Historia I: Primeros pobladores

Los primeros habitantes de las Islas Canarias formaron parte de diferentes comunidades procedentes del vecino continente africano, las cuales compartían un sustrato común vinculado a lo que ha venido denominándose como «cultura bereber», una amalgama de grupos sociales que ocuparon el norte de África con similitudes en su habla y formas de vida. Llegados al Archipiélago en fechas no anteriores al primer milenio antes de la Era, los aborígenes canarios eran grupos jerarquizados, con complejas costumbres sociales, creencias animistas, y una base subsistencial basada en actividades agropecuarias y recolectoras que fueron perfeccionándose durante más de dos mil años. Relativamente alejadas de otros procesos históricos, pese a esporádicos contactos con púnicos y romanos que nunca supusieron cambios sociales significativos, su aislamiento generó en cada una de las islas peculiaridades culturales reconocibles arqueológicamente.

En Tenerife, los guanches, gentilicio de los primeros habitantes de la Isla, ocuparon la orografía insular mediante asentamientos en cuevas naturales y cabañas. Durante más de veinte siglos fueron transformando el medio a través de la explotación intensiva de algunos de los recursos, al tiempo que ejercían una apropiación simbólica del territorio a través del emplazamiento de cuevas sepulcrales, grabados rupestres y estaciones de cazoletas y canales en parajes específicos.

Estación de cazoletas y canales de Lomo La Bandera
Estación de cazoletas y canales de Lomo La Bandera - Javier Soler Segura y Miguel Machado Bonde

La jerarquización social y la consecuente segmentación territorial fueron intensificándose como consecuencia de la presencia, desde finales del siglo XIII, de genoveses y mallorquines en el Archipiélago. El dilatado proceso de «redescubrimiento» europeo culminó con el inicio de la conquista franco-normanda de Lanzarote y Fuerteventura en 1402. A partir de ese momento, y durante casi un siglo, se asistió a una ocupación escalonada de las restantes islas hasta el definitivo control militar de Tenerife por la corona castellana en 1496. La colonización y conquista trajo aparejado una transformación radical de la vida de los aborígenes canarios. La llegada de nuevas costumbres, valores y formas de vida modificó los usos sociales de la vega lagunera, llegando a transformar su propia orografía. El impacto ocasionado por el dilatado conflicto bélico, la introducción de nuevas enfermedades, el empleo de parte de la población aborigen como mano de obra esclava, el trasvase poblacional de moriscos y la imposición por la fuerza de las nuevas costumbres, provocó el desmantelamiento y desaparición de la sociedad aborigen que solo pudo subsistir marginalmente en algunas zonas hasta, al menos, el siglo XVII.