Patrimonio: Baeza en el periodo renacentista

La inclusión de Baeza en la Lista de Patrimonio Mundial se refiere a su Conjunto Monumental renacentista que ha sido valorado como el patrimonio más representativo de sus valores universales. Su delimitación comprende la plaza de Santa María y el eje de la cuesta de San Felipe y la calle Compañía hasta la calle Obispo Narváez (antigua calle Barreras), donde en la etapa bajomedieval se situaba la puerta del Cañuelo.

En este espacio se inscriben algunos de los edificios más representativos de las instituciones de la ciudad: la Catedral, el seminario San Felipe Neri y la iglesia de Santa Cruz, por el poder eclesiástico y la Universidad, la plaza de Santa María y las Casas Consistoriales Altas por el poder público. Junto a ellos algunos palacios de la más alta nobleza representados por el palacio de Jabalquinto y el palacio de la familia Ponce de León.

Vista de la fachada del palacio de Jabalquinto
Vista de la fachada del palacio de Jabalquinto - Ayto. de Baeza

En la Edad Moderna tiene lugar el progresivo deterioro de las murallas de la ciudad, sobre todo a partir del siglo XVII. Las actuaciones del cabildo municipal oscilaran entre su reparación y su desmantelamiento. Esta situación es consecuencia de la pérdida de su función defensiva y de la continua merma de la hacienda municipal. Estas condiciones se expresan en el urbanismo por el abandono del barrio del Alcázar o la edificación de numerosos edificios que la integran en sus solares o se adosan a las murallas.

En este periodo acontecen otras actuaciones urbanas derivadas la penosa situación socioeconómica general. Una de estas actuaciones es la disposición de cercas sanitarias de protección de la ciudad a causa de las epidemias de peste que se suceden desde finales del siglo XVI. Estas cercas estaban formadas por las propias edificaciones, tapias construidas al efecto y puertas que cerraban y controlaban los principales accesos a la ciudad (puertas del Postigo, Santo Domingo, San Lázaro, Córdoba, Granadillos, Quesada). Su origen circunstancial y la escasa consistencia de su construcción en tapial han determinado que estas edificaciones no hayan perdurado.

Es importante señalar que en la etapa renacentista, durante la década de los 30 del siglo XVII, el padre Francisco de Bilches llevo a cabo varias campañas de excavaciones “arqueológicas” en el cerro del Alcázar con el objeto de la búsqueda de mártires o reliquias que permitieran consolidar un espacio sagrado o santuario. La consolidación de un santuario en esta zona perseguía el adoctrinamiento y el sometimiento ideológico de la población al poder de la iglesia, contribuyendo al mismo tiempo a evitar el despoblamiento del barrio. Los hallazgos de mártires y reliquias, que en realidad correspondían a enterramientos de la Edad del Bronce y a artefactos prehistóricos o romanos, alimentaron a los cronicones de la etapa renacentista que inventaban “datos históricos” o falseaban las fuentes para legitimar el orden establecido y el poder de la iglesia. La zona de estos antiguos expolios, en torno a la puerta de Jaén, ha sido redescubierta por las excavaciones arqueológicas recientes, constatando los vaciados que se realizaron y que socavaron la fortificación, así como un muro paralelo a la muralla que podría corresponder a la cerca construida por el concejo en el año 1633 para delimitar el santuario.  

Entre  finales del siglo XV y la primera mitad del siglo XVII, acontecen importantes cambios que se manifiestan en un gran aumento poblacional y en un dinamismo socioeconómico que devienen en un gran crecimiento de la ciudad. A este auge sucede una rápida decadencia en consonancia con la evolución general del estado.

Su pujanza socioeconómica se manifiesta en la construcción de numerosos edificios civiles y religiosos. Entre los primeros, su condición de ciudad realenga y el poder del Concejo se evidencian en sus edificios públicos, mientras que los numerosos palacios y casas solariegas son exponentes de la riqueza de las clases privilegiadas. Los templos parroquiales y sobre todo las numerosas fundaciones conventuales, atestiguan la fuerte presencia de la Iglesia y su influencia en la vida de la ciudad.

Los espacios y edificios Públicos

Hacia el noroeste del recinto amurallado, en el espacio extramuros inmediato, se conformó la plaza del Mercado que desde finales del siglo XVII adquiere una gran relevancia, convirtiéndose en lugar central de la vida ciudadana. En torno al mismo se edifican viviendas sobre soportales, en gran parte destinados a la actividad artesanal y comercial. La adecuación de este espacio conllevó la ejecución de un ambicioso proyecto de ingeniería que implicaba la adecuación de la red de abastecimiento y alcantarillado de la ciudad, elementos que forman parte de su patrimonio arqueológico soterrado. En la plaza del Mercado, los caños de la red de desagüe confluían en la “madrona” o colector principal. Esta conducción consistía en la alcantarilla abovedada y soterrada que, por la vía de Portales Tundidores y la calle del Agua, canalizaba las aguas residuales a las afueras de la ciudad, vertiendo en el cauce del arroyo de Val de la Azacaya. En este tiempo el arroyo se conocía como arroyo del Matadero por situarse sobre el embovedado del cauce el matadero público conocido como casa de la Matanza. Cerca de este edificio se situaba un puente que salvando el arroyo permitía el acceso al barrio de San Vicente. Los restos de este puente aún eran visibles hacia mediados del siglo pasado, cuando quedó soterrado por la urbanización de este espacio. 

Plaza del Mercado en 1882
Plaza del Mercado en 1882 - Ayto. de Baeza

En esta etapa eran frecuentes los festejos taurinos que tenían lugar en la plaza del Mercado. Durante el desarrollo de los espectáculos se ocupaban las ventanas y balcones de los pisos situados sobre los soportales de la plaza, frecuentemente alquilados para contemplar los eventos festivos.

La zona inicial del paseo de las Murallas ha aportado una valiosa información arqueológica ligada a la transformación urbanística que experimenta la ciudad durante la etapa renacentista. En esta zona se ha identificado la puerta del Rastro o del Barbudo y en su exterior inmediato un espacio de mercado. En este ámbito se materializó un proyecto de gran envergadura cuyas obras implicaron: el soterramiento del antemural medieval de la fortificación y la pavimentación de un amplio espacio a modo de plaza empedrada; la remodelación de la puerta del Barbudo conocida desde entonces como puerta del Rastro; el reforzamiento de la muralla mediante la edificación de un muro adosado y de la torre que protegía la antigua puerta del Barbudo con un muro perimetral de sillares; la disposición de un pórtico de pilares o columnas que delimitaba el espacio cubierto que albergaba las tiendas o despachos de venta adosados al muro; y la construcción de la oficina pública para la gestión del mercado y el cobro de la alcabala. Hacia finales del siglo XVI se constata el abandono de este espacio que se usaba como muladar.

Entre el año 2005 y 2010 se realizaron unas importantes excavaciones arqueológicas en el barrio de San Vicente, en un amplio espacio comprendido entre la calle San Vicente y el recinto fortificado. La secuencia arqueológica estaba compuesta por depósitos comprendidos entre época romana y el siglo XXI.

Una de las fases de ocupación registradas, se corresponde con el desarrollo del barrio durante la Edad Moderna a partir de la evolución urbanística medieval. Durante el siglo XVI la sustitución de la trama medieval fue sustituida por una nueva ordenación urbana. Las viviendas fueron reemplazadas por las nuevas construcciones renacentistas, que se ordenan a través de la calle San Vicente y una calle empedrada documentada durante los trabajos de excavación. Esta calle renacentista, que se identifica en el padrón municipal de 1634 con la calle Juan Alcalde, al igual que otras referidas en los padrones municipales, se dispone perpendicular a la calle San Vicente y conduce al pie de una de las torres de la muralla. La calle no aparece registrada en el padrón municipal de 1718 por lo que se abandonó antes de ese año. En ella se localizaban varias casas solariegas de algunas de las familias hidalgas instaladas en el barrio desde la conquista castellana de la ciudad (Navarrete, Argüello, Mejías, Ximena…). Con ellas se corresponden las viviendas con patios de columnas y portadas de piedra registradas durante las excavaciones efectuadas. Una de estas residencias tenía su fachada principal a la calle San Vicente haciendo esquina con la calle Juan Alcalde y, por su entidad, podría corresponder al palacio de los Navarrete Argote, una de las familias nobles más significadas de la ciudad.

En la Edad Moderna se edificaron numerosos edificios públicos que muestran la pujanza de la ciudad. Los más destacados son los edificios de las carnicerías públicas, la Audiencia Civil y Escribanías públicas, la Casa de Justicia o del Corregidor y Cárcel, las Casas Consistoriales, el Pósito, la Alhóndiga y, ya en el siglo XVII, el balcón del Concejo. A ellos hemos de sumar los inmuebles desaparecidos de la casa de la matanza, los Bodegones y algunas de las fuentes más importantes que existían en el extremo sureste de la ciudad (fuente de los Bodegones, fuente de San Vicente y fuente del Alcázar).

Balcón del Concejo en 1882
Balcón del Concejo en 1882 - Ayto. de Baeza

La Casa de Justicia o del Corregidor  y Cárcel fue construida entre 1520 y 1564 al estilo de los palacios italianos.

El Pósito y la Alhóndiga son otros edificios públicos destinados al almacenamiento y compra-venta de grano y a mesón y hospedaje, en el caso de la Alhóndiga. Tras su uso original ambos edificios se utilizaron después como cuartel para alojar a la milicia. Uno de sus fines era la regularización del abasto, permitiendo la disponibilidad de grano en tiempos de escasez por malas cosechas. El Pósito Viejo, fue construido a inicios del siglo XVI y se adosó a la cara exterior de la muralla. Con fachada a la calle Barbacana, disponía de dos plantas. La planta superior estaba destinada a almacenes y en ella se distribuían los graneros, compartimentados con pequeños tabiques de madera, ladrillos y yeso. Esta planta se apoyaba en las arcadas que cubrían la planta baja, que también se usó como almacén de sal.

Torre de los Altares en 1905
Torre de los Altares en 1905 - Ayto. de Baeza

Las necesidades de espacio del Pósito determinaron su ampliación en 1544. Estas obras conllevaron la reparación del lienzo de muralla y se extendieron hasta la torre de los Altares, conociéndose la nueva edificación como Pósito Nuevo. Su culminación en el 1554 se conmemora en el retablo heráldico existente en su fachada. Sus cámaras o graneros descansan en “cantinas” con sólidas bóvedas. Estas cantinas se disponen paralelas entre sí y perpendiculares a la calle Barbacana teniendo como fondo la muralla. Están construidas con sillares y tres de ellas presentan bóvedas rebajadas mientras que la inmediata a la torre de los Altares fue reconstruida en 1687 con bóveda de medio cañón.

Los graneros de la planta superior se distribuían en  dos salas comunicadas por una puerta con escalón. La sala sur disponía de dos líneas paralelas de cinco pilares mientras que la más próxima a la torre de los Altares presentaba una sola línea de cinco pilares centrales. Los pilares se disponían paralelos a la calle Barbacana y sustentarían la techumbre de madera con cubierta a dos aguas. La fachada hacia la calle Barbacana disponía de varias ventanas que fueron cegadas. El pasadizo elevado sobre la calle fue construido en 1810 y comunicaba con la Alhóndiga.

La destrucción de la mayor parte del Pósito en 1996, durante la ejecución de un proyecto de edificación de viviendas sociales en su solar, derivó en una actuación arqueológica de urgencia, realizada tras la paralización de las obras. Una parte de su fachada fue demolida y junto a la torre de la muralla aledaña a la capilla de San Juan Evangelista, se sacaron a la luz las arcadas que sustentaban la planta superior. Hacia su lado oriental, se constató un espacio empedrado que pudo constituir el andén de acceso a los carros para la descarga de mercancías. Otra dependencia rectangular, detectada en esta zona durante la intervención arqueológica, ha sido interpretada por sus excavadores como otra “torre” de la fortificación. Las evidencias arqueológicas muestran que esta estancia se adosa a la muralla, por lo que también podría corresponder a una de las estancias del Pósito. Durante esta intervención, en la clave de la puerta que comunicaba dos estancias de su planta superior, se documentó una cartela epigráfica con la fecha de 1760, conmemorativa de la terminación de unas obras significativas en el edificio.   

Los dos inmuebles han sufrido numerosas modificaciones en relación con sus usos diversos. Entre ellas destacamos, las del Pósito Viejo hacia finales del XVII para adaptarlo a cuartel, mientras que la planta baja se seguía usando como “alfolí de la sal”. En el 1748 también se produjo la reconstrucción del lienzo de muralla del Pósito Viejo, que tenía una anchura de 3 varas (2,50 m.), como apunta un documento de 1700.  El Pósito Nuevo también fue objeto de importantes remodelaciones a principios del XVIII, al igual que las efectuadas en la Alhóndiga en 1790, cuando funcionaba como posada.

Hacia finales del XVIII el Pósito Nuevo también se destinó a acuartelamiento de la tropa, denominándose cuartel de la Barbacana. La planta superior fue modificada y los antiguos trojes se sustituyeron por alojamientos y pajares, mientras que las “cantinas” se destinaron a cuadras. Estas estancias también se arrendaban a particulares cuando no albergaban a la milicia. Tras la guerra de la Independencia, el inmueble pasó a manos privadas.

En el espacio del Pósito Nuevo aledaño a la torre de los Altares se desarrolló otra intervención arqueológica en 2004 con motivo de obras de remodelación en las viviendas existentes. La información más significativa aportada fue la definición de una sala de la planta superior del Pósito que ocupaba una superficie de 265 m2 y presentaba una línea de 5 pilares paralela a la muralla y que sustentaban otra planta superior abuhardillada de más reciente construcción. También se registró el acceso entre una de las cantinas y la planta superior, a través de una escalera paralela a la muralla que parte del fondo de la cantina. Otra valiosa información es el registro de un vano cegado en el lienzo de la muralla formado por un arco ligeramente apuntado, que aledaño a la torre de los Altares constituiría una de las puertas del recinto amurallado. En la pared de la muralla también se constataron varios huecos de un forjado previo a la construcción del Pósito Nuevo, que nos informan acerca de un edificio anterior adosado a la muralla. En esta actuación también se documentó el muro medianero construido con zócalo de sillarejo y alzado de cajones de tapial y la puerta entre las dos dependencias de la zona noroeste del Pósito. Se trata de la misma puerta documentada en la actuación arqueológica precedente, en la que se registro la epigrafía con la fecha de 1760  recordando las reformas acometidas en ese espacio.

Muchos de los sillares de las cantinas presentan marcas de cantero que también se identifican en la puerta de la planta superior, lo que permite establecer su sincronía en relación con la edificación del Pósito Nuevo hacia mediados del siglo XVI. En el piso de la cantina objeto de la intervención se han documentado varias pilas de decantación relacionadas con una almazara emplazada en este espacio hacia mediados del siglo XX.

Otro de los edificios más significativos de la Edad Moderna es la Antigua Universidad que constituye una de las primeras fundaciones universitarias de Andalucía.

En 1994 se implanta la Universidad Internacional de Andalucía en los edificios aledaños del seminario San Felipe Neri y el palacio de Jabalquinto. Baeza vuelve a recuperar su carácter universitario como la sede Antonio Machado de esa institución.

Los edificios eclesiásticos

Tras la conquista castellana de 1227, Baeza recuperó su condición de sede episcopal.  Más tarde, desde 1249, se instauró el obispado de Baeza-Jaén con sedes en las catedrales de ambas ciudades, permaneciendo en la de Baeza un tercio de sus canónigos. La Catedral es el edificio religioso más representativo del poder eclesiástico y después del Concejo, el Cabildo de la Catedral constituía la institución más importante de la ciudad, y entre ambos regían su administración. Durante la Baja Edad Media y la Edad Moderna compartían el espacio intramuros más destacado, centrado en la plaza de Santa María. El Concejo patrocinó y contribuyó en muchas de las obras efectuadas en edificios de la Iglesia y porfió por el mantenimiento de dignidad episcopal y de la Catedral de Baeza frente a los intentos de absorción de la sede de Jaén. En la segunda mitad del XVIII se pretendió la creación de un obispado de Baeza independiente del de Jaén, sin que llegara a consumarse. A lo largo del siglo XIX el Cabildo Catedralicio de Baeza terminó absorbido por la sede la capital, culminando el proceso tras la Guerra Civil Española.

Las parroquias medievales intramuros con sus templos respectivos estaban constituidas por Santa María del Alcázar, Santa María la Mayor, San Gil, San Pedro, Santa Cruz, San Juan y San Miguel, a las que se sumaban las extramuros de San Vicente y la de San Salvador. Esta última muestra la expansión urbana hacia el noroeste durante el siglo XIV, superando el arroyo de la Azacaya. La intensificación del crecimiento poblacional durante el siglo siguiente amplió la trama urbana, dando lugar a las nuevas fundaciones parroquiales de San Andrés, San Pablo y San Marcos, aumentando hasta doce las parroquias de la ciudad.

Tras la conquista cristiana, en el barrio intramuros del Alcázar, se erigió la iglesia de Santa María del Alcázar, que adquirió la dignidad de colegiata en 1401. En este barrio habitaban las familias nobles descendientes de los conquistadores castellanos de la ciudad. Sus escudos se incluían en el gran arco toral de la iglesia, que también contenía la capilla mayor de los caballeros repobladores del barrio del Alcázar. Sin embargo, a pesar de las iniciativas para evitarlo, el barrio sufrió la despoblación desde finales del siglo XVI, quedando totalmente despoblado un siglo después. La iglesia de San Miguel se demolió en 1765 y la colegial fue trasladada a la parroquia de San Andrés y el templo de Santa María del Alcázar se cerró al culto. A pesar de los intentos del Cabildo Municipal, los escasos recursos empleados no impidieron su demolición hacia el 1800. Después en esa zona se implantó el cementerio municipal hasta inicios del siglo XIX. 

Los conventos fueron tan numerosos que sirvieron para designar a Baeza como “ciudad conventual”. Hubo hasta diecisiete conventos, ubicados la mayor parte de ellos al exterior del recinto amurallado y en las afueras de la ciudad, donde podían disponer de terrenos de huerta.   

Los de religiosos sumaban once, formados por los conventos San Francisco de la orden franciscana (1227); Ntra. Sra. de la Merced de mercedarios descalzos (1280); San Buenaventura de franciscanos observantes (finales del siglo XV); Santo Domingo de la orden de predicadores (1529); la Trinidad Calzada de trinitarios calzados (1502); la Victoria, de mínimos de San Francisco de Paula (1551); San Basilio Magno, del Carmen descalzo (1579); la Santísima Trinidad, de trinitarios descalzos (1607); San Felipe Neri, de la orden de los filipenses (1660) y los conventos-colegios de Santiago (1569) y San Ignacio (1596) de la Compañía de Jesús.

Los de religiosas eran ocho, integrados por los de San Antonio de Padua (finales del siglo XV), Santa Clara (1561) y Santa Catalina Mártir (1583), de franciscanas clarisas; Santa María de Gracia, de dominicas calzadas (1533); San Ildefonso, de mínimas de San Francisco de Paula (1551); Santa María Magdalena, de agustinas recoletas (1568) y La Encarnación, de carmelitas descalzas (1599).

A estas instituciones se añadían otras de caridad, integradas por los hospitales del Santi Spiritus, San Antón y la Concepción y el Beaterio del Recogimiento de Santa Ana. En el cerro del Alcázar también se emplazaba el hospital de Lope Martínez. En las intervenciones arqueológicas efectuadas en el paseo de las Murallas, entre la puerta del Rastro y la de Jaén y adosadas a la cara interna de la muralla, se han localizado varias estancias empedradas. Estos restos podrían formar parte del antiguo hospital fundado por Lope Martínez que ya había sido abandonado en la primera mitad del siglo XVII.

También llegaron a existir al menos ocho ermitas y oratorios consagrados a San León, Santa Quiteria, San Benito, San Lázaro, San Bartolomé, La Madre de Dios, Los Santos Reyes, Ntra. Sra. de los Desamparados. Estas ermitas erigidas por devotos y patrocinadores disponían de escasas rentas y dependían de las limosnas y de la fundación de capellanías. Estaban ubicadas en la periferia inmediata de la ciudad y desaparecieron entre el siglo XVIII y la primera mitad del XIX. 

La profunda crisis del siglo XVII también afectó a estas instituciones, suprimiéndose algunos de ellos en el siglo XVIII. La expulsión de los jesuitas acabó con los colegios de Santiago y San Ignacio. A los terrenos de este último se trasladó el cementerio en 1836 desde su ubicación en el descampado del Alcázar. Los hospitales del Sancti Spiritus y de San Antón también se clausuraron a finales del XVIII al desaparecer sus órdenes fundacionales. El último edificio alberga actualmente el Archivo Histórico Municipal y la Biblioteca Pública.

Vista del exterior del convento de los Trinitarios Descalzos
Vista del exterior del convento de los Trinitarios Descalzos - Ayto. de Baeza

Durante la guerra de la Independencia muchos de estos edificios acusaron un importante deterioro al usarse como hospitales y cuarteles militares. Cuando las tropas francesas fueron expulsadas su estado de ruina era patente y desde el Ayuntamiento no se emprendieron acciones para la recuperación de estos edificios.

Las desamortizaciones referidas provocaron la enajenación de la mayor parte de estos conventos, cuyos solares pasaron a propiedad privada. Hoy mantienen su función conventual los de San Antonio de Padua, Santa Catalina, la Magdalena y el de la Encarnación. Se conservan las edificaciones de San Felipe Neri y la iglesia de San Ignacio y se han rehabilitado el de San Francisco, convertido en auditorio y el de los trinitarios descalzos. Algunos restos del convento de Santa María de Gracia se integran hoy en viviendas particulares.

Casas y palacios

Palacio de Jabalquinto fotografiado en 1948
Palacio de Jabalquinto fotografiado en 1948 - Ayto. de Baeza

El barrio extramuros de San Pablo se consolida a partir de la 2ª mitad del siglo XV. Con la expansión renacentista, en esta zona se edifican algunas de las viviendas señoriales de los linajes más influyentes de la ciudad como los palacios de los Sánchez Valenzuela y Cerón, Salcedo o Cabrera. Otros palacios de significación similar como los de los Ponce de León y o el de Jabalquinto de la familia Benavides, se edifican en el entorno de la plaza de Santa María. Estos palacios son de grandes dimensiones, suelen tener planta cuadrada o rectangular y presentan fachada de sillares, generalmente disponen de patio porticado con arcos de medio punto y galería superior. También suelen presentar cantinas o bodegas en las que se disponen grandes tinajas para el almacenamiento de vino y aceite. En sus espacios traseros se situaban las cuadras, corrales o patios menores con estancias secundarias.

Otras casas renacentistas menos suntuosas, pertenecientes a familias de caballeros o hidalgos, se distribuyen por otros barrios de la ciudad como los del Vicario, el Salvador o San Andrés. Muchas de estas casas presentan fachadas encaladas de mampostería con sillares en las esquinas. Las portadas son variadas destacando las que disponen de arcos de medio punto con amplias dovelas y tondos laterales. Otras portadas más modestas y sobrias  presentan dintel sobre ménsulas de modillones o con arco plano compuesto por tres grandes dovelas con la clave decorada en muchos casos con la cruz del calvario.