Patrimonio: la Corduba romana y visigoda. Qurtuba islámica

Patrimonio Romano Urbano y Suburbano.

El lugar ocupado por la fundación republicana de Corduba a mediados del siglo II a.C. coincide con el centro económico y comercial de la Córdoba actual. Este sector urbano fue completamente remodelado en especial durante la primera mitad del siglo XX, con actuaciones que afectaron intensamente al subsuelo, hasta cotas bastante profundas, sin el adecuado control arqueológico. En consecuencia, el estado de conocimientos sobre la ciudad republicana es por el momento bastante limitado. En la actualidad este sector está sometido a la máxima cautela arqueológica, catalogado como “zona de reserva arqueológica del subsuelo”. El emplazamiento elegido para esta ciudad aprovecha las ventajosas condiciones topográficas de una de las terrazas fluviales, una zona llana, pero a cierta altura relativa respecto al vado del Guadalquivir y protegida por marcadas laderas en sus flancos oriental y meridional, y por el curso de varios arroyos que servían de foso natural a las murallas que rodearon la ciudad desde los momentos fundacionales. Los vestigios de estas defensas urbanas se han localizado en varios puntos de los lienzos norte, este y oeste, gracias a varias intervenciones arqueológicas que ha permitido fechar estas construcciones a lo largo del segundo cuarto del siglo II a.C., coincidente con los datos históricos acerca de la fundación de la ciudad. Se conoce relativamente bien la mayor parte del trazado de esta muralla republicana, a excepción de su lienzo meridional, que quedó desmantelado como consecuencia de la ampliación urbana hacia el río en época de Augusto, en torno al cambio de Era. Este recinto amurallado presenta una forma poligonal, ligeramente irregular, de tendencia hexagonal, adaptado a la topografía del terreno, de unos 2650 metros de perímetro, que delimitaba un pomerium de 47 Ha de superficie interior, cuya apariencia ha quedado fosilizada en el trazado de los principales ejes viarios actuales. En su flanco occidental, este recinto contaba con el curso de un arroyo, identificado como el arroyo del Moro, que actúa como foso natural; en el costado septentrional, se reforzó la defensa con la excavación de un foso artificial, documentado arqueológicamente, que alcanzó los 18 m de anchura.

Si bien la muralla fue objeto de sucesivas reformas y reparaciones, se pueden identificar claramente las características arquitectónicas de la fábrica original. A intervalos regulares, estos lienzos estaban flanqueados por torres semicirculares que alternaban con otros de planta cuadrada, acaso de una cronología republicana algo más tardía.

En cuanto a la estructura interna de la ciudad, todo parece indicar que Corduba se planificó siguiendo el esquema propio del urbanismo romano, caracterizado éste por el trazado de una red viaria ortogonal y con orientación de los ejes principales (el kardo y el decumanus maximus) hacia los puntos cardinales El decumanus maximus de Córdoba cuenta con la peculiaridad de que las puertas de los extremos este y oeste no están afrontadas en el mismo eje, sino que se sitúan en decumani paralelos adyacentes. En los extremos de estas vías se situaban las principales puertas úrbicas y en intersección entre ambas se emplazaba el foro, el principal espacio urbano, el lugar más emblemático y monumental, localizado en la intersección de las actuales C/ Cruz Conde y C/ Góngora y en sus alrededores. La tradición historiográfica ubica el templo principal en uno de sus extremos, en el lugar ocupado actualmente por la actual iglesia de San Miguel. A partir de estos ejes principales, se distribuía la trama de decumani y kardines menores que delimitaban las manzanas o insulae destinadas a la construcción de viviendas o reservadas para la configuración de otros espacios públicos. Esta disposición básica general no se vio  demasiado alterada a lo largo del resto de la etapa romana, a pesar de la intensa remodelación urbanística de época imperial que resultó de la refundación augustea.

Esta austera ciudad republicana, asediada y arrasada por César tras la batalla de Munda en el año 45 a.C., experimentó una sustancial transformación a partir de la refundación de la ciudad por parte de Augusto como Colonia Patricia en el último cuarto del siglo I a.C. La primera consecuencia fue la ampliación de los límites de la ciudad hacia el sur, hasta la orilla del Guadalquivir, por lo que el pomerium alcanzará las 78 Ha de espacio intramuros disponible, quedando definitivamente delimitado el perímetro del núcleo principal de la ciudad histórica de Córdoba. Esta ampliación se adapta nuevamente a la pendiente del terreno, tomando a partir de este punto una orientación de las calles en sentido NW-SE, con un giro en el trazado del Kardo Maximus que desemboca en la nueva puerta meridional junto al puente. Este último debió de ser objeto de una profunda remodelación, sustituyendo el puente romano original, probablemente realizado en madera, por una estructura íntegramente en piedra. No obstante, apenas se conservan vestigios del puente romano imperial y el aspecto actual es el resultado de reiteradas reconstrucciones a lo largo de época islámica y moderna, entre los siglos XVI y XVIII y, en especial, y la primera mitad del siglo XX.

El proceso de monumentalización de la ciudad llevado a cabo a lo largo del siglo I d.C. sigue el modelo de la propia Roma, cuyos principales edificios imita, como forma de emulación y adhesión al régimen imperial. Esta intensa remodelación urbanística implica, probablemente durante el primer cuarto del siglo I d.C., la remodelación del antiguo foro republicano, ampliándolo hacia el sur, componiendo un espectacular complejo arquitectónico de la Colonia, con la incorporación de un nuevo espacio forense anexo en su costado meridional, denominado Forum Novum (o Forum Adiectum), y la construcción de un templo de dimensiones colosales, excavado en el solar nº 5 de la C/ Morería. De este edificio se conserva in situ únicamente su cimentación de opus caementicium, pero su aspecto original ha sido restituido gracias a la conservación de elementos de decoración escultórica (como la estatua loricata de la “colección Tienda”, conservada en el MAPCO) y arquitectónica y la comparación con el templo de Mars Ultor del Foro de Augusto de Roma. Como aquél, es interpretado como un templo dedicado al Divino Augusto.

Como capital de la Provincia Baetica, en la ciudad se promueven espacios desde los que rendir culto al Emperador. Este sería el caso del conjunto monumental compuesto por el templo excavado y musealizado en la C/ Claudio Marcelo, situado en el centro de una nueva plaza porticada, construida a caballo sobre el lienzo oriental de la muralla republicana. La accidentada topografía de la zona, buscada claramente con intención propagandística e ideológica, obliga a realizar costosas obras de  nivelación para construir la terraza artificial, levantada sobre un conjunto de contrafuertes en abanico hacia el interior, denominados antérides, que sirvieron para contener el empuje de la tierra.

Templo calle Claudio Marcelo
Templo calle Claudio Marcelo - Ayto. de Córdoba

El complejo urbanístico se completa con una terraza intermedia dispuesta al este y un circo emplazado junto a la Vía Augusta y orientado en paralelo a la misma. Este conjunto, junto al actual Ayuntamiento, cuya cronología se viene fijando entre las postrimerías del emperador Claudio o los inicios del principado de Nerón y el reinado del emperador Domiciano (81-96 d.C.), es interpretado actualmente como “Complejo de Culto Provincial”, del que el templo parcialmente reconstruido es su evidencia material más destacada e integrada en el paisaje urbano contemporáneo. Además de la anastilosis llevada a cabo por el arquitecto Félix Hernández, se aprecian algunas de las columnas de mármol del templo, elementos marmóreos de la decoración arquitectónica, la cimentación del altar que lo precedía, los contrafuertes del muro de aterrazamiento y las cimentaciones de los pórticos que enmarcaban al templo por tres de sus lados.

Además de estos dos foros, entendidos como espacios de actividades políticas y religiosas, la Córdoba romana contó con una tercera plaza pública en su sector meridional, junto al río, construida en torno a mediados del siglo I d.C.; en este caso vinculada con portuarias y fiscales derivadas de la intensa actividad económica y comercial del puerto fluvial. De esta plaza se conservan algunas de las tabernae del flanco oriental, integradas en el Centro de Recepción de Visitantes construido junto la plaza del Triunfo. Junto a ella, la puerta del Puente contaba con un triple vano, el central de mayor tamaño que daba acceso al puente y los laterales, algo más estrechos, desde los cuales unas escaleras descendían hacia el río.

El crecimiento de  la población y derivado del carácter de colonia hizo necesaria la construcción de las infraestructu­ras para el abastecimiento público de agua. Para ello se aprovechó la riqueza de acuíferos procedentes de la sierra. Así, en época de Augusto se construyó un su primer acue­duc­to, denominado Aqua Augusta, que tras la adicción de nuevas conducciones hidráulicas pasó a conocerse como “Aqua vetus”, cuyo trazado fue reaprovechado para el abastecimiento de Madinat al-Zahra por el denominado “acueducto califal de Valdepuentes”. Esta conducción captaba el agua desde distintos manantiales de Sierra Morena, a 18,6  kilómetros al noroeste de Córdoba y la transportaba a la ciudad a través de un canal o specus subterráneo realizado con opus caementicium revestido al interior de opus signinum y cubierta por una bóveda de medio cañón. El aspecto técnico más destacable de este acueducto es el empleo de un ingenioso sistema de pozos de resalto empleado para reducir la velocidad de las aguas en zonas de abrupta pendiente natural, habiéndose conservado un total de 40 de estos pozos o spiramina. A su llegada a la ciudad, el agua surtía a numerosas fuentes públicas y domus aristocráticas de la Córdoba del siglo I d.C. A finales de esa misma centuria, durante el principado del emperador Domiciano, se construye un segundo gran acueducto, denominado Aqua Nova Domitiana Augusta (como refleja la documentación epigráfica), en este caso procedente de cuatro ramales situados en el sector de la sierra al noreste de la ciudad, con un recorrido total de 13,2 kilómetros. En este caso cuenta con specus superficial, localizado en algunos puntos en las inmediaciones del arroyo Pedroche hasta confluir en un único canal a pocos kilómetros de las murallas y sostenido por un muro elevado. La conjunción de ambos acueductos a finales del siglo I d.C. hizo que la Colonia Patricia fuese una de las ciudades mejor abastecidas de agua en Hispania durante la época imperial romana. A principios del siglo III d.C. se construyó un tercer acueducto destinado probablemente a abastecer de agua el sector suburbano situado a poniente del recinto amurallado. Esta nueva conducción se ha venido en denominar “fontis aureae aquaeductus” o “acueducto que abastecía a la fuente dorada”. Durante las obras de construcción de la estación de autobuses de Córdoba se localizó un tramo de unos 100 m de longitud y el castellum divisorium o cabeza del sifón donde las aguas pasaban a ser conducidas a presión entubadas en dos atanores de plomo de notable calibre, a partir de los cuales se procedía a la distribución capilar del líquido elemento entre los diferentes consumidores. Este acueducto se ha mantenido ininterrumpidamente en uso hasta época contemporánea. En época califal fue restaurado y reutilizado por el califa al-Hakam II, para abastecer de agua el entorno de la Mezquita Aljama.

Quizás la evidencia más contundente de la monumentalización de la nueva colonia altoimperial romana a lo largo del siglo I d.C. sea la dotación de los principales edificios de espectáculos característicos de las más importantes urbes del Imperio: teatro, anfiteatro y circo. De todos ellos se conservan vestigios materiales documentados en distintas intervenciones arqueológicas realizadas en distintos puntos Córdoba. Todos estos edificios se erigieron íntegramente en opus quadratum, en sillería de calcarenita, por la disponibilidad de material en las inmediaciones de la ciudad; una circunstancia que ha condicionado su conservación, al servir de cantera de material constructivo para los edificios levantados durante época tardoantigua y medieval. No todas las ciudades pudieron disponer de tales edificios de espectáculos, muy costosos de edificar.

El más antiguo de los edificios de espectáculos de la Colonia Patricia imperial es el teatro, cuya cronología se enmarca entre los años 15 a.C. y 5 d.C. Su  construcción sería, pues, anterior incluso al cierre de la muralla meridional de la ampliación de época augustea, para la cual aprovecha las favorables condiciones topográficas de la ladera que desciende hacia el río. El graderío de este edificio ha sido documentado bajo la sede del Museo Arqueológico Provincial y en los alrededores de la actual Plaza de Jerónimo Páez, mientras que hasta el momento no hay evidencias del frente edificio escénico (scaena). A pesar de que sólo se ha descubierto una parte del graderío, la cavea, de trazado semicircular, ha sido posible calcular las dimensiones totales del edificio, con un diámetro de 124’23 m, que hacen de este teatro el de mayor tamaño de los conocidos en Hispania. Los cálculos realizados aportan un aforo de entre 10.000 y 15.000 espectadores.

 

Graderio del teatro romano integrado en el MAEPCo
Graderio del teatro romano integrado en el MAEPCo - Ayto. de Córdoba

Sus características arquitectónicas parecen seguir el modelo del Teatro de Marcello en Roma, algo mayor que el cordobés, con cuya cronología coincide. El graderío estaba compuesto por tres niveles sucesivos (ima, media y summa cavea), rematado en su parte superior por un pórtico del que se ha recompuesto su decoración arquitectónica, al conservarse el derrumbe de las piezas que lo componían (fustes, capiteles y cornisas de mármol). Así mismo se ha propuesto la reconstrucción de la fachada exterior del edificio, compuesta por tres arcadas superpuestas sobre pilastras labradas en los sillares del alzado y enmarcadas por órdenes ficticios decorativos (dórico, jónico y corintio). Al exterior se acometieron obras de urbanización con la construcción sucesivas de plazas aterrazadas de planta curvilínea, coincidentes con los diferentes niveles del graderío, y pavimentadas con losas de calcarenita. Se conserva parte de la plaza y escalinata oriental, en el denominado patio de epigrafía del Museo Arqueológico Provincial y se ha excavado una parte del pavimento de la plaza occidental contigua al teatro. El edificio estuvo en uso hasta el último cuarto del s. III d.C. cuando fue parcialmente destruido como consecuencia de un violento seísmo. Desde entonces fue objeto de un continuado proceso de expolio que se intensificó en el siglo V y se mantuvo durante  toda la Antigüedad Tardía.

En las áreas suburbanas, como consecuencia de las necesidades espaciales propias de estos edificios colosales, se disponían en ambos extremos de la ciudad: el circo al este y el anfiteatro, al oeste.

Si bien existían evidencias epigráficas y musivarias de la existencia de un edificio destinado a las carreras de carros en el entorno de la plaza de la Corredera, el circo no fue identificado hasta las intervenciones arqueológicas realizadas entre 1992 y 1999 en el huerto del Palacio de Orive, situado al este del recinto amurallado, junto a la vía Augusta, en su tramo inmediato a la puerta de Roma, el acceso oriental de la Colonia Patricia. La información estratigráfica aporta una cronología para la construcción de este gran edificio entre mediados del siglo I d. C., durante el reinado de Nerón, y probablemente el principado de Domiciano, que culmina el programa urbanístico acometido en el complejo de culto provincial del que formaba parte. Las limitaciones de las intervenciones arqueológicas sólo han permitido documentar los muros de sustentación de un sector del graderío septentrional, el inmediato a la Vía, del que se ha completado su sección y varias cloacas. Por razones que aún se desconocen, el edificio se abandona en el último cuarto del s. II d. C. y sus muros fueron expoliados y cubiertos por materiales de relleno. No obstante, a principios de la centuria siguiente debió de existir un edificio que cumpliese las mismas funciones, pues la documentación epigráfica constata la celebración de carreras de carros en la ciudad gracias a la donación de L. Iunius Paulinus, un evergeta local.

En el extremo opuesto, pero manteniendo el mismo eje axial, en el suburbio occidental de la ciudad se levantó el anfiteatro, cuya construcción obligó a emprender costosas obras de transformación urbanística de la zona, que implicaba el desvío de la vía Corduba-Hispalis, la apertura de nuevas calles y la dotación de las necesarias infraestructuras de saneamiento y evacuación hidráulica. Este colosal edificio ha sido identificado en 2003 con motivo de las excavaciones arqueológicas realizadas en los jardines del actual Rectorado de la Universidad de Córdoba (antigua Facultad de Veterinaria). Fruto de sucesivas intervenciones se han localizado las secciones de los muros curvos que definen los seis anillos perimetrales del edificio de trazado elíptico, desde el cierre exterior al muro del podium que separa el graderío de la arena. A partir de estos datos, se ha calculado unas dimensiones del eje mayor, orientado en sentido SE-NO, de unos 178 m, con una capacidad de unos 30000 espectadores. La topografía sobre la que se asienta obliga a levantar el graderío del edificio sobre grandes substructiones, muros de opus quadratum de trazado concéntrico que definen casetones rellenos con materiales constructivos. Si bien en este enclave se había ubicado tradicionalmente el segundo circo de la ciudad, el hallazgo de estas estructuras y, en especial, la recuperación en sus inmediaciones, a mediados del siglo XX, de numerosos epígrafes sepulcrales de gladiadores, permiten confirmar, sin lugar a dudas, la identificación de estos restos con el anfiteatro de la Colonia. Los materiales recuperados en la excavación permiten encuadrar la construcción del anfiteatro en el segundo cuarto del siglo I d.C. A principios del siglo IV d.C. el edificio es objeto de un acelerado proceso de expolio de sillares, quizás paralelo a la cristianización del lugar, al haber sido, muy posiblemente, el escenario del martirio de varios santos cordobeses, como sucede en la ciudad de Tarraco.

Este proceso de ennoblecimiento urbano se ha corroborado al interior del pomerium, en espacios y edificios públicos monumentales, como las termas. De este tipo de edificios sólo tenemos información arqueología in situ en la C/ Concepción, donde se conserva la natatio de unas termas integrada en un edificio de carácter comercial. En otro puntos de la ciudad se han documentado elementos indirectos, como el conjunto de mosaicos y decoración arquitectónica excavado en los años 50 del siglo XX en la C/ Cruz Conde, identificado como perteneciente a un balneus privado, o quizás a un complejo termal; o la escultura de una réplica romana de la “Afrodita Agachada” de Doidalsas de Bitinia, hoy en el Museo Arqueológico, recuperada en la C/Amparo, interpretada como la decoración de un ninfeo o unas termas, en cualquier caso, perteneciente a un edificio vinculado con el agua.

La monumentalización de los espacios públicos se ve acompañada también de un importante desarrollo del hábitat privado; surgen así numerosas domus e insulae, que, unidas a los numero­sos jardines, esta­tuas y elementos diversos de decoración urbana, de­bie­ron proporcio­nar a la ciudad un aspecto digno de su categoría administra­tiva, como capital de la provincia Baetica. Contamos con varios ejemplos de casas de peristilo, con patio columnado, excavadas e integradas en el interior de la ciudad histórica, como la domus romana de peristilo, datada a comienzos del s. I a. C., conservada en el sótano de la denominada “Casa Castejón” (C/ Ramírez y de las Casas-Deza) actualmente ocupada por el Hotel Palacio del Bailío; o la casa romana de peristilo conservada en el sótano del antiguo Palacio de los Marqueses del Carpio, conocida como “Casa Herruzo” (C/ San Fernando). Además de estos elementos arquitectónicos, en el Museo Arqueológico se conservan magníficos testimonios escultóricos, musivarios, pictóricos y de decoración arquitectónica que ponen de manifiesto la riqueza, el lujo y la magnificencia de estas viviendas de la aristocracia romana cordobesa.

Desde los tiempos de Claudio y Nerón las viviendas habían excedido el recinto amurallado en casi todo su perímetro, extendiéndose, en forma de barrios suburbanos por el entorno de la ciudad. A partir de finales del siglo I d. C. o principios del siglo II d. C. (y hasta a mediados del siglo III d. C.) la ciudad se extendió ampliamente fuera del recinto amurallado, dotándose de todos los servicios con los que contaban los barrios al interior de la muralla, en ocasiones sobre los espacios ocupados por las necrópolis extramuros. Hacia el norte, en el vicus septentrional, se extendió otro barrio cuyos restos no son visitables, aunque las distintas intervenciones arqueológicas han puesto también de manifiesto la existencia de espléndidas casas con pavimentos musivarios en una extensa zona: C/ de la Bodega, Fray Luis de Granada, Ronda de los Tejares o Reyes Católicos. Uno de estos mosaicos puede observarse integrado en el número 17 de la calle Reyes Católicos; otro tanto puede decirse del mosaico instalado en la avenida Ronda de los Tejares nº 22, que representa a dos amorcillos abrazados.  Del vicus oriental, en concreto del lugar ocupado por la plaza de la Corredera, procede el magnífico conjunto de mosaicos que hoy en día puede contemplarse en el Alcázar de los Reyes Cristianos.  

Por lo que respecta a elementos arquitectónicos excavados y conservados en los últimos años, destaca el hallazgo reciente de una nueva gran residencia en el sector septentrional de la ciudad (una probable villa suburbana, conocida como la Villa de Santa Rosa o del Algarrobo), que ha venido a sumarse a las ya conocidas en la zona occidental, excavadas bajo los jardines de la Victoria, donde se dispusieron casas que respetaron los dos grandes monumentos funerarios allí localizados: la domus del sátiro,  en el parque infantil de Tráfico, y la domus de Talasius, frente a la puerta de Gallegos.

Monumentos funerarios Puerta de Gallegos
Monumentos funerarios Puerta de Gallegos - Ayto. de Córdoba
Monumento funerario del Palacio de la Merced
Monumento funerario del Palacio de la Merced - Ayto. de Córdoba

La monumentalización también afectó de forma muy evidente al paisaje funerario, que, como era habitual y preceptivo en la cultura romana se situaba en las afueras de la ciudad. En Córdoba los testimonios arqueológicos relacionados con las creencias y costumbres funerarias han sido muy estudiados y, de hecho, constituyen uno de los aspectos mejor conocidos de su patrimonio arqueológico, con elementos conservados y puestos en valor.  La distribución de las necrópolis de época republicana no se conoce con seguridad hasta el momento, si bien se propone la posibilidad de que estuvieran situadas al sur de la ciudad, entre sus murallas meridionales y el propio río, aunque no se han documentado restos funerarios de este momento en esta zona. Como sucede en el resto de la ciudad, tras la fundación como Colonia Patricia por Augusto, los espacios funerarios experimentan un proceso de monumentalización acorde con la nueva dignidad colonial. Así, se erigen monumentos funerarios que configuran varias viae sepulchrales, conformadas mediante la sucesión de tumbas monumentales y recintos funerarios, con su adecuado soporte epigráfico, junto a las puertas y a lo largo de las vías principales de acceso a la ciudad, en las que las familias aristocráticas de la colonia se muestran de forma distintiva frente al resto de la sociedad como manifestación de ostentación y de su poder económico y nivel social. En Córdoba se conservan notables ejemplos de una amplia variedad tipológica de estas tumbas monumentales: túmulos circulares de la puerta de Gallegos, hipogeos con recintos funerarios (junto a la puerta de Sevilla, en los sótanos del palacio de La Merced (sede actual de la Diputación Provincial) y en un aparcamiento de C/ La Bodega, 10); altares funerarios (bajo la actual Facultad de Ciencias del Trabajo y en Avda. de la Victoria, junto a Puerta de Gallegos); o mensae funerarias en forma de sigma, tardías (C/ Lucano).

Patrimonio Tardoantiguo.

El esplendor y la monumentalidad de la Córdoba de época altoimperial ha oscurecido el interés de etapas históricas posteriores, que se inician a partir de las crisis por las que atraviesa el Imperio Romano de occidente a partir del siglo III d.C. y que se traducirá en el surgimiento de un nuevo orden sociopolítico en los siglos sucesivos. Los testimonios materiales de este periodo se caracterizan por una menor riqueza ornamental y entidad arquitectónica más modesta, que no se corresponde en absoluto con su interés y entidad histórica.

En nuestra ciudad, el impulso inicial para empezar a conocer este periodo vino como consecuencia del descubrimiento en el año 1991 del complejo arqueológico de Cercadilla, situado extramuros del recinto urbano, a unos 600 metros del ángulo noroeste de la muralla. El monumento alcanza más de cuatrocientos metros de longitud por doscientos metros de anchura y presenta un original diseño. Se organiza en torno a un criptopórtico de trazado semicircular, constituido por una galería semisubterránea de cuatro metros de altura y cuatro metros y medio de anchura, que permite la creación de una gran terraza horizontal en torno a la cual se aglutinan los distintos edificios que componen el conjunto. Sobre este criptopórtico discurría un pasillo porticado, desde el que se organizaba el tránsito hacia el resto del complejo. En la cabecera de la plaza semicircular, y en coincidencia con el eje del monumento, se dispone la gran sala de representación, interpretada como aula de recepción, al norte de la cual se encuentran las termas, posiblemente comunicada con aquella de forma directa. También en torno al pórtico semicircular, a ambos lados de la gran sala, se disponen otras dos salas de similares características pero de menores dimensiones, que conservan parte de su alzado y los pavimentos, constituidos por mosaicos decorados con motivos geométricos y vegetales; y en los extremos del pórtico semicircular se sitúan sendas salas triabsidadas que rematan el conjunto.

Enclave arqueológico de Cercadilla
Enclave arqueológico de Cercadilla - Ayto. de Córdoba

Este importante complejo arquitectónico, erigido sobre una villa suburbana de época romana altoimperial, constituye sin duda un caso único entre los múltiples legados de la arquitectura romana que hasta nosotros han llegado, pues no se conoce ningún edificio igual en todo el Imperio. Sin embargo, las particulares condiciones de su hallazgo y las evidentes limitaciones en la investigación (condicionada por el desarrollo de las obras de construcción de la estación de ferrocarril AVE) han dejado abiertas muchas incógnitas sobre su interpretación. Hoy en día existen cuatro hipótesis sobre su cronología y funcionalidad:

  • La más extendida, lo considera como un palatium imperial tetrárquico, erigido en época de Maximiano Hercúleo a finales del siglo III (297-305), con motivo de la campaña pacificadora que dirigió en el Norte de África.
  • La alternativa, que matiza la hipótesis anterior, interpreta el conjunto como una gran villa suburbana perteneciente al gobernador (praeses) o a un alto dignatario de la autoridad imperial en la provincia. Sería, pues, un praetorium, una villa suburbana, posible residencia señorial, con funciones residenciales y oficiales.
  • La hipótesis menos trabajada hasta el momento considera el conjunto como un complejo episcopal, construido a instancias de Osio, obispo de Córdoba y asesor personal de Constantito durante las décadas centrales del siglo IV d.C.
  • Finalmente, la hipótesis más reciente considera este conjunto como un praetorium erigido por el vicarius Hispaniarum (de las provincias hispanas), pero, en este caso, por orden de Constantino, en los albores de la segunda década del siglo IV d.C., en el contexto del conflicto civil por el control del Imperio entre el propio Constantino y Magencio.

Sea como fuere, la originalidad y características arquitectónicas del edificio como la técnica edilicia empleada para su materialización, opus vittatum mixtum, son indicios claros  de la presencia de un arquitecto foráneo, muy familiarizado con la arquitectura imperial coetánea, que confiere a este complejo arquitectónico un valor excepcional en la arquitectura bajoimperial romana entre finales del siglo III e inicios del siglo IV d.C.

Pese a este limitado nivel de conocimientos que venimos comentando, se han producido significativos avances en los últimos años que permiten conocer las transformaciones que tienen lugar en Córdoba durante este periodo. El interés arqueológico de esta etapa se concreta en varios aspectos fundamentales. Se produce la desintegración de la trama urbana cohesionada que caracterizaba a la ciudad imperial y se modifica radicalmente la topografía urbana. Esta transformación responde a la nueva forma de entender la ciudad tardoantigua, que responde a las necesidades y prioridades de la nueva sociedad que la habita y la construye. Los espacios públicos y de poder de las elites urbanas experimentan un importante desplazamiento, sentando las bases urbanísticas que caracterizarán a la ciudad durante los siglos posteriores. Se trasladan los centros de poder hasta configurar un amplio complejo urbanístico tardoantiguo en el ángulo suroccidental de la ciudad: el complejo episcopal y el complejo civil. En Córdoba se sabía de la existencia de la basílica episcopal de San Vicente gracias a las crónicas islámicas que la mencionaban al hablar de la construcción de la mezquita aljama de Abd al-Rahman I en el mismo lugar ocupado previamente por el edificio cristiano. En los años treinta del siglo XX Félix Hernández acometió una excavación para comprobar el estado de las cimentaciones de las columnas del oratorio islámico, y documentar las estructuras pertenecientes al edificio previo, a la basílica visigoda de San Vicente. Aunque la excavación adoleció de la ausencia de criterios estratigráficos, entre las estructuras documentadas destacan una estancia absidada, unas dependencias pavimentadas con mosaicos de motivos cristianos y algunos pavimentos hidráulicos (opus signinum). Algo más tarde se excavó en el patio de los naranjos y se documentó la planta de un edificio cuya planta muestra un pórtico abierto al oeste dotado de sendos ábsides al norte y sur. De estas excavaciones se recuperó un rico conjunto de piezas de decoración arquitectónica que actualmente se exponen en el interior de la mezquita, en el denominado museo de San Vicente.

Piezas época visigoda Museo de San Vicente
Piezas época visigoda Museo de San Vicente - Ayto. de Córdoba

El conjunto episcopal cordobés resultaba mucho más extenso y complejo que la simple basílica episcopal. Debía de contar con diversos espacios consustanciales a estos centros religiosos: la propia basílica, de cierta monumentalidad, el baptisterio (aún no documentado), el palacio episcopal (donde se desarrollaban las funciones públicas), las residencias privadas del propio obispo y de los miembros destacados del clero, iglesias menores, dependencias con funciones administrativas y de servicios (archivo y almacenes). Todo ello haría del Complejo Episcopal cordubense una extensa superficie urbanizada en cuyo interior se distribuiría un amplio repertorio de edificios, con distintas orientaciones, que cubrirían las más diversas exigencias funcionales. Muy probablemente forman parte de este conjunto las estructuras de gran entidad, de carácter público, documentadas en la ronda de Isasa, esquina con C/ Caño Quebrado y, en especial, el potente edificio excavado junto a la Puerta del Puente. Aunque los resultados son incompletos, muestran un edificio de grandes proporciones, dispuesto de forma paralela a la muralla meridional de la ciudad, con una gran estancia o corredor central al que abren varias alas laterales; todo ello levantado con material reutilizado en el que alternan la sillería con muros de opus africanum. Su monumentalidad y articulación permiten vincularlo directamente con el complejo episcopal. De ser así, como todo parece indicar, este complejo superaría con creces los límites hasta ahora propuestos y confirmaría la entidad del complejo que ocuparía varias insulae del trazado de calles de la ciudad romana.

Algo muy similar debió suceder con la zona destinada a las actividades de carácter administrativo, lo que hemos venido en denominar “Complejo Civil”. En la excavación del interior del Alcázar Cristiano se han documentado vestigios muy interesantes de la existencia de un recinto situado en la esquina suroccidental del espacio amurallado, castellum, levantado entre mediados del siglo V y el siglo VII, conformando un espacio fortificado avanzado hacia el río, en una posición adelantada con respecto a la línea de muralla a la que se adosa en su paramento exterior.

Por otro lado, se lleva a cabo una cristianización de los espacios urbanos, con la configuración de un nuevo paisaje caracterizado por las construcciones erigidas por la iglesia, como nuevo poder emergente. La monumentalización del paisaje cristiano de la ciudad se materializa en varios edificios de los que, por desgracia, tenemos muy escasa información arqueológica. La mayoría de ellos se sitúa en el espacio suburbano, en directa relación con escenarios martiriales o con espacios de un especial valor ideológico. En los jardines de la antigua Facultad de Veterinaria, actual Rectorado de la Universidad de Córdoba, se ha documentado hace pocos años el anfiteatro romano. Este edificio de espectáculos estuvo en funcionamiento, al menos, hasta los primeros años del siglo IV, pues entre 303 y 304 fueron martirizados en su arena los santos cordobeses Acisclo, Fausto, Genaro y Marcial (los llamados tres coronas). A partir de este momento debió iniciarse un proceso de desmantelamiento del edificio, paralelo quizás a su conversión en un lugar de marcado peso ideológico y cultual como lugar de martirio de estos padres de las comunidades cristianas cordobesas. Así, al menos, parecen estar apuntando las distintas evidencias recuperadas en las zonas del Cortijo de Chinales, Vista Alegre y Avda. del Aeropuerto. La localización en un extenso sector suburbano al sur del antiguo anfiteatro, de numerosas evidencias (restos funerarios asociados a elementos de decoración arquitectónica de carácter litúrgico) relacionadas con la arquitectura cristiana tardoantigua de los siglos VI y VII podría hacer pensar en la existencia de un importante complejo cristiano, ya sea basilical o monástico. Estos materiales se conservan y exponen hoy en el Museo Arqueológico Provincial de Córdoba.

Estructuras tardoantiguas arena anfiteatro
Estructuras tardoantiguas arena anfiteatro - Ayto. de Córdoba

De todos estos centros de culto tardoantiguos el más conocido y mejor documentado hasta el momento se sitúa al norte del antiguo complejo tardorromano de Cercadilla. En concreto, destaca la denominada aula triconque norte, cuya cabecera triabsidada fue transformada en presbiterio. En torno a las estancias septentrionales del complejo arquitectónico bajoimperial se dispone un conjunto de enterramientos que parecen responder a la tradición de enterramientos ad sanctos, que se mantuvo en funcionamiento durante los primeros siglos de dominio islámico. Parece incuestionable que se trataría de un espacio con ciertos enterramientos privilegiados, como demuestra el hallazgo de la inscripción funeraria del Obispo Lampadio (fechada en 549; reutilizada como cubierta de una tumba mozárabe) y el anillo-sello del obispo Sansón. 

Desde el punto de vista funerario, la cristianización de la ciudad se materializa en la generalización de la inhumación como forma exclusiva de enterramiento, a partir de los siglos III-IV. Las familias cordobesas más acomodadas importan ricos sarcófagos de mármol de iconografía cristiana, de los que contamos con algunos ejemplos: como el magnífico ejemplar procedente de la huerta de San Rafael (actualmente expuesto en el Museo Arqueológico de Córdoba), los numerosos fragmentos de similar temática que fueron reutilizados posteriormente en los jardines de Medina Azahara, o aquellos otros que hoy se encuentran dispersos en distintas colecciones privadas.

Patrimonio Islámico.

La principal particularidad del patrimonio arqueológico de Córdoba, que la distingue del resto de ciudades hispanas con un floreciente pasado romano y tardoantiguo, es su esplendoroso pasado andalusí. Elegida como capital de la provincia islámica de al-Andalus desde principios del siglo VIII, se convierte en la sede del Estado independiente en el extremo occidental del Mediterráneo, por lo que experimenta un intenso proceso de islamización materializado en la transformación de su paisaje urbano. A partir del año 929 d.C. se eleva a la dignidad de capital del califato de al-Andalus, hasta el punto de que se convierte en el centro de una conurbación urbana, conformada a finales del siglo X por la conjunción de tres ciudades: Madinat Qurtuba, Madinat al-Zahra al oeste y la enigmática Madinat al-Zahira al este.

Desafortunadamente, por muy diversas circunstancias, el interés por el patrimonio arqueológico de esta etapa andalusí ha estado absolutamente focalizado en la Mezquita Aljama, edificio único en el occidente europeo, preservado en un magnífico estado de conservación, en buena medida gracias al mantenimiento de su uso litúrgico consagrado como templo cristiano desde la conquista castellana a principios del siglo XIII. Sin embargo, las numerosas intervenciones arqueológicas acometidas en la ciudad durante las dos últimas décadas en cumplimiento de la normativa urbanística, han ampliado extraordinariamente los testimonios materiales de este pasado islámico. Por desgracia, el nivel de conocimientos no ha ido parejo a la conservación de los vestigios arqueológicos, en particular de los arrabales extendidos alrededor de la medina amurallada, sistemáticamente desmontados para la construcción de las nuevas áreas de expansión urbanística.

El proceso de formación de la ciudad andalusí durante los primeros siglos de presencia islámica se manifiestan en dos espacios claramente diferenciados: la medina y los espacios suburbanos. Este proceso de transformación e islamización de la imagen urbana andalusí debió de iniciarse con Abd al-Rahman I, adoptando para ello el modelo aplicado en las ciudades omeyas orientales.

En el interior de la medina, que mantiene el trazado amurallado heredado de la ciudad romana y tardoantigua, aunque sus lienzos son reforzados y reparados, se articulan las principales zonas de carácter oficial-administrativo y religioso, un binomio conformando con el Alcázar y la Mezquita Aljama, elementos vertebradores de la ciudad islámica de Qurtuba.

La fundación de una nueva Mezquita Aljama (786 d.C.) en el mismo lugar ocupado por la antigua sede episcopal visigoda de San Vicente, es la materialización más contundente y de mayor carga propagandística del programa arquitectónico y urbanístico vinculado con la constitución del emirato independiente omeya de al-Andalus, un nuevo estado en el extremo occidente islámico. El programa de reempleo de material constructivo, seguido en la construcción de las naves de la nueva mezquita, mantiene la costumbre seguida en otros edificios islámicos orientales de similar cronología. La influencia y la herencia de la tradición arquitectónicas omeya de Damasco es evidente en la más antigua construcción oficial andalusí. La planta del edificio, el propio esquema de la sala hipóstila o la decoración conservada en la remodelada puerta de San Esteban, son buena muestra de la adopción para su construcción de un modelo arquitectónico de clara raigambre oriental que pretende legitimar la autoridad espiritual y terrenal del nuevo emir. La progresiva islamización de la ciudad se deja notar en las aportaciones de los sucesores de “El Emigrado” en la Mezquita Aljama, el espacio reservado a la oración del viernes. En este sentido, resulta una constante la contribución de cada emir para la culminación de tan insigne obra, símbolo del nuevo estado islámico. Así, su hijo y sucesor, Hisam I (788-796) dota a la mezquita de un alminar y un pabellón de abluciones o mida’a (excavados por Félix Hernández); Abd al-Rahman II amplía el oratorio; Muhammad I termina la decoración exterior; y Abd Allah incorpora un sabat o pasaje elevado de comunicación con el Alcázar.

Los califas continúan con esta tradición de ennoblecimiento y ampliación del templo islámico: Abd al-Rahman III refuerza la fachada del patio, lo amplía y construye el alminar, conservado bajo el forro del campanario renacentista; al-Ḥakam II amplía y monumentaliza el oratorio y sustituye el antiguo sābāt de ‘Abd Allāh por el nuevo pasadizo, recientemente documentado en la C/ Torrijos; y, finalmente, bajo el gobierno de Ibn Abi Amir al-Manṣūr, Almanzor, hayib de Hisam II, se acomete la ampliación oriental del oratorio que supuso la anulación de las estancias adosadas a la fachada original e hizo necesaria la construcción de nuevos edificios destinados al saneamiento y lavatorio ritual de los fieles, como la mida’a construida entre 999-1000, conservada integrada en uno de los salones del hotel Conquistador, en la C/ Magistral González Francés.

Baños del Alcázar Andalusí
Baños del Alcázar Andalusí - Ayto. de Córdoba

En el caso del Alcázar, la ocupación y remodelación a partir del año 785 como sede de la Administración del incipiente Estado andalusí, no implicó la erección de un amplio recinto amurallado ex novo, sino la adaptación y reparación de la mayoría de los edificios existentes en el antiguo “Complejo Civil”, documentadas en la excavación del patio de Mujeres del Alcázar. ‘Abd al-Rahman II desarrolló a partir del segundo cuarto del siglo IX un intenso programa edilicio destinado a albergar la sede de la Corte emiral. Así, se levanta el muro que delimitada el alcázar andalusí, del que aún se conservan estructuras visibles en las fachadas oriental y septentrional del Palacio Episcopal. Este complejo se mantuvo en uso y se monumentalizó durante toda la etapa omeya, como muestran los baños conservados en la plaza del Campo Santo de los Mártires, atribuidos a época del califa al-Hakam II. El proyecto de remodelación urbanística se hizo extensivo a todo el sector suroccidental y afectó también a la fachada meridional del conjunto, donde ‘Abd al-Rahman II construyó en el año 827-828 un muelle o malecón a orillas del río en la parte sudoeste del Alcázar, sobre el que se dispuso el arrecife o al-rasif, el camino o calzada enlosada que recorría la fachada meridional del alcázar.

En el interior de la medina se construyen edificios de uso comunitario por parte de la población islámica, como los baños (hammamat) utilizados para el preceptivo ritual religioso y la necesidad higiénico-sanitaria de la ciudadanía. De ellos se conservan algunos ejemplos, tanto en el interior de la medina (el de Sta. María, actual C/ Velázquez Bosco y el de “la Pescadería”, actual C/ Cara), como en la ampliación oriental del recinto amurallado o Axerquía (Los baños de San Pedro, en la calle Carlos Rubio, de cronología almorávide).

Baños del Alcázar Califal
Baños del Alcázar Califal - Ayto. de Córdoba

Los otros elementos arquitectónicos más representativos de la presencia islámica en el interior de la ciudad son los alminares de las mezquitas de barrio reutilizados como campanarios de iglesias posteriores, que constituían uno de los elementos fundamentales en la configuración de la ciudad en época islámica. De estas mezquitas se conservan actualmente en el interior de la medina los alminares en las actuales iglesias de San Juan de los Caballeros (finales del siglo IX o muy principios del siglo X) o Santa Clara (de finales del siglo X); y en la Axerquía, los alminares en las iglesias de Santiago (del siglo IX) y San Lorenzo (de mediados del siglo X d.C.). Además de éstas, en los arrabales se erigieron numerosas mezquitas de barrio, algunas de las cuales han sido excavadas y se conservan como la integrada en los sótanos de la estación de autobuses.

Las particulares circunstancias de la expansión urbanística de la ciudad islámica en época omeya (convertida en una megalópolis que alcanzó una extensión superior incluso a la de la ciudad actual), y el propio proceso de crecimiento urbano contemporáneo que se ha producido sobre el solar de la antigua capital califal, han tenido como consecuencia la excavación de extensísimos sectores coincidentes con los numerosos arrabales que se extendieron en los alrededores de la medina amurallada. Además, el proceso de transformación de la ciudad andalusí durante la etapa emiral se desplegó con especial incidencia en el ámbito suburbano: por un lado, con la constitución de instalaciones productivas y residenciales, tipo almunias; y, por otro, con la ocupación de incipientes arrabales islámicos surgidos de forma más o menos espontánea.

Por lo que respecta a estos arrabales emirales, las excavaciones del sector suburbano situado en la orilla sur del Guadalquivir muestran los testimonios más antiguos, extensos y clarificadores de la formación de uno de estos arrabales, el conocido en las fuentes como arrabal de Šaqunda, uno de los primeros espacios con asentamiento estable de población andalusí en los suburbios de Córdoba. La extensión alcanzada por este arrabal en apenas seis décadas de vida es un testimonio directo del impulso urbanístico experimentado por la capital cordobesa desde la autoproclamación del emirato independiente por parte de ‘Abd al-Raḥmān I.

Su temprana destrucción (año 818) y las particulares circunstancias en las que ésta se produjo (el abandono traumático y en una fase inicial de su desarrollo, sin una posterior reocupación del espacio y reutilización de las estructuras), permiten tener un espacio ideal para analizar y conocer mejor el urbanismo temprano andalusí y, en particular, el de la propia capital omeya, de donde pudieron establecerse las pautas para la construcción de nuevas ciudades islámicas en al-Andalus. La estructura de este arrabal, con ligeras modificaciones en los distintos sectores excavados, se compone de varias manzanas claramente definidas, distribuidas en torno a una serie de calles principales de una anchura que alcanza los 6 metros, dispuestas con un trazado de tendencia ortogonal, a partir de las cuales se abren vías secundarias o adarves transversales que permiten el acceso a las propiedades situadas en el interior de las manzanas. Se han documentado varios espacios abiertos, a modo de pequeñas plazas, en los que se sitúan puntos de aprovisionamiento comunitario, como pozos de agua.

Uno de los elementos principales del paisaje periurbano que se erigen como piezas claves en la integración entre la ciudad y su territorio son las almunias, grandes instalaciones productivas y residenciales de la aristocracia islámica situadas en el entorno perurbano. De ellas destacan las documentadas en el sector noroccidental de Córdoba, donde los textos sitúan unánimemente la almunia al-Rusafa,  fundada en el tercer cuarto del siglo VIII por ‘Abd al-Raḥmān I.

Sin lugar a dudas, la información más relevante del desarrollo urbanístico de la megalópolis en la que se transforma la capital omeya es la relacionada con la configuración de decenas de arrabales mencionados por las fuentes escritas a partir del segundo cuarto del siglo X. Se extiende una densa trama de arrabales, articulada a partir de la red de caminos históricos preexistentes y del nuevo viario surgido ad hoc para conectar la medina con la iniciada en 936.

La construcción en torno a 940 de la ciudad palatina califal de Madīnat al-Zahrā’ provocó que la mayor extensión de estos barrios se orientase prioritariamente hacia occidente de la medina. Décadas más tarde se erigió en el extremo opuesto de la medina la nueva fundación de Madīnat al-Zāhira. El paisaje urbano resultante a finales del siglo X es el de una conurbación conformada por la conjunción de tres medinas, que se extendían a lo largo de unos diez kilómetros lineales, en sentido este-oeste, en la orilla norte del Guadalquivir y conectadas entre ellas, casi sin solución de continuidad, por una tupida trama urbanizada de arrabales en los que alternan los espacios domésticos, con grandes residencias aristocráticas tipo almunia, mezquitas, cementerios y áreas productivas e industriales.

Estos nuevos sectores urbanos se caracterizan por una cuidada ordenación urbanística, con un trazado bastante regular de calles, dispuestas en una retícula jerarquizada, de trazado rectilíneo, en torno a las cuales se disponen manzanas de planta de tendencia cuadrangular, provistas en muchos casos de una red de alcantarillado para la evacuación de las aguas pluviales como las documentadas en el solar ocupado por la Piscina de Poniente. En su interior se disponen viviendas de patio central, de variada tipología según los barrios, pero que responden a unos parámetros básicos estandarizados, dotadas de completos sistemas hidráulicos para el abastecimiento y la evacuación de agua. En varios puntos se documentan infraestructuras para el encauzamiento de los arroyos que atravesaban las áreas por las que estos barrios se extendían.  La homogeneidad del diseño de la mayor parte de estos arrabales, así como las similitudes arquitectónicas y edilicias que muestran con las construcciones de Madīnat al-Zahrā’, han llevado a pensar en un impulso planificador también uniforme, promovido por miembros vinculados a la familia omeya o por altos funcionarios del Estado Omeya.

Tras los siglos de esplendor como sede del Estado Omeya andalusí, la ciudad de Córdoba experimentó un proceso de repliegue urbano que implicaba el abandono de los arrabales que habían sido arrasados durante la fitna de principios del siglo XI. En consecuencia, esto supuso una reclusión en el interior de sus dos recintos amurallados principales: la Medina, heredera de la ciudad clásica y tardoantigua, y la Axerquía, delimitada por un nuevo recinto defensivo erigido en el siglo XI. No obstante, con la llegada y consolidación de los califas almohades en al-Andalus, la ciudad vio recuperar su importancia pretérita, al socaire del ambicioso programa de creación de un paisaje fortificado en los accesos al valle del Guadalquivir y de ampliación de los grandes y medianos enclaves urbanos al sur de Sierra Morena. En 1162 Córdoba fue designada como eventual capital de los territorios andalusíes, momento a partir el cual la ciudad inició un proceso de revitalización urbana alentado por los propios califas almohades. Pese a esta lacónica información documental, el registro arqueológico muestra una ciudad que es objeto de un intenso proceso de remodelación urbanística y de refuerzo de sus defensas urbanas. A la sombra de Sevilla, la nueva capital almohade andalusí, en Córdoba se inicia un programa integral de construcción que afecta tanto a las estructuras preexistentes (el propio alcázar omeya, las murallas de la medina y las del recinto oriental o Axerquía), como a nuevos recintos amurallados que se levantan ex novo. Esta actividad es especialmente significativa en el ángulo suroccidental de la medina y en el entorno del río Guadalquivir, por su vinculación con los elementos vitales antes comentados, y, en particular, por la reocupación de la antigua sede del poder califal omeya que suponía un acto de marcado carácter propagandístico, al legitimar la autoridad de los nuevos gobernantes.

 Además de los proyectos de fortificación promovidos por las autoridades almohades, la ciudad experimenta un renovado dinamismo urbanístico, consecuencia del significativo crecimiento demográfico. La seguridad que ofrece su estratégico emplazamiento atrae a población de que se ve desplazada desde los enclaves rurales fronterizos situados al norte de Sierra Morena. Así, por ejemplo, en el interior del recinto amurallado de la Axerquía (el Ŷānib al-Šarqi), en los jardines del palacio de Orive, se documenta un barrio construido sobre un terreno sin urbanizar, compuesto por casas de cierta complejidad y cuidada arquitectura, como demuestran las pinturas que decoran sus paredes. Similares características muestran otros barrios excavados en la ronda de los Tejares y la Avda. de América, inmediatamente al norte de la medina. En otros sectores, los espacios domésticos alternan con la existencia de elementos industriales, como el barrio alfarero de la Avda. de las Ollerías.

Todo esto muestra cómo la imagen de abandono que reflejan las crónicas castellanas en el momento de la conquista no responde a la realidad histórica vivida por la ciudad durante buena parte del periodo tardoislámico.