Itinerario II: La ciudad peregrina. Ruta medieval árabe

Vista panorámica de la ocupación humana en el paisaje.

Para entender la ocupación humana de Alcalá de Henares, hay que empezar subiendo al yacimiento de Alcalá la Vieja, localizado en el Parque Natural de los Cerros, al que se llega tomando la carretera M-300 y frente al Cementerio Jardín, una vez hecha la rotonda, en dirección a Alcalá, se llega al aparcamiento de entrada al Parque, desde aquí y con ropa cómoda y abundante agua se inicia la aventura. La ruta se inicia en el camino de las Repoblaciones, a continuación a la izquierda se toma el camino de la Alvega, caminos que discurren entre pinares, tarayales, vegetación de ribera y, por último, bordeando el cerro del Malvecino se alcanza el sendero ascendente hasta el yacimiento, en total son aproximadamente 8 km (4 de ida y 4 de vuelta, unas 3:50- 4:00 horas más el tiempo que se permanezca en la plataforma del yacimiento).

Desde la plataforma elevada de Alcalá la Vieja, una vez que se ha llegado a ella por la ladera a la izquierda de la puerta, nos dirigiremos  hacia el Norte, al borde del cortado, y al llegar a su extremo contamos con una panorámica  en la que se aprecia el contraste entre la fértil y llana campiña, extensamente antropizada  y los abruptos cerros elevados y profundamente erosionados. Estos ofrecen una  imagen de barrancos y cárcavas por los que hemos atravesado y, además, son refugio hoy de una singular flora esteparia y norteafricana y de más  de 150 especies de aves. Espacios, vega y cerros, donde, según las circunstancias históricas, las poblaciones prehistóricas, antiguas, medievales, modernas y sobre todo contemporáneas, se han  ido asentando y cambiando de  ubicación a lo largo de cinco kilómetros, proceso que ha dejado su impronta en el paisaje.

La campiña, al norte de la longitudinal y serpenteante mancha verde entre la que discurre el río Henares, que se extiende a nuestros pies, ha sido el lugar preferido para asentarse las primeras  poblaciones de la prehistoria reciente. La Esgaravita y la Dehesa, yacimientos que hoy no podemos ver, ya que parte están destruidos o bajo  las construcciones del gran centro comercial y polígono industrial que aparecen en el extremo oriental del conjunto  de la ciudad , y lo mismo sucede con los yacimientos de  Matillas o Fuente del Juncal , al otro extremo,  bajo las construcciones de la entrada a la ciudad por el oeste,  son ejemplos de la preferencia de estos pobladores de inicios de la edad del Bronce, por los sitios llanos, fértiles y cercanos al agua. Lo único que se puede ver de estos yacimientos, en el Centro de Interpretación del Burgo de Santiuste, son algunos artefactos de su vida material, cerámicas a mano y útiles de piedra y hueso.

Desde el mismo emplazamiento, hacia el este, se observa el cerro del Ecce Homo o Pico de la Vera Cruz, que según la tradición, un 3 de mayo de 1118, apareció en él una cruz resplandeciente que animó a los cristianos a emprender el asalto definitivo de la fortaleza árabe. En este cerro se localizaron restos del Bronce Final y del Hierro I, materializado en artefactos y estructuras asociadas a una cabaña rectangular. Hoy no se aprecia en superficie indicio alguno de esta ocupación humana aunque materiales de estos periodos culturales se pueden ver en el Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares.

La panorámica que el valle presenta a nuestro pies, es una gran mancha longitudinal de edificios contemporáneos de muy diversa factura, sólo dirigiendo y centrando la mirada hacia el centro-oeste, se aprecia un conjunto más homogéneo, de forma casi circular que nos recuerda por un lado, al intrincado urbanismo medieval, y por el este, un espacio rectangular que recuerda esta vez, al nuevo urbanismo racional renacentista, adaptados ambos a los límites del trazado de las murallas hoy desaparecidas. En este conjunto destacan y sobresalen las torres y cúpulas de edificios de piedra y ladrillo, un gran espacio no construido, al albacar del palacio arzobispal, la gran manzana universitaria y el gran centro histórico medieval y moderno donde destacan por un lado la iglesia-catedral Magistral y por el otro el Palacio Arzobispal.

A partir de aquí se retoma la visita al yacimiento de Alcalá la Vieja, sobre el que estamos pisando, y del que únicamente quedan en pie y a la vista los restos romanos y medievales tanto árabes como cristianos.

El parque de los Cerros y el yacimiento de Alcalá la Vieja:

Estos cerros que Alcalá tiene a su oriente y mediodía están peladísimos de árboles; de suerte que ninguno se ve en ellos, con ser tierra buena y muy propia para ello, si se tomase empeño. Hablando y de esto me dijeron que el cardenal Cisneros los hizo plantar en su tiempo de bellota y de otras simientes, como estaba escrito no sé donde, pero lo cierto es que hoy no hay árbol ninguno.

Esta era la imagen, agreste y árida, que a finales del siglo XVIII viajeros como Antonio Ponz tenían del actual Parque, prácticamente similar a la que hoy podemos ver a pesar de los intentos por recuperar su vegetación.

Ataifor hispanomusulmán procedente de Alcalá la Vieja
Ataifor hispanomusulmán procedente de Alcalá la Vieja - SMarq, Ayuntamiento Alcalá de Henares

El principal emplazamiento humano es el que se localiza en la cima llamada del cerro del Castillo, entre el Ecce Homo y el Malvecino, donde los restos constructivos más significativos que hoy podemos ver pertenecen a las reformas cristianas de  la fortaleza Qal´at ab al Salam , de origen andalusí,  y de los que contamos con una vívida imagen gracias a Anton Van Wingaerde, que en 1565 realizó un dibujo de Alcalá de Henares desde su parte occidental en la que se aprecia la sólida construcción del cerro.

La arqueología ha permitido constatar una ocupación desde la prehistoria reciente hasta su definitivo abandono en el siglo XVI. Así mismo, los trabajos de consolidación y restauración  en algunos elementos de su sistema defensivo: la torre albarrana, la puerta de acceso principal, parte de los lienzos y algunas de sus torres, han frenado su galopante deterioro y nos permiten conocer parte de la construcción y de la  historia medieval de Alcalá. 

El yacimiento lo forman la plataforma con la puerta de entrada, parte del sistema defensivo con las torres y una gran cisterna donde se supone que se encontraría la alcazaba andalusí. En la ladera oeste, al exterior de la muralla, el cementerio o maqbara,  Por último los dos cerros del sur donde se ubicarían los arrabales y donde viviría la mayoría de la población.

De la fortificación quedan, aunque muy arruinados (ya que dos torres fueron voladas en 1838 para aprovechar los materiales constructivos) parte de los lienzos, algunas torres y la puerta principal de acceso, que las excavaciones arqueológicas y restauraciones de estos últimos años  han permitido valorar como un interesante momento histórico de Alcalá de Henares. Las estructuras defensivas rodearían, en origen, todo el perímetro de la plataforma, y de hecho se conservan, bastante perdidas por la erosión excepto en el flanco oriental. La arqueología ha documentado una potente estructura muraría que corrobora su existencia y de la que quedan en pie 2,10m de altura. Donde se observan con más amplitud es en el área entorno a la puerta de acceso principal, excavada, restaurada y con señalética apropiada desde 2015.

Se desconoce el número de torres con que contaba, según los autores varía entre las cinco y las nueve, número éste último más probable, al que habría que sumar la albarrana. Hoy podemos ver  las dos rectangulares, que flanqueaban la puerta; una más, al norte, de planta cuadrangular y la albarrana, fechada a finales del siglo XIV, separada unos metros, también de planta rectangular (7,30 x 5,90m). Los alzados de esta torre son de mampostería de caliza y arenisca, separados por lajas de arenisca horizontales y sillares en las esquinas. A 10 metros por encima de una primera imposta de dos hiladas de ladrillo aparecen varias saeteras ciegas entre una fábrica de cajones de mampostería entre verdugadas de ladrillo y machones de ladrillo en las esquinas y que está rematada por una segunda imposta. En la cara que se ofrece hacia la muralla se pueden ver las huellas del arranque del arco que comunicaría con el adarve. La última torre visible, de planta cuadrangular y de la que únicamente queda el relleno de tapial y algún sillar de piedra en la base, se localiza en la parte meridional de la plataforma.

El lienzo de la muralla mejor conservado, situado al sur de la puerta, nos informa de las características constructivas originales de este paramento defensivo. Esta tendría 2,20 m de ancho y una altura desconocida de la que se conservan actualmente unos 2,10 m. Se  construyó con dos paramentos exteriores y un relleno en su interior. Los lienzos exteriores, levantados con grandes sillares principalmente de caliza, tienen reutilizadas algunas piezas de edificaciones romanas anteriores posiblemente localizadas en el mismo emplazamiento. El interior se rellenó con un aparejo de piedras, cantos y fragmentos de teja y ladrillo trabados con tierra.

El acceso al recinto se localiza en el lado occidental, cerca de la torre albarrana. Es una puerta de acceso directo, flanqueada por dos torres rectangulares y con dos arcos de herradura consecutivos, de los que se conservan las jambas de granito, las impostas de caliza en forma de nacela y los salmeres de sección curva también de granito. 

Alcalá la Vieja. Detalle de la puerta de acceso a la alcazaba
Alcalá la Vieja. Detalle de la puerta de acceso a la alcazaba - Vicente Pérez

La mayoría de los restos que hoy se pueden ver pertenecen a la fase cristiana. La torre albarrana y la iglesia se datan a finales del siglo XIV dentro del programa de actuaciones realizadas por el arzobispo Tenorio, mientras que la puerta, un tramo de lienzo adyacente y parte de una torre, se fechan  a mediados del siglo IX.  

Del interior del conjunto son escasos los datos conocidos. Se conserva una gran cisterna subterránea, de cubierta abovedada, destinada al almacenaje de agua. Además, y gracias a intervenciones arqueológicas, se han podido documentar varios basureros de cronología andalusí que hoy no están visibles. Por último, cabe mencionar un gran edificio interpretado como una iglesia, que cuenta con enterramientos en el interior y exterior, algunos de ellos antropomorfos con los individuos en posición decúbito supino y una estela discoidal decorada. El edificio es el que aparece de forma más rotunda en el grabado de Anton Van Den Wyngaerde.

De las hipotéticas alcazaba o mezquita que ciertos autores informaban, no se han localizado restos que las atestigüen.

De la maqbara o cementerio, son escasos los datos. Posiblemente se localizaría en las laderas de la zona occidental, ya que se rescató, en el sendero que lleva hasta la puerta, una estrecha sepultura excavada en la tierra y con restos los óseos colocados sobre el costado, directamente sobre la tierra, sin ataúd.

Los arrabales, donde viviría la mayoría de la población, se ubicaron en los cerros cercanos al oeste y sur de la plataforma, identificados por las profundas cárcavas. De ellos solo conocemos su existencia gracias a los abundantes materiales constructivos, tejas, piedras y fragmentos de ladrillo, distribuidos por las laderas. En la base de uno estos cerros se recuperó un magnífico ataifor de cuerda seca con la representación de un ave, datado en el siglo XII y custodiado actualmente en el Museo Arqueológico Nacional.

Alcalá la Vieja. Vista general del acceso a la alcazaba, con la puerta y la torre albarrana
Alcalá la Vieja. Vista general del acceso a la alcazaba, con la puerta y la torre albarrana - TAR Cooperativa

Interesantes también son los grandes sillares de piedra caliza que se encuentran en el conjunto de la puerta parcialmente ocultos por las edificaciones medievales. A lo largo de la historia en esta zona se han venido recuperando varias inscripciones dedicadas a Marte, la última en las excavaciones de 2013 y 2014 (situada actualmente en el Museo Arqueológico Regional). Todo ello ha llevado a pensar que podríamos estar ante los restos de un templo suburbano dedicado a este dios, que frecuentemente se sincretizaba con divinidades indígenas.