Patrimonio en el municipio

El término municipal es muy extenso y cuenta con varias pedanías. Es por este motivo por el que se incluyen es este apartado algunos elementos que distan más de 10 km. de la capital.

No obstante, comenzaremos por los restos que salpican el entorno inmediato de la ciudad. Así uno de los más destacados, y del cual ya hemos hablado sucintamente, es la antigua iglesia de San Pablo y el edificio conventual anejo a la misma que en la actualidad alberga el Parador Nacional.

El edificio fue fundado y construido a expensas del canónigo don Juan del Pozo en 1523, quién encargó las obras a los maestros vizcaínos Juan y Pedro de Alviz, siendo el primero el encargado de la iglesia y el segundo del convento.

Desde su fundación, como en la mayoría de los edificios históricos, el conjunto arquitectónico ha ido sufriendo remodelaciones constantes.

En la estructura original posiblemente toda la nave de la iglesia tendría un enlosado de sillería del que sólo se ha conservado hasta nuestros días su cuerpo central. Tras cruzar la entrada se disponían al este el limosnario, con una ventanilla de comunicación con otra estancia de similares características pero con acceso exclusivo desde la habitación contigua a la nave. Seguidamente se hallaba otro acceso para la subida al campanario, probablemente comunicado con el claustro del convento.

A mediados del siglo XVIII se decide la transformación de la portada original de la iglesia. La obra, llevada a cabo por José Martín de Aldehuela, no solo comprende dicha reforma sino que de igual modo se verá afectada la cubierta y el interior con la construcción de un coro y la capilla del Rosario, obra del mismo arquitecto.

Situado a la entrada de la iglesia hasta la primera línea de capillas laterales, el coro se apoya sobre cuatro grandes columnas adosadas a los cuerpos de fábrica originales formando un amplio arco escarzano y bóveda de crucería estrellada a imitación del resto de la iglesia.

Por lo que respecta al convento, se trata del característico edificio de planta cuadrangular cuyo epicentro es el patio del claustro.

Tras las reformas acometidas a mediados del siglo XVIII, los dominicos permanecerán en el convento hasta la desamortización de Mendizábal (1836 – 1851), sirviendo el recinto como hospital, principalmente entorno a la epidemia de cólera que asoló a la ciudad en 1885, pasando posteriormente a ser colegio para niños sin recursos bajo la tutela del obispo Payá.

También extramuros de la ciudad, saliendo por el arco de Bezudo del castillo, se encuentra el conjunto de San Isidro, compuesto por una sencilla ermita rural y un cementerio anexo.

En esa misma dirección, igualmente fuera del recinto murado, encontramos sobre los acantilados de la hoz del Huécar los restos del acueducto que en 1509 fue construido para llevar el agua a la ciudad conquense. Para la ejecución del mismo fue necesario la construcción de un del canal sobre arcadas de mampostería en unas zonas, mientras que en otras se excava la roca acomodando la canalización que es cubierta por losas para mantenerla limpia. Llegado el líquido elemento a la parte alta de la ciudad, éste era almacenado en aljibes como el que se puede ver en la cafetería situada frente a San Pantaleón.

En una elevación localizada al otro lado de la hoz, el denominado cerro del Socorro, son patentes las huellas de parapetos y trincheras de la Guerra Civil, como también lo son en el cerro de las Antenas, situado sobre el castillo de la ciudad. 

A unos 5 km. al norte de Cuenca, en la zona de conexión con la CM 2105, variante norte de Cuenca, se localiza en caserío de Embid. Construido en el siglo XVIII, es un conjunto formado por una casa palacial de labor, con una pequeña iglesia decorada con estilo neoclásico, ejecutada con sillares en los esquinales y espadaña rematada en punta con dos vanos. También cuenta con otras casas y un yacimiento de la Edad del Bronce.  

Al sur de la ciudad se ubica una de sus pedanías, Villanueva de los Escuderos. Allí en las afueras de la localidad se encuentra un pequeño promontorio rocoso pleno de tumbas altomedievales talladas en la roca, junto a una cueva con múltiples grabados rupestres con símbolos cristianos.

Además, ya dentro del casco urbano, encontramos la iglesia de la Asunción. Construida en el siglo XVI, cuenta con ábside semicircular cubierto por cúpula de piedra de cantería labrada con casetones, figuras de animales y flores, así como otros elementos, obra de Esteban Jamete.

En el río Júcar, a 5,6 km. de la ciudad se conserva una de las pilas de un antiguo puente realizado con sillería.