Historia: en la Edad Media

MÉRIDA MUSULMANA: MĀRIDA.

La etapa islámica comienza con la ocupación musulmana de la ciudad de Mérida por Musa Ibn Nusair, gobernador de Ifriquilla en el año 713. 

Tras varios meses de asedio, la ciudad se entregó tras la firma de un pacto con las autoridades civiles y religiosas, por el cual se entregaban a los invasores todas las propiedades de los caídos o huidos en el asedio, así como los bienes de la Iglesia a cambio de la libertad de la población y el mantenimiento de su situación. Los acuerdos de esta capitulación permitieron inicialmente la convivencia de cristianos, judíos y musulmanes (beréberes y algunos árabes). De tal forma, los mozárabes mantuvieron sus propiedades y sus creencias religiosas a cambio del pago de tributos.

Para reforzar el emirato independiente de Córdoba nuevos tributos  se extendieron al resto de la población (muladíes y bereberes) de Mārida, capital de la Marca Inferior. La presión fiscal provocó que las diferentes comunidades se unieran en un frente común provocando numerosas revueltas entre los años 786 y 833 d. C. Entre ellas destaca la que se desarrolló durante el año 828 d. c. en la que murió el gobernador de la ciudad. Para controlar estas revueltas en la madina, asegurar la presencia armada y proteger al gobierno local, el emir Abderrahman II mandó construir la alcazaba.

Vista aérea de la alcazaba - Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida

La etapa emiral (s. VIII – IX d. C.) dejó en la ciudad la construcción de numerosos edificios de carácter residencial – administrativo sobre la urbe tardoantigua. Los nuevos palacetes se sitúan en zonas con disponibilidad de terreno como, por ejemplo, los desmantelados foros romanos o la banda paralela a la muralla, espacio despejado al final del período visigodo para mejor defensa de la ciudad.

En el año 868 tuvo lugar otro levantamiento de la población contra el poder cordobés encabezado por Ibn Marwan. El asedio y la destrucción de uno de los pilares del puente provocaron la rendición de la ciudad. La represión militar posterior supuso el traslado de población a Badajoz y  el desmantelamiento de la mayor parte de la  ciudad que, según fuentes árabes, quedó reducida a la Alcazaba.  A partir de ahora, Mārida quedará reducida a una pequeña madina, de viviendas modestas y campos de silos.

El declive de época califal continuó durante el período de Taifas. Integrada en la taifa de Batalyws (Badajoz), su importancia estratégica de etapas anteriores, como centro de importantes rutas,  se irá perdiendo debido a nuevos caminos que unen  Corduba con Trujillo, cruzando el Guadiana por Medellín, o el camino que unía Corduba con Badajoz.

A finales del siglo XI d. C., el casco urbano alcanza su menor extensión, protegido por nuevas defensas, habilitadas ante los conflictos taifas: una muralla de tapial sobre zócalo de sillares, reforzada con torres, algunas de ellas albarranas situadas en los puntos más débiles.

 En 1120, bajo el dominio musulmán, la ciudad perdería su Sede Arzobispal a favor de Santiago de Compostela. Reducida a Villa Maestral, el término y  jurisdicción de su Concejo quedó compartido con la Orden de Santiago.

MÉRIDA Y LA ORDEN DE SANTIAGO.

Alfonso IX y las tropas leonesas reconquistaron Mérida en el año 1230. Desde ese momento, la ciudad y su territorio (Señorío de León) se entregó a la Orden de Santiago, encargada de repoblar la zona fronteriza con el poder musulmán, la Transierra o Estremaduras, con un interés exclusivamente ganadero.

Los caballeros de la Orden se asentaron dentro de la alcazaba, recinto que fortalecieron con la construcción de nuevas torres albarranas y edificios administrativos como la Casa de la Orden y Encomienda.

En este contexto, la escasa comunidad de musulmanes fue relegada fuera del recinto amurallado hacia un nuevo arrabal conocido como Morería. Las fuentes documentales informan de la existencia de un pequeño núcleo judío en un modesto barrio –aljama- hasta su expulsión en 1492. Su sinagoga se convirtió en la ermita de Santa Catalina.

La vida económica y social de la ciudad giró en torno a la Alcazaba: reuniones, mercados, fiesta… De ello surgieron dos nuevos enclaves que se perpetuán hasta hoy día: la plaza del Rastro y la plaza Mayor (actual plaza de España), espacio donde debió de localizarse una ermita, posteriormente convertida en la iglesia de Santa María la Mayor (hoy concatedral).

Vista general de la alcazaba de Mérida - Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida
Iglesia de Santa María - Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida

El núcleo urbano se organizó alrededor de las parroquias principales de San Andrés, Santiago y la iglesia de Santa Eulalia. Fuera de la antigua muralla se funda, además, otras ermitas dedicadas a mártires y santos dispersas por su término municipal.

En los años finales del siglo XV, la ciudad de Mérida participó en la guerra civil entre Isabel “la Católica” y Juana “la Beltraneja”: en las inmediaciones de la presa de Proserpina tuvo lugar la Batalla de la Albuera. Al final de esta contienda, el Maestre D. Alonso de Cárdenas recuperó la plaza emeritense que, desde 1475, se encontraba en manos de la condesa de Medellín, Beatriz Pacheco, afín a los partidarios de Juana.