Historia: en la Edad Moderna

Durante los siglos XVI y XVIII el núcleo urbano de Mérida se vertebra por el Camino Real que, poniendo en comunicación Madrid con Lisboa, discurría desde la puerta de la Villa hasta la puerta del Puente, coincidiendo con el trazado romano del Decumanvs Maximvs. En este recorrido destaca como espacio neurálgico la plaza donde se concentran el ayuntamiento, la cárcel, los almacenes de grano, carnicería y otros edificios dedicados a servicios municipales.

Intramuros se añaden nuevas construcciones de corte renacentista como son los palacios de los Vera Mendoza, de los Duques de la Roca o del Conde de los Corbos, sobre el templo de Diana, y fundaciones religiosas como el conventual Santiaguista o el convento de Franciscanos Observantes. Otras fundaciones conventuales (Santo Domingo, concepcionistas, Santa Clara y La Piedad) iniciarán sus obras que serán finalizadas en el siglo XVII.

Extramuros, la vía que por la puerta de la Villa se dirigía hacia el centro de la península, pasando por la iglesia de Santa Eulalia, se tomará de referencia para expandir la ciudad por esta zona: nace el arrabal de Santa Eulalia donde se levantaran ermitas (Santa Lucía, San Lázaro y San Juan) y conventos (Freylas de Santiago y el de La Antigua).

Moreno de Vargas, historiador local del siglo XVII, describe una Mérida barroca en crisis debido a la guerra con Portugal. Pese a ello, en la arquitectura religiosa continúa determinando el urbanismo, como ejemplifican el Obelisco o el Hornito, construidos en honor a Santa Eulalia, o el convento – hospital de Jesús Nazareno y el de San Juan de Dios.