Itinerario I: En torno al Complutum romano

El cerro de San Juan del Viso

Una primera parte del itinerario es para los más aventureros: este recorrido comienza en el cerro de San Juan del Viso. No está en Alcalá, sino en el vecino término municipal de Villalbilla. Tampoco se accede con facilidad, pues hay que llegar en coche por la M-300, subiendo desde Alcalá, a su paso ante la urbanización Peñas Albas, y por la calle Mallorca y el camino de San Juan del Viso acceder a la plataforma del cerro (al final, a pie). Allí no quedan restos a la vista, ni hay señalización, pero las investigaciones (antiguas excavaciones, análisis de fotografía aérea) han probado la existencia de la parte más antigua de Complutum, muy probablemente del final de la época republicana. Y sobre todo es posible gozar de una espléndida vista del valle, con la actual Alcalá a los pies, y entender el desarrollo del territorio a partir de la situación de este viejo emplazamiento del cerro, origen del que está en la vega.

Alcalá la Vieja

Descendiendo por la M-300 en sentido Alcalá de Henares, y poco antes de llegar al puente sobre el río Henares, está, a la derecha de la carretera, el acceso al parque de los Cerros: un parque natural que, a través de una serie de caminos que a partir de cierto punto son sólo peatonales, permite llegar a Alcalá la Vieja (también para aventureros: desde el punto en que se deja el coche, hay un bonito paseo de aproximadamente 45 minutos): un conjunto de cerretes dominando el río, donde se asentó la ciudad en época medieval islámica. Quedan a la vista una serie de elementos arquitectónicos, principalmente medievales: la magnífica puerta principal de la alcazaba, flanqueada por una torre albarrana, un gran aljibe y restos de algunas torres. Estos elementos se encuentran oportunamente protegidos y con una cartelería explicativa. Y entre ellos hay también restos romanos muy importantes, aunque parcialmente ocultos por las edificaciones medievales: así, la puerta principal se construye sobre una obra constructiva romana de sillares. A lo largo de la historia en esta zona se han venido recuperando varias inscripciones dedicadas a Marte, la última (actualmente en el Museo Arqueológico Regional) en las excavaciones de 2013 y 2014; y parece que podríamos estar ante los restos de un templo suburbano dedicado a este dios, que frecuentemente se sincretizaba con divinidades indígenas.

El puente-presa romano de Zulema

Si continuamos hacia Alcalá por la M-300 cruzaremos el río Henares por el moderno puente Zulema. Pero unos 100 m río abajo se encuentran los restos de uno de los elementos arqueológicos más interesantes de la región: el puente-presa romano de Zulema, del que quedan los arranques de once pilas que definían un puente del que se conservan otros tantos arcos. Actualmente, sobre el puente romano se levanta una estructura moderna peatonal de madera que hace poca justicia al original. Pero la base sigue siendo impresionante, con su núcleo de opus caementicium forrado de sillares, y la presa sobre la que se asienta. El puente fue restaurado a finales del siglo XIV por el arzobispo Pedro de Tenorio, según se nos indica en sus memorias; pero esta restauración debió afectar a la superestructura, que no se conserva, pues los cimientos son enteramente romanos. Después ha sido un elemento importante de la topografía de Alcalá, y así aparece en el Quijote, como referencia a la tumba del moro Muzaraque “que aún hasta ahora yace encantado en la gran cuesta Zulema” (cap. XXIX). En 1813 es escenario de una escaramuza entre las tropas francesas y las españolas de Juan Martín El Empecinado. Finalmente en 1947 sufre los resultados de la voladura de un polvorín situado en los cerros aledaños, lo que sirvió poco después como excusa para su demolición.

Es posible acceder al puente romano de varias formas, quizá la más sencilla es siguiendo por la M-300 hacia Alcalá, una vez sobrepasado el puente moderno, llegando a la primera rotonda con que nos topamos, forzando aquí el cambio de sentido y saliendo entonces, otra vez sentido Villalbilla, por un pequeño camino que se desvía hacia el río desde la misma rotonda.

La casa de Hippolytus

A partir de aquí, empieza la segunda parte de nuestro itinerario: abandonamos las zonas suburbanas de Complutum y vamos a llegar al mismo núcleo urbano. Por la misma M-300 llegamos a la rotonda de Arganda y a la Avenida de Madrid. En esta misma calle, inmediatamente antes del acceso al polideportivo El Juncal, encontramos la casa de Hippolytus. A los restos arqueológicos se accede con facilidad. Desde la avenida de Madrid se llega a un pequeño aparcamiento (si está lleno es posible también aparcar en el vecino aparcamiento del Polideportivo El Juncal). Los restos están protegidos por una cubierta que recibió el premio de Calidad a la Estética en Arquitectura de la Comunidad de Madrid en 2001. Una pasarela circula por encima del edificio romano, permitiendo una visita comprensible. La cartelería (en español y en inglés) ayuda también al entendimiento del sitio, gracias a los modelos en 3D que juegan constantemente con la comparación entre lo que hay hoy día y lo que hubo. Un recurso muy interesante es también la cartelería paralela, diseñada expresamente para el público infantil: a través de un niño, Gayo Anio, y con otros personajes extraídos de la epigrafía del sitio, se compone una pequeña historia dramatizada que permite a los más jóvenes acercarse de un modo asequible a la función de las diferentes estancias del edificio romano.

Es un edificio que se encontraba en el suburbio más inmediato de Complutum. Este espectacular yacimiento no era realmente una casa como tal, sino una fundación benéfica de una familia complutense, los Anios. Probablemente servía como sede para una agrupación o colegio patrocinado por estos poderosos complutenses. En el siglo XIX se produjo el descubrimiento del mausoleo funerario de esta familia, todavía con una cámara subterránea intacta. Pero lo que hoy día está a la vista es fruto de las excavaciones desarrolladas a lo largo de los años 90: un edificio que comprendía un pequeño conjunto lúdico, con unas termas, jardines e infraestructuras para la reunión.

El edificio que puede visitarse tiene una fase prerromana, posiblemente del siglo II a.C. Pero los restos que están a la vista se corresponden con una primera e importante construcción, de la segunda mitad del siglo I d.C.; y sobre todo con una gran reforma de finales del III d.C. Esta obra es la que principalmente contempla el espectador hoy en día, e incluye los mosaicos y los jardines que caracterizan este singular edificio. Después, hacia 400 d.C. hay un cambio de uso en el lugar, que sin embargo altera muy poco la fisonomía de las construcciones de finales del siglo III. En esta nueva fase se van a desarrollar las funciones propias de una pequeña iglesia cristiana con su correspondiente necrópolis

El edificio que visitamos se recorre periféricamente, y tiene dos partes claramente diferenciables: una zona construida que se corresponde con unas pequeñas termas; y otra al exterior, ocupada por un jardín y un conjunto de exedras semicirculares, que funcionan como bancos corridos para celebrar reuniones.

Casa de Hippolytus, vista general con el mosaico de pesca
Casa de Hippolytus, vista general con el mosaico de pesca - Ayuntamiento Alcalá de Henares

La parte central del edificio termal la ocupa un gran patio cubierto que hace las veces de frigidarium (sala de ambiente y baños fríos). Decorado con pavimento de mosaico, con  dos piscinas, en el lado oriental era posible contemplar en toda su magnitud un mosaico con un campo geométrico compuesto por círculos y hexágonos y que cuenta con un formidable emblema del género de pesca, de tradición norteafricana: unos niños lanzan sus redes desde una barca, rodeados de un mar de fauna exuberante, donde existe la intención de mostrar un catálogo de fauna mediterránea, donde además se exhibía una cartela con la firma del maestro mosaicista, Hippolytus, y de los propietarios del edificio, la familia de los Anios. El mosaico estaba situado de forma tal que se contemplaba desde la piscina cuadrada de agua fría, cuyo programa decorativo se complementaba con el propio mosaico de pesca. El edificio termal también albergaba dos salas de aire caliente, un pozo de aguas mineralizadas, y unas letrinas con pavimento de mosaico.

Ya en el exterior, delante de la fachada oriental del edificio, se desarrollaba un gran espacio ajardinado, que se prolongaba hacia el Sur hasta encontrarse con el mausoleo de los Anios. La arquitectura vinculada al jardín consistía, en la terraza sur,  en un paseo de tierra batida flanqueada por dos filas de exedras semicirculares,  cuatro a cada lado (hoy sólo se muestra una fila al público). Estas exedras eran bancos corridos para sentarse, construidos de tapial y revestidos de pintura y de placas de mármol, y previstos para albergar en actos comunitarios a unas ochenta personas. El análisis de restos faunísticos documentó varias mascotas: palomas y sobre todo pelícanos, animales traídos desde Mauritania o desde el Mediterráneo Oriental. Había también jazmines y palmitos, elementos claramente importados de regiones meridionales. El jardín oriental constituye, en cualquier caso, una de las muestras de refinamiento cultural más expresivas y mejor documentadas de la España romana.

La habitación situada junto al ángulo nordeste del edificio se abría completamente al jardín. En esta estancia las excavaciones arqueológicas descubrieron los restos de una columna y la parte inferior de un conjunto escultórico de una Diana Cazadora (cuyo original se conserva hoy en día en el Museo Arqueológico Regional).

Complutum: la regio II y el foro

Abandonando la casa de los Grifos hemos de buscar, tras una serie de bloques de viviendas de los años 70, el gran espacio abierto en que se ubican los restos de la ciudad de Complutum. Para ello seguimos hacia Alcalá por la avenida de Madrid, y giramos a la derecha por una de sus perpendiculares, la calle Nuestra Señora de Belén. Después otra vez a la derecha por la calle Camino del Juncal y ya veremos la explanada abierta y presidida por la cúpula de la cubierta de la casa de los Grifos. El acceso al yacimiento está en la misma calle.

La estructura urbana

Estamos ya en el núcleo de la ciudad romana (de hecho el camino del Juncal es un camino histórico que se corresponde con el decumano máximo). Lo primero que percibimos aquí es la trama urbana: no sólo a través de los edificios ya excavados y abiertos al público, también por medio del tratamiento del terreno. Los caminos de circulación para el visitante se superponen a las calles romanas originales, marcando una trama regular hipodámica, de calles que se cortan en ángulo recto marcando manzanas de 30 x 30 m, a las que se añaden pórticos en casi todas las calles. Así, en varios puntos del recorrido es posible apreciar esta característica infraestructura urbana, con calles de grava de 6 m de anchura, flanqueadas por pórticos de 3 m de ancho sostenidos por pilares de piedra caliza o arenisca. En varias zonas es también posible apreciar la red de saneamiento.

Los edificios públicos

Varios edificios públicos que flanquearían la plaza del foro están incluidos en la visita. Se trata de un conjunto de gran complejidad, pues a partir de una de serie de edificaciones del siglo I d.C. se desarrollan en la segunda mitad del siglo tercero importantes reformas que cambian la fisonomía y, en algunos casos, la función de las antiguas construcciones. Así, en primer lugar llegamos a un espacio todavía en proceso de restauración: es un cuadripórtico del siglo I (un edificio de patio central rodeado por cuatro pórticos) muy probablemente vinculado a las vecinas termas norte. Hacia el año 340-360 hay una importante reforma y en el espacio central del antiguo cuadripórtico, se levanta un pequeño templo, muy probablemente dedicado al culto imperial.

Complutum. Edificios del foro. Detalle del criptopórtico por el que se accede a la curia
Complutum. Edificios del foro. Detalle del criptopórtico por el que se accede a la curia - Carlos Mora

Inmediatamente junto al cuadripórtico / templo se desarrolla en el siglo III un edificio de uso administrativo, probablemente también destinado a  la curia, y que se levanta aprovechando unas termas públicas del siglo I, las llamadas termas norte.

La entrada del público a este edificio termal se encontraba al norte, desde el Decumano III. En el eje norte – sur se sucedían en línea recta un pequeño vestuario (apodyterium), que comparte espacio con un frigidarium con su piscina (alveum), un tepidarium y finalmente un caldarium. Sin embargo a finales del siglo III d.C. las termas se amortizan, pasando a convertirse en salas para la administración y el gobierno de la ciudad ligados a la basílica. Se cierra la antigua entrada y se genera una nueva por medio de un criptopórtico, que a la vez sirve para dotar de magnificencia a la fachada occidental, y permite acceder desde el cuadripórtico / templo a las dependencias administrativas. El objeto de esta obra es también servir de base a una gran fachada monumental forrada de mármoles que se levantaba sobre él.

Por fin llegamos a la basílica civil, conectada con el edificio administrativo. La primera basílica se construyó hacia los años 50/60 del siglo I d.C., pero es mal conocida porque después se reformó en el último cuarto del siglo III, siendo los restos de esta época los que tenemos a la vista. El resultado, un edificio cubierto, con una nave central rodeada por un pasillo. Estaba decorada con un revoco blanco y con mármoles, zócalos, pilastras y frisos, que se han recuperado en la excavación arqueológica (pero hoy día no están a la vista).

Complutum. Detalle de la basílica civil
Complutum. Detalle de la basílica civil - Carlos Mora

El cambio de uso de las termas norte a finales del siglo III d.C. motivó que los complutenses construyeran entonces un nuevo establecimiento termal, las termas sur. Responden a un proyecto arquitectónico sencillo: son del tipo provincial o lineal, constituyendo de hecho una imitación a pequeña escala de las termas norte.

Un pequeño mercado de abastos (macellum) se levantaba junto a las termas sur.

Casas privadas

Complutum permite visitar una variada tipología de casas romanas aristocráticas. En primer lugar, el conjunto de tres viviendas integradas en una sola manzana, la VII. En su superficie de 30 x 30 m se desarrollan tres casas: la casa de Marte, la casa del Atrio (de 15 x 15 m cada una) y la casa de la Lucerna de la Máscara Trágica (de 15 x 30 m). Las dos primeras son una adaptación de la típica casa itálica de atrio (conocida desde el siglo III a.C. en Roma o Pompeya) a un formato de superficie reducida, constituyendo una suerte de vivienda de "clase media" que imita los gustos arquitectónicos del resto del Imperio.

A su vez, la casa de los Grifos (sólo abierta al público en jornadas excepcionales) es una gran casa señorial de peristilo, instalada sobre una manzana de 900 m2: un unicum de la arqueología española que conserva la mayor parte de su decoración pictórica y que se halla aún en proceso de recuperación.

El Museo Arqueológico Regional

El itinerario termina llegando al casco histórico de Alcalá. En la plaza de las Bernardas se levanta el Museo Arqueológico Regional, que remata y complementa la visita al yacimiento. Esta institución alberga y expone una parte de la colección de mosaicos rescatados a duras penas en los años de 1970-1974, y que constituyen, junto a la emeritense, la mejor galería de mosaicos romanos hispanos urbanos, todos ellos de los siglos III-IV, y mostrando en general temas de carácter literario y religioso: el cortejo de Baco, el adulterio de Leda, Aquiles, parejas de Cupidos, etc.

Detalle del mosaico de Baco, procedente del triclinio de la casa de Baco
Detalle del mosaico de Baco, procedente del triclinio de la casa de Baco - Mario Torquemada. Museo Arqueológico Regional
Emblema del mosaico de Leda, procedente de la casa de Leda
Emblema del mosaico de Leda, procedente de la casa de Leda - Mario Torquemada. Museo Arqueológico Regional