Itinerario IV: Los espacios del poder

Los espacios públicos en los que se concentraban las actividades políticas, religiosas, administrativas y comerciales de la ciudad imperial romana se situaban en los dos foros identificados hasta el momento: el foro de la colonia y el foro del complejo provincial de  culto imperial. Ambos localizados en la mitad septentrional de la ciudad.

Sin embargo, a tenor de las más recientes investigaciones arqueológicas, al menos desde mediados del siglo V d.C. los principales espacios púbicos se desplazan al cuadrante suroccidental de la ciudad amurallada, en las inmediaciones del río y el puente, de modo que este sector se convierte en el principal núcleo urbano en el que se instala un binomio urbanístico secular compuesto por los centros de poder político o civil y religioso de la ciudad. A partir de ese momento, las autoridades de los diferentes grupos sociales asentados en Córdoba han reocupado secularmente este espacio, manteniendo, sin solución de continuidad hasta finales de la Edad Media, la conjunción de la función pública, política, ideológica y militar de las construcciones precedentes.

  • El centro religioso:

Con antelación a la construcción de la mezquita aljama omeya, las fuentes indican la existencia de la iglesia mayor de la ciudad, la basílica episcopal, bajo la advocación de San Vicente. Aunque las pocos restos arqueológicos recuperados son fruto de excavaciones muy antiguas (a principios de los años treinta del siglo XX), sin un adecuado registro estratigráfico, son suficientemente ilustrativos de la presencia en el interior del oratorio de Abd al-Rahman I de un edificio de cierta entidad arquitectónica, construido en sillería y opus vittatum mixtum, con pavimentos de opus signinum y de mosaicos polícromos con motivos de cráteras. Actualmente es visible bajo el pavimento del oratorio uno de estos mosaicos integrados en el subsuelo. Además, en las naves suroccidentales de la mezquita existe un espacio expositivo denominado “museo de San Vicente”, en el que se muestra una selección de los materiales paleocristianos y visigodos recuperados durante las intervenciones en el subsuelo de la mezquita. Entre estos materiales destacan: un fragmento de sarcófago cristiano fechado en el s. IV, reutilizado como apoyo de una columna de la mezquita, y piezas litúrgicas como una placa-nicho con venera y crismón, varios ladrillos decorados a molde, una posible pila bautismal, un posible pie de altar ricamente decorado, una pieza interpretada como posible mesa de altar y dos placas-celosías, todas ellas fechadas en el s. VI.

El complejo episcopal debió ser mucho más extenso que el templo mayor, ocupando varias insulae del trazado de calles de la ciudad romana y tardoantigua. Así lo indican los restos conservados e integrados en el actual Centro de Recepción de Visitantes situado junto a la puerta del Puente, pertenecientes a un gran edificio fechado entre los siglos VI y VII d.C., dispuesto de forma paralela a la muralla meridional de la ciudad, con una gran estancia o corredor central al que abren varias alas laterales. A tenor de su ubicación, monumentalidad y articulación se ha vinculado directamente con el complejo episcopal.

Estructuras Complejo Episcopal en CRV
Estructuras Complejo Episcopal en CRV - Ayto. de Córdoba

Sobre una parte de este complejo episcopal visigodo, Abd al-Rahman I erigió entre los años 785 y 786 la gran mezquita aljama, símbolo de la dinastía omeya que legitimaba su autoridad política y religiosa en al-Andalus. Este edificio, ampliado repetidamente por sus sucesores, es uno de los monumentos más antiguos y singulares del Islam medieval occidental, al quedar integrado en posterior catedral gótica y renacentista.

Este primer oratorio es un edificio de planta basilical, con once naves orientadas en sentido norte-sur perpendiculares al muro de al-qibla en cuyo centro estaba situado el mihrab, el nicho u hornacina que marcaba la orientación de la oración. Este edificio destaca por la peculiaridad del orden superpuesto de arcos (los inferiores de herradura y los superiores de medio punto) que sostienen y elevan la altura de las cubiertas a dos aguas que permiten diseñar unos eficientes sistemas de evacuación de las aguas de lluvia.

Los muros perimetrales están construidos en sillería de calcarenita, con puertas que abrían al oratorio, como la Bab al-Wuzara o puerta de San Esteban, el testimonio más antiguo de decoración arquitectónica omeya andalusí, de clara raigambre oriental. Las naves del oratorio estaban definidas por líneas de columnas con basas, fustes, capiteles y cimacios reutilizados de edificios romanos y tardoantiguos. Esta primera mezquita no contaba con alminar ni con pabellón de abluciones, que fueron añadidos por Hixam I  (788-796). Ambos fueron descubiertos durante las excavaciones de los años treinta del siglo XX: el primero se adosaba a la fachada oriental y se conserva bajo la ampliación de época de Almanzor; la ubicación del alminar está actualmente  marcada en el pavimento del patio, unos metros al sur del campanario renacentista.

El oratorio fue ampliado en varias ocasiones, como consecuencia del crecimiento demográfico de la ciudad y del deseo de vinculación con el edificio dinástico por parte de los emires y califas omeyas. Así, entre los años 840 y 848 Abd al-Rahman II amplió el oratorio con la adición de varios tramos hacia el sur. El muro de quibla de la primera aljama está marcado por una hilera de pilares y por un ligero cambio en la cota del pavimento. Para esta  ampliación se reutilizan materiales arquitectónicos, pero también se labran ahora los primeros capiteles islámicos (como los que decoraban la puerta del mihrab, reutilizados en la ampliación de al-Hakam II) y se emplean columnas sin basas. Esta ampliación se culminó con varias intervenciones de sus sucesores: Muhammad I (852-886) completó la decoración de la portada de la Bab al Wuzara y construyó la maqsura, el espacio adyacente al mihrab, reservado para la oración del emir y su séquito; al-Mundir (886-888) incorporó un minbar y ‘Abd Allah (888-912) erigió un sabat, un pasaje elevado exclusivo para el emir que comunicaba el alcázar con la maqsura de la mezquita.

Tras la proclamación del califato y pese a la construcción de Madinat al-Zahra, la mezquita mayor de Córdoba continuó siendo objeto de atención prioritaria por los flamantes califas omeyas. Así, Abd al-Rahman III acomete varias obras en el edificio, iniciadas en 951-952: amplía el patio hacia el norte y levanta un nuevo y majestuoso alminar que se erige como símbolo del nuevo poder califal; y refuerza la fachada septentrional del oratorio forrándola con una nueva arquería exterior.

Su hijo, al-Hakam II, entre los 962-965 amplía nuevamente el oratorio hacia el sur, añadiendo nuevos tramos de columnas hasta alcanzar el edificio su longitud definitiva, unos 175 metros. Sin lugar a dudas, a esta fase pertenecen los más sobresalientes testimonios arquitectónicos y decorativos, tanto exteriores como interiores. Las portadas exteriores, aunque transformadas algunas por reformas bajomedievales, son profusamente decoradas con arcos entrelazados y placas de ataurique. Igualmente, se sustituye el sabat de Abd Allah por un nuevo puente del que se conservan marcadas sobre el pavimento actual con adoquines las cimentaciones de los pilares que lo sustentaban y que comunicaban el palacio omeya con el doble muro de quibla que se construye en esta ampliación. En el interior del oratorio se incorporan nuevos espacios monumentalizados con innovadoras soluciones arquitectónicas y ornamentales. Así, se levanta un lucernario (conocido como Capilla de Villaviciosa) delimitado por arcos entrecruzados y lobulados rematado por con su cúpula nervada y remate gallonado que marcaba el lugar donde estuvo situado el mihrab de la ampliación de Abd al-Rahman II. Y delante del nuevo mihrab se construye una espectacular maqsura destacada por su portada de arcos polilobulados entrecruzados y por su rica decoración rematada por las tres cúpulas que destacan al exterior por su altura con respecto al resto de las naves. El espacio más destacado de todo el conjunto es el mihrab, cuya portada, realizada por artesanos bizantinos, está marcada por un gran arco de herradura cuyo alfiz está decorado con mosaicos muestran motivos vegetales y epigráficos que reproducen versículos del Corán, y cuyo interior poligonal está revestido de placas de mármol blanco y se remata por una espectacular cúpula tallada en yeso con forma de venera.

En el año 987-988 tiene lugar la última ampliación del oratorio, promovida por Almanzor, primer ministro (hayib) del califa Hisam II. En este caso se añaden ocho nuevas naves en su costado oriental, sustentadas por sólidos cimientos de sillería que soportan el peso de las hileras de columnas. Esta ampliación supone la integración en el edificio de la antigua fachada oriental con sus tres fases precedentes, de las que aún se aprecian algunas de las portadas de la obra al-Hakam, cortadas para mantener la comunicación visual con el mihrab que, de este modo, queda descentrado con respecto al nuevo eje del edificio. Este proyecto constituye una obra eminentemente funcional y carece de la carga decorativa y la calidad de recursos artísticos y arquitectónicos de las fases precedentes. Además de la ampliación del oratorio, Almanzor construyó tres pabellones de abluciones en los constados oriental, norte y occidental del edificio. De ellos se conserva la mida’a oriental, integrada en una de las salas del Hotel Conquistador.

Las reformas acometidas en el interior del templo islámico para su transformación en iglesia cristiana tras la conquista de la ciudad en 1236 y su consagración como catedral en 1239, supusieron el cierre de los pórticos que abrían al patio y la compartimentación de las naves perimetrales interiores en capillas y altares, la mayoría de las cuales se fueron conformando entre los siglo XIII y XV. En el sector oriental de la ampliación del oratorio por al-Hakam II, se definió la Capilla Mayor, primer espacio de culto cristiano, orientado E-O, en sentido transversal al eje del edificio islámico, aprovechando la disposición de las naves y sus columnas, y para cuya cabecera o presbiterio se adaptó el lucernario de al-Hakam II, que daba lucidez al altar mayor. A finales del siglo XV (1486) quedó definida arquitectónicamente esta primera catedral. El espacio posterior al altar se convertirá en un espacio funerario privilegiado, reservado para albergar los restos de los monarcas castellanos Fernando IV y Alfonso XI. Es la conocida como Capilla Real, obra de mediados del siglo XIV, profusamente decorada con una excelente labor de yeserías mudéjares de época de Enrique II. A este mismo momento corresponde la remodelación de la Puerta del Perdón, acceso principal al patio, junto al antiguo alminar de Abd al-Rahman III.

A principios del siglo XVI (1523) el obispo Alonso Manrique proyecta la construcción de la nueva catedral gótica, en el centro de la mezquita, lo que suponía la destrucción de buena parte del oratorio islámico. Pese a la oposición de algunos canónigos capitulares y del concejo cordobés a las pretensiones del obispo de alterar un templo “único en el mundo” por la manera en que está edificado, que les lleva a apelar al monarca Carlos I, la obra se acometió. Décadas después, cuando los trabajos se habían ralentizado por dificultades económicas, se lanzaron los primeros lamentos por las consecuencias de tal actuación. La duración de las obras (hasta 1607)  tuvo su reflejo en un edificio de concepción gótica, como reflejan los pilares y las bóvedas que cierran las naves, pero de terminación renacentista,  como se aprecia en la bóveda del coro y la cúpula del crucero. A esta última fase (1593-1617) corresponde la torre campanario que forra y se apoya parcialmente sobre el alminar original de Abd al-Rahman III que se conserva en su interior.

  • El Espacio Civil:

Junto con el ámbito religioso, contamos con algunos elementos para identificar los espacios ocupados por las autoridades civiles de la ciudad desde el siglo V d.C. hasta el siglo XV.

El ángulo suroccidental del complejo áulico es el que cuenta actualmente con una información arqueológica más completa y espectacular. En concreto, en el denominado patio de Mujeres del Alcázar de los Reyes Cristianos se acometió una excavación arqueológica entre 2002 y 2004 que ha permitido identificar una secuencia de ocupación sin solución de continuidad entre el siglo I d.C. y el siglo XX. Destaca especialmente el hallazgo de evidencias del recinto civil tardoantiguo (“Castellum”) que cerraba el ángulo suroccidental de la ciudad, probable origen del posterior alcázar omeya. Destacan el muro de sillería que marcaba el límite oriental del recinto y las hileras de columnas reutilizadas que fueron integradas en edificios islámicos posteriores.

Excavaciones en el Patio de Mujeres del Alcázar Cristiano
Excavaciones en el Patio de Mujeres del Alcázar Cristiano - Ayto. de Córdoba

Sobre este espacio se instaló el alcázar andalusí, la sede del poder omeya, residencia de emires y califas entre las primeras décadas del siglo VIII y la caída del Califato cordobés a comienzos del siglo XI, del que se conservan algunos interesantes vestigios diseminados en varios puntos de la ciudad, aún poco conocidos a pesar de su trascendencia histórica que nos permiten hacer una primera aproximación acerca de los límites y distribución del alcázar omeya.

Desde la primera mitad del siglo IX pudieron quedar definidoslos límites del alcázar omeya, que engloban desde la fachada oriental y septentrional del actual palacio episcopal, hasta alcanzar la muralla meridional y occidental de la medina, coincidentes, respectivamente, con el muro sur del Seminario de San Pelagio y el cierre oriental de las Caballerizas Reales, con una superficie aproximada de unos 39.000 m².

Iniciando el recorrido por la C/ Torrijos, frente a la mezquita, y siguiendo el sentido contrario a las agujas del reloj encontramos en primer lugar la fachada oriental del Palacio Episcopal, que conserva en su alzado lienzos y torres con aparejo a soga y tizón datados, a partir de la lectura estratigráfica en época emiral, durante el reinado de Abd al-Rahman II, y sobre ellos otros adscribibles al periodo califal (segunda mitad del siglo X). Junto a ellos, en la misma C/ Torrijos, se conserva la cimentación de los pilares que sostenían el sabat califal de al-Hakam II. En el interior del patio de carruajes del palacio episcopal se han documentado estructuras de un edificio tardoantiguo y restos de estancias de época emiral y califal, vinculadas al control de una posible puerta y el acceso interior al sabat antes mencionado. Hacia el norte, en el patio del actual Palacio de Congresos se puede observar el alzado casi completo de una de las torres que flanqueaban el cierre septentrional del Alcázar omeya. Más hacia el oeste, aunque no visible actualmente por el público, se ubica una segunda torre en un mejor estado de conservación, en la que se aprecia su aparejo de sillería con labra almohadillada, de excepcional calidad. Esta es una característica constructiva de algunas obras durante el emirato de Abd al-Rahman II, como el paramento exterior del mihrab de la aljama cordobesa.

Continuando hacia el oeste, alcanzamos el espacio con mayor potencial arqueológico y patrimonial de los existentes en el interior del complejo palatino andalusí. En el ángulo noroeste del patio de la Biblioteca Provincial, conocido como “el Jardín del Obispo se hallaron en 1971 parte de la muralla norte del Alcázar, una puerta entre dos torres y una calleja interior de servicio que poco después fueron restauradas y consolidadas por Félix Hernández. En una campaña sucesiva en el mismo sector del yacimiento, se descubrieron una serie de estancias pavimentadas con losetas, posiblemente pertenecientes a un baño mudéjar, y, en otro sector, se descubrieron restos de una alberca de planta octogonal con pavimento estucado en rojo, que se hallaba in situ. De todos los elementos excavados pertenecientes al Alcázar omeya, los únicos que han sido objeto de una actuación de puesta en valor han sido los pertenecientes a los denominados baños califales, en el llamado Campo Santos de los Mártires, de los que se conserva el hipocausto para la calefacción de la sala caliente y varias estancias cubiertas con bóvedas de aristas y medio cañón caladas formando estrellas y otros adornos, todo pintado de atauriques rojos sobre fondo blanco. Además de la fase de construcción califal se distinguen sucesivas ampliaciones y remodelaciones de varias estancias en época taifa (siglo XI), almorávide (siglos XI-XII) y almohade (siglos XII-XIII). Al norte de los mencionados baños se conservan los restos de la muralla septentrional del recinto omeya, integrados en la planta inferior del “Garaje Alcázar”. Igualmente se ha documentado un vano de ingreso al conjunto palatino, probablemente la puerta del Hammam, que fue cegada y anulada en época almohade, fruto de las intensas reformas acometidas en el alcázar durante el gobierno de este califato norteafricano.

Vestigios de la muralla oriental y septentrional del Alcázar Omeya en el actual Palacio Episcopal
Vestigios de la muralla oriental y septentrional del Alcázar Omeya en el actual Palacio Episcopal - Ayto. de Córdoba

Descendiendo hacia el sur, en el patio de mujeres del Alcázar de los Reyes Cristianos se han identificado varias fases constructivas de época omeya, que implican la monumentalización y redistribución de pabellones en torno a patios centrales, siguiendo la tipología arquitectónica característica en Madinat al-Zahra.

Especialmente interesante es la distinción de una importantísima fase constructiva de época almohade que supone una drástica transformación de la estructura y funcionamiento del alcázar omeya previo que implicó la construcción de un nuevo edificio: un palacio almohade organizado en torno a un gran patio de crucero en su mitad occidental y con estancias de servicio en su sector oriental. Esta construcción de planta cuadrada constituye el germen del posterior castillo bajomedieval castellano; el conocido actualmente como Alcázar de los Reyes Cristianos. Este palacio se erige como el centro de un nuevo complejo arquitectónico, una extensa alcazaba proyectada y levantada en época almohade, compuesta por varios recintos amurallados que triplica la extensión del antiguo Alcázar omeya. El primero es el levantado de nueva planta hacia el oeste, conocido en la historiografía como el “Castillo Viejo de la Judería” y conservado parcialmente. Hacia el sur, en la conocida como muralla de la Huerta del Alcázar se erige un nuevo recinto que reaprovecha las estructuras del malecón o al-rasifomeya preexistente, hasta alcanzar por el oeste la “Torre de Guadacabrillas” y cerrar por el norte en la conocida como torre de las Vírgenes.

Recinto del Castillo Viejo de la Judería
Recinto del Castillo Viejo de la Judería - Ayto. de Córdoba

Tras la conquista castellana de la ciudad el solar ocupado por el antiguo Alcázar andalusí fue repartido por el rey Fernando III entre el obispo, algunos nobles y la Orden de Calatrava. De hecho, el Castillo Real reaprovechará para su construcción las estructuras de un palacio almohade precedente, mientras que el repartimiento de “los alcázares” entre las elites civiles y religiosas que apoyaron la campaña militar provocó la definitiva disgregación de diferentes sectores del antiguo complejo áulico andalusí. La mitad oriental del antiguo recinto omeya se concede a la iglesia y será el germen del posterior palacio episcopal. El alcázar actualmente visible constituye en esencia una reconstrucción de época de Alfonso XI (1328) de los muros del palacio almohade preexistente, que son adaptados hasta conferirle su apariencia fortificada con la incorporación de las torres en las esquinas (la torre de los Leones –actual acceso– y la torre octogonal del Homenaje) para convertirlo en un Castillo Real.  Pese a la aparente uniformidad de la fortaleza cristiana, se trata de un intrincado conjunto arquitectónico, fruto de sucesivas construcciones a lo largo de los siglos, particularmente intensas en el interior de los dos patios en los que se subdivide el espacio intramuros. Así, por ejemplo, la torre circular del ángulo suroccidental se puede fechar a finales del siglo XV, durante el periodo de guerras civiles entre los bandos nobiliarios cordobeses por la sucesión en la corona de Castilla. En 1482 el Alcázar cristiano es cedido al Santo Oficio para instalar aquí el Tribunal de la Inquisición. Este cambio de uso afectó a la disposición interior del edificio, que tuvo que ser adaptado para un destino residencial y de tribunal eclesiástico.

Sin lugar a dudas, este es uno de los enclaves donde se aprecia de modo más evidente la continuidad funcional y arquitectónica de los centros de poder en la ciudad a lo largo de toda su historia. En 1931 el Alcázar es declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional y a partir de mediados del siglo XX es objeto de obras de restauración para su inclusión en  el circuito turístico del casco antiguo de Córdoba.