Historia: la Edad Media (desde el siglo VII al siglo XV)

Época medieval-islámica (Yabisa) S. VII- XII d. C.

A partir de los siglos VIII-IX se tiene constancia de diversas incursiones islámicas en la isla de Ibiza, proceso que finaliza en el año 902-903 con su incorporación, junto con Mallorca y Menorca, a los territorios del al-Andalus. En este período cuando empieza a ser citada como Yabisa ya contaba con un recinto amurallado. Después de la conquista Omeya, Isam al-Jâwlanî ostentó la máxima autoridad de las islas, agrupadas con la denominación de islas Orientales de al-Andalus. A nivel administrativo tanto Yâbisa como Manûrqa estuvieron vinculadas a Mayûrca, isla en la que residió el poder político durante toda la época islámica. A pesar de la escasez de restos arqueológicos, éstos evidencian la plena integración de la isla al mundo musulmán.

En el año 1014, tras la desmembración del califato de Córdoba, Muyâhi anexiona las islas Baleares a la taifa de Dénia. A partir de la segunda mitad del s. XI los isleños dirigieron sus expediciones contra los territorios cristianos, dando origen a la operación de castigo contra las ciudades de Ibiza y Mallorca llevada a cabo por una coalición entre pisano y catalanes. Tras el asedio, conquista y destrucción de Ibiza en primer lugar, las tropas cristianas se trasladaron a Mallorca. Finalizado el ataque las tropas pisano-catalanas abandonaron las islas, dejándolas inmersas en una completa desorganización.

Candil del periodo Almohade hallado en las excavaciones de La Roda Giovanni Battista Calvi - Foto: Museo Arqueològic Eivissa i Formentera

Aprovechando la caótica situación, las islas fueron anexionadas al imperio norteafricano. La etapa almorávide en Ibiza abarca desde 1115 hasta 1187-88, posteriormente fueron dominadas por los almohades. A finales del s. XII, las islas estuvieron vinculadas al poder político y administrativo almohade del sur peninsular, hasta su definitiva conquista por las tropas cristianas. Ibiza es integrada en la Corona de Aragón en el año 1235, seis años después de la conquista de Mallorca por Jaume I.

Los vestigios arqueológicos del periodo islámico en Ibiza no son muy abundantes, se conocen algunos hallazgos monetario y epigráficos de los s. X-XII, siendo el periodo de la taifa de Dénia el mejor documentado. Los hallazgos cerámicos se limitan a un lote de fragmentos de época almorávide y almohade hallados en San Antonio.

 
Torre de época musulmana en cuya base se reutilizó una lápida de época romana - Se conservan en el Centro de Interpretación Madina Yabisa

En la ciudad de Ibiza fue excavada parte de una alquería islámica de la que, situada a los pies de Puig des Molins, se conservan restos constructivos y el pozo de una noria. Dentro del recinto amurallado de Dalt Vila se han podido documentar restos de la antigua fortificación urbana de origen islámico (un tramo de la muralla con dos torres). En el área del Soto, en las proximidades de la ciudad, se hallaron restos de la necrópolis musulmana.

Época cristiana  (1235 al siglo XV)

La conquista de las Baleares, promovida por la corona de Aragón bajo el reinado de Jaume I, Conde de Barcelona, seguramente se basó en los intereses comerciales y la seguridad del Mediterráneo, aunque ésta se planteara desde puntos de vista político-religiosa. Jaume I prometió en 1231 la concesión feudal de las islas Pitiüsas al comité de Roselló, Nuno Sanç, y al infante Pere de Portugal si la conquistaban antes de dos años. Sin cumplirse este plazo, Guillem de Montgrí, sagristà de Girona y arzobispo de Tarragona, propuso al rey llevar a cabo la conquista de Ibiza y Formentera.

La fecha tradicional de toma de la ciudad es el 8 de agosto de 1235. A partir de ese momento, cumpliendo el pactado convenio (1234) de enfeudación de las islas Pitiüsas, la isla se dividió en cuatro partes, dos de las cuales correspondieron a Guillem de Montgrí por haber aportado el doble de soldados  a la campaña. El Castell y la ciudad se repartieron en partes iguales, aunque Pere de Portugal y Nunó Sanç poseían su parte como feudatarios.

Pasados unos años, el reparo inicial de los territorios de Ibiza y Formentera sufrirá variaciones y cambios de titularidad. Las Pitiüsas estuvieron ligadas políticamente al reino de Mallorca o al de Aragón según la época, considerándose como dominios o señoríos del monarca, aunque la mayor parte del territorio insular era un feudo de la Iglesia Tarraconense. Durante este período los distintos soberanos fueron aplicando diversas medidas y disposiciones para el gobierno de las islas. Alfonso III de Aragón creó en 1286 las “milicias populares” para la defensa de las islas. En el año 1289 existe constancia de una reunión de los prohombres de la tierra convocados por el baile real de Alfonso III para consultar cuestiones de interés común. Esta asamblea será un precedente de la Universitat, gobierno local creado en 1299. La “Universitat de Eivissa” se creó como institución del gobierno para dirigir la vida local hasta el s. XVIII.

El acoso dinástico de los soberanos aragoneses apoyados por la Iglesia de Tarragona, continuó hasta el s. XIV. Pese a los enfrentamientos políticos y jurisdiccionales se realizaron obras en la iglesia parroquial de Santa María y surgieron otras edificaciones importantes entorno del templo. El relativo bienestar de esta época comenzó a truncarse después de la incorporación del Reino de Mallorca a la Corona de Aragón, unión que hizo efectiva Pere IV el Ceremonioso tras arrebatar el trono a Juame II de Mallorca en el año 1343, siguiendo su política de reintegración mediterránea. Desde entonces, la isla estuvo inmersa en una dinámica general de conflictos bélicos, como la guerra contra Génova (1351-1354) y los enfrentamientos con Castilla (1356-1368), durante los cuales la ciudad de Ibiza fue atacada y sitiada por Pedro I el Cruel en 1359. Estos acontecimientos, unidos a los brotes de peste de 1348, marcaron el inicio de un época de crisis que se prolongó hasta el s. XV.

Con la unión dinástica de la Corona de Aragón y la de Castilla, en 1479, dió comienzo una etapa de pacificación y recuperación económica en el territorio peninsular que se dejó sentir también en las islas. Sin embargo, a principios del s. XVI, la isla de nuevo sufrió los conflictos político-internacionales del imperio de Carlos V y la expansión otomana, teniendo que soportar continuos ataques de la armada turca sin el auxilio suficiente de la Corona.

La inseguridad que padeció la isla, unido a un periodo de malas cosechas, provocaron fuertes problemas de abastecimiento, agravados por la Iglesia Tarraconense que exigía sus privilegios feudales y no renunciaba a la percepción de sus rentas. A raíz de ello, la población isleña comenzó a pedir un obispado propio, que no se hizo realidad hasta dos siglos después.

Las relaciones feudales con Tarragona se mantuvieron prácticamente hasta el s. XVIII. Sin embargo, desde el punto de vista jurisdiccional y administrativo, este vínculo fue perdiendo importancia a favor de los Gobernadores, representantes del poder delegado por la Corona Española. A pesar de ello, las rentas siguieron enviándose a Tarragona hasta que se creó el Obispado de Ibiza en 1782.