Patrimonio: Baeza Contemporánea

Durante Época Contemporánea tienen lugar importantes modificaciones en los espacios públicos y en muchos de los edificios de la ciudad. 

En el siglo XVIII tuvo lugar una paulatina mejora de la economía de la ciudad, que favoreció desde el Cabildo la aplicación de las concepciones ilustradas dirigidas hacia la ornamentación y la salubridad de los espacios públicos. Las arboledas y la decoración de fuentes, jardines y otros elementos del mobiliario urbano, responden a la ampliación funcional de los espacios públicos, interpretados además de como espacios representativos y de recreo de los ciudadanos. Las actuaciones urbanísticas más significativas tuvieron lugar en  la plaza del Mercado donde se dispuso el “Jardín de las Damas” y la fuente de la Estrella; en El Ejido, donde su función original, como área comunitaria donde se situaban las eras de emparvar, se amplió con su nuevo uso como área recreativa y de paseo, realizándose plantaciones de árboles; en el camino de Úbeda se conformó el espacio del Arca del Agua y se plantaron árboles en sus márgenes conectando con El Ejido.

El Ejido en 1882
El Ejido en 1882 - Ayto. de Baeza

El Cabildo municipal también actuó en el mantenimiento de las infraestructuras hidráulicas construidas  durante la etapa renacentista como es el caso de la puerta de Toledo, donde se produjo la reparación completa de la red de distribución de agua. El ornamento urbano de las fuentes públicas conllevó actuaciones de reforma y también se practicaron modificaciones en numerosos edificios renacentistas, entre los que destacamos la antigua Casa de Justicia y Cárcel y el Palacio Episcopal. Las iglesias también soportaron sufrieron remodelaciones sobre todo en su espacio interior, ocultando las antiguas fábricas bajo revestimientos y elementos decorativos barrocos o neoclásicos. Una de las más destacadas fue la retirada de las losas sepulcrales que formaban el pavimento de la Catedral en 1778.

La desaparición de varias de las parroquias implicó la destrucción de sus templos, como la iglesia de San Miguel demolida en el año 1765  o la de  la colegiata de Santa María del Alcázar a finales del mismo siglo. A principios del siglo XIX también se suprimieron las parroquias menores de San Gil y San Vicente y sus fábricas ruinosas fueron desmanteladas para reutilizar sus materiales constructivos y vender sus solares. Los restos de esta última todavía eran visibles en la primera mitad del siglo pasado. Con ella se han relacionado varios enterramientos registrados recientemente en una actuación arqueológica efectuada en la zona baja de la calle San Vicente. El proceso de extinción de parroquias se consumó con las desamortizaciones de Mendizábal (1836) y Madoz (1855) que acabaron con la supresión de las parroquias de San Marcos, San Pedro, San Juan y Santa Cruz. De la primera de ellas no se conocen restos materiales, de las restantes se conserva en buen estado la de Santa Cruz. Los restos de la iglesia de San Juan Bautista han sido recuperados, mientras que los de San Pedro aún se mantienen en solares de titularidad privada. Santa María del Alcázar y San Miguel fueron desmanteladas y sus restos están soterrados en el cerro del Alcázar. Junto a la muralla y muy cerca de la puerta del Rastro, las excavaciones arqueológicas han permitido exhumar los restos de un potente muro con contrafuertes que podría pertenecer a los restos de la iglesia de San  Miguel.

Estas extinciones también conllevaron el traslado de su feligresía  y de sus bienes a otras parroquias, lo que comportó algunas adaptaciones como la realización de un nuevo camarín para acomodo de la Virgen del Alcázar en la iglesia de San Andrés, finalmente sede de la nueva colegiata de Santa María del Alcázar y San Andrés.

En el siglo XIX se refuerza el poder centralizador de la corona frente a los ayuntamientos y la Diputación Provincial adquiere un gran protagonismo. Se produce la destrucción de gran parte de los edificios históricos de la ciudad, que incidió fundamentalmente en los eclesiásticos, objeto de la política de exclaustraciones y desamortizaciones acometidas durante el reinado de Isabel II. No obstante, esta acción destinada a sufragar a la Hacienda Pública no contribuyó a la ampliación  de los propietarios agrarios, sino que condujo al aumento y la consolidación del latifundismo en manos de oligarquía y la burguesía más pudiente. Esta burguesía terrateniente era poco emprendedora y se sustentaba en una agricultura poco mecanizada centrada en el cultivo del cereal y del olivar. No obstante, las rentas agrarias si permitieron cambios urbanísticos que se materializan en las nuevas casas de corte neoclásico que participan de una tipología distintiva bastante generalizada y homogénea. Estas viviendas familiares, habitualmente con personal de servicio adscrito a la casa, fueron edificadas entre mediados del siglo XIX y principios del XX y suelen agruparse en las calles más importantes de algunos barrios como el de San Pablo, La Magdalena o San Andrés. Buena parte de ellas renuevan y revisten  palacios y casonas renacentistas, por lo que su edilicia evidencia numerosos y extensos palimpsestos. En ellas destaca el aspecto ornamental de orientación modernista, destacando el predominio de las líneas curvas (pequeñas ventanas lobuladas, balcones cerrados con hierro y cristal, dinteles de ventanas ligeramente curvados, etc).

Otro de los acontecimientos reseñables es el traslado en 1836 del cementerio municipal, desde el campo santo del cerro del Alcázar a los terrenos del colegio de San Ignacio en el Ejido, dando cumplimiento a destiempo a la orden de Carlos III que obligaba a su ubicación fuera del recinto de la ciudad, en la línea de los principios de salubridad del pensamiento ilustrado.

En la segunda mitad del siglo XIX se remodelaron algunas de las fuentes públicas más significativas, bajo las trazas neoclasicistas del momento (fuentes de la puerta de Toledo, del Moro, del Arca del Agua, de la Estrella, puerta de Úbeda). Algunas fuentes desaparecen pero se mantienen muchas de las fuentes funcionales de pilares y abrevaderos. Sólo las fuentes renacentistas exentas de los Leones y de Santa María mantienen su aspecto original. También se modificó la plaza del Mercado mediante la prolongación de la zona ajardinada y la edificación de la fuente de la Estrella en 1868. Se ha apuntado la erección del monumento en conmemoración de la revolución conocida como “La Gloriosa”, acontecida en ese mismo año. Muchas de las viviendas de su entorno fueron transformadas añadiéndole nuevas plantas, aunque la estructura de soportales se ha mantenido hasta la actualidad.

Los edificios representativos de este siglo son el palacio Rubín de Ceballos y la casa Vela de Almazán con su característica fachada almohadillada. Las celebraciones taurinas dejaron de realizarse la plaza del Mercado cuando en el siglo XIX, en las inmediaciones del convento de los Trinitarios Descalzos, se edificó la plaza de Toros. Esta plaza fue desmantelada y sustituida en 1892 por la existente en la actualidad, junto a la iglesia de San Ignacio, y en su construcción se reutilizaron materiales procedentes del convento de la Victoria.

En el siglo XX, sobre todo en su primera mitad, no se efectuaron intervenciones públicas importantes en el patrimonio inmueble de la ciudad, aunque las obras privadas supusieron acondicionamientos residenciales y para otros usos de palacios y otros edificios históricos.

Interior de la iglesia del convento de San Antonio
Interior de la iglesia del convento de San Antonio - Ayto. de Baeza

Durante la Guerra Civil, Baeza estuvo bajo el control republicano hasta su ocupación por las fuerzas golpistas en 1939. Durante el conflicto, su patrimonio edificado no sufrió acciones bélicas directas, aunque no se libró de los daños derivados de su abandono, de la ocupación militar de inmuebles como el seminario San Felipe Neri y palacio de Jabalquinto, y de los asaltos y expolio de edificios religiosos que afectaron sobre todo a su patrimonio inmueble y que se manifiestan también en las mutilaciones de imágenes de algunas fachadas como la Catedral, la iglesia de San Pablo, la capilla de San Juan Evangelista o del seminario de San Felipe Neri. También se desmantelaron algunas edificaciones para reutilizar sus materiales, como las cubiertas del convento de San Antonio y de la iglesia del Salvador, o las campanas de muchos edificios religiosos incautadas para fabricar material bélico tras su fundición. Durante la postguerra  los criterios de intervención en los edificios históricos estaban supeditados los intereses y a la propaganda del régimen dictatorial, y Baeza, por su patrimonio monumental, fue una de las ciudades seleccionadas para ensalzar el pasado histórico glorioso de la nación. Las actuaciones se centraron en la recuperación de las fábricas y decoraciones originales de los edificios, eliminando las modificaciones y adiciones de finales del XIX y la primera mitad del XX. Se perseguía la adaptación de los edificios a sus nuevos usos sin modificar su estructura y rehaciendo su arquitectura original bajo la premisa de la unidad de estilo.

La Dirección General de Regiones Devastadas a través de sus oficinas comarcales, controlaba los proyectos de actuación que se centraban sobre todo en los edificios religiosos. En Baeza se acometieron obras menores como las reparaciones en las cubiertas, suelos y revestimientos de las iglesias del Salvador, San Pablo y San Andrés y en los conventos de la Magdalena y San Antonio.

En la década de los 40,  el Ayuntamiento promueve importantes transformaciones en el espacio interior del Palacio de Justicia y Cárcel que utilizaba como sede. En esta década se reformó completamente el Mercado de Abastos que incorporó en su fachada los arcos del demolido convento de la Victoria, formando la lonja de su entrada.

Uno de los inmuebles objeto de adaptaciones funcionales durante el siglo XX fue el colegio actual de MM. Filipenses, instalado en el palacio de los Marqueses de Villa Real y que a inicios de siglo fue el asilo de ancianos San José y después vivienda particular. En la década de los 60 su nuevo uso como colegio implicó adaptaciones interiores y la restauración de su fachada.

Otros de los palacios más destacados de la ciudad objeto de profundas transformaciones fueron el de la familia de los Sánchez Valenzuela y Cerón y el de los Salcedo, ambos en la calle San Pablo. En este último, la intervención arqueológica efectuada en 2003 en la crujía inicial del inmueble, se documentó la cantina semisubterránea del palacio, con escalera de acceso y suelo empedrado dispuesto directamente sobre la base geológica. Esta dependencia estuvo en uso hasta que fue soterrada durante las reformas acometidas en los años 70 del siglo pasado. Las cimentaciones de esas obras alcanzaron la base geológica cortando el piso empedrado de la cantina.

Tras la Guerra Civil se construyó el inmueble de la Antigua Prisión cuyo estilo manifiesta los cánones propiciados por la dictadura franquista. En la segunda mitad del siglo XX parte del edificio se acondicionó para albergar a la Escuela de Cerámica y más tarde, a finales de siglo como hospedería. Muy cerca de este inmueble se sitúa la Almazara Cooperativa del Alcázar que es una buena muestra de la arquitectura agro-industrial promovida por el régimen franquista. El colegio San Juan de la Cruz, antiguo grupo escolar José Antonio, fue inaugurado en 1951 y constituye un ejemplo de la concepción espacial y funcional de los centros educativos promovidos durante la Segunda República.  

Las décadas de los 50 y 60 del siglo XX, constituyen un periodo muy intenso de actuaciones sobre los edificios históricos de Baeza, impulsadas por la estrategia de la explotación turística de su patrimonio monumental. El estado actual de muchos edificios es en gran medida el resultado de esas intervenciones. Tras la Guerra Civil, la provincia de Jaén se integraba dentro de la Séptima Zona del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, que estuvo dirigida por Francisco Prieto-Moreno. Esta institución, junto a las Direcciones Generales de Bellas Artes y de Arquitectura, fueron los organismos que desarrollaron su labor en la ciudad. Sus intervenciones afectaron tanto a la trama urbana como a sus edificios históricos y se basaron en el criterio de recuperar el ambiente medieval y renacentista que definía a los periodos de mayor esplendor de la ciudad. Las actuaciones de la Dirección General de Arquitectura fueron las más radicales y se orientaron a favorecer la monumentalidad de los edificios, mostrando poca consideración y rigor histórico con estos bienes patrimoniales. La construcción de una nueva planta en el palacio de los Salcedo o el traslado de las Carnicerías son dos ejemplos de estas actuaciones.

En las obras de reparación y consolidación de edificios se han utilizado de manera recurrente materiales y técnicas tradicionales y empieza a utilizarse el hormigón armado en los refuerzos de cimentaciones y en las coronaciones de los muros para asentar las cubiertas nuevas o reparadas.

En 1954, en el paseo de la Constitución se edificó el templete de la Música, obra del arquitecto municipal Ambrosio del Valle. Ya a finales del mismo siglo, se trasladó a la plaza la fuente del Triunfo de la Inmaculada desde su ubicación inicial en el Ejido. También se produjeron importantes actuaciones en los templos de Santa Cruz, San Salvador y San Andrés.

Tras la Guerra Civil el deterioro de la Catedral era considerable y se había cerrado al culto. A finales de los años 50, la actuación de la Dirección General de Bellas Artes dirigida por Francisco Prieto Moreno y por Ambrosio del Valle fue amplia y profunda, aunque su fachada principal no sufrió grandes cambios, manteniendo la heterogeneidad que le confieren los distintos estilos que muestran la diacronía de su construcción. La plaza de Santa María sufrió una  reurbanización espacial. Su pendiente de atenuó, se restauró la fuente, se eliminaron construcciones adosadas al seminario San Felipe Neri y en terrenos cedidos por el seminario, se abrió una nueva calle que conectaba con la cuesta de San Gil.

Plaza de Santa María en 1903
Plaza de Santa María en 1903 - Ayto. de Baeza
Plaza de los Leones en 1882
Plaza de los Leones en 1882 - Ayto. de Baeza
Puerta de Úbeda
Puerta de Úbeda - Ayto. de Baeza

La plaza de los Leones es quizás el ejemplo más palmario de las transformaciones en el espacio público de la ciudad. La vieja plaza renacentista fue sustituida por otra del siglo XX, con cambios tan profundos que su ordenación y su carácter funcional original, se suplantó por un nuevo discurso historicista, dirigido a ensalzar unos valores estéticos de nobleza que teatralizaban la grandeza de la ciudad. El urbanismo renacentista original de la antigua plaza de los Escribanos o del Pópulo, estaba conformado en el siglo XVI por los edificios de las Escribanías Públicas y Audiencia Civil, el arco conmemorativo de Villalar y la fuente de los Leones. Este espacio se transfiguró con la traslación de las Carnicerías Públicas desde su ubicación original, cercana a la puerta de la Azacaya. Este traslado, además de la sustracción de uno de los edificios que, junto al desaparecido edificio de los Bodegones, definían la plaza del Pescado, supuso su alteración estructural para instalarlo en la nueva plaza.

También se demolió la casa adosada al arco del Villalar, se eliminó el tambor que sustentaba el balcón del altar de la Virgen del Pópulo y se trasladó la fuente de los Leones a una posición más central desde su ubicación original frente a la calle San Vicente.

La puerta de Úbeda y su plaza extramuros es otro de los espacios públicos que fue objeto de reordenación en la segunda mitad del siglo XX. A principios de los 60 se demuelen algunas casas adosadas a la muralla y se reconstruye la torre albarrana y el lienzo de muralla con su camino de ronda hasta la estructura denominada el “Torrito”, al que se le añadieron almenas de ladrillo. También se modificó de forma intensa la fuente de finales del siglo XIX situada en el centro de la plaza, eliminando su basamento original y los pilares que recogían el agua de los caños.

Uno de los criterios básicos de las restauraciones acometidas en las iglesias de la ciudad por la Dirección General de Bellas Artes, era la recuperación de su fábrica y fisonomía original, obviando y discriminando el interés histórico de los elementos arquitectónicos de otras etapas históricas. En muchos casos, estos criterios determinaron que se retiraran los revestimientos y ornamentaciones de corte barroco, neoclásico y modernista de los siglos XVIII, XIX y principios del XX.

En 1963, la Dirección General de Arquitectura realizó una intensa actuación en el palacio de los Salcedo, demoliéndose las viviendas dispuestas en su interior. Aunque las obras no se concluyeron, el edificio se rehízo casi totalmente ya que se llevó a cabo el vaciado y la reconstrucción de su interior.

Un hito importante en la gestión del patrimonio monumental de Baeza fue su declaración como Conjunto Histórico-Artístico en 1966 que impulsó el turismo en la ciudad. Esta declaración implicaba la definición de la zona histórica-artística y la zona de respeto que incluía el resto del casco urbano. La protección de la zona histórico-artística impedía la construcción de industrias y edificios comerciales y limitaba a tres plantas los nuevos edificios. También se establecieron directrices para que las nuevas construcciones consideraran el ambiente histórico y arquitectónico y siguieran las pautas de la arquitectura local tradicional. En la zona de respeto, las alturas de los nuevos edificios se establecerían en función de las preexistentes en las diferentes calles.

En general, el desarrollismo de los años 60 no supuso graves afecciones para el centro histórico monumental de Baeza ya que la expansión urbana se desarrolló sobre todo hacia la zona norte, ocupando los terrenos del antiguo Ejido. No obstante, sus efectos se plasman en la sustitución de algunas de las antiguas residencias del paseo de la Constitución por nuevos bloques de viviendas o en los barrios renacentistas extramuros del Vicario y de La Trinidad.

En las décadas de los 70 y 80 se potencia la explotación del patrimonio monumental de la ciudad, recibiendo el título de “ciudad ejemplar” en 1975. La política del régimen franquista se dirigió al fomento del turismo en lugares relacionados con los Reyes Católicos y con el Descubrimiento de América. En estas décadas se generaliza el uso del hormigón armado en las reparaciones de forjados y para reforzar los cimientos mediante zunchos, sistema menos costoso que las técnicas y materiales tradicionales. Los zunchos de hormigón se insertan a veces en cajeados de las fábricas antiguas sobre las que sitúan las nuevas cubiertas de estructura metálica y rasillones que finalmente se cubren con teja curva, en la mayoría de los casos reutilizadas en los mismos edificios. Con respecto a las intervenciones en el patrimonio arquitectónico, José Antonio Llopis Solbes sucedió a Francisco Prieto-Moreno, pasando a dirigir algunas actuaciones importantes en edificaciones históricas de la ciudad hasta 1980. En sus trabajos en Baeza, contó con la colaboración del historiador José Molina Hipólito como asesor, si bien las actuaciones acometidas carecían de estudios históricos y arqueológicos previos detallados, y los proyectos se iban modificando de acuerdo con las necesidades surgidas durante su ejecución y con las posibilidades presupuestarias. Estas carencias conducían, en la mayoría de los casos, a que las obras realizadas no se ajustaran a los proyectos o se abordaran en distintas fases, lo que junto a la ausencia de informes y memorias finales de las actuaciones, derivaba en muchos casos en el desconocimiento sobre las obras reales ejecutadas.

Llopis introduce de forma general el hormigón armado en fábricas y cubiertas que quedan ocultas, sustituyendo al sistema tradicional de construcción en piedra y madera. También utiliza nuevas estructuras metálicas en cubiertas y forjados, en sustitución de las tradicionales de madera. Continúa con las prácticas de desmontar las fábricas numerando las piezas para reconstruirlas después, así como la liberación de los monumentos de adiciones o superposiciones constructivas más recientes.  

Sus intervenciones más importantes se efectuaron en la iglesia del Salvador, que volvió a abrirse al culto, el palacio de Jabalquinto, la iglesia de los Trinitarios Descalzos, las Casas Consistoriales Altas y en los restos del convento de San Francisco. En estos últimos casos, los trabajos no llegaron a rematarse ya que no se había contemplado un uso concreto para los mismos.

Otra de las intervenciones más importantes de los años 70 se efectúo en el palacio de los Sánchez Valenzuela y Cerón que se encontraba prácticamente en estado de ruina y sobre el que se actuó con carácter de urgencia. Este edificio había sido objeto de múltiples modificaciones para adaptarlo a diversos usos. La actuación de Llopis se centró en la recuperación de las características del patio primitivo donde se desmontaron elementos para aplomarlos y se eliminaron las adiciones más recientes de fábricas y carpinterías. Se demolieron los cierres de las galerías y un escenario que se ubicaba en el fondo del patio cerrando las galerías este y oeste y se picaron y rejuntaron los paramentos. Se drenó el patio y se sustituyó el suelo de baldosas hidráulicas por un nuevo pavimento de losas y empedrado artístico.  Se eliminaron los alzados de tapial de los muros y se sustituyeron por ladrillos macizos y cemento. Los forjados de rollizos y tablas de madera se sustituyeron por otros de viguetas y bovedillas cerámicas empotrados en zunchos perimetrales de hormigón armado. En la nueva cubierta se reutilizaron las tejas cerámicas. Se rebajó la altura del ala oriental para igualarla con las demás y se repusieron las piezas de los arcos y de la balaustrada en mal estado.

La actuación en las Casas Consistoriales Altas fue menor, reduciéndose a la limpieza y rejuntado de la fachadas y a la disposición de una nueva cubierta sobre estructura metálica en sustitución de la de madera precedente. Se sanearon los sillares deteriorados y se emplearon también lañados y grapas, mientras que se eliminó la grieta de la fachada norte hacia la cuesta de San Felipe mediante retacado de sillares. La fachada posterior fue modificada eliminando su alzado de tapial, adobe y verdugadas de ladrillo rehaciéndose el muro con sillería trasdosada de mampostería y de ladrillo hueco con verdugadas de ladrillo macizo. En esta fachada también se modificaron los vanos contemporáneos preexistentes ya que se eliminaron las ventanas laterales de la puerta y se modificó la puerta de la planta baja y la ventana superior que siguieron el modelo de la ventana de la misma planta en la fachada oeste.

También se acometieron obras de emergencia en la iglesia de San Pablo que implicaron transformaciones destacadas.

En la trama urbana,  la calle Barbacana fue pavimentada con losas y el viario perimetral de la Catedral  se volvió a pavimentar con empedrado de cantos rodados, disponiendo losetas de piedra junto a las fachadas.

Vista exterior del convento de San Antonio
Vista exterior del convento de San Antonio - Ayto. de Baeza
Vista de la fachada del convento de San Antonio
Vista de la fachada del convento de San Antonio - Ayto. de Baeza

En los 70 la Dirección General de Arquitectura, a través de la Junta Nacional de Reconstrucción de Templos Parroquiales, realizó algunas actuaciones de poca entidad en algunos de los conventos de la ciudad. La obra más destacada se acometió en la iglesia de San Pablo, donde se actuó para restaurar la traza gótica original de la capilla de Ntra. Sra. de las Angustias, oculta por una portada neoclásica. La portada neoclásica se demolió y se reconstruyó la bóveda nervada de la capilla en la que se reutilizaron los materiales originales disponibles en buen estado. Los materiales que faltaban se copiaron de la capilla aledaña que sirvió de modelo. También se intervino en la consolidación del claustro de Santa Catalina y en el convento de San Antonio.

A inicios de los años 80 se llevaron a cabo algunas actuaciones de conservación o consolidación en elementos deteriorados de diversos edificios encargadas por la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía. En algunos casos, y bajo el argumento de su mal estado de conservación, estos trabajos supusieron la eliminación de estructuras que formaban parte de las fases históricas del edificio. En la iglesia de Santa Cruz se produjo la eliminación de la sacristía y la escalera interior y el cierre del pasadizo que comunicaba con el colegio de las Madres Filipenses. En el Ayuntamiento se actuó en las fachadas añadiéndose los recercados en las ventanas de la fachada de la calle  Gaspar Becerra, mientras que en la fachada principal, y bajo criterios ya superados de restauración estilística, se completaron los rosetones con nuevas piedras labradas.

En la iglesia de la Inmaculada se arregló la fachada en la que se eliminaron las grietas grapando y rejuntando los sillares por el interior. En la coronación de los muros de las fachadas  se dispuso un zuncho de viga de hierro para asentar la cubierta cuya estructura de madera volvió a disponerse tras su saneamiento. Se liberó el atrio de la esquina retirando el cegado de los arcos, construyendo las pilastras inexistentes y retranqueando la entrada principal. También se actuó en una de las galerías del claustro del convento de San Antonio donde se consolidó el forjado manteniendo la estructura de madera existente como encofrado perdido, sobre la que se dispuso una losa de hormigón empotrada en el muro previamente desmontado y aplomado. En esta actuación debió de retirarse el tapiado de las arquerías bajas del claustro

Se consolidó la fachada del palacio de los Elorza o casa de los Escalante, cuyo interior se había demolido para la creación de un espacio abierto ajardinado.

En esos años también se acometen las últimas actuaciones de urgencia de la Dirección General de Bellas Artes en la ciudad. En la iglesia de San Juan Evangelista se arregló la cubierta, sustituyendo la tablazón y reponiendo los elementos deteriorados. También se reparó la torre que presentaba una importante grieta realizándose un zuncho perimetral en la cabeza de los muros, así como las cornisas y elementos decorativos. La nueva estructura de la torre se efectuó con el sistema constructivo original y se conservaron las fábricas de ladrillo de su pretil resultado de actuaciones anteriores.

Desde finales de la década de los 80 hasta la actualidad se han intensificado las intervenciones sobre varios de los edificios históricos de la ciudad, si bien la mayor parte de ellas no fueron acompañadas de estudios arqueológicos necesarios para la obtención de información histórica sobre los mismos.

Con la democracia se aprueba la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985, desarrollada  por la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía de 1991 tras el traslado de competencias a la comunidad autónoma andaluza. Esta normativa introduce conceptos y pautas de actuación innovadoras que superan  los criterios previos que auspiciaban la monumentalidad de los edificios. Se prima la conservación sobre la restauración y la reconstrucción y se amparan las aportaciones de las diversas fases históricas de los edificios. No obstante y debido a su ambigüedad, la adaptación de edificios históricos a nuevos usos permitió interpretaciones subjetivas, que en determinados casos condujeron a la pérdida de sus valores documentales. En la práctica, las nuevas concepciones no se han impuesto, conviviendo criterios diversos, y a veces contrapuestos, justificados por circunstancias puntuales de carácter presupuestario y, en numerosos casos, por motivaciones económicas y políticas, en detrimento del valor documental histórico de los bienes patrimoniales bajo la premisa de evitar males mayores. En ocasiones, las necesidades dotacionales y el aprovechamiento turístico han derivado en rehabilitaciones de edificios cuya premura ha soslayado su condición de documento histórico.

Se han producido actuaciones públicas sobre edificios históricos para usos dotacionales de naturaleza cultural, como los casos del seminario Conciliar San Felipe Neri y el palacio de Jabalquinto, actual sede de la Universidad Internacional de Andalucía y  la Casa de Justicia y Cárcel, sede del Ayuntamiento. Generalmente estas actuaciones, además de la restauración de sus fachadas, han supuesto intensas transformaciones en su interior para la adaptación a sus nuevas funciones.

La implantación de la Universidad Internacional de Andalucía, ha significado la rehabilitación e integración tanto del seminario Conciliar San Felipe Neri como del palacio de Jabalquinto. Realizada en 1990 este conjunto constituye la Sede Antonio Machado de la Universidad.

Se tratará de diferenciar las nuevas intervenciones como sucede en el cuartel de Sementales del Ejército y en el antiguo convento de Santa Catalina, donde se restituyen estructuras e incluso se incorporan nuevos espacios al solar para su adaptación al nuevo uso. En las nuevas actuaciones se siguen empleando elementos como el hormigón y el acero que  ahora se dejan vistos haciendo reconocible la intervención efectuada. En la reparación de las fábricas, cubiertas y forjados se incorporan nuevos diseños y materiales como impermeabilizantes, tableros de madera laminada en entrevigados, zunchos y capas de hormigón armado y estructuras metálicas. Para los refuerzos de forjados de madera se suelen abrir grandes rozas en los muros de piedra.  Para solucionar las humedades también se comienzan a usar morteros bastardos hidrófugos y drenantes.

Las pautas de actuación se orientan a la consolidación y a la restauración de edificios para su reocupación con nuevas funciones dotacionales de carácter público, lo que implica importantes transformaciones en su distribución interna. Las actuaciones municipales a través de la Escuela Taller de Rehabilitación de Baeza han sido numerosas. Entre ellas destacan la rehabilitación de los restos conservados del edificio del antiguo hospital de San Antonio Abad efectuada entre 1986 y 1988 y que fue remodelado para su uso como biblioteca y para albergar el Archivo Histórico Municipal en su planta superior. En esta obra se incorporan nuevos elementos alejados del estilo del edificio original, como la cubierta lucernario con láminas de plástico sobre perfiles de acero, instalada en el patio para su uso como sala de lectura o la escalera de caracol de madera y metal. Se dejan vistos varios forjados nuevos y también se añadió la solana del lado izquierdo de la planta superior, procedente de otro edificio demolido.

En la década de los ochenta, una de las actuaciones más discutidas de adecuación para uso dotacional fue la rehabilitación de las ruinas de San Francisco como auditorio y usos culturales diversos. Esta intervención fue realizada por la Consejería de Obras Públicas y Urbanismo al objeto de utilizar el inmueble y evitar su ruina. Se ha señalado la inadecuación del nuevo uso y las ruinas existentes, cuya arquitectura queda oculta por los nuevos elementos que acondicionan el espacio. La estructura realizada no protege los restos de los agentes físicos y debido a su enorme peso está acelerando la ruina de la antigua fábrica. Se ha postergado el antiguo edificio en favor de una nueva arquitectura que se ha impuesto a los valores históricos de las ruinas. En 1990, los restos que se conservaban del claustro del convento fueron restaurados e integrados en el restaurante Vandelvira. 

Otro ejemplo de actuaciones de la administración autonómica en edificios históricos durante los años 90, fue la dotación de viviendas sociales destinadas a familias con escasos recursos. Estas viviendas se construyeron sobre los edificios del Pósito, el convento de Santa Catalina, el palacio de Villarreal y la primera sede de la antigua universidad.  Los resultados de esta estrategia han cumplido su función de ocupación residencial del centro histórico, pero en algunos casos las características de las adecuaciones han trascendido a los valores documentales históricos de los edificios. Son arquitecturas contemporáneas en las que las afecciones al edificio histórico han supuesto en diverso grado destrucciones evitables si la conservación patrimonial hubiera orientado el proyecto. Las integraciones del edificio histórico en las viviendas  han sido puntuales y han tenido como resultado final una mera decoración del pasado, como una pieza de anticuario en una vitrina sin leyenda, en la que nada permite explicar y comprender el edificio histórico preexistente.  Por otro lado, el nuevo uso residencial ha restringido la accesibilidad y la exposición pública de los edificios históricos. 

La Escuela-Taller también realizó la rehabilitación del convento de Santa Catalina y del Palacio de Villarreal para viviendas de promoción pública. En el último de ellos, los criterios de actuación supusieron la concesión en 1991 del Premio Europa Nostra de Rehabilitación. Esta actuación contrasta con otras intervenciones públicas  sobre el Patrimonio basadas en criterios menos considerados, como las actuaciones que con la misma finalidad de rehabilitación de viviendas sociales, se efectuaron en la sede inicial de la Antigua Universidad en la calle Atarazanas y más recientemente en la calle Barbacana, sobre el edificio del Pósito de la Ciudad. En este caso, la actuación supuso una importante afección al Patrimonio histórico-arqueológico de la ciudad, ya que no se contempló una actuación arqueológica y un estudio histórico previos a la ejecución de las obras. La construcción de viviendas sociales supuso la destrucción de la mayor parte del Pósito, consecuencia de la inadaptación del antiguo edificio a los nuevos usos previstos. La demolición de varias cocheras contemporáneas en el año 1996 implicó la destrucción del muro de fachada del Pósito Viejo, quedando al descubierto las arcadas de los almacenes de la planta inferior. La visualización de estas estructuras no derivó en un proyecto de recuperación integral del edificio y tras una actuación arqueológica de urgencia las obras continuaron. Las únicas medidas adoptadas fueron la integración puntual de estas arcadas, de la muralla y de algunos muros de compartimentación interior en el proyecto de edificación, apósito que no oculta la desaparición de la mayor parte de un edificio de alto valor histórico y patrimonial. Los únicos restos visibles resultantes son exponentes didácticos de una deconstrucción urbanística injustificable, antecedente muy cercano a la inclusión de la ciudad en la lista de Patrimonio Mundial.

Tanto en el Pósito de la calle Barbacana como en el convento de Santa Catalina,  para respetar el alzado original, las viviendas se conforman con una nueva fachada interior paralela a la existente, dejando un corredor intermedio desde el que se accede a las mismas. En el convento de Santa Catalina, solar en el que la historiografía emplaza la antigua sinagoga, no se realizaron estudios arqueológicos previos a la edificación de las viviendas. Los trabajos de restauración de los elementos del convento fueron realizados por la Escuela Taller  y se centraron en el claustro, las fachadas y los restos de los muros de la iglesia. El patio de columnas del claustro se conserva como espacio central del edificio. Los muros de la iglesia se demolieron parcialmente para regularizarlos y dejar la zona como patio y jardín al que se trasladaron los restos humanos de las sepulturas del convento expoliadas. Algunos muros deteriorados se reconstruyeron con fábrica de ladrillo. La nueva edificación se realiza con estructura de hormigón armado y muros de carga de ladrillo que enlazan con las fachadas del convento. La fachada se reconstruye para uniformar su volumen y recrear su aspecto original, marcando mediante su enfoscado la diferenciación con la fábrica de piedra original. También se introducen materiales y diseños contemporáneos apreciables en la baranda metálica de la galería superior del claustro.

La necesidad de una sede para Conservatorio de Música conllevó una actuación de rehabilitación en las Casas Consistoriales Altas, aunque la insuficiencia de espacio para ese uso derivo en el abandono del proyecto sin llegar a concluirse. Esta actuación estuvo precedida de una intervención arqueológica que permitió registrar algunas edificaciones de la casa señorial original, entre las que destacaba un pequeño lagar. Al mismo tiempo se detectaron varias construcciones medievales islámicas en la parcela contigua del edificio demolido en la calle Cobertizo. Del solar añadido al Conservatorio previsto en la calle Sacramento se mantuvo la fachada original y los muros de carga del inmueble existente.

Otra importante actuación de la última década del siglo pasado fue la restauración de la iglesia de los Trinitarios Descalzos para su uso dotacional como salón de actos y reuniones. Descartando la restauración radical y bajo el principio de mínima intervención, se llevó a cabo la reconstrucción en madera de la gran bóveda que cubría el templo apoyada sobre zuncho de hormigón perimetral y se reconstruyeron algunos de los balcones desaparecidos, diferenciando los elementos originales y los restaurados. Las faltas en los revestimientos de estucos coloreados y yesos originales se completaron dejándolos en color blanco para diferenciarlos. En la fachada exterior y como elementos de fases constructivas contemporáneas previas, se respetaron y dejaron vistos los balcones y las entradas laterales de momentos constructivos precedentes, disponiéndose también pasarelas de acero en el acceso desde el convento al coro y a la torre-campanario. Se terminó el pavimentado interior de mármol y se dispuso un enlosado en el espacio anterior de la fachada principal de la iglesia.

Vista general del interior de la iglesia del convento de los Trinitarios Descalzos
Vista general del interior de la iglesia del convento de los Trinitarios Descalzos - Ayto. de Baeza

Otra intervención destacable en la década de los 90 se acometió en la Catedral de Baeza, a través de un Plan Director vinculado al Plan General de Restauración de Catedrales de la Junta de Andalucía. En el claustro se realizaron estudios arqueológicos de estratigrafía muraría y sondeos y se propusieron la extensión de los mismos a otras zonas del edificio para programar nuevas propuestas de actuación. Las cubiertas se fijaron mediante un zuncho perimetral de hormigón armado y tirantes metálicos y se saneó la estructura de madera sobre la que se dispuso una capa de compresión que sirvió de base al tejado.

En el claustro se eliminó el jardín existente y se realizó una nueva cubierta con alfarje inclinado apoyado sobre la arquería del claustro. Con esta cubierta se eliminó la cornisa de ladrillo pero se mantuvieron los remates de las pilastras de la actuación de Prieto-Moreno. Se restauraron los paramentos claustro y de las capillas y se consolidaron las bóvedas. Se deshicieron algunas actuaciones de la restauración previa de Prieto-Moreno como la eliminación del arco inferior que había realizado en la capilla de San Rafael y se volvieron a revestir los paramentos de piedra y ladrillo de las capillas que Prieto Moreno había dejado vistos. En las fachadas se mantuvieron las huellas de cubiertas previas adosadas y no se repusieron elementos decorativos afectados. Entre 2008 y 2009 se realizó la consolidación y restauración de la puerta del Perdón en la fachada trasera del templo.

En el Paraninfo de la Universidad integrado en el Instituto Santísima Trinidad se realizó un proyecto de conservación dirigido por el arquitecto Arturo Vargas-Machuca. Se efectuó una nueva construcción que liberó de sus funciones a la estructura original que se deja vista como elemento decorativo. El artesonado se desmontó y se ancló a una nueva estructura metálica,  reponiendo los elementos deteriorados.

A inicios de los 90 la Escuela Taller también actúa en el acondicionamiento del torreón de la puerta de Úbeda y su entorno. Se realiza el acceso al cuerpo superior de la torre por el exterior a través del adarve. El nuevo acceso que integra las escaleras, se adosa a la pared medianera opuesta a la torre y perpendicular al lienzo de muralla, conformando la pequeña plaza junto al torreón.

A finales de los 90 el edificio de las Carnicerías se adecúo como sede de los juzgados añadiéndole una entreplanta y estableciendo nuevas compartimentaciones interiores.

En los años iníciales de este siglo se efectuó una actuación en la casa del Pópulo para la adecuación de la Oficina de Turismo. Las reformas se ciñeron a la remodelación de su interior. La escalera realizada por Prieto-Moreno se modificó en su tramo final para salvar el desnivel de acceso al balcón, lo que implicó la retirada de un tramo del forjado. También se dispuso una entreplanta a la que se accede por una escalera metálica de caracol. Se limpiaron los paramentos exteriores y para solventar las grietas de la fachada lateral se cosió su fábrica con grapas de acero embutidas en el núcleo interior del muro. También se evitó la afección del agua a la decoración de la fachada mediante la instalación de un canalón oculto bajo la cubierta. En la actuación se utilizaron nuevos materiales diferenciados de los elementos originales.   

En cumplimiento del Plan Especial de la ciudad, se llevan a cabo actuaciones municipales en determinados espacios urbanos. La Escuela Taller interviene en la calle Barbacana donde se realizan trabajos de limpieza y rejuntado de fachadas, pavimentación de losas instalación de iluminación y mobiliario urbano. También se materializa la peatonalización de la calle San Pablo con nueva pavimentación, iluminación y mobiliario urbano.

El Ayuntamiento promueve también una importante actuación en el edificio del cuartel de Caballos Sementales del Ejército para su adecuación como centro de usos múltiples (servicios administrativos, salas de reuniones y de exposiciones, etc.). El proyecto se ejecutó entre 1990 y el 2001 y tenía entre sus objetivos la restitución espacial de las edificaciones conservadas del colegio jesuita de Santiago y la reutilización de las edificaciones del mencionado cuartel adecuadas a los nuevos usos previstos. Se aplicaron los criterios de mínima intervención en los elementos originales de este colegio y de diferenciación de las nuevas obras de acondicionamiento con los elementos originales. En la fachada del primer patio se dejaron las improntas de las construcciones del cuartel eliminadas, consideradas de escaso interés (escalera, huecos del cuartel), retranqueando ligeramente la fachada reconstruida con respecto a la original. Los vanos se modificaron cegando algunas ventanas y puertas de la planta baja y dejando sus huellas en el muro, mientras que se abren nuevas ventanas pareadas. No se completaron los elementos decorativos desparecidos de las ventanas originales. Para recuperar los restos ocultos del claustro también se demuelen edificaciones del cuartel y en el tramo desaparecido se realiza un nuevo cuerpo formado por una estructura de hormigón, acero y vidrio que envuelve sus restos  y que a través de un pórtico y una pasarela en la zona superior se recrea el trazado original. En la portada de la fachada principal se mantiene la entrada de los últimos momentos de uso del cuartel que difiere de la original. En el espacio interior las nuevas compartimentaciones, cerramientos y falsos techos se separan de las fábricas originales del edificio. Las cubiertas en mal estado se rehacen sobre estructuras metálicas o de hormigón armado y se limpian y rejuntan los paramentos y los elementos del claustro

Otra de las actuaciones municipales más significativas en la ciudad es la Ordenación Paisajística de la Cornisa Sur de la ciudad, un espacio urbano deprimido y marginal en el que llegó a situarse el vertedero municipal. Este proyecto ha conllevado una importante actuación de recuperación del sistema de fortificación de la ciudad, materializada mediante varias intervenciones arqueológicas. Se ha abordado la consolidación y reintegración de la muralla, torres y antemural descubiertos en el tramo inicial del paseo de las Murallas, acometiéndose también obras de acondicionamiento y acceso a los restos arqueológicos. En la reintegración de las distintas estructuras defensivas se han empleado los criterios de reversibilidad, uniformando los volúmenes en función del nivel de conservación de los diversos tramos. En esta reposición se han empleado los mampuestos recuperados en el mismo lugar, resultado del derrumbe de la propia muralla y de otras construcciones. La diferenciación entre la muralla original y los alzados restituidos se ha realizado con la disposición intermedia de maya de plástico, empleándose mortero de cal y arena en el rejuntado. El acabado final de la corona de los muros se ha regularizado mediante una capa de mortero de cal y arena con ligera caída para paliar las filtraciones de agua. La continuación de la investigación arqueológica en este ámbito y la musealización de los restos de las diversas etapas históricas documentados, constituye uno de los retos municipales más importantes de cara a recuperación del patrimonio histórico de la ciudad.

La recuperación de los restos de la iglesia de San Juan Bautista ha sido una de las últimas actuaciones acometidas por la Escuela Taller de Baeza en la década inicial del siglo XXI. En este caso, los criterios de actuación que han supuesto la consolidación, restitución y puesta en valor de los restos del edificio, incorporándolos al espacio público, han estado precedidos de la excavación arqueológica y el análisis estratigráfico de sus construcciones, trabajos que han aportado una información histórica substancial sobre el edificio y sobre el proceso histórico de la ciudad.  

Iglesia de San Juan tras las labores de recuperación de los restos
Iglesia de San Juan tras las labores de recuperación de los restos - Ayto. de Baeza

La declaración de Patrimonio Mundial en el año 2003 es un reconocimiento a la pervivencia y conservación de su patrimonio edificado renacentista, en gran medida derivado de su consideración como recurso generador de actividad económica a través del turismo. Pero en el recorrido que ha conducido a la consideración como Patrimonio de la Humanidad también ha habido actuaciones que han lesionado los valores documentales de los edificios, produciendo la eliminación de elementos y adiciones adscritos a determinadas fases históricas de los mismos, generalmente comprendidas entre el siglo XVIII y mediados del siglo XX. 

Tras el reconocimiento se han ejecutado actuaciones entre las que destacan: la rehabilitación del Ayuntamiento, ubicado en el edificio del Palacio de Justicia y Cárcel; la recuperación e integración al espacio público de las ruinas de San Juan Bautista y de un tramo de muralla adyacente a la puerta de Úbeda; los trabajos de ordenación de la cornisa meridional de la ciudad con actuaciones urbanísticas de renovación del paseo de las Murallas o de Antonio Machado;  las actuaciones arqueológicas en el cerro del Alcázar, motivadas por la investigación y valorización del patrimonio arqueológico de las diversas etapas del proceso histórico de la ciudad, y las intervenciones de consolidación y exposición de los restos arqueológicos. Estos trabajos están en desarrollo.

La declaración de Baeza en el 2006 como Área de Rehabilitación Concertada  dependiente de la Empresa Pública del Suelo de Andalucía, derivó en la implantación de una oficina técnica en la ciudad como instrumento de gestión de las actuaciones en su casco histórico dirigidas al mantenimiento de su ocupación residencial y turística a través de la rehabilitación de los edificios residenciales y a la construcción de nuevas viviendas.

Uno de los ámbitos espaciales de actuación del Área de Rehabilitación se centró en el barrio de San Vicente con la finalidad de revitalizar la zona de acceso a la ciudad desde Jaén. La estrategia de actuación iba dirigida hacia la potenciación de su uso residencial a través de la construcción viviendas de promoción pública, así como hacia la conexión del barrio con el recinto amurallado inmediato recuperando y poniendo en valor los bienes arqueológicos existentes.

El sector servicios ha crecido de forma notable adquiriendo un peso importante en la actividad productiva de la ciudad, basado en la explotación de su patrimonio histórico como recurso cultural. De esta circunstancia deriva la transformación de edificios históricos en nuevos hoteles y restaurantes como sucede con los palacios de los Salcedo y los Gallego, el hotel Puerta de la Luna o el restaurante Vandelvira. Estas actuaciones han estado guiadas por la recuperación estilística de los edificios recreando su aspecto original y eliminando adiciones posteriores. En contraposición, las iniciativas dirigidas a la investigación y exposición del proceso histórico de la ciudad están pendientes de desarrollo y su activación redundaría en la calidad de los recursos expositivos y del reconocimiento de los valores históricos y culturales del patrimonio de la ciudad.

Los equipamientos culturales de nueva creación están formados por el Museo de la ciudad de Baeza y los Centros de Interpretación del Renacimiento y de la Baeza Medieval. Estos espacios disponen de escasos recursos dotacionales y adolecen de la falta de proyectos museográficos o expositivos actualizados lo que, unido a la limitación espacial de sus ubicaciones, abre nuevas líneas y perspectivas de mejora para el reconocimiento y la difusión del proceso y del patrimonio histórico de la ciudad.

El Centro de Interpretación de la Baeza Medieval  se ubica en el torreón de la puerta de Úbeda, adaptado como espacio expositivo que  ofrece  una visión general de la importancia de Baeza como uno de los centros más importantes del Sur peninsular durante la Edad Media.   

Desde el 2007, la nueva Ley del Patrimonio Histórico de Andalucía establece unos criterios más restrictivos para la conservación de los bienes patrimoniales. Se valoran como elementos integrantes del bien las aportaciones de las diversas etapas históricas, se marcan distancias con la reconstrucción mimética de los edificios y se exige la utilización de materiales tradicionales y el mantenimiento de la pátina de los edificios. La diferenciación visual de las adiciones y su reversibilidad son criterios de aplicación, así como la realización de estudios estratigráficos e históricos previos del edificio, que informen los proyectos de conservación o restauración. El nuevo Plan General de Ordenación Urbana ha supuesto un aumento del catalogo de los bienes patrimoniales protegidos al que se suman elementos de naturaleza diversa como jardines históricos, fuentes, cruces, yacimientos arqueológicos, construcciones rurales, etc. Junto a la aprobación de este plan se ha redactado la Carta Arqueológica de Baeza, documento pendiente de aprobación y aplicación municipal, en la que se amplía el catálogo de elementos protegidos y en el que se establece una fundamentada zonificación arqueológica de la ciudad, precisándose los criterios de protección y los protocolos y modalidades de actuación arqueológica aplicables al patrimonio histórico, tanto soterrado como emergente.