Patrimonio fuera de la zona urbana dentro del Municipio

Las propicias condiciones medioambientales para la instalación de comunidades humanas en el entorno de la ciudad actual propició la proliferación de asentamientos destinados al aprovechamiento de una amplia variedad de recursos gestionados desde Córdoba, erigido como lugar central de una red jerarquizada de asentamientos de menor entidad.

Seleccionamos como muestra de ello algunos yacimientos identificados en el territorio dependiente de Córdoba y vinculados a la explotación de recursos concretos.

El principal yacimiento del término municipal de Córdoba es Ategua, junto al cortijo de los Castillejos de Teba (nombre con el que era conocido este enclave en época medieval), situado a unos treinta kilómetros al sureste de la capital, en la pedanía de Santa Cruz.  Se trata de un cerro amesetado, enclavado en una posición estratégica, que domina un amplio y fértil territorio de la campiña cordobesa, en las inmediaciones del río Guadajoz. La mayor parte de lo que conocemos de este asentamiento es fruto de las excavaciones realizadas en los años sesenta e inicios de los ochenta del siglo XX, que pusieron al descubierto una completa secuencia de ocupación que responde, en esencia al patrón de asentamiento que se ha documentado en la propia Córdoba, con la salvedad de que este asentamiento se convirtió en un despoblado tras su abandono definitivo a lo largo del siglo XIV.

El origen de la ocupación pudo establecerse a finales del Calcolítico y con seguridad ya durante el Bronce Final, en el siglo IX a.C. La etapa tartésica  supuso un momento de desarrollo urbanístico con el establecimiento de un oppidum, del que se ha identificado un tramo de muralla en el frente oeste. A esta etapa pertenece uno de los testimonios arqueológicos más relevantes procedentes del entorno del yacimiento: la estela de guerrero hallada en el cercano Cortijo de Garrovillas y actualmente expuesta en el Museo Arqueológico Provincial de Córdoba. Se trata de una de las estelas decoradas más completas y de las documentadas en el suroeste peninsular, en la que se representa una escena interpretada como un complejo ritual funerario que se ha puesto en relación con la iconografía de las grandes ánforas griegas del siglo VIII a.C. y, por tanto, mostraría las influencias orientales en la sociedad indígena peninsular.

En época ibérica se mantuvo el auge urbano con la construcción de estructuras de cierta entidad, como un posible templo documentado en las recientes excavaciones de 2004.

Su interés ha estado muy condicionado por las referencias escritas que mencionan este enclave y su relación con la decisiva batalla de Munda, en el contexto de las guerras civiles entre Julio César y los hijos de Pompeyo, en el año 45 a.C. A la etapa romana pertenecen los restos de una domus abandonada en el siglo II d.C. y unas termas, y los restos de un gran edificio porticado que se ha interpretado como un posible templo de época republicana.

Las estructuras visibles más representativas corresponden a época medieval, como los tramos de muralla (oeste, norte y sur) del enclave fortificado del siglo X. Al exterior del lienzo suroccidental se sitúa una plaza a la que abren pequeñas estancias perimetrales, interpretada como un mercado posiblemente de época bajomedieval cristiana.

En la actualidad este enclave ha sido declarado BIC, bajo la figura de Zona Arqueológica y está siendo objeto de trabajos que pretenden la recuperación y puesta en valor del yacimiento.

En las inmediaciones de Córdoba se localiza en muy buenas condiciones un yacimiento atípico, destinado a la explotación de un material muy ligado a la historia de Córdoba prácticamente desde su fundación. Se trata de las Canteras de Peñatejada, situada a menos de tres kilómetros al noreste de Córdoba, junto a la carretera nacional N-432 (km 266-267, junto al camino del Santuario de Linares). Se conserva un frente de explotación subterráneo, organizado en varias galerías en cuyo centro se dejaron grandes masas verticales a modo de pilares que las sustentan. La sala principal es aprovechada actualmente como parte del restaurante “Las Cuevas romanas”. Más allá de sus valores evocadores, constituye un testimonio excepcional para conocer los sistemas de explotación y obtención de la piedra calcarenita con el que fueron erigidos los principales edificios de la ciudad a lo largo de su historia y que distinguen su arquitectura (romana, islámicas y bajomedievales) de otras ciudades del entorno, en las que escaseaba este material.

En directa relación con la necesidad de transporte de estos materiales, entre aquella cantera y la ciudad de Córdoba se sitúa el puente sobre el arroyo Pedroches, una obra de ingeniería caminera de origen romano, pero muy reformado en época andalusí, compuesto por tres arcos de sillería calcarenita. Además de para el transporte de material, la vía en la que se integra este puente servía para comunicar Córdoba con Mérida, otra de las capitales provinciales de la Hispania Romana y ciudad rebelde durante los primeros siglos de presencia islámica.

Y, finalmente, uno de los principales recursos naturales que han marcado el devenir histórico de Córdoba es la riqueza de filones metalíferos de cobre y plata en Sierra Morena, desde la prehistoria reciente hasta época contemporánea. Las principales explotaciones minero-metalúrgicas se sitúan en el entorno de Cerro Muriano, el Mons Marianus de época romana. Las excavaciones del “Cerro de la Coja” han aportado alguna información sobre los asentamientos vinculados a estas explotaciones mineras, expuesta en el “museo del Cobre” de la localidad de Obejo. Pero los testimonios más elocuentes y de la extracción y procesado a gran escala de esos filones se fechan a principios del siglo XX, de la mano de la compañía británica “Cordova Copper Company Ltd.”, que levantó un complejo industrial junto a la localidad actual y de la que se conservan muchas de las instalaciones industriales.