Historia: Cuenca medieval y su desarrollo en la Edad Moderna

Lo que sí parece demostrado es que la ciudad de Cuenca tiene un origen islámico. Debió de pertenecer a la cora de Santaver, no siendo en un principio de los núcleos más importantes, ya que existen referencias históricas a otras urbes cercanas como Santaver, Uclés, Huete, Huélamo o Iniesta. No obstante el geógrafo Al-Idrisi la describe así “Cuenca es una villa pequeña, pero antigua. Está situada cerca de un estanque artificial y rodeada de murallas pero sin arrabales”. Queda claro que para él, la ciudad cuenta con antigüedad, pero ello debe atender al hecho de que el autor escribe en el siglo XII, por tanto la referencia a su antigüedad le vendría dada por las casas existentes.

Es más plausible pensar que en sus orígenes, en el siglo IX, la ciudad estaría formada por una serie de jaimas que se irían integrando en la zona central de la actual ciudad de Cuenca. En este momento, la existencia de grandes farallones verticales que rodearían este emplazamiento serían las únicas defensas con que contaban los pobladores. Más tarde, a finales del siglo X o inicios del XI, será cuando la villa va adquiriendo importancia debido a su ubicación, de gran relevancia para la nueva realidad política, ya que se encuentra en el límite de las frontera cristiana en el momento final del califato de Córdoba y el surgimiento del reino Taifa de Toledo bajo los Banu Zennun o Dhi-l-Num.

Es en este momento cuando el poder estatal, observando la estratégica ubicación del enclave situado en la zona fronteriza entre Toledo y Valencia, realiza una fuerte intervención urbana, construyendo en la ciudad todos los elementos que conducirían el otorgamiento de la categoría de Medina, es decir, el recinto amurallado, la mezquita y la alcazaba.

El problema es que la ciudad posee, además de las murallas exteriores, dos núcleos fortificados que pudieran llevar a confusión. El primero de ellos es el castillo. Éste muestra restos de aparejo y ordenación de indiscutible procedencia musulmana y debe ser identificado con la alcazaba descrita por Al-Sala de modo inequívoco. El segundo núcleo es el que ha conservado hasta la actualidad el nombre de barrio del Alcázar, rodeando la plaza de Mangana. También aquí, en las murallas de la bajada del Carmen, existen evidentes vestigios islámicos con la misma clase de aparejo atizonado. Ambas zonas fueron reforzadas en lo constructivo por los cristianos después de la conquista.

Castillo de Cuenca
Castillo de Cuenca - Ayto. de Cuenca

Una parte de los investigadores identifican el Alcázar con el castillo recordando, por ejemplo, cómo don Juan Manuel recibió los rehenes en 1325 en un punto que parece acercarse a esta construcción. Otros autores, por el contrario, consideran que el nombre de barrio del Alcázar procede de haber albergado en su día tal fortaleza o palacio árabe, proponiendo con decisión la existencia de una estructura defensiva dicótoma en Cuenca basada en "dos grandes fortalezas: el castillo y el alcázar".

Parece razonable creer que, en determinados documentos, la denominación de alcázar pudiera aludir en concreto al castillo. Éste siguió conservando su función militar hasta el siglo XV, mientras que el reducto de Mangana, una vez perdida su finalidad original, fue invadido por casas. Pero el hecho cierto es que la tradición popular define el título de barrio del Alcázar a esta zona desde el mismo instante de la conquista de la ciudad hasta en la actualidad, y tuvo que ser por algo. Así, la consideración de origen islámico de esta zona se remonta a los primeros días de la conquista cristiana y propone interrogantes de cierta entidad.

La ciudad islámica contó con dos recintos amurallados, uno primero que iba desde el castillo hasta la plaza de Mangana y un segundo recinto, construido posteriormente. La ampliación murada se ejecutó hacia la parte baja de la ciudad y próxima a la buhayra o lago artificial que aprovisiona de agua a la ciudad.

La ciudad perteneció a la taifa de Toledo y, además de su incalculable valor estratégico debido a su situación en un punto crucial de la Marca Media, destacó por los talleres de tapices, alfombras y sobre todo los productos eborarios.

Fue conquistada a los árabes en el año 1177 tras varios meses de asedio con un doble frente de ataque en el que las tropas del Rey Alfonso VIII, dispuestas en el suroeste, eran ayudadas desde el noreste por las huestes de Alfonso II de Aragón.  Para ello se instalaron varios campamentos fortificados o albarranas. Desde ese momento la ciudad castellana se  convirtió en un bastión fundamental en el avance de las tropas cristianas hacia el levante. Es en este momento cuando el poder religioso arraiga en la ciudad mediante la conversión de la misma en obispado y la llegada a la zona de la Orden de Santiago. Se construye la catedral sobre los restos de la antigua mezquita.

En esos momentos Cuenca se convierte en una importante ciudad del interior peninsular con un gran mercado de paños de lana. La bonanza económica y el fuero concedido por el rey, hizo que los habitantes de la ciudad fueran en aumento, ocupando por completo el espacio disponible dentro del recinto amurallado y distribuyéndose en barrios étnicos: los judíos en el barrio del Alcázar, lo árabes en la calle de la Moneda, etc.

Imagen de la Sinagoga de Cuenca
Imagen de la Sinagoga de Cuenca - Ayto. de Cuenca

Un recinto amurallado dentro del propio espacio murado de la ciudad, sin duda, era el lugar ideal para la instalación con el apoyo regio de la aljama judía, que mostraba así gran pujanza dentro de la sociedad conquense medieval. Ésta construyó su templo, quedando instalada la sinagoga dentro del barrio judío.

En los últimos años del siglo XIV y durante toda la centuria siguiente se va configurando la parte baja de la ciudad, mientras en su casco se suceden los acontecimientos bélicos derivados de la lucha por el poder entre los partidarios del nuevo obispo Lope de Barrientos, defensor de los intereses reales, frente a las ambiciones de D. Diego Hurtado de Mendoza.

Durante el siglo XVI, la economía de la ciudad se basó en el comercio de paños y la producción de alfombras, que motivaron que la actividad lanar se implementara. Se produce en esos momentos un nuevo crecimiento demográfico llegando a tener 17.683 habitantes, lo que determina la necesidad de construir nuevos asentamientos humanos en las zonas próximas a la ciudad. Además será éste uno de los momentos de mayor eclosión urbanística en la ciudad, construyéndose viviendas en altura hasta engullir a la propia muralla de la ciudad que, una vez perdida su función primigenia, sirve como excepcional “cimiento” constructivo. Reflejo de esta destacada etapa constructiva queda patente en la actualidad en el importante patrimonio histórico que salpica el casco histórico.

La citada etapa de bonaza llegó a su fin a finales de la citada centuria. La peste que asedió la ciudad primero y la bajada del precio de la lana, con la consecuente decadencia de la trashumancia después, motivaron un decaimiento que se prolongó durante todo el siglo XVII.  

No obstante en esas fechas, será el poder eclesiástico el que insufle un poco de aire a la ciudad, instalándose en ella diversas órdenes tanto masculinas como femeninas, lo que motivó la construcción de varios conventos.

Durante la guerra de Sucesión, Cuenca se posicionó en favor de Felipe V, lo que le valió los títulos de “fidelísima y noble” primero y “heroica” después, otorgados por el monarca, sin duda debido a las importantes destrucciones de que fue objeto la ciudad en sendos asedios.

El colapso de muchos de sus edificios por las acciones bélicas favoreció el surgimiento de una nueva fase constructiva centrada en iglesias y conventos, además de algunos edificios públicos como el Ayuntamiento o el Pósito. Será el arquitecto Martín de Aldehuela el encargado de reconstruir una buena parte de casco histórico.

Plano de tumbas de la iglesia de Santa María de Gracia
Plano de tumbas de la iglesia de Santa María de Gracia - Ayto. de Cuenca