Patrimonio: del Paleolítico al siglo XII

1. Prehistoria en los tiempos geológicos

El patrimonio paleontológico de Salamanca en este periodo se refleja en la existencia de diversos enclaves próximos a la capital que contienen abundantes fósiles de fauna incrustada en la matriz de las areniscas que circundan el río Tormes, donde la acción erosiva del río ha creado un sugerente paisaje de barrancadas y escarpes de gran valor histórico y medioambiental. Los parajes de los Escarpes del Tormes, entre Salamanca y Aldealengua, y la zona de las canteras de arenisca de Villamayor -de donde se extrajo la mayor parte de la piedra utilizada en la edificación histórica salmantina-  participan de una singularidad paleontológica y geológica, que se añade a los valores históricos y monumentales de la ciudad.  Una porción de los fósiles más significativos  está expuesta en la Universidad de Salamanca (USAL), en su Sala de las Tortugas (2), para la visita pública como complemento ilustrativo al paseo por estos bellos parajes naturales. 

2. Prehistoria: el Paleolítico

El inicio de la presencia humana en el entorno de Salamanca está documentado desde el Paleolítico Inferior, cuando transitaban por el solar salmantino especies  ya extinguidas de homínidos que representan a los ancestros  del Homo Sapiens. Las terrazas del Tormes, aún visibles en el entorno de la ciudad fuera del núcleo urbano, son portadoras de las industrias paleolíticas achelenses que fabricaron los primeros pobladores de este valle.  Dichos materiales se han hallado dispersos en diferentes parajes del municipio, como el teso de la Feria o El Marín, y se encuentran custodiados en diversos museos de la provincia como el de Salamanca (3) o el del Padre Belda en Alba de Tormes (4).

3. Prehistoria reciente: Neolítico - Calcolítico

Entre el IV y II milenio antes de Cristo se desarrollan las primeras sociedades agrícolas del valle del Tormes, en un ámbito regional incluido dentro de los grandes focos del Megalitismo peninsular y del arte rupestre esquemático.

La riqueza arqueológica de este sector se manifiesta en la prolífica presencia de monumentos megalíticos y lugares de hábitat asociados; algunos declarados de Interés Cultural como El Teriñuelo (Aldeavieja de Tormes) o La Ermita (Galisancho).

Imagen del yacimiento Calcolítico de 'Las Zorreras'
Imagen del yacimiento Calcolítico de 'Las Zorreras' - Ayto. de Salamanca

En el propio entorno de la capital se conocen varios asentamientos de este periodo, como los de Arapiles, Matagrillos o Las Zorreras, cuyos megalitos habrían desaparecido por la intensa ocupación humana de la zona a lo largo de la historia. Asimismo, existe un abrigo en el entorno  del puente de la Salud que contiene manifestaciones de pintura rupestre esquemática, complementando al resto de estaciones emblemáticas de la provincia como las del Parque Natural de las Batuecas-Sierra de Francia, en el sur de la provincia. Los bienes muebles del periodo se conservan en los museos ya referidos.

En el paraje de Las Zorreras, dentro del municipio, se ha identificado un asentamiento calcolítico en el extremo de un teso escarpado sobre el arroyo Zurguén, al sur del término municipal. En él se han recogido abundantes materiales arqueológicos -fragmentos de cerámica a mano, sobre todo lisas, e industria lítica sobre sílex, corneana, cuarzo, cristal de roca y esquisto, así como molinos barquiformes- cuyo conjunto nos remite a este periodo.

4. Prehistoria reciente: Edad del Bronce

Vista de Salamanca desde el yacimiento de 'Los Claudios' (Cogotas I).
Vista de Salamanca desde el yacimiento de 'Los Claudios' (Cogotas I). - Ayto. de Salamanca

Los primeros vestigios de ocupación de la ciudad se remontan a  la segunda mitad del segundo milenio,  como demuestran los fragmentos de cerámica hallados en el cerro de San Vicente o en el enclave próximo de Los Claudios, adscritos a la cultura del Bronce Medio-Final de Cogotas I, testimonio de unos modelos de ocupación extensiva del territorio de carácter temporal. Este último, situado al sur de la ciudad, se ubica en la ladera sur de un teso aislado entre los arroyos de Los Montalvos y El Zurguén, donde se han recogido diversos vestigios arqueológicos entre los que destacan cerámicas decoradas incisas e impresas y una testimonial industria lítica sobre cuarcita y sílex.

Otros yacimientos de las inmediaciones confirman la intensidad del poblamiento disperso por este sector del valle en esta época,  como son los de Ribas en el Alto de la Flecha (Cabrerizos), El Palomar (Aldealengua), La Aceña (Huerta), La Septa (Castellanos de Villiquera), entre otros, o La Mesa y el Castillo de Carpio Bernardo (Villagonzalo de Tormes), de mayor entidad y con una evidente supremacía jerárquica sobre el conjunto del territorio.

Al igual que sucede con el resto de periodos, la cultura material de la Edad del Bronce salmantina se encuentra depositada o expuesta en los museos provinciales de referencia.

5. Protohistoria: primera Edad del Hierro. El origen de la ciudad

A partir del siglo IX a.C. se observa un cambio de comportamiento en el hábitat y la cultura material de los pueblos de la Meseta que anuncia un nuevo ciclo de las civilizaciones peninsulares conocido como la Edad del Hierro. Este fenómeno se anuncia en el entorno salmantino a través de lugares arqueológicos como el cerro de San Pelayo (Martinamor) y evoluciona hacia asentamientos de carácter permanente como los conocidos en el cerro del Berrueco (El Tejado),   Ledesma o el cerro de San Vicente en la propia capital. En este último, desde al menos el s. VII a.C.,  se constata una ocupación estable e ininterrumpida que supondrá el origen efectivo de la ciudad. El yacimiento acoge una amplia secuencia arqueológica que se inicia con un poblado fortificado integrado en la cultura arqueológica del Soto de Medinilla  que se desarrolló a lo largo de la primera y segunda Edad del Hierro, hasta su abandono definitivo en los albores de la romanización. En este lugar,  dentro de un recinto de titularidad municipal, se ha creado el Centro de Interpretación "Cerro de San Vicente" de Salamanca, con un discurso centrado en los orígenes de la ciudad y la posterior repoblación medieval materializada en los restos del antiguo Convento de San Vicente. La singularidad y el excelente estado de conservación de los restos arqueológicos de la primera Edad del Hierro dentro del Conjunto Histórico declarado, convierten a este enclave en un lugar imprescindible por la excepcionalidad del patrimonio arqueológico expuesto, desde el punto de vista  arquitectónico y urbanístico. Asimismo, dicho lugar ofrece una perspectiva única e inédita del perfil urbano de la ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad, convirtiéndose en referencia esencial para comprender la historia que subyace tras la monumentalidad salmantina.

Dibujo de un cuenco con pintura post-cocción del poblado protohistórico del Cerro de San Vicente
Dibujo de un cuenco con pintura post-cocción del poblado protohistórico del Cerro de San Vicente - Ayto. de Salamanca
Vista del Cerro de San Vicente desde el río Tormes
Vista del Cerro de San Vicente desde el río Tormes - Ayto. de Salamanca
 
Reconstrucción ideal de la viviendas del Cerro de San Vicente
Reconstrucción ideal de la viviendas del Cerro de San Vicente - Creativos Diseño Gráfico, S.L
Imagen de una casa del poblado protohistórico del Cerro de San Vicente.
Imagen de una casa del poblado protohistórico del Cerro de San Vicente - C. Macarro y C. Alario
 

6. Protohistoria: segunda Edad del Hierro. El Oppidum de Salmantica

A partir del siglo IV a.C.,  ante un notable aumento demográfico, la mayoría de los habitantes del cerro de San Vicente se trasladaron al vecino teso de las Catedrales, donde fundaron el castro de Salmantica, base de la ciudad histórica actual. El emplazamiento original de la primitiva aldea soteña quedó convertido en un barrio adyacente, al que posiblemente aluden los textos clásicos con motivo de la expedición militar de Aníbal por estas tierras, que supuso la entrada de Salamanca en la historia.  Este  proceso se enmarca dentro de un fenómeno generalizado de concentración de la población que dio lugar a los grandes núcleos urbanos de la región y generó el sustrato histórico de la ciudad actual sobre el que se han desarrollado los posteriores estadios que constituyen su actual identidad.

El castro prerromano de Salmantica se encontraba rodeado por una muralla pétrea, dotada de dispositivos defensivos exteriores como fosos, que  abarcaba una superficie de casi  18 hectáreas. De ella se han encontrado importantes restos en diversos puntos de la ciudad que muestran su similitud en fábrica, técnica y aspecto a las de otros castros del suroeste de la Meseta, como los de Yecla la Vieja,  Las Merchanas o Saldeana en Salamanca o Las Cogotas y La Mesa de Miranda en Ávila. En este caso los paramentos presentan aparejos que se definen por cimientos de bloques de piedra medios y grandes de arenisca silícea local asentados sobre el sustrato natural y alzado de mampostería careada de bloques medios de arenisca franca regularizada, dispuesta en seco, con sentido de las hiladas y marcado talud. Por su parte los rellenos del núcleo interno están conformados por masas de tierra y piedras.

Imagen de la muralla castreña en la Rúa Mayor de Salamanca
Imagen de la muralla castreña en la Rúa Mayor de Salamanca - E. Sánchez
Imagen de la muralla castreña en la Cuesta de Carvajal de Salamanca
Imagen de la muralla castreña en la Cuesta de Carvajal de Salamanca - C. Macarro
 

Otro de los elementos emblemáticos de este periodo es el Toro de la Puente;  pertenece al grupo de esculturas zoomorfas conocidas como verracos que constituyen uno de los símbolos más representativos de la cultura vettona. Se vincula directamente con el castro de Salmantica y por su localización, posiblemente instalado en origen frente a una de sus puertas, se le atribuye una función apotropaica, protectora de la ciudad y su ganado. Su presencia histórica en el entorno del Puente Romano lo ha convertido en uno de los atributos simbólicos de la ciudad y su patrimonio cultural.

Imagen del “Toro de la Puente” (verraco vetón)
Imagen del “Toro de la Puente” (verraco vetón) - Ayto. de Salamanca
Dibujo de un vaso indígena tardo-celtibérico decorado
Dibujo de un vaso indígena tardo-celtibérico decorado - C. Macarro y C. Alario
Una visita a los museos arqueológicos  provinciales permitirá contemplar los bienes muebles del periodo.

7. Romanización: la Civitas de Salmantica

El proceso de romanización que convirtió el oppidum de Salmantica en una ciudad hispanorromana, se desarrolló fundamentalmente a partir del cambio de Era;  momento en que se fue incorporando a la administración del Estado Romano hasta acabar adquiriendo la categoría de Civitas,  tal y como demuestra  la dedicatoria del Ordo Salmanticensis a Caracalla en un pedestal de mármol hallado en el antiguo colegio de San Millán que se conserva en el Museo de Salamanca. 

Imagen del pedestal de mármol con la dedicatoria del Ordo Salmanticensis al Emperador Caracalla
Imagen del pedestal de mármol con la dedicatoria del Ordo Salmanticensis al Emperador Caracalla - S. Santos. Depósito: Museo de Salamanca
Imagen de la Calzada de la Plata musealizada en el Aula al aire libre del Zurguén
Imagen de la Calzada de la Plata musealizada en el Aula al aire libre del Zurguén - Ayto. de Salamanca
 

Su territorium  de explotación, según reflejan  los términos augustales hallados en la provincia, fue delimitado al uso romano y supone una referencia obligada de la historiografía clásica al ser mencionado por el agrodimensor Frontino como ejemplo de demarcación fiscal del estado: el  ager per extremitatem mensura comprehensus. Desde este momento la ciudad  fue adaptando su esquema urbano al eje marcado por un camino de la red imperial de comunicaciones que aparece incluido en los Itineraria de la época: la Vía de la Plata, antigua ruta que seguía un corredor natural utilizado desde la Prehistoria.

En este contexto, la importancia de Salmantica, conforme al nuevo marco jurídico y administrativo creado por Augusto,  estuvo determinada por su localización y condición de Mansio  en la milla 183, integrada en el principal corredor terrestre de este sector peninsular para el tránsito militar,  económico y cultural. Los restos conservados de esta  infraestructura histórica en todo el ámbito provincial fueron declarados Monumento Nacional en 1931, donde aparecen jalonados en buena parte por una espectacular sucesión de columnas miliarias,  testimonios más identificativos de su existencia que señalan en sus epígrafes la distancia existente a la ciudad de Mérida y el emperador que promovió su construcción o reparación.

Al respecto, Salamanca conserva en su propio término municipal un importante tramo de la Calzada de la Plata de casi 1 km de longitud, cuyo terraplén alomado discurre junto a la margen izquierda del arroyo del Zurguén y su traza se encuentra musealizada a través de un aula arqueológica al aire libre que integra y señaliza todos los elementos patrimoniales y valores paisajísticos del lugar.

Imagen del Valle del Zurguén con el lomo de la calzada en primer plano
Imagen del Valle del Zurguén con el lomo de la calzada en primer plano - Ayto. de Salamanca
Puente romano sobre el Tormes
Puente romano sobre el Tormes - Ayto. de Salamanca
 

Tras una breve interrupción a la entrada del núcleo urbano, su presencia se magnifica con una infraestructura monumental indisolublemente unida a la vía: el Puente Romano, obra maestra de la ingeniería romana peninsular construida para salvar el cauce del río Tormes a finales del siglo I, posiblemente en época flavia, de la cual se conservan 15 arcos originales en la zona más cercana a la ciudad, mientras el resto pertenece a las reconstrucciones sufridas a lo largo de su historia;  la principal tras la famosa riada de San Policarpo que en 1626 destruyó su parte meridional.

Espacio musealizado del Colegio Oficial de Arquitectos del León (COAL)
Espacio musealizado del Colegio Oficial de Arquitectos del León (COAL) - Ayto. de Salamanca

Ya en el interior de la ciudad los restos romanos se diluyen en las fábricas del primer recinto amurallado medieval -Cerca Vieja-, con algunos tramos atribuidos al periodo bajoimperial que incluyen elementos reutilizados como lápidas funerarias, y en muros residuales de construcciones del caserío urbano que se encuentran integrados en espacios expositivos, como la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de León –COAL-. El resto de la cultura material se encuentra custodiada en el Museo de Salamanca con una interesante colección de bienes muebles y epigráficos cuya onomástica permite conocer el grado de romanización que alcanzó la ciudad en este periodo.

8. Antigüedad tardía

A partir del siglo IV la ciudad experimenta un cambio sustancial en su paisaje urbano,  percibido  a través de unos cambios de uso del suelo en los que las barriadas de caserío residencial se transforman en instalaciones industriales -como las halladas en el solar del Trilingüe-.

En esta época un sector de la población se desplaza al medio rural  instalándose en villas rústicas en las inmediaciones de la ciudad, como las investigadas de San Julián de la Valmuza (Doñinos de Salamanca) o La Vega (Villoria-Villoruela), que incorporaban en su construcción instalaciones termales, usaban materiales selectos importados como el mármol y decoraban pavimentos y paredes con mosaicos y pinturas murales con diferentes motivos (geométricos y figurados). Ambas villas están declaradas Bien de Interés Cultural y se encuentran en fincas privadas, hallándose sometidas a la legislación correspondiente en materia de visitas.

La  etapa visigoda de la ciudad está poco representada en el sustrato arqueológico y su mejor exponente hasta la fecha es la hornacina de mármol que perteneció a un edificio religioso de la época,  hallada hace años en el palacio Episcopal.  Se encuentra expuesta en el Museo Arqueológico Nacional y supone una prueba del ascenso de la Iglesia como estamento de poder, acrecentado en Salamanca tanto por  su designación como sede episcopal, como por la autorización real de establecer  en la ciudad una ceca oficial donde se acuñó moneda. De esta época destacan varios focos en la provincia con una intensa ocupación rural visigoda, tanto en el entorno de la capital (Calvarrasa de Abajo, Huerta, San Morales, Encinas, Aldealengua, …) como en el resto del territorio, con lugares especialmente emblemáticos de la zona de Salvatierra de Tormes (El Cortinal de San Juan,  El Cañal de las Hoyas, …),  la Sierra de Francia  (La Legoriza, El Cuquero,…) o el oeste provincial (Lerilla, Las Merchanas, Yecla de Yeltes, ...), con interesantes muestras de arquitectura doméstica y  diversidad de bienes muebles entre los que destacan, por su singularidad cultural, las pizarras grabadas tan representativas del sector abulense y salmantino, custodiadas en buena parte en el Museo de Salamanca y en el Museo Catedralicio de Ciudad Rodrigo.