fundamentalmente por la élite eclesiástica, ávida de mostrar su poderío económico y espiritual. Pero también contagiará a otros estamentos que ostentaban el poder en Compostela, como el Ayuntamiento y la pudiente nobleza y burguesía compostelanas que convertirán sus residencias en auténticos palacios de los que aún hay sobrada muestra en las rúas do Vilar y Nova, por poner sólo dos ejemplos.

La casa de la Conga o de los Canónigos, uno de los magníficos ejemplos de arquitectura barroca en Compostela - Ayto. De Santiago de Compostela

La modernización urbana (siglos XIX_XXI)

El afán renovador introducido por el Barroco no afectó apenas al tejido residencial de Santiago (salvo en las principales rúas de la ciudad donde residían las élites), que mantendrá sus formas y maneras medievales hasta la llegada de los aires ilustrados. Éstos arraigarán en el año 1780 con la publicación de las Ordenanzas de Policía de la ciudad de Santiago, documento en el que se establecen las directrices que han de seguirse en la construcción y renovación de la edificación así como las normas a seguir en la urbanización de los espacios públicos.

Dos ejemplos del aspecto que pudieron tener en el pasado las residencias santiaguesas. Ambas son casas de planta baja y sobrado (primer piso), situada en la rúa San Clemente - Ayto. De Santiago de Compostela

Se generaliza así en Compostela la “petrificación” de la ciudad a través de la construcción de viviendas de piedra con huecos regulares y fachadas en plano recto (antaño la estructura era más pobre constituida de madera y pallabarro y mucho más maciza) y del enlosado pétreo de los pavimentos.

Plano de alineación de la rúa do Inferniño de Abaixoo de 1871 con la nueva alineación encarnada - A.H.U.S. Libro A.M. 2.022, Expediente 11/ 3r
Plano de la ciudad de 1908 elaborado por Laforet, de la Gándara y Cánovas, detalle del valle de Belvís (al este de la ciudad intramuros) - Ayto. De Santiago de Compostela

En el siglo XIX Santiago sufrirá escasas transformaciones estructurales, aunque se siguen imponiendo los nuevos aires ilustrados, tanto en las fachadas como en el espacio público, iniciados en los años finales de la centuria anterior. No obstante, se abordan proyectos emblemáticos entre los que destacan la construcción de la plaza de Abastos en 1870 y la consolidación y urbanización de la “Carballeira” de Santa Susana, la Alameda y el paseo de la Herradura. Del primero no queda más que constancia documental, ya que nuevos proyectos en el siglo XX destruyeron la estructura decimonónica.

El mapa topográfico de Santiago, elaborado por los ingenieros Laforet, Cánovas y de la Gándara en el año 1908, ofrece una expresión sintética de la estructura de la ciudad que nos permite reconocer que las transformaciones realizadas en el siglo XIX no afectaron apenas a la ciudad histórica.

El siglo XX será testigo de una nueva gran transformación, aunque esta vez estará centrada en la ampliación de los límites de la ciudad para dar respuesta a las necesidades de la población. Este crecimiento se concentrará en una primera etapa en el sector sur y sureste de la ciudad. Los proyectos concebidos para el ensanche sur de la población comprenderán el ensanche de la República, el área concebida como residencia de estudiantes al sur del Coto de Santa Susana, la ciudad jardín residencial de A Rosaleda y el denominado Plan Colchón. A finales de siglo XX la ampliación se extenderá a toda el área periférica (entre ellos está la proyección del polígono de Fontiñas al noreste de la ciudad) y se prolongará durante el presente siglo.

Plano de 1935 de  Jenaro de la Fuente en el que se representa el sector de la residencia universitaria y el ensanche sur de la ciudad - Ayto. De Santiago de Compostela

Como conclusión, y aunque resulte una obviedad, Santiago de Compostela es la suma del lugar sagrado, de la ciudad amurallada, del centro de peregrinación, de los caminos, de la universidad, del mercado y del ensanche. Todas esas Compostelas han dejado su impronta en la ciudad actual. Es éste un aspecto claramente constatable tras una rápida hojeada a la fotografía aérea actual. Las calles y el caserío de las rúas Acibechería, Preguntoiro y Xelmírez siguen conservando el trazado curvo del primer recinto amurallado. El perfil de las calles y los accesos al casco antiguo siguen evidenciando el perímetro de la ciudad amurallada. Los antiguos caminos de acceso a la ciudad se delatan por la tipología de las casas dispuestas en sus márgenes, que respetan el trazado gótico –mercantil gestado en época medieval. Las plazas más concurridas de la ciudad siguen siendo los grandes espacios públicos diseñados durante el Barroco. Los proyectos de ensanche de la población se intercalan perfectamente trazados y adaptados a las viejas vías de acceso a la ciudad.