Historia: del siglo XVIII al XX

El esplendor, bullicio y frenética actividad que caracterizó a la ciudad de Alcalá de Henares durante casi los dos siglos precedentes, fueron apagándose lentamente desde mitad del siglo XVII, proceso que culminará en el XIX cuando, en 1836, su motor de desarrollo, la Universidad Complutense, sea suprimida de su solar y trasladada a Madrid.

Durante los siglos XVIII y XIX la ciudad cambiará a consecuencia de una serie de factores: la proximidad geográfica a la capital del Estado; el fin del viejo orden y el nacimiento de un nuevo régimen encabezado por la emergente sociedad liberal; la crisis universitaria, que provocó cierres y agrupamientos de colegios menores;  la expulsión de los jesuitas; la guerra de la Independencia y la entrada de las tropas napoleónicas en la ciudad; la exclaustración de órdenes religiosas con la desamortización; la abolición de los señoríos, con lo que dejó de pertenecer a la Mitra Toledana; y las malas cosechas y epidemias de la primera mitad del siglo XIX. Todo ello provocó una profunda crisis y una modificación económica y social que influirán en el paisaje urbano de Alcalá.

Con la nueva división provincial Alcalá  quedará incorporada a la provincia de Madrid. Viajeros e historiadores la describirán como una ciudad abandonada, estancada demográficamente y en ruinas. Lo antiguos universitarios han sido reemplazados, durante la guerra de la Independencia, por las tropas invasoras y, posteriormente, por las unidades militares y las penitenciarías que ocuparon los antiguos edificios y solares incautados por el Estado. Tal es el caso del cuartel del Príncipe asentado sobre el antiguo solar de los conventos de San Diego y San Bernardo, el depósito de Sementales que se instaló en el convento de la Merced Calzada, la sede de la Capitanía en el de la Trinidad o un regimiento de caballería en el colegio Máximo de la Compañía de Jesús. Pero a pesar de esta terrible crisis se desarrollaron algunas intervenciones dignas de mención, como fue el traslado de la universidad al edificio de los jesuitas, tras la incautación en 1776 de los bienes y rentas del colegio mayor de San Ildefonso, que fue remodelado para adaptarlo a las nuevas funciones. También la construcción de una nueva puerta, la de Madrid, en 1788, como símbolo de los nuevos tiempos y como consecuencia el derribo de parte de las murallas y su pérdida de funcionalidad. Se crearon dos nuevos espacios verdes urbanos, el parque O´Donell y el paseo del Chorrillo. En el antiguo convento hospital de San Carlos o de Agonizantes se instaló la nueva sede del Ayuntamiento, en 1870. Se construyó el palacete de Laredo, exponente singular del neomudejar madrileño, que se levantó en el paseo camino a la estación del ferrocarril, construida en 1859. Por último se recuperó el palacio Arzobispal convirtiéndolo en sede del Archivo General del Reino.

Una parte del patrimonio monumental se rescató gracias a la constitución, en 1851, de la Sociedad de Condueños, una iniciativa filantrópica de los ciudadanos de Alcalá, que compró los edificios de la universidad. De hecho existe un leve despertar desde finales del siglo XIX, desgraciadamente truncado por la guerra Civil (1936-1939), a consecuencia de la cual se destruyeron edificios emblemáticos alcalaínos como la Magistral, la parroquia de Santa María la Mayor y el Palacio Arzobispal, que José Camón define como joya del plateresco español.

Vista aérea de Alcalá en junio de 1932.
Vista aérea de Alcalá en junio de 1932

En las décadas siguientes, Alcalá se definirá por un crecimiento desordenado y dependiente del desarrollo industrial de Madrid, con su necesidad de albergar a gran cantidad de emigrantes que accedían a los nuevos trabajos en la capital. De los 15.000 habitantes de 1950 se pasa a 130.000 a finales de los 70. Es sobre todo una ciudad residencial, aunque se crea alguna industria ligada al eje Madrid-Guadalajara, y sobre todo a la fabricación de materiales de construcción. Solo desde la década de 1970 se manifiesta una clara vocación de recuperar la ciudad en torno a la singularidad de su historia.