Historia: la ciudad medieval y el esplendor del siglo XVI

La expedición realizada por Fernando I, en la primera mitad del siglo XI, para recuperar los restos de los mártires Vicente, Sabina y Cristeta y trasladarlos a Arlanza, será una de las primeras referencias documentales de la ciudad de Ávila que, en un territorio aún sin repoblar, conservaría cierta actividad.

Más tardía es la referencia que, en los Anales Toledanos Primeros, se hace a la repoblación de Segovia en 1088, lo que permite aventurar que la de Ávila no sería muy posterior, admitiéndose la fecha de inicio entre 1087 y 1089. Sobre la repoblación de Ávila contamos con un singular y trascendental texto, La Crónica de la Población de Ávila, si bien su redacción tardía (siglo XIII) hace que la información haya que tomarla con cautela. Según este documento, los pobladores de la ciudad procedían de Cinco Villas y Lara, siguiéndoles los de Covaleda, a los que se unirán los de Estrada (asturianos meridionales) y los de Bravezos (del Norte de Burgos o de la Alta Rioja y Navarra).

Lo cierto es que una vez tomada Toledo por las huestes de Alfonso VI, en el 1085, las ciudades al sur del Duero -Ávila, Salamanca y Segovia- serán rápidamente repobladas bajo la responsabilidad política del conde Raimundo de Borgoña, yerno del rey. 

Respecto a la construcción de la muralla, en un documento de 1103 se citan las parroquias de San Vicente, San Pedro, San Martín y San Juan, de las que sólo la de San Juan está dentro del recinto amurallado, concluyéndose que la cerca es independiente de la primera estructura habitada, y haciéndose verosímil la imagen que el geógrafo musulmán al-Idrisi hace, a mediados del siglo XII, de la ciudad, apuntando que Ávila no era más que “un conjunto de aldeas cuyos habitantes eran vigorosos jinetes”. Esta falta de precisión y de identificación sobre la existencia de una muralla no se debe de entender concluyentemente como una ausencia de la misma. En cualquier caso, desde 1146 ya existía un encargado del mantenimiento de las puertas y de realizar el cobro de los portazgos, y por ello cabe concluir que existían murallas en esta fecha.

La ciudad se estructurará en torno a tres puntos neurálgicos: plaza de San Vicente, plaza del Mercado Grande, ambas extramuros, y plaza del Mercado Chico, comunicándose mediante las principales arterias comerciales, en las que, durante los siglos XII-XVI, se abrían comercios de los más diversos, formando parte del área urbana ocupada por las clases aristocráticas, el clero y la emergente burguesía.

También el centro de la ciudad estará habitado por una nutrida comunidad hebrea. Serán los judíos más pudientes, que hasta el apartamiento de 1481, momento en que se produce la delimitación específica de la judería (articulada sobre los viales de las calles de Santo Domingo y Telares), habitarán inmuebles alquilados al Obispado, dedicándose a actividades comerciales y profesionales. El resto de la comunidad judía, dedicada a actividades artesanales, habitará, intramuros, en las calles que posteriormente serán la judería

Ya en los siglos XIII y XIV los arrabales  estarían  organizados en torno a iglesias, surgiendo de forma directa con la propia creación de la ciudad. El origen está en el hecho de que las zonas intramuros serán más solicitadas por las clases sociales más privilegiadas, mientras que las capas humildes se irán agrupando en áreas exteriores, donde también se asentarán los recién llegados, atraídos por la seguridad y la prosperidad que proporciona una de las villas más importantes de la corona.

Extramuros también habitaría la tercera comunidad étnica en importa: los mudéjares. Desde su origen, la barriada de San Nicolás, junto con las de Santiago y Las Vacas, estuvo habitada por cristianos, dedicados a la agricultura y el pastoreo básicamente, y por un numeroso contingente musulmán que, dedicado a la agricultura, alfarería y albañilería, carecerá de la más mínima influencia político-social.

En el siglo XV la morería de Ávila era una de las más importantes de la Corona de Castilla. Tras el decreto de conversión de los mudéjares de 1502 se prohibió toda manifestación religiosa y cultural del Islam en tierras de Castilla, y entre ellas el seguir disponiendo de sus centros de culto y reunión, las mezquitas. En fechas más o menos inmediatas, las autoridades urbanas obligaron a abandonar o a desmantelar estos edificios, hecho acontecido con las sinagogas a partir de la expulsión de los judíos decretada por los Reyes Católicos en 1492. En unos casos se permitió un cambio de uso, y en otros las autoridades facilitarán su desmantelamiento para reutilizar la piedra, madera o teja en nuevos edificios.

Palacio de los Verdugo
Palacio de los Verdugo - Ayto. de Ávila

Ávila fue durante la Baja Edad Media una de las ciudades más populosas de la Corona. Sin embargo, al finalizar el siglo XV la ciudad sufrirá una serie de reveses que detendrán momentá­neamente el ritmo de crecimiento demográfico; cabe destacar la expulsión de los judíos, que era el elemento más dinámico de la población abulense, y la conversión forzosa de los mudéjares, a lo que se añadiría las adversas circunstancias económicas, protagonizadas por años de malas cosechas que trajeron consigo hambrunas y epidemias.

Sin embargo se trata de la época dorada de Castilla que, tras la conquista del Reino de Granada y el descubrimiento de América, consigue obtener la paz en el interior del territorio y la llegada de cantidades importantes de metales preciosos, a lo que se suma la relevancia que cobran las actividades agropecuarias, sobre todo las relacionadas con la lana merina, en la cual Ávila participa de manera activa. Así, con la entrada del siglo XVI, la ciudad vivirá su gran etapa de esplendor, convirtiéndose en uno de los centros urbanos más acti­vos e influyentes del reino. El auge económico se traducirá en la recomposición del caserío, construyéndose grandes casonas y palacios, bajo la moda renacentista,  sobre antiguas edificaciones medievales; en los acuerdos para empedrar las calles; o en el abastecimiento de agua de la ciudad mediante la construcción de un viaje de aguas desde las Hervencia.

En cuanto a la distribución de la población por la ciudad, pocos son los cambios que se producen. En los arrabales del norte vivían agricultores, albañiles y canteros, molineros, jornaleros y mano de obra asalariada; en los del mediodía residían agricultores, pastores, algunos artesanos y moriscos; la parte baja del recinto amurallado y el arrabal del puente eran las áreas específicamente artesanales (molinos, batanes, tintes, tenerías o lavaderos de lana); y en la ciudad central, en la parte alta del recinto amurallado y en el inmediato arrabal oriental vivían los grupos de mayor prestigio (nobleza, clero y burguesía). La población pasa de 6500 habitantes en 1500 a 14.130 en 1594.

Panorámica de la ciudad. Anton Van Den Wingaerde, 1570
Panorámica de la ciudad. Anton Van Den Wingaerde, 1570 - Ayto. de Ávila