Patrimonio: Prehistoria. La Corduba Prerromana

Al margen de posibles ocupaciones esporádicas de carácter temporal durante el Paleolítico en algunas de las áreas próximas a los meandros del Guadalquivir a su paso por el solar ocupado hoy por la ciudad histórica, el primer y definitivo asentamiento estable de población con carácter permanente tuvo lugar en la zona conocida hoy bajo los topónimos de Fontanar de Cabanos, Huerta del Maimón o Parque Cruz Conde, a unos centenares de metros al suroeste de la ciudad. Este yacimiento, conocido en la historiografía arqueológica como “Colina de los Quemados”, constituye la base de la ciudad prerromana de Corduba hasta su definitiva sustitución por la fundación republicana. El emplazamiento de este asentamiento es elegido por sus propicias condiciones topográficas y estratégicas, al encontrarse elevado en una altura relativa respecto a su entorno inmediato por los costados norte, este y sur, desde donde sus laderas descienden hacia el río, lo que le permite un óptimo control del curso fluvial. De hecho, esta ventajosa situación propicia su reocupación durante la etapa almohade, cuando se levanta en este lugar un campamento militar rodeado de una potente muralla de tapial.

En la actualidad, buena parte del yacimiento está ocupado por una zona verde (parque Cruz Conde), protegido en la normativa municipal como “zona de reserva arqueológica” que garantiza su preservación. No obstante, la zona suroccidental del mismo se vio más afectada por el proceso de urbanización desarrollado desde los años sesenta (hospitales, facultades, teatro de la Axerquía, etc.).  A raíz de las diversas excavaciones arqueológicas realizadas en este extenso sector suburbano (años 1964, 1966, 1975, 1976 y 1992) se ha recuperado una interesante información sobre el origen y evolución de las comunidades allí instaladas.

La dispersión del material ha permitido delimitar un área de ocupación e influencia directa del asentamiento que abarca una superficie aproximada de unas 50 Ha (aproximadamente entre el actual Cementerio de la Salud y los Colegios Mayores), lo que le convierte en uno de los yacimientos pre y protohistóricos más extensos del Valle del Guadalquivir. La superposición constante de estructuras parcialmente documentadas y la limitada extensión de las superficies excavadas no permiten una visión en extensión del poblado. Sin embargo, la completa secuencia estratigráfica registrada constituye una información del gran valor para conocer la evolución del poblamiento en el Valle del Guadalquivir, en el que este yacimiento de Colina de los Quemados es uno de los yacimientos mejor conocidos.

Dicha secuencia estratigráfica hunde sus raíces hace unos 5000 años, al final del Calcolítico; período para que el yacimiento ha aportado aún escasa información. En esta fase y, en especial, durante el Bronce Pleno, el asentamiento estaría constituido por una ocupación dispersa de las viviendas del tipo cabañas que alternarían con espacios destinados al cultivo, almacenamiento, etc., a lo largo de una extensa superficie de unas 100 Ha. A partir del tránsito al I Milenio a.C. y hasta el siglo VIII a.C., durante el Bronce Final Precolonial, la población se concentra en un núcleo más compacto en la zona oriental de la colina, con cabañas circulares o de planta ovalada con zócalos de cantos y alzado de barro y cubierta vegetal. Como consecuencia de los contactos con población foránea del Mediterráneo oriental que aportan influencias culturales y tecnológicas novedosas, entre los siglos VIII y VI, el enclave se configura como un oppidum, un asentamiento de carácter protourbano, en este caso sin murallas localizadas hasta el momento, en el que las casas de planta cuadrangular se distribuyen en un urbanismo incipientemente organizado. La Corduba Orientalizante se erige como el principal enclave de todo el valle del Guadalquivir que controla el comercio de los metales de la sierra y la producción agrícola de la fértil vega fluvial y la campiña y, a su vez, redistribuye por todo el territorio circundante los productos importados de prestigio, como piezas de cerámica griegas y orientales. Este dinamismo se mantiene, algo atenuado, en la etapa turdetana sucesiva, durante los siglos V y III a.C., como centro de referencia de los numerosos los oppida y poblados turdetanos del entorno inmediato, como Ategua, situado en la campiña próxima, probablemente subordinado al yacimiento cordobés.

La incorporación bajo el control romano no supuso, en principio, ningún corte abrupto en su ocupación, hasta finales del siglo II a.C. o principios del siglo I a.C., cuando el asentamiento parece languidecer a favor de la nueva fundación republicana situada apenas unos centenares de metros al noreste, separada tan sólo por la ladera y el antiguo curso del arroyo del Moro.

Actualmente no son visibles las estructuras excavadas de la Corduba prerromana. No obstante, en el Museo Arqueológico de Córdoba se conserva y se expone una selección de materiales, procedentes de otros yacimientos coetáneos de la provincia, correspondientes a las diferentes fases registradas en la secuencia estratigráfica de colina de los Quemados.