Historia: siglos XIX y XX

Plano de la ciudad en 1858
Plano de la ciudad en 1858 - F. Coello

El siglo XIX marca un punto de inflexión en el desarrollo urbano de Salamanca por los enormes destrozos producidos en la ciudad durante la guerra de la Independencia, sobre todo en el sector sur-occidental de la misma, perdiéndose un tercio de los edificios monumentales y  gran parte del caserío urbano. El sector sur de la ciudad ocupada se convirtió en una zona de fuertes militares franceses (San Vicente, San Cayetano y La Merced) alrededor de los cuales se demolieron numerosos colegios (Cuenca, del Rey, Oviedo, Trilingüe, etc.), conventos (San Agustín, Santa Ana, etc.) y gran parte del caserío del barrio. Acabada la guerra, y a partir de la segunda década de este siglo, la llegada de las desamortizaciones fue causa de nuevos cambios estructurales dentro del paisaje urbano de la capital, al suponer la desaparición de zonas de jardines o huertas de tipo privado, casi todas pertenecientes a cofradías, hospitales o patronatos, que pasaron a manos públicas, mientras que otras parcelas y solares se dedicaron a la construcción de viviendas. Así surgen nuevos espacios urbanos abiertos en terrenos antaño pertenecientes a edificios  religiosos,  como la plaza de la Libertad,  la de Colón, o la de San Francisco.

A finales del siglo XIX nos encontramos una ciudad que había sufrido un cruel despoblamiento y las consecuencias traumáticas de la invasión napoleónica, generadora  de la ruina del país y la pobreza del paisanaje.

Uno de los hechos más reseñables acaecidos al final de esta centuria es el derribo de gran parte de la muralla medieval, dentro de las corrientes urbanísticas que recorrían el país. Ésta y otras actuaciones en la ciudad respondían al diseño del plan de alineaciones que se venía elaborando desde mediados del XIX, buscando el ideal urbano que se imponía en Europa y que apelaba a criterios de circulación e higiene; se pretendía eliminar estrechamientos, callejuelas y trazados irregulares, lo que implicará la destrucción de buena parte de la trama urbana histórica salmantina, heredada de la urbe medieval. Estos planes, a pesar de contar con detractores, se fueron desarrollando poco a poco, modificando parcialmente la fisonomía del barrio antiguo con la regularización de numerosas calles del centro.

Durante todo el siglo XX, Salamanca ha experimentado su refuerzo como centro de servicios provincial, con la mejora de las comunicaciones y el comercio, una cierta implantación industrial y el crecimiento de la Universidad y de un sector turístico en constante expansión. Desde comienzos de siglo, la ciudad ha ido poco a poco modernizándose y actualizando sus infraestructuras. Dicho proceso quedó reflejado en algunas construcciones que manifiestan las nuevas tendencias de vanguardia de la época, como los edificios modernistas del mercado central de Abastos y la Casa Lis o  el puente de Enrique Esteban, y otras de corte más tradicional, representadas en numerosos inmuebles de arquitectura historicista y ecléctica.

 Las primeras normativas y el verdadero empuje desde la administración local aparecieron oficialmente a partir de 1924, con la creación de un estatuto municipal dedicado exclusivamente a la regulación y ordenación de los nuevos espacios urbanos. De esta manera se produce la ampliación de la ciudad y comienzan a surgir los barrios periféricos. En esta misma época aparecen los primeros planes para realizar una Gran Vía que, polarizando el nuevo entramado urbano del ensanche del siglo XX, sirva como ejemplo de modernidad en contrapunto del viejo centro urbano, anacrónico a la luz de la nueva mentalidad contemporánea.

En la década de los 30 se observa una mayor preocupación por cuestiones sociales que motiva la construcción de edificios públicos para educación, sanidad, etc. y un mayor respeto por edificios históricos, por lo que las alineaciones se reducen, limitándose a continuar con las ya iniciadas, poblándose con nuevos edificios representativos de la arquitectura racionalista, predominante en aquellos años, con sus postulados pragmáticos y funcionales.

Al contrario de lo que pasó en otras ciudades durante la Guerra Civil, la temprana ocupación de Salamanca por las tropas sublevadas evitó la destrucción de la ciudad por acciones de guerra y la consolidación de la herencia patrimonial  de los siglos anteriores.

No será hasta los años 80 cuando comience una revalorización de toda la zona histórica basada en su rehabilitación integral entendida como una reconversión urbana de calidad que ha preservado los valores que motivaron la inclusión de Salamanca en la lista de ciudades Patrimonio de la Humanidad.