Itinerario III: La Ciudad Medieval del Llano: Ciudad de las Tres Culturas

Alcalá tiene una muy buena comunicación con respecto a Madrid, en autobús, tren o vehículo particular. Con este último, llegando por la A-II y una vez en la Avda. de Madrid, la primera rotonda nos llevaría al yacimiento romano de Complutum, y la tercera nos encaminaría al Casco Histórico. Al lado derecho, antes de entrar al casco, en un cruce de calles, tenemos  un edificio del que podemos ver sus fachadas sur y este en ladrillo macizo bizcochado, la Posada del Diablo o del Infierno, edificio del siglo XVII citado en el capítulo XXVIII del apócrifo "Segundo Tomo del Ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha", de Alonso Fernández de Avellaneda, y que se desarrolla en Alcalá de Henares, y en el que Don Quijote, junto con sus compañeros de viaje se aloja en: "un mesón fuera de la puerta que llaman de Madrid, en la posada del Diablo o del Infierno pasaron la noche D. Quijote y Sancho". Hoy el edificio está completamente rehabilitado y con uso residencial.  De frente y tomando la calle Cardenal Sandoval y Rojas, que discurre entre una de las torres del recinto amurallado y la puerta de Madrid, se llega al parking del Pico del Obispo del Palacio Arzobispal. A partir de aquí se inicia verdaderamente nuestro itinerario medieval y moderno.

Desharemos nuestros pasos unos 100 m para ver la puerta de Madrid, mandada edificar por el Cardenal Lorenzana en 1788, sobre una de las originales medievales del recinto amurallado. En estilo neoclásico, destaca de sus tres vanos, el central con arco de medio punto entre pilastras dóricas y remate superior con entablamento y frontón, y por el que  desfiló en 1956 bajo las órdenes de Stanley Kubrick, el ejército de esclavos de la película Espartaco.

A continuación y para introducirnos de forma rápida en la evolución urbana de Alcalá de Henares en la Edad Media se puede visitar el Centro de Interpretación del Burgo de Santiuste (nombre que recibió Alcalá de Henares en época medieval), frente al acceso del parking, donde a partir de imágenes, infografías, textos y piezas arqueológicas se presentan las claves de la ocupación humana de la ciudad en esos momentos.  Tras aproximadamente 20 minutos saldremos a descubrir el Casco Histórico.

Lo primero que nos encontramos es con los únicos restos del recinto amurallado que se conservan, y que pertenecen al recinto amurallado del Palacio Arzobispal. Alcalá contó en su día con tres murallas, la que cerraba la villa donde convivían los vecinos con diferentes confesiones religiosas, levantada en el siglo XIII, y reformada durante los siglos posteriores, la ampliación del siglo XV que se extendía hacia el este para albergar las nuevas construcciones extramuros, mandada levantar por el arzobispo Carrillo y por último, una interior que cerraba el conjunto del Palacio Arzobispal. Murallas que una vez perdidas sus funciones defensivas y fiscal, fueron arruinándose hasta demolerse a finales del siglo XIX, quedando en pie y a la vista, únicamente la fortificación del Palacio.

Vista aérea del Palacio Arzobispal y su recinto amurallado
Vista aérea del Palacio Arzobispal y su recinto amurallado - SMarq, Ayuntamiento Alcalá de Henares

De las veintidós torres y siete puertas y postigos (de Madrid, de Santa Ana o del Postigo, del Vado, de San Julián, postigo de las Tenerías o de Fernán Falcón, de Guadalajara, también llamada del Mercado, postigo de la Judería, de Morería y de Burgos), con las que contó originalmente, hoy solo se conservan visitables e integrados en la ciudad unos 2 km de los lienzos norte y noroeste; la muralla interior que reedificó Pedro Tenorio y que separaba la fortaleza-residencia de los arzobispos, del caserío al Sur. Se conserva también, la puerta de Burgos, entrada norte al caserío, los cimientos de parte de lienzos y una torre de la ampliación del arzobispo Carrillo (1454) en la plaza de San Lucas. Restos de gran envergadura, restaurados y reconstruidos en parte, y ocultos bajo las construcciones actuales, pero conocidas gracias a la arqueología, parte del lienzo sur y torre, al este de la Puerta del Vado, en la calle de la Pescadería (nos 26 y 28) que demuestran que la alineación de la calle actual no sigue exactamente la muralla, sino que está unos metros detrás de la actual línea de fachadas.

Las murallas se pueden visitar por el exterior o por el interior o incluso hacerlo por los dos lados, ambos itinerarios parten desde el Centro de Interpretación.

Murallas de Alcalá

Torre XIV con su poterna, con las diferentes fases constructivas
Torre XIV con su poterna, con las diferentes fases constructivas - SMarq. Ayuntamiento Alcalá de Henares

Visita desde el interior del recinto del Palacio Arzobispal. Desde el Centro de Interpretación yendo hacia el oeste, se pueden  observar parte de los lienzos y tres torres reedificados en el último tercio del siglo XIV, la primera torre, la nº 15, con el escudo con un león rampante del arzobispo Tenorio, a continuación, la puerta-torre 14, cuya cota original y solado de cantos rodados  se ha recuperado y por la que se accede al albácar, la zona libre de construcciones, huerta, de acuartelamiento de tropas y  refugio de los habitantes de la ciudad en caso de ataque. Desde este espacio se pueden ver todas las torres y pararse a observar las fábricas originales: las torres con cimiento y zócalo de sillares y alzados con cajones de mampostería entre hiladas y machones de ladrillo; y los lienzos de la muralla con zócalos de mampostería, y alzado de casetones de tapial entre hiladas y machones de ladrillo. La puerta de acceso presenta un arco apuntado al exterior y de medio punto al interior, conserva las gorroneras (mecanismo para el encaje de los ejes de giro de la puerta) y la buhonera en la parte alta (agujero para controlar el acceso desde la planta primera). Junto a ésta se localizan estructuras de construcciones de los siglos XIII y XIV.

Entre la excavación arqueológica y la muralla se encuentra el Antiquarium del Palacio Arzobispal, espacio expositivo bajo tres arcos construidos el siglo pasado, donde a partir de paneles y piezas arquitectónicas y decorativas el visitante puede conocer la historia, arquitectura y magnífica decoración plateresca, obra del arquitecto y escultor Alonso de Covarrubias del Palacio  Arzobispal, antes de su destrucción en 1939. A su lado subiendo una escalera, se accede al adarve desde el que se pueden visitar las torres 15 y 16 y tener una panorámica del albácar por un lado y de la ciudad por el otro.

Excavaciones arqueológicas en el exterior del portillo de la torre XIV del recinto amurallado del Palacio Arzobispal
Excavaciones arqueológicas en el exterior del portillo de la torre XIV del recinto amurallado del Palacio Arzobispal - Vicente Pérez
Detalle del Antiquarium del Palacio Arzobispal
Detalle del Antiquarium del Palacio Arzobispal - Carlos Mora

El Palacio Arzobispal

A continuación se pueden visitar los únicos restos que quedan en pie del Palacio Arzobispal, edificio que tiene su origen en un antiguo alcázar medieval y que tras continuas reformas adquiere la configuración de un palacio renacentista urbano, lujoso y fastuoso en el siglo XVI, con los arzobispos Fonseca y Tavera. En él se celebraron concilios, residieron arzobispos y reyes, y se sucedieron acontecimientos tan importantes como el nacimiento de la infanta Catalina, esposa de Enrique VIII y, la entrevista entre Isabel la Católica y Cristóbal Colón, que propició el descubrimiento de un nuevo continente.

Tenía una estructura arquitectónica fundamentalmente renacentista con crujías cerradas longitudinales, patios y logias. Contaba con cuatro patios en torno a los brazos desalineados de grandes y largas crujías en forma de cruz griega y de dos plantas. Con una ornamentación principalmente plateresca en el que el grutesco era la base temática fundamental, con dramáticas formaciones fantásticas: niños, tritones, candeleros, pájaros, bucráneos, panoplias, tenantes, tallados en altorrelieve y que se debían a Alonso de Covarrubias.

Escalera de honor de Covarrubias
Escalera de honor de Covarrubias - Ayuntamiento Alcalá de Henares

Tras el fatídico incendio ocurrido en 1939 solo quedan en pie, parte de la fachada del Ave María (junto al parking) que abría a un espléndido jardín: el jardín del Vicario, los restos de la crujía oeste del patio de Columnas o de Fonseca, donde se localizó el Archivo General de la Administración en 1858, y del que únicamente quedan en pie las fábricas de ladrillo desprovistas de decoración y prácticamente arruinadas. Enterrada a escasos 30 cm de la superficie, se conserva en planta la totalidad del conjunto con las huellas del incendio que lo arruinó, como se comprobó a partir de excavaciones arqueológicas. Se conservan y se pueden ver; los arcos de la crujía norte del patio de la Fuente, y en el extremo noreste, la puerta de Burgos, de acceso directo, con arcos apuntados y dos pisos más terraza. Se construyó con ladrillo y cajones de tapial enlucidos. Al adarve se llega a través de una escalera que parte de la planta baja. Originalmente se construyó en el siglo XIII y cuenta con reformas del XIV-XV y XVI, y dejará de tener uso a partir de la construcción del monasterio de San Bernardo en 1618.

Recinto amurallado. Puerta de Burgos, antes de la restauración de 2010
Recinto amurallado. Puerta de Burgos, antes de la restauración de 2010 - Vicente Pérez
Recinto amurallado. Puerta de Burgos, después de la restauración de 2010
Recinto amurallado. Puerta de Burgos, después de la restauración de 2010 - José Luis González
 

Por último del Palacio se puede ver la fachada de la crujía norte del Patio de Armas, donde se instalaron las oficinas de Contaduría de las Rentas Decimales, según reza en las inscripciones de las ventanas. Se trata de una fachada de gran sencillez, de tres pisos (dos plantas más la logia superior o galería) que responde al modelo arquitectónico renacentista castellano, donde los ornamentos se concentran en los aleros, sobre los vanos (ventanas y puerta) y galería con arcos de medio punto. Destaca el barroco escudo en arenisca del Cardenal Luis Antonio Jaime de Borbón (1735-1754) de la fachada.

El recinto amurallado desde el exterior.

Desde el Centro de Interpretación del Burgo de Santiuste, se ven las torres 15, 14 y la torre 13 de la esquina, se continuaría por donde en su día se localizaría el foso, cuya existencia se ha documentado arqueológicamente, hoy está colmatado y convertido en un paseo ajardinado donde se exponen 58 esculturas de arte contemporáneo en el Museo de Escultura al Aire Libre, y que recorre la calle Andrés Saborit y la Vía Complutense. Durante el recorrido se pueden ver las torres cuadrangulares, excepto una semicircular del siglo XIV y la albarrana, exenta y de forma pentagonal en la esquina noroeste, y los lienzos que las unen, en su mayoría reconstruidos.

Una vez finalizado este recorrido nos volveremos a introducir en el casco histórico por el arco de San Bernardo, abierto en el siglo XVII, tras clausurarse la antigua puerta de Burgos, ya que al edificarse el monasterio de San Bernardo, popularmente llamado las Bernardas, se quedó en el interior de su huerta.

En la búsqueda del recinto amurallado y siguiendo nuestro itinerario nos encontramos con la plaza de las Bernardas donde se localizan el colegio-convento dominico de la Madre de Dios, construido en el siglo XVII sobre una antigua casa de los Mendoza, y que hoy se transformado en el Museo Arqueológico Regional y el monasterio de San Bernardo, uno de los mejores edificios del barroco español, trazado por Juan Gómez de Mora, con la iglesia de planta oval con seis capillas, dos claustros y toda una serie de edificaciones anejas. El conjunto en proceso de restauración, puede visitarse en parte, su interior alberga un Museo de Arte Religioso, un magnífico retablo-baldaquino y una colección de pintura de Angelo Nardi, el claustro Menor y estancias de servicio del monasterio en la llamada casa de la Demandadera. En ésta se documentó arqueológicamente la fachada norte del palacio Arzobispal y dos de sus ventanas platerescas, que hoy lucen magníficas gracias a la restauración de 2011.

Al lado oeste de la plaza se localiza  la fachada este del palacio Arzobispal, que remata en la esquina, con el torreón del Tenorio, del siglo XIV, con escudos de armas del arzobispo, saeteras, almenas y merlones que nos informan de su carácter militar, y a los que se añaden ventanas ajimezadas, tras su transformación de fortaleza medieval a palacio renacentista y un balcón de estilo tudor, construido en las reformas del siglo XIX por Manuel Laredo. En los sillares con que fue construido, la mayoría procedentes de la antigua Complutum, destacan  cerca de medio centenar de marcas de cantero medievales. La última torre de la muralla interior del recinto del Palacio es la torre de la Fuente, posiblemente de la misma fecha que el torreón del Tenorio.

A partir de la plaza de las Bernardas se pueden recorrer las calles del intrincado urbanismo medieval compacto y amurallado que dan como resultado una planta circular con el centro en la iglesia, de la que partían las calles de forma radial hasta las puertas de la muralla donde las manzanas se estrechaban. Resultado de que la villa, a partir del siglo XII, fue ocupada por población de tres confesiones: cristiana, judía y musulmana, se crearon tres barrios, con sus casas, lugares de culto (iglesias, mezquitas y sinagogas), talleres y negocios. La ubicación de estos barrios están marcados en superficie a través de placas donde se señalan sus límites y localización de los principales edificios que en su día existieron, con símbolos identificativos: una cruz, una media luna y un candelabro de siete brazos.

El barrio musulmán (la Almanxara, identificado con la media luna), bajo el monasterio de San Bernardo y la plaza de las Bernardas, donde se localiza la placa identificativa. Del que apenas se conocen datos ya que se encuentra destruido o bajo las nuevas construcciones, aunque tradicionalmente se conocía la mezquita, reconvertida en parroquia cristiana en 1501 y demolida en 1965. El barrio fue remodelado por el cardenal Cisneros, pasando a acoger edificios como el antiguo colegio-convento de la Madre de Dios (en la plaza de las Bernardas), fundado en 1576 y reedificado como hoy lo vemos entre 1675 y 1737. El colegio de San Jerónimo o de Lugo, en la calle Santiago, fundado en 1578 para estudiantes pobres, del que queda la fachada y claustro. La casa de los López de la Flor, el seminario de San José o Pupilaje de Ávila, fundado en 1619, para estudiantes pobres, que conserva un patio con columnas. El colegio-convento de Capuchinos de Santa María Egipciaca, fundado en 1613 y terminado de construir en 1663, donde antes se levantaba una sinagoga, con fachada barroca, hoy dedicado a restaurante. El colegio de San Martín y Santa Emerenciana fundado en 1611, con dos patios. Monasterio de San Juan de la Penitencia, localizado desde 1884 en el antiguo colegio-convento de San Nicolás de Tolentino, construido a partir de 1616 entre el primer y segundo recinto amurallado, con una iglesia de arquitectura barroca, y que guarda copia del testamento de Cisneros, su báculo y pectoral.

El barrio judío, la Aljama, (identificado con el candelabro de los siete brazos). Localizado entre las calles Santiago y Escritorios. La calle más importante es la Mayor que desde la plaza de los Santos Niños, discurre hasta la plaza Cervantes. Se caracteriza por sus soportales y tiendas a la calle, donde se ubicaban artesanos y talleres, y cuya actividad comercial se ha mantenido durante más de setecientos años. Los pilares que sustentan la primera planta en origen de madera, fueron sustituidos por piedra entre los siglos XV y XVI, conservando policromía algunos de sus capiteles. La placa general se encuentra frente al museo Casa Natal de Cervantes. A su lado la entrada al corral de la sinagoga Mayor al que se accede por un pasadizo, y la Menor en la calle Santiago.

Hospital de San Julián, de Antezana o de Nuestra Señora de la Misericordia
Hospital de San Julián, de Antezana o de Nuestra Señora de la Misericordia -

En la calle Mayor se encuentran dos emblemáticos edificios: el Hospital de San Julián, de Antezana o de Nuestra Señora de la Misericordia que se fundó en 1483 sobre una casa rustica-palaciega de los Antezana para pobres, transeúntes, enfermos y peregrinos. Es un edificio ejemplo de la arquitectura mudéjar con un alero con dobles canecillos inclinados y muy volados en una fachada neogótica severa, tras ella dos patios y planta baja más primera con una galería con pies derechos y balaustrada de madera. En éste San Ignacio de Loyola estuvo como enfermero y cocinero entre 1526 y 1527, y según dice la tradición, trabajó como cirujano sangrador Rodrigo Cervantes, el padre de Miguel de Cervantes. Actualmente sigue funcionando como residencia para la tercera edad.

Junto al hospital se encuentra la así llamada Casa Natal de Miguel de Cervantes, cuya entrada original estaba en la calle de la Imagen. Aunque muy reformada, conserva la estructura original con patio empedrado, pozo y dos alturas.

En la calle de la Imagen se levanta el convento de Carmelitas Descalzas de la Purísima Concepción, también llamado “de la Imagen” fundado en 1562. Destacan, el claustro, la portada de la iglesia de estilo renacentista, con decoración plateresca a base de grutescos de tipo florentino con representaciones fantásticas y la escalera de honor con un artesonado mudéjar de madera. Ambas atribuidas a Alonso de Covarrubias.

El barrio cristiano (identificado con una cruz), donde en los siglos VI y VII se trasladó la población de Complutum para estar más cerca de los restos de los santos patronos Justo y Pastor, martirizados y sepultados en el 305 en el Campo Laudable, donde se construyó un edificio para conmemorar su memoria, un martyrium, que dio origen a la primera iglesia de San Juste construida hacia 1122.

Los dos edificios principales, de este barrio serán la iglesia de los Santos Justo y Pastor y el Palacio Arzobispal (del que ya hemos hablado), centros de poder político, religioso y social de la ciudad, a los que se suman la sede del Concejo, la sede de los Estudios Generales, la Cárcel, el Hospital de Santa María la Rica, necrópolis, y el barrio de la mancebía, todo ello identificado en el gran caserío cristiano que se levantaba al sur y oeste.

La plaza de los Santos Niños, que hoy vemos completamente diáfana, hasta finales del siglo XIX estuvo ocupada por una manzana de casas abigarradas, dos plazas (San Justo y la Picota) y dos calles (los Bodegones y del Cristo de la Cadena).

La Catedral-Magistral de los Santos Justo y Pastor.

Interior de la Catedral-Magistral de los Santos Justo y Pastor.
Interior de la Catedral-Magistral de los Santos Justo y Pastor - Vicente Pérez

Símbolo del poder espiritual, (Siglos XV-XVII), es visitable el edificio y alberga en su interior un museo que explica la evolución del edificio. Conserva restos tardorromanos y medievales bajo rasante, no visibles, y algunos perdidos enmascarados por las últimas construcciones. Tiene su entrada principal por la calle de la Tercia.

Ha ido subiendo su rango desde una simple parroquia a colegiata, en 1477, magistral en 1519 y catedral en 1991, a partir de la creación de la nueva Diócesis de Alcalá. El edificio del templo tal cual hoy lo podemos ver, fue levantado de nueva planta en estilo gótico tardío por expreso deseo del cardenal Cisneros entre 1497 y 1514, por los hermanos Antón y Enrique Egas y Pedro Gumiel. Al templo se fueron sumando nuevas construcciones hacia el sur (torre, claustro, Sala Capitular y parroquia de San Pedro) de estilo contrarreformista y que se concluyeron en el primer cuarto del siglo XVII, y que adquirieron su configuración final con las reformas y restauraciones de los siglos siguientes, siendo las más significativas las que realizó Cabello Lapiedra entre 1906 y 1931y las de 1947 a 1974,  tras la destrucción y saqueo que sufrió en 1936.

La constatación de un primer edificio de los siglos IV-V d.C., un martyrium tardoantiguo, edificio de planta y dimensiones desconocidas, cuya finalidad era conmemorar y rememorar los aniversarios de los santos mártires además de celebrar la Eucaristía, la tenemos en las fuentes literarias (a partir sobre todo de Paulino de Nola, Asturio y el Pasionario de Toledo) y también en los restos constructivos localizados bajo el suelo de una cripta construida entre 1514 y 1606 bajo la actual Capilla del Cristo de la Agonía, conocida en el siglo XIX como de la Virgen del Val y en el XVII como de San Ignacio, y en la necrópolis tardorromana localizada bajo la Lonja, las calles Victoria y Tercia y la iglesia de Santa Lucía y que se situaría en torno a ese posible martyrium, con sepulturas en fosas simples, o con paredes y cubiertas de piedra caliza o de arenisca, con los individuos orientados de este a oeste en decúbito supino y los brazos pegados a los lados del cuerpo.

Sobre este primer edificio entre los siglos XII y XIII, los arzobispos de la mitra toledana erigirán una parroquia, la conocida como capilla de los Arzobispos, de planta y dimensiones también desconocidas, levantada por el arzobispo D. Rodrigo Jiménez de Rada (1209-1247) y ampliada por Gonzalo Pétrez en 1290 y Carrillo Acuña (1447-1482), que consiguió elevarla al rango de Colegiata,  y González de Mendoza (1483-1495) entre 1477 y 1494. De este edificio contamos con restos de un muro, localizado también en la capilla del Cristo de la Agonía, así como la necrópolis que se localizaba al sur y al oeste del edificio principal y de la que se han encontrado, en la Lonja cerca de dos metros por debajo de la cota actual, sepulturas antropomorfas de piedra o ladrillo con individuos con orientación oeste-este  y los brazos cruzados sobre el pecho o vientre.

El conjunto lo forman el templo, la parroquia de San Pedro, el claustro, y la Sala Capitular donde actualmente se ubica el Museo Catedralicio.

Al templo le precede una lonja tras una verja metálica, bajo la que se ha localizado un espacio de necrópolis con sepulturas desde el siglo VI-VII hasta el siglo XVII. Se accede a él desde la portada principal de estilo gótico tardío, situada a los pies (calle Tercia), con un arco carpanel decorado por el cordón franciscano y candellieri renacentista, al que se superpone otro arco trebolado, trasdosado con frondas y rematado con un florón. Entre ambos aparecen tres escudos con capelo cardenalicio, el central con la imposición de la casulla a San Ildefonso, y dos ajedrezados de Cisneros a los lados. En el muro donde se abre esta portada se encuentran formando parte de su fábrica sillares y varias inscripciones romanas reutilizadas, procedentes de la antigua Complutum romana. 

Tras la portada, al interior, se abre una planta salón de tres naves delimitadas por pilares con baquetones, que en la nave central suben hasta el arranque de la bóveda de terceletes. El crucero, que no está marcado en planta aunque sí en altura, se remata con bóveda de terceletes.

La nave central, originalmente estaba ocupada por el trascoro, el coro con dos órganos, uno gótico y otro barroco, hoy destruidos, y la capilla mayor. Únicamente hoy se puede ver la capilla mayor con su característica forma poligonal, cerrada con tres magníficas rejas, la frontal con una elaborada crestería dorada con decoración vegetal, obra del maestro maior de las obras del fierro en España  Juan Francés, según figura en la base de la crestería. En esta capilla se pueden ver el altar utilizado para la canonización de San Diego de Alcalá en 1588, y los restos originales en madera de la sillería del coro, con decoraciones figuradas.

En lo que fue el trascoro, hoy desaparecido, se localizan los restos del arzobispo Alonso Carrillo de Acuña bajo una lápida con su escudo de armas, que recuerda la original localización del sepulcro destruida en la Guerra Civil, y que hoy, tras una exhaustiva restauración se puede ver en el museo de la Catedral.

En el crucero, una lápida de piedra recuerda el lugar donde se conservan los restos del cardenal Cisneros.

Rodeando la capilla mayor se encuentra la girola, en la que se pueden ver algunas lápidas en piedra desplazadas, perteneciente a antiguos enterramientos de personajes representativos de la sociedad alcalaína de los siglos XV a XVIII;  el sepulcro en alabastro del canónigo Gregorio Fernández y el altar barroco de San Juan Evangelista. Desde la girola  se accede a la cripta por dos puertas manieristas con relieves alusivos a los últimos momentos de los Santos Niños, presentación ante Daciano y el martirio. En la cripta se conserva la piedra martirial y las reliquias de los santos en una urna de plata del siglo XVIII, que volvieron a Alcalá en 1568.

En el lado meridional se localiza a los pies, junto a la portada,  la torre cuadrangular en piedra, iniciada en 1527 por Rodrigo Gil de Hontañón al que se debe también la traza de la escalera de caracol, y continuada, a partir de 1582 por Nicolás de Vergara, terminándose hacia 1618, hoy, tras el terremoto de 1689, se ve levemente inclinada. De las campanas originales del siglo XVII, fundidas y destruidas durante la guerra civil, quedan bajo el suelo de la Sala Capitular, dos de las hormas o núcleos de ladrillo y arcilla que prueban que fueron fabricadas artesanalmente en este espacio. Las que se pueden ver en la actualidad son de 1997.

A continuación de la torre, en el lado sur del templo, se encuentra el acceso a la parroquia de San Pedro y antes de llegar a la girola, cuatro capillas. La capilla de la Virgen del Val, con portada plateresca y reja. Siguiendo hacia la girola la de San Diego de Alcalá, cerrada por otra reja del siglo XVI y que custodia dentro de una gran urna de plata sobredorada los restos del franciscano. A continuación la capilla de Santa María la Rica con una espléndida reja de 1752, y por último, la del Cristo de la Agonía con cubierta de estuco de par y nudillo en estilo mudéjar, y desde la que se accede al claustro.

El claustro se construyó entre 1606 y 1614, en estilo herreriano, con pilares y arcos de medio punto de granito. Desde época medieval hasta mitad del siglo XVII fue utilizado como lugar de enterramiento como se ha constatado en la necrópolis con tumbas antropomorfas bajo la crujía norte del claustro y en los numerosos enterramientos posteriores que se distribuyeron por todo  el claustro y la sala capitular. Enterramientos individuales en simples fosas, sin señalización exterior, y  enterramientos colectivos de varios individuos depositados en el mismo momento, con capas de cal sobre un fino sedimento de tierra, resultado de las mortandades provocadas por las epidemias de los siglos XV y XVI. En la actualidad alberga la exposición permanente de la Catedral Magistral.

La parroquia de San Pedro (1622-1625), localizada al oeste del claustro y a la que se accede desde el lado sur una vez superada la entrada a la torre, a partir de una portada de influencia herreriana. Su interior es una sola nave con bóveda de cañón y con media naranja en el crucero, en estilo barroco, y reconstruida tras la destrucción de la Guerra Civil. A un lado la capilla bautismal donde se encuentra el panteón del fundador.

La Sala Capitular, construida en la primera mitad del siglo XVII se localiza al sur del claustro y hoy alberga el museo de la Catedral Magistral. Antes de su construcción fue utilizada como lugar de enterramiento y a principios del siglo XVII como espacio artesanal, donde se manufacturaron las campanas originales. La decoración realizada por el pintor Juan Antonio Frías y Escalante,  entre 1653 y 1660 y que representaba el martirio de los Santos Niños, hoy está perdida.

El exterior originalmente en piedra, presenta en la parte de la girola una decoración esgrafiada segoviana realizada en 1931, momento en el que también se eliminaron las capillas de la girola.

Al exterior del conjunto monumental en la zona suroeste, entre este y la calle de la Tercia, pero dentro del recinto, tras una intervención arqueológica se localizaron espacios de uso secular de época bajomedieval y moderna, ligados a usos residenciales o incluso, como el nombre de la calle sugiere, tal vez se dedicasen a recaudar y almacenar los diezmos en especie que los habitantes de la villa debían entregar a sus señores, los arzobispos.  

Frente a la Magistral se encuentra la ermita de Santa Lucía, que fue la antigua sede del Concejo, donde se encontraba el arca con todos los documentos concernientes  a la ciudad y donde se reunían sus representantes desde una fecha no precisada del siglo XIV hasta el año 1515. No se conoce con seguridad el edificio original que se levantaría en el siglo XII, aunque sí que entre los siglos VI y VII era un cementerio hispanovisigodo documentado por excavaciones arqueológicas. El edificio actual de estilo barroco, se construyó en el siglo XVII con una sola nave y una cabecera rematada con una gran cúpula con linterna, levantada sobre pechinas con los cuatro evangelistas. Destaca la portada con arco de medio punto de piedra y hornacina de ladrillo con la imagen de la titular de la ermita.

En el barrio cristiano, entre la travesía de los Seises y el extremo de la calle Victoria,  la tradición sitúa la sede de los Estudios Generales, otorgados a la villa por Sancho IV en 1293 y que fueron el antecedente de la Universidad.

Si volvemos de nuevo hacia la Magistral por la calle de la Victoria, se encuentra en la plaza del mismo nombre la casa rústico-palaciega de don Diego de Torres de la Caballería, actual sede de la Cámara de Comercio, decorada en la portada de la fachada con el escudo de la familia de don Diego que en 1687 consiguió el título de ciudad para la villa de Alcalá de Henares.

A continuación, en el nº 10 de la calle Victoria, nos encontraremos con la casa de los Lizana o Antiguo Colegios de las Santas Justa y Rufina.

Casa de los Lizana o Antiguo Colegios de las Santas Justa y Rufina
Casa de los Lizana o Antiguo Colegios de las Santas Justa y Rufina - Vicente Pérez

En origen en el siglo XVI fue una casa-palacio de doña Juana de Mendoza que lo vendió en 1598 a las dominicas de Santa Catalina, después se convirtió en colegio Menor donde residían doce estudiantes de Teología y Cánones, ya en el siglo XVIII fue ocupada por la familia de los Lizana. En el XIX tras el arruinamiento al que las tropas napoleónicas contribuyeron, se convertirá en casa de vecinos. Tras ser adquirida por el Ayuntamiento fue sometida a una restauración para convertirse finalmente en dependencias municipales. De ella se puede ver la magnífica portada plateresca con una ventana flanqueada por dos felinos rampantes sujetos por cadenas, sobre la puerta adintelada. 

Por último en el barrio cristiano y una vez que atravesamos la plaza de los Santos Niños, yendo hacia la derecha se puede ver el antiguo hospital de Santa María la Rica, la institución benéfica más antigua de Alcalá fundada a finales del siglo XIII o principios del XIV, en un conjunto de casas, para caminantes y peregrinos que estaban de paso,  y que perduró hasta finales del siglo XIX. En la actualidad tras las reformas practicadas en el conjunto, sólo queda la fachada, algunas columnas del patio y un artesonado de madera del siglo XV. En la actualidad es una sala de exposiciones temporales