Geografía

Mérida se ubica en el sector central de Extremadura, ligeramente hacia el sur, en una zona sin excesivas dificultades orográficas que favorece la relación de la ciudad con su entorno más próximo. Geológicamente el territorio emeritense se caracteriza por su diversidad, marcada por la depresión del río Guadiana sobre un terreno llano y deprimido, donde los depósitos aluviales terciarios hacen que sea una zona de suelos fértiles. Se trata, pues, de una planicie que solo se ve alterada por la presencia de alguna elevación residual cuarcítica como, por ejemplo, la sierra de Carija o Mirandilla. Cuenta con una gran heterogeneidad de materiales pétreos entre los que destacan: los afloramientos de tipo granítico en la zona de Proserpina, Los baldíos o Araya, cercanas a la ciudad; pizarras en el espacio de Mirandilla; dioritas en la zona noroeste; areniscas al norte de Montijo; o aportes aluviales en todo el valle del Guadiana. Esta heterogeneidad geológica conlleva una variedad importante de suelos con diferentes aprovechamientos: los márgenes del río estarán dedicadas a la agricultura de regadío en los terrenos con aportes aluviales conocido como Vegas, las Vegas Altas y las Vegas Bajas; las áreas pizarrosas, con zonas de dehesa, serán destinadas a usos ganaderos. El clima en este entorno geográfico es de tipo mediterráneo, semi - continental con influencia atlántica, debido a la cercanía de la costa portuguesa. Cuenta con inviernos suaves, cortos y lluviosos, con mínimas que rara vez bajan de los 0º C y precipitaciones que oscilan entre los 450 y 500 mm. Tanto la humedad como los vientos son reducidos: no obstante, es frecuente la aparición de nieblas en los meses centrales de otoño e invierno del Los veranos son secos y bochornosos con temperaturas medias de 25 ºC y máximos que alcanzan los 40ºC. La vegetación asociada a este clima se corresponde con especies xerófilas y arbustivas, adaptadas a sobrevivir en ausencia de un suministro abundante de precipitaciones y a una elevada evapotranspiración sobre suelos pedregosos, pobres y áridos: encinas, carrascos, alcornoques y jaras, a las que se unen una gran variedad de plantas aromáticas como, por ejemplo, romero, tomillo, brezo…, etc. La ubicación y estructura urbana de la ciudad de Mérida y su relación con este medio natural permiten comprender el modelo de ciudad y territorio que se va implantando. El eje central del territorio emeritense viene marcado por la presencia del río Guadiana y sus afluentes. Las características del rio y de su cuenca hidrográfica serán factores que influirán posteriormente en la organización de la ciudad y su entorno, en concreto en aquellas obras de infraestructura relacionadas con la posibilidad de aguada y las vías de comunicación. Si bien el río Guadiana regaba los campos de ambas márgenes, el abastecimiento de agua para la población utilizó manantíos, fuentes naturales, los arroyos de Las Adelfas y Las Pardillas que abastecían al pantano de Proserpina, y algunos afluentes de su red fluvial como el río Albarregas, en cuyo curso se ubica el embalse de Cornalvo. La localización de Mérida en un lugar significativo y estratégico de la margen derecha del río Guadiana atiende a las características del propio río: los vados del Ana – río de cauce ancho, bordes bajos y poco profundo -, entendidos como pasos naturales que coinciden con el estrechamiento del cauce, disminución de la corriente y/o con afloramientos rocosos de extrema dureza, se hallan relacionados con la presencia de caminos que han quedado fosilizados en el terreno: vado de los Patos, vado de la Zarza, vado de Valverde, puente de la Quebrada, vado de Mirandilla,… etc. La construcción del puente sobre el rio Guadiana, considerado como el que posibilita la fundación de la ciudad o “genitor urbis”, permitió canalizar las numerosas vías y caminos que llegaban a la ciudad a través de este vado. Su situación fronteriza, con respecto a los pueblos adscritos a la capitalidad de Mérida (Beturia, Vetonia,…), le adjudicó una función defensiva a través de la cual garantizó un paso seguro de personas y mercancías en contextos geopolíticos de inseguridad. En conclusión, la compleja configuración geología del entorno, sus características bioclimáticas, la existencia de poblaciones dispersas y variadas, junto a la necesidad de controlar los pasos de las cordilleras y de los vados de los ríos favorecieron la ubicación de Augusta Emerita. De tal manera, localizada en la margen derecho del Ana, sobre un vado natural, utilizado desde época protohistórica, que los romanos consolidaron con la construcción de un puente, la nueva colonia Augusta se transformó en un nudo colector de comunicaciones que pronto se convertiría en un lugar central para todo el sector oeste del antigua Hispania Ulterior. El último elemento a destacar en la expansión y pervivencia histórica de Mérida ha sido la benevolencia climática. Determinante en la conjugación paisajística de llanuras, penillanuras, valles y montañas en una unidad territorial que se configuró alrededor de la ciudad y de la primitiva calzada ganadera, convertida en la calzada Vía de la Plata, que tuvo a Mérida como arranque o destino y que la comunicaba con otras ciudades, colonias y municipios de toda la Península.