Baeza Contemporánea (Siglos XVIII-XXI)

En el siglo XVIII Baeza había perdido ya la relevancia que adquirió durante la etapa renacentista. Con el descenso  poblacional, el espacio urbano se contrae,  abandonándose varias zonas y edificios representativos del periodo renacentista. Esta circunstancia se muestra especialmente en el despoblamiento casi generalizado del barrio del Alcázar y parcial del barrio de San Vicente. El abandono de varias iglesias  (Colegiata de Santa María del Alcázar, San Miguel, San Vicente, San Pedro) y la concentración de la feligresía en determinadas parroquias,  manifiestan el proceso de decadencia de las congregaciones religiosas existentes, sobre las que incidirán las desamortizaciones aplicadas en la primera mitad del XIX.

En este periodo el centro de la actividad económica y representativa de la ciudad se mantuvo fuera del recinto amurallado, en el espacio inmediato comprendido entre las puertas del Rastro y del Cañuelo. Desde esta zona, la disposición radial del viario se articula por medio de las calles San Francisco, San Pablo, Gaspar Becerra y Platería, que confluyen en la actual plaza porticada de la Constitución que integró a las antiguas plazas de la Leña y del Mercado.

La guerra de la Independencia constituyó otro de los procesos fundamentales de cambio que acontecieron en esta centuria. Baeza fue una de las zonas de la provincia ocupadas por las tropas francesas. Dos de los principales conventos, los de Santo Domingo y de San Francisco sufrieron el acantonamiento militar napoleónico. Finalmente, el de Santo Domingo desapareció, mientras que el de San Francisco apenas si mantuvo los servicios de culto. Después de casi trescientos años desde su fundación, en 1825 la Universidad fue clausurada, lo que supuso un embate importante para la significación cultural de la ciudad a nivel nacional. El carácter universitario del edificio derivó en colegio primero e instituto de bachillerato a partir de 1868. Junto con el de Jaén fueron los únicos institutos de bachillerato hasta bien entrado el siglo XX.

En el siglo XIX, la difícil situación  general del país, endeudado y con el erario público bajo mínimos, derivó en las políticas desamortizadoras que afectaron al régimen de propiedad, sobre todo a los bienes eclesiásticos. El declive de la arquitectura religiosa se aprecia en la supresión de las parroquias intramuros y las extramuros de San Marcos y San Vicente y en la enajenación de los colegios jesuitas de Santiago y San Ignacio. Hoy perduran las parroquias de San Andrés, El Salvador y San Pablo.

A lo largo de la primera mitad del siglo XX, la debilidad y escasos recursos de la hacienda municipal condicionaron las actuaciones públicas en la ciudad. Este proceso de decadencia se constata en el agravamiento del deterioro de muchos edificios y en los problemas de mantenimiento de infraestructuras viarias y otros espacios públicos, que los exiguos recursos de la administración local apenas podía afrontar.

Varias de las iglesias y conventos desamortizados y de las estructuras de la fortificación fueron desmanteladas para la reutilización del material constructivo. Se destruyeron los conventos de Santa Clara, Sancti Spiritus  y en el Ejido los de la Victoria y la Trinidad. También se destruyó el hospital de San Antón situado cerca de la plaza del Mercado y otros se destinaron a nuevos usos, como el de San Francisco parcialmente destinado a teatro.  

Vista aérea de Baeza a comienzos del siglo XX
Vista aérea de Baeza a comienzos del siglo XX - Ayto. de Baeza

Durante la II República, los intentos de transformación con políticas de progreso dirigidas al interés de la mayoría social, derivaron en algunos logros importantes. Uno de ellos fue en el plano educativo, con una enseñanza de vanguardia en el contexto europeo. El grupo escolar José Antonio, actual colegio San Juan de la Cruz, constituye una muestra arquitectónica de los nuevos conceptos y valores funcionales aplicados a los centros educativos durante la etapa republicana. La aplicación de estas políticas fue efímera como consecuencia del levantamiento militar y la Guerra Civil (1936-1939), cuyo resultado cercenó la soberanía popular, imponiéndose la dictadura de Francisco Franco durante más de cuatro décadas. La contienda dejó el país devastado y la postguerra, acompañada de una fuerte represión, resulto muy difícil de superar para la mayoría social del país. Políticas inadecuadas como las aplicadas entre los años 50 y 60 por el Plan Jaén, no contribuyeron a la mejora ni de la economía ni de las condiciones de vida de la población, ya que sus fines fueron los de favorecer a los grandes propietarios agrícolas. Con este programa de intensificación de la producción agraria se vincula la pedanía de Puente del Obispo que, a orillas del río Guadalquivir, tiene su origen en los poblados de colonización de la postguerra. Este núcleo de población participa de unas características urbanísticas  regulares, definidas por su estructura urbana cartesiana y un caserío que parte de unas viviendas funcionales y uniformes siguiendo criterios racionalistas.

Puente del Obisto en 1903
Puente del Obisto en 1903 - Ayto. de Baeza

Entre la década de los 50 y los 60 del siglo XX se acometen numerosas actuaciones urbanísticas que afectarán a varios de los espacios públicos y de los edificios más significativos de la ciudad. La Dirección General de Arquitectura plasma en Baeza sus criterios de “conservación” y  recuperación patrimonial, en la mayoría de los casos de marcado signo historicista. Se realizan intensas transformaciones en espacios y edificios alterando su estructura original, llegando en algunos casos a ser trasladados de lugar, sustrayendo a los mismos su condición de bienes inmuebles.

Hasta los años 60, la capacidad de trabajo de la población no derivaría en una mejora generalizada de sus condiciones de vida. Con la recuperación de la legitimidad democrática tras la dictadura, se retomó el camino de las conquistas sociales, hasta que las contradicciones inherentes al sistema político occidental y las políticas neoliberales de enajenación y privatización del patrimonio público, derivaron desde los años finales del siglo, en un aumento de la especulación financiera, la saturación de la oferta inmobiliaria, una mayor desregularización del mercado laboral con un gran aumento del desempleo, la disminución de la protección social y el endeudamiento de una parte importante de la población.

Desde la década de los 60 del siglo pasado se producen numerosas rehabilitaciones de edificios por parte de la administración pública  para dotarlos de un uso cultural, educativo o incluso para la construcción de viviendas sociales. Al mismo tiempo, acontecen sustituciones y transformaciones de viviendas tradicionales, tanto de carácter señorial como popular, que en muchos casos son suplantadas por nuevas viviendas construidas con ladrillo, cemento  y hormigón. 

En los años 70, la repoblación arbórea de la cornisa meridional de la ciudad, a partir del programa de reforestación del Ministerio de Agricultura, supuso una intensa destrucción del patrimonio histórico arqueológico existente en ese espacio. El sistema de plantación de pinares mediante su disposición en bancales, conllevó importantes movimientos de tierras que afectaron sobre todo al sistema de fortificación y a los niveles arqueológicos extramuros inmediatos. Hoy uno de los problemas de este enclave arqueológico es la proliferación de ailantos, una especie invasiva de árbol alóctono, cuyas raíces deterioran gravemente los bienes arqueológicos existentes.

El patrimonio arqueológico también soportó afecciones urbanísticas importantes a principios de la década de los 80, cuando tuvo lugar la ordenación del paseo de las Murallas, conformando una especie de “paseo de ronda” sobre el borde occidental y meridional del área arqueológica del cerro del Alcázar. Esta actuación urbanística ocultó parte de las estructuras del recinto amurallado, a la vez que se reutilizaron algunas torres de la muralla como base para la construcción de varios miradores sobre el valle del Guadalquivir.

Tras la crisis de los años 70 y hasta los años iníciales del siglo actual, se ha producido una importante expansión urbana hacia el norte (barrio del Carmen) y el oeste (barrio de los Poetas y de las Comunidades Autónomas, barrio de Andalucía, ampliación del antiguo barrio de San Lázaro o barrio de La Trinidad) que ha supuesto la sustitución del caserío y la proliferación de nuevas viviendas.